24 de diciembre de 2011

El maestro pensador, 4


Hacía las últimas compras
cuando vibró intensamente en el fondo
del bolsillo de su pantalón

Hurgó, acarició con su mano derecha
desbloqueó
leyó:

"
Cada diciembre, durante todo este tiempo, hemos celebrado victoriosos nuestra marcha indetenible hacia la Patria Buena y Bonita...
... Plena de alegria, justicia y de igualdad social. Feliz Navidad, companeras y companeros. Hugo Chavez
"

Sus mejillas enrojecieron
miró a todos lados
sus orejas chisporrotearon.
Si tan solo hubiera aprendido a insultar en perfecto venezolano.

Presuroso, deslizó el artefacto
avergonzado
de vuelta al bolsillo del pantalón.
Demasiado tarde.
El mensaje se había esparcido como un virus
y a su alrededor gritaban
gruñían
mentaban
maldecían
de maneras que él nunca hubiera soñado.

Tanto tiempo perdido
alardeando
pretendiendo que nadaba más allá del bien y del mal
para morir en la orilla
del antichavismo más ramplón
más furibundo
más escuálido
más vulgar.

El maestro pensador, 3

Ideas...

Aprendió desde muy joven a cultivar el oficio
de escribir para que lo invitaran a programas de televisión.
Interrogado
imposible saber si le asalta una inquietud profunda
o un terrible dolor de cabeza.

Sus ideas envejecieron.
Tanto se acartonaron
que empezaron a ser publicadas como patrones
en las revistas de manualidades
como vestiditos de
muñecas de papel.

En nombre del sagrado derecho a evitar un escándalo
se olvidó de la audacia profana
y se hizo anodino, inofensivo, predecible
un peón de la rutina
narrada en perfecto charlatán.

Se acostumbró a ofrecer balances
que siempre confirmaban sus predicciones.

"
Como lo habíamos dicho...
Como todo el mundo sabe...
"

Aspirante a una columna dominical
que alguien, por favor, le "aperture" un espacio
(como dicen los bien hablados)
y nos deje a todos tranquilos

21 de diciembre de 2011

"Todavía no hemos logrado nada"

Cuando cayó el último out (rolling a Francisco Rodríguez, bateado por Brandon Waring), entramos en la segunda mitad de una jornada memorable que comenzó con una demostración de buen beisbol (duelo de picheo, buena defensa, bateo oportuno), y terminó con la ruidosa y emocionada celebración en tribunas, gradas y en el propio campo, y luego con la arenga de varios peloteros de La Guaira a la fanaticada.

"Todavía no hemos logrado nada... Vamos a la final. Yo quiero que ustedes sepan que vamos a ser campeones" se dirigió a los presentes un Grégor Blanco convertido en líder indiscutible.

El par de videos a continuación captan esos dos momentos: el último out, la celebración; luego, las palabras de algunos de los jugadores más insignes de la divisa: Cachi Salazar, Grégor, Héctor Sánchez, Rafael Álvarez, César Suárez, entre otros.

Ambos se los debemos a Sandra Mikele (salvo brevísimos momentos de relevo).

Estoy seguro de que los fanáticos de La Guaira y, más allá, los amantes del beisbol, sabrán disculpar la baja calidad de las grabaciones. Sandra Mikele hizo lo mejor posible. Es este pedazo de aparato que no es capaz de más (pura pinta).

La bendición mi viejo.



20 de diciembre de 2011

El maestro pensador, 2


Él es el que dice:

"
El opio es la religión de los pueblos
Los pueblos son el opio del pensamiento
La religión es el pensamiento de los pueblos
"

Tres perlas
Tres pelotas de malabarismo verbal
Trois

Él encarna
la filosofía de la miseria de la filosofía de la miseria
Esa que nos enseña
que el chavismo es horrible
la esclavitud es horrible
el chavismo es esclavo


Él no hunde los dedos en las teclas
para escribir
las teclas hunden los dedos en su cuerpo
y lo escriben

"
Dame un todo con perro
No tengo hambre
el hambre me tiene
"

Libérrimo pensador de todo lo pensable
de todo lo impensado
por qué te empeñas en hablar al revés
por qué no nos cuentas
qué carajo te has fumado

19 de diciembre de 2011

El maestro pensador, 1


De tanto desear que el Sur fuera el Norte, se convirtió en el Arjona de la filosofía 

Se acostumbró de tal manera a jugar con las palabras
que las palabras comenzaron a jugar con él.

Nadie, ni uno solo entre los mortales
supo nunca el significado de palabras tan graves como
revolución.
Sólo él. Tan agudo. Tan esdrújulo.

Pueblo es una palabra en desuso
que sólo usan los pueblerinos.

La verdad no lo hizo libre
sino inaccesible.

Tan ingenioso. Tan irresistible. Tan résistance.

Es el Ricardo Arjona de la filosofía.

12 de diciembre de 2011

Treinta

Se llama Héctor Sánchez. Te hubiera gustado verlo jugar. Es el novato del año, pero de calle.

Treinta victorias al 12 de diciembre. ¿Qué te parece mi viejo? Por ahí andan diciendo que los fanáticos de La Guaira no estamos acostumbrados a tanta victoria. Pero eso es una verdad a medias. Es cierto que para nosotros el beisbol es sinónimo de agonística, y diciembre el mes de los más encarnizados combates. Pero es completamente falso que alguna vez nos hayamos acostumbrado a la derrota. Precisamente porque hemos perdido tanto, sobre todo durante aquellos años 90, aprendimos a celebrar cada victoria. Consuelo de tontos, se dirá. Nosotros preferimos llamarlo carácter. Por eso sucede con tanta frecuencia que celebramos una dejada en el terreno como si mañana no hubiera que salir y batirse nuevamente. Cuando sale el batazo y el hombre cruza por tercera y el bateador-convertido-en-héroe alza sus brazos rumbo a primera, nada termina, todo comienza. La noche. La fiesta. Eso no nos hace mejores que nadie. Pero tampoco peores. Venir de atrás, más que una circunstancia, es una filosofía de juego. Cuando comiencen a llegar los títulos, ojalá muy pronto, sólo espero ser capaz de transmitir a los que tienen veinte años menos, que nunca se trató de trofeos que ostentar, sino de jugar bien a la pelota. Se trata de amor a la franela, a la divisa, de respeto al adversario. Que lo único peor que un equipo con mentalidad perdedora, es un equipo que nunca aprendió a ganar. ¿Qué te parece mi viejo? Van treinta esta temporada. Y todavía quedan once juegos. Pero lo mejor, nunca lo olvidamos, es que siempre nos acompañas. En las buenas. En las malas. Cuando perdemos. Cuando ganamos. Y van treinta. Y vamos por más. La bendición.

7 de diciembre de 2011

Un piquito para Pablo Medina

A Pablo Medina se le caerían las medias...

Debo reconocer que el "gran debate" protagonizado el pasado domingo por los seis precandidatos opositores, es uno de los programas más jocosos que he visto en mucho tiempo. Lo digo con absoluta franqueza. Es una lástima que no los hagan más a menudo.

¿Por qué la risa? Es algo sobre lo que pensé muy poco aquella noche, pero sí los días siguientes. No está de más echarle cabeza al asunto. Una interpretación apresurada puede inducir conclusiones equivocadas.

¿Era simple burla? La pose, la estridencia calculada, las respuestas descolgadas de las preguntas; los movimientos maquínicos de Pérez, su incómoda sonrisa que quiere y no puede transmitir comodidad, ventaja; los ojos desorbitados de López, que quieren y no pueden transmitir seguridad, manejo de la situación; el rostro quinceañero de Arria, que quiere y no puede trasmitir vitalidad, porque cuando abre la boca todo a su alrededor envejece; la mirada de cordero degollado de Machado, incapaz de inspirar lástima o simpatía, porque dos segundos después ya actúa como loba feroz, histriónica hasta el colmo; la performance en general de Capriles, a medio camino entre Pérez y López, y esa manía de querernos convencer de que la mejor prueba de que resolverá los problemas de Venezuela es que ya los resolvió todos en Miranda, que sería como un universo paralelo al que los chavistas no tenemos acceso; y Medina, ¡oh!, Pablo Medina, porque hay que decirlo con nombre y apellido: cuánta capacidad para divagar mientras ofrece un programa de gobierno improbable, de una república del trabajo aérea, para republicanos bobos y no caribes, cuánta capacidad para las respuestas insólitas, cuánta aptitud para la amenaza vana, para el ladrido del que no muerde, para el "vamos por ti", para el ridículo puro y duro.

Sí, demasiado fácil ceder a la tentación de la burla. Sin embargo, más allá de la burla, ahora puedo afirmarlo con seguridad, la noche del domingo volví a celebrar el día en que hace trece años fuimos capaces de derrotar, por fin, a esta misma clase política. Volví a sentir la misma alegría, el mismo alivio. Mucho he recordado durante estos días aquel gesto entre desfachatado, desesperado e inigualablemente cínico de un Luis Alfaro Ucero, candidato presidencial adeco en 1998, pidiéndole perdón al pueblo venezolano por los errores cometidos.

Naturalmente, no hubo nadie que creyera en el gesto del Sócrates de Venezuela, y el 6 de diciembre de aquel año el pueblo votó masivamente contra la partidocracia y su filosofía barata, y a favor de un hombre que simbolizaba todo lo contrario de la política tradicional. Para decirlo con el entrañable Pierre Bourdieu, ese día el pueblo profano votó por el candidato profano y subversivo y en contra de los "profesionales de la política".

Es oportuno recordarlo: si el 6D de 1998 no es una fecha cualquiera, en la que se celebró una contienda electoral más, sino un verdadero acontecimiento político, es porque marca la entrada de los profanos en la política, y esa profanidad lleva el nombre de chavismo. Desde los primeros reclamos por las reiteradas ofensas a la "majestuosidad" de la Presidencia, dirigidos contra un Chávez dispuesto a saltarse cualquier protocolo que lo separara de su pueblo, hasta los tempranos ataques contra el chavismo ignorante e igualado, y luego violento y criminal, estos "profesionales de la política" no han parado de acusar a los irresponsables protagonistas de semejante invasión del orden sagrado de los políticos.

Que el chavismo, ese sujeto/aluvión, arrastró consigo a muchos de esos "profesionales", y que luego unos cuantos de esos políticos, a secas, se acomodaron y comenzaron a renegar de los profanos, es algo que está fuera de toda discusión. Para decirlo con las palabras correctas, es algo que tenemos que seguir discutiendo, señalando, combatiendo. Precisamente porque lo clave es que no nos sumemos a la empresa de desnaturalización del chavismo, haciéndolo pasar por lo que jamás fue, domeñándolo, uniformizándolo, restándole toda su potencia subversiva y su voluntad transformadora.

Lo anterior pasa por no caer en la trampa de la "política boba", es decir, por no transarnos en polémicas absolutamente estériles con las figuras de la vieja política, entre otras razones porque es imposible tomarse en serio a una clase política que hace tiempo dejó de respetarse a sí misma (eso es lo que significa el perdón de Alfaro Ucero). Dicho sea de paso, a propósito del "gran debate", la mayor parte del antichavismo no se toma verdaderamente en serio este asunto de los precandidatos: su voto será contra Chávez, no a favor de nadie.

Por eso, si destaco el desempeño de Pablo Medina durante el "gran debate", no es porque tenga nada que decir sobre él a título personal, sino porque me parece que desarrolla hasta el extremo lo que en el resto de los precandidatos está en potencia: ese deseo rabioso de echarle el guante a la Presidencia para iniciar la cruzada purificadora contra nosotros los profanos. Lo curioso es cómo lo hace: hablando en nombre de la clase trabajadora, de los excluidos, de los ancianos, de los niños, etc. Intenta ser profano, pero no pasa de ser procaz, porque no es más que un político. Si Pablo Medina es un precandidato tan impresentable, es justo porque representa fielmente lo que cabría esperarse de los "profesionales de la política" si vuelven por sus fueros.

En contraste, la fuerza de Chávez radica en su naturaleza todavía profana (después de todos estos años), que volvió a expresarse mientras ofrecía una rueda de prensa el pasado martes, a propósito de los 13 años de su primera victoria electoral. Refiriéndose a la campaña publicitaria de cierta marca, que lo retrató estampándose un beso con el presidente estadounidense, afirmó: "¿Cómo aparece Obama ahí? ¿Con los ojos cerrados? Como inspirado… Ah, pero es un piquito vale… Yo también cerré los ojos". Todo esto, en medio de las risas del mismo Chávez y de todos los presentes.

En el fondo, Pablo Medina lo que desea es un piquito. Por lo menos uno. Como todo político al que el pueblo le ha dado la espalda.

25 de noviembre de 2011

(Serie música) La lucha de SucreMc

En estos tiempos en que muchos encuentran más cómodo vivir sin sentir el país debajo de sus pies, y se quejan y se quejan como pendejos, y lloriquean y arman un escándalo porque, según, su palabra no se escucha, qué grato es cruzarse con una pieza tan potente como Lucha, de SucreMc, estrenada en versión video el sábado 5 de noviembre de 2011, en Ocumare del Tuy, Miranda.

Grabado en Cumaná, donde reside actualmente SucreMc, el video fue producido por David Abraham Borges, AKA Jhompa, quien también elaboró guión, se encargó de la cámara (con el mismo SucreMc, quien fuera cámara en Ávila TV) y de la producción (junto a Franco del Área). Gustavo Borges Revilla, hermano de Jhompa, se encargó de la gráfica. Todos, militantes de Hip Hop Revolución.

Una imagen resume, a mi juicio, lo que transmite la lírica de SucreMc, y que tan bien recrea audiovisualmente Jhompa: la mirada de la señora en el minuto 2 con 38 segundos, justo después de darle de comer a su muchacho: carajo, quién es capaz de discutir que millones de mujeres como ellas son las verdaderas heroínas de este país en el que vivimos. Sin su ejemplo y sin su lucha cotidiana, ¿qué sería de todos nosotros?

La mirada...

17 de noviembre de 2011

Carta abierta a quienes militan en el campo popular y revolucionario

Chávez en Plaza O'Leary. Al término de la movilización popular del 13 de noviembre de 2011. Por: Fidel Ernesto Vásquez.

Es preciso no perder de vista que el proceso de construcción del Gran Polo Patriótico es el corolario de un período de la revolución bolivariana que se caracterizó por una suerte de pulsión por monopolizar la política revolucionaria. Me refiero a ese lapso de tiempo signado, entre otros hitos, por la entronización del discurso sobre el socialismo, una propuesta de reforma constitucional que sentaría las bases jurídicas para acelerar la transición del capitalismo al socialismo, y por supuesto el llamado del presidente Chávez a conformar el Partido Socialista Unido de Venezuela.

Este pretendido monopolio sobre la política revolucionaria se tradujo muy pronto en un intento de aplanar, normalizar, uniformizar y disciplinar al chavismo, volviendo a invisibilizar y criminalizar a sujetos que la misma revolución se había encargado de reivindicar durante sus años iniciales (buhoneros, motorizados, jóvenes de los barrios, incluso colectivos y organizaciones que integran el debilitado movimiento popular, etc.); y se expresó también, lo que es peor, en la casi total clausura de los espacios públicos de debate y crítica democráticos.

Naturalmente, nunca estuvimos a las puertas de la inminente instauración de un régimen totalitario y castro-comunista, tal y como lo propagandiza el antichavismo más histérico. Todo lo contrario: este período nos enseñó que la amplísima y mayoritaria base social del chavismo no tiene ninguna voluntad de acompañar unánime y acríticamente un proceso que degenere en el encumbramiento de nuevas elites políticas y económicas.

De allí que el chavismo nunca volviera a participar tan masivamente en unas elecciones como lo hiciera en diciembre de 2006, cuando lo que estaba en juego, ciertamente, era la reelección de Chávez. Aun cuando está fuera de toda discusión que es imposible comparar el caudal de votos correspondiente a contiendas electorales de distinta naturaleza, no es menos cierto que el comportamiento electoral del chavismo ha sido, desde entonces, significativamente irregular. No puede hablarse, por ejemplo, de una tendencia al alza, como sí puede decirse en el caso del antichavismo.

Éste no es un dato menor: en la Venezuela bolivariana, cada contienda electoral significa una verdadera confrontación, por la vía pacífica, de dos modelos antagónicos, lo que supone un proceso de agitación, movilización y participación popular que termina fortaleciendo a la revolución. En eso consiste lo que cualquier observador desinformado pudiera calificar como el "secreto" de la fuerza del proceso venezolano. Es decir, desde 1998 el hecho electoral está muy lejos de significar una mistificación de la participación popular.

La abstención no es más que el correlato electoral de ese fenómeno que puede denominarse hastío por la política, el cual, insisto, debe distinguirse siempre del desencanto. El hastío por la política que expresa parte considerable de la base social del chavismo no es consecuencia de su desorientación política (como llegó a plantearse cuando la derrota electoral de la propuesta de reforma constitucional), sino el resultado de ese extravío estratégico derivado de la pretensión de la burocracia partidista de monopolizar la política revolucionaria. Una práctica monopólica que terminó cercenando cualquier posibilidad de construir un partido genuinamente democrático, y sobre la cual se fundó lo que terminó imponiéndose como lógica del partido/maquinaria. Todo esto, dicho sea de paso, en nombre de un discurso sobre el socialismo cada vez más vaciado de contenido.

El predominio de esta lógica del partido/maquinaria, con toda su estela de autosuficiencia, soberbia y sectarismo; la peligrosa tendencia a concebir el hecho electoral como un fin en sí mismo, a contravía de lo que éste significó históricamente para el chavismo; todo lo cual sumado a la descalificación de la crítica, por más constructiva que ésta fuera, terminó conspirando en favor del debilitamiento, lento, a veces casi inadvertido, pero continuo, de la revolución bolivariana.

De hecho, no es en lo absoluto casual que durante este período se instalara y adquiriera relativa fuerza el discurso sobre los anarcoides, pequeñoburgueses, desviados y espontaneístas que estarían poniendo en peligro, con sus cuestionamientos y propuestas siempre inoportunos, el curso normal del proceso bolivariano. Esta forma de proceder no es para nada novedosa: estigmatizar de entrada al adversario para luego menospreciar sus argumentos forma parte de la nefasta tradición de la izquierda anti-democrática. El objetivo, una vez más, es asegurarse el monopolio de la Verdad revolucionaria, reclamar el papel de vanguardia esclarecida que debe conducir a las masas, etc.

Este discurso senil, autoritario, anti-popular, es justamente el que está llamado a ser desplazado en el período que se abre con la convocatoria del presidente Chávez a conformar el Gran Polo Patriótico. Un discurso caduco, asociado a prácticas que condujeron al fracaso estrepitoso de los socialismos realmente inexistentes, como diría Daniel Bensaïd.

Era realmente predecible que volveríamos a escuchar el estribillo sobre los anarcoides y espontaneístas que estarían apostándole al espacio del Gran Polo Patriótico como una oportunidad para darle rienda suelta a su inmadurez política, a sus taras y resentimientos, para acometer la tarea malsana de acabar de una vez y para siempre con el Partido, condenando a la revolución a un destino trágico e irreversible.

No obstante, en lugar de transarnos en una polémica estéril con quienes han envilecido de tal manera un debate que tendría que ser irreverente, pero fraterno y respetuoso, como corresponde entre revolucionarios, es momento de sumarnos al esfuerzo colectivo de construir, de una vez por todas, ese espacio público de debate democrático que esta revolución reclama.

No caigamos en la trampa: para entrar con paso firme en el período que recién inicia, y que marca el fin del monopolio de la política revolucionaria que reclamaba para sí la burocracia política, lo primero es que sepamos identificar la impostura que supone una discusión entre quienes entenderían la necesidad de una vanguardia y quienes le apostarían, repitámoslo, al espontaneísmo. Otras oposiciones más o menos análogas: partidos políticos versus movimientos sociales, izquierda senil versus infantilismo de izquierda, etc., vendrían a ser versiones distintas del mismo falso dilema.

La tarea que tenemos por delante, además de vencer a la abstención el 7 de octubre de 2012 (de la manera más categórica posible), es la construcción de una dirección colectiva de la revolución bolivariana.

Para ello, es imprescindible hacernos de una caja de herramientas conceptual que nos permita, antes que nada, identificar la singularidad del momento político, y luego ir liberando la práctica política de las viejas ataduras de las lógicas de aparato. En tal sentido, sugiero cuatro líneas de análisis sobre asuntos que solemos dar por sobreentendidos:

1. El asunto de la organización: partidos y movimientos. ¿Cómo construir dirección colectiva sobre la base de esa distinción artificiosa entre movimientos sociales y partidos políticos? ¿Los partidos están llamados a dirigir al conjunto de los colectivos y movimientos no políticos? ¿Nuestras críticas van dirigidas a los partidos realmente existentes o contra la forma partido? ¿Son necesarios los partidos? ¿Acaso no existen movimientos y, más allá, miles de pequeños grupos que actúan reproduciendo la misma lógica excluyente y sectaria de los partidos? Cuando hablamos de los partidos, ¿tiene sentido hacer alguna distinción entre sus bases y su dirigencia?

2. El asunto del sujeto de la revolución. ¿Puede hablarse de un sujeto central de la revolución bolivariana? Si así fuera, ¿dónde está? ¿En las fábricas? ¿En Petróleos de Venezuela? ¿En la Administración Pública? ¿En las comunidades? ¿Existe un sujeto chavista? ¿Qué es el chavismo: esa parte de la población que sigue a Chávez o la forma de enunciar una pluralidad de sujetos? ¿El sujeto de la revolución bolivariana se viste siempre de rojo?

3. El asunto del Estado. ¿Monstruo devorador o muro de contención frente a otros monstruos más feroces (como el capital globalizado)? ¿El Estado es el mismo aquí y en todas partes? Si bien es cierto que todo Estado se funda en la violencia, ¿cómo se fundó el Estado venezolano, de qué manera concreta se ejerció esa violencia, qué efectos políticos produjo? ¿Cuál es la relación histórica entre Estado y burguesía vernácula (pienso en las nociones de Brito Figueroa: "acumulación delictiva de capital" y "burguesía burocrática")? ¿Cuál es la relación histórica entre Estado y partidos políticos? ¿Y entre Estado y movimiento popular? ¿A qué nos referimos cuando hablamos de burocracia? ¿Tiene alguna eficacia política el uso del vocablo "derecha endógena"? ¿Transformar al Estado, perpetuarlo, reformarlo, abolirlo?

4. El asunto del socialismo. ¿Cómo evitar que el discurso del socialismo se convierta en un señuelo para legitimar nuevas formas de sujeción? Cuando hablamos de socialismo, ¿nos referimos a un conjunto de ideas plasmadas en libros que habría que leerse para saber qué hacer? ¿Existen prácticas socialistas de gobierno? De ser así, ¿cómo distinguirlas?

Líneas de análisis que, por supuesto, no agotan un temario que debe ser construido de manera colectiva por quienes militamos en el campo popular y bolivariano.

9 de noviembre de 2011

Guía mínima para dejar de ser un lector desprevenido


Y viceversa...

Principios que igual valen para todo el que se vea sorprendido frente a un televisor, sin saber muy bien qué hacer o qué pensar.

1. Abril de 2002 nos demostró el enorme poder movilizador de los medios antichavistas. Tanto dieron que la reventaron. A la democracia. Hicieron alarde de su fuerza, nos la tatuaron en la memoria, a fuego de policía y francotirador. Pero el mismo acontecimiento, su desenlace, nos enseñó que incluso un poder tal tiene sus límites. No sólo no es intocable, sino que es derrotable. El juego de la política siempre se decide en la calle.

2. En consecuencia, desconfiar de los análisis que arrojan conclusiones parecidas a ésta: cuando la revolución bolivariana ha sufrido derrotas, es porque el pueblo ha sido manipulado, como cuando la propuesta de reforma constitucional. Un poco de rigor en el análisis, camaradas. Por regla general, apelan al recurso retórico de la "manipulación" quienes siguen considerando, peso a todo, que el pueblo venezolano es una masa bárbara que habría que adoctrinar para que entienda la necesidad de transitar hacia el socialismo.

3. Perdemos el tiempo denunciando el "terror" mediático en abstracto. No indignarse, nunca entristecerse ni escandalizarse. Si nos limitamos a responder con insultos a la empresa sistemática de criminalización del chavismo, contribuimos al envilecimiento del discurso político. La palabra clave es: estrategia. Lo que es preciso develar es la estrategia de los medios: a qué reglas obedecen los discursos que despliegan, qué efectos de poder producen.

4. Desconfiar siempre de los medios que nos enseñan que nada sirve, tanto como de aquellos que nos dicen que todo está perfecto.

5. Tomar nota: desde 2007 se produce un notable y decisivo giro táctico en el discurso del antichavismo. En adelante, y hasta el sol de hoy, su esfuerzo se concentra en la crítica de la gestión del gobierno bolivariano. La respuesta automática de los medios oficiales fue cerrarse a toda crítica popular de la gestión. Esto último hace infinitamente más daño que cualquier táctica de los medios antichavistas. No ceder jamás: es falso que la crítica es contra-revolucionaria.

6. No peleamos por la Verdad, en abstracto. Si llegáramos a creer que estamos "condenados" a triunfar porque encarnamos el Bien, estamos condenados a la derrota. No caer en la tentación de la moralina, que siempre es conservadora.

7. Para dejar de ser un lector (televidente, público, usuario, etc.) desprevenido, un buen comienzo es disponerse a construir medios dignos de lectores prevenidos.

2 de noviembre de 2011

El uyuyuísmo ilustrado

Hay uyuyuis en el amor, en la guerra, en las escuelas, en la familia, en las tribunas de los campos deportivos... y por supuesto en la política

Uyuyui se hace, no se nace. Nadie nace aprendido. Uyuyui: dícese de aquel que se jacta de saberlo todo. Desde hace mucho. En ocasiones, ese saber viene de la lectura de libros, bibliotecas enteras. Nadie sabe más que un uyuyuísta ilustrado. Ni siquiera pescado frito.

Decir uyuyuísmo ilustrado es enunciar una paradoja: trátase de aquellos que reclaman su infinito conocimiento del mundo, cuando en realidad no conocen más que una caverna.

El uyuyuísmo es también cierta actitud ante la vida. Nadie está a salvo de padecerla. Tiene que ver con la dificultad para lidiar con los cambios, lo nuevo, lo intempestivo. No hay nada que inventar, porque todo está hecho. No hay nada que elaborar, ya todo está escrito. No hay nada que decir, ya todo está dicho. Otros, sabios, excepcionales, se han tomado la molestia de pensar por usted.

El día menos pensado, usted puede descubrirse mirando al mundo con los ojos melancólicos de un decrépito amargado, convencido de que su misión es persuadir a los demás de que nadie será capaz de librar con dignidad las batallas que usted ha librado.

Hay en el uyuyuísmo algo de esa tristeza vaga que deja la derrota.

Por tanto, hay que estar prevenidos. Aprender a lidiar con el uyuyuísmo, intentar comprenderlo, ser capaces de identificarlo, para conjurarlo, exorcizarlo. Tolerarlo sólo en la medida de lo posible, preferiblemente esquivarlo. Nunca tratarlo con condescendencia.

Uyuyuísmo en el amor, en la guerra, en las escuelas, en la familia, en las tribunas de los campos deportivos. Por supuesto, también en la política.

Chávez llegó al gobierno porque le dio la espalda a tanto uyuyui que pulula en los círculos de la izquierda. Uyuyuísmo que siempre nos habló de revolución, pero nunca fue capaz de hacerla; que siempre se creyó vanguardia de un pueblo al que jamás supo cómo hablarle, qué decirle, y por eso tanto odio, todavía, contra el 27F de 1989: porque el pueblo es una masa informe e ignorante que hay que conducir para que no se pierda.

Hay uyuyuísmo de partido, y también de movimiento, aunque hay que reconocer que con notable ventaja para los primeros. Uyuyuísmo de aparato y uyuyuis que sueñan con controlarlo.

Frente a las críticas contra la lógica del partido/maquinaria, el uyuyuísmo ilustrado respondió con virulencia. Porque no hay nada que inventar, no hay nada nuevo que decir. Ya todo está escrito: el problema del partido lo resolvió Lenin en 1902. Siempre el señuelo paranoico: ¡lo que sucede es que no creen en el partido!

Pero no se le había visto tan desencajado, tan fuera de lugar, tan ofuscado y chillón, tan desconcertado como ahora, en pleno proceso de conformación del Gran Polo Patriótico. De nuevo el mismo señuelo, el mismo cuento del partido amenazado, de la revolución puesta en peligro por los que no creen que hay que "tomar el poder" (un problema que el chavismo resolvió en 1998), de la terrible amenaza que supone la "anti-política", del lugar subordinado que le corresponde a los "movimientos sociales". En fin.

Sectario, arrogante, soberbio, el uyuyuísmo ilustrado se jacta de saberlo todo, cuando lo cierto es que no ha aprendido nada. Con sus actos, demuestra que no ha entendido que en las actuales circunstancias la tarea principal de todo revolucionario es construir la unidad en la diversidad y defenderla a toda costa.

Para seguir triunfando en la arena política, el chavismo está obligado a hacer todo lo contrario de lo que pontifica amarga y melancólicamente el uyuyuísmo ilustrado.

26 de octubre de 2011

Entender la calle

Jazz, Black Panthers, The Last Poets... salsa cabilla, Palmieri, Young Lords ... revolución bolivariana... (en par de días subo los discos)

Escuchando esa joya en dos discos que es Libertad, ritmo y sonido. Jazz revolucionario y el Movimiento por los Derechos Civiles, 1963-82, editado por la disquera independiente Soul Jazz Records, volvía sobre un tópico recurrente en conversaciones con amigos que tienen tiempo estudiando las relaciones entre cultura y revolución bolivariana: la necesidad de contar esa historia, pero desde una perspectiva otra, no sujeta a la confrontación maniquea: música "comprometida" versus música "académica".

Ociel López, uno de esos amigos, un verdadero "underdog" en la materia (para decirlo con Tego Calderón), me recomendaba hace un par de años la lectura de un texto genial, muy sugerente, escrito por Héctor Manuel Colón. Se titula La calle que los marxistas nunca entendieron, y es un alegato en favor de la observación desprejuiciada de la realidad de los barrios niuyorricans (puertorriqueños en Nueva York), de la potente cultura popular que allí se produjo sobre todo en las décadas de los 60 y 70, y de ésta como expresión de rebeldía.

Entre otros aspectos, Colón revisa la relación entre nueva trova y salsa, remarcando la filiación clase media de la primera, y revindicando la segunda como forma de "protesta política" a lo "cafre" (a lo lumpen, para decirlo como los marxistas). Eso sí, evitando simplismos. Por ejemplo, ubicándose a finales de los 60, y refiriéndose a la salsa, interroga: "¿qué hacía la naciente 'nueva trova' puertorriqueña cuando esta irreverente música se levanta del arrabal niuyorquino…? La canción de protesta pretendió ser nacional, pero no pasó de ser auténtica expresión clasemediera y esto no la disminuye, sólo la sitúa en su justo lugar".

Dicho esto, cabe la pregunta: ¿aquellos géneros o expresiones artísticas que ciertos círculos reclaman como la música emblemática de la revolución bolivariana, bien sea la trova o la sinfónica al estilo Dudamel, no serán más bien expresiones clasemedieras de la cultura? ¿Cuáles vendrían a ser, por tanto, las sonoridades que se producen y recrean en el barrio, pero que yacen ocultas, menospreciadas, ignoradas por la cultura "oficial" por considerarlas demostraciones de "baja" cultura?

Sin tomar en cuenta estas últimas, sostengo, no será posible contar completa la historia de la música hecha en revolución, incluyendo, por cierto, sus ricos y múltiples antecedentes (pienso en este momento, y por sólo citar un ejemplo, en el grupo Madera original). Pero sobre todo será imposible entender las fuerzas que mueven a ese sujeto que le dio origen a toda esta historia que llamamos revolución: el chavismo. Para entenderlo hay que entender la calle.

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24 de octubre de 2011

La coherencia de Vanessa Delgado

Vanessa Delgado entrevista a William, momentos antes de salir en libertad. Cárcel de El Rodeo 1, 24 de septiembre de 2009, Día de Nuestra Señora de Las Mercedes, patrona de los presos

A estas alturas va resultando extremadamente cómodo, riesgoso, engañoso, seguirse llamando "revolucionario" sin tomar postura sobre problemas que bien merecerían un encendido (y no por ello menos fraterno y constructivo) debate público. Es necesario sincerarse. La revolución está obligada a sincerarse.

Por ejemplo, ¿cuál es la posición que nos corresponde asumir con respecto a la realidad que se vive en las cárceles? ¿Qué decir de la situación de los presos, de las miserias del sistema penal, de las mafias criminales asociadas al tráfico de drogas o de armas? ¿Qué posición vamos a tomar sobre el espinoso tema de la criminalidad, sobre los malandros?

¿Seguiremos optando por el silencio cómplice, limitándonos a señalar las implicaciones y los límites del populismo punitivo que practican los medios antichavistas, con total desprecio de cualquier consideración ética, sin el más mínimo respeto por la dignidad humana? ¿Será suficiente? ¿Tendremos que continuar cediendo al chantaje del histerismo de la más rancia derecha, que exige el endurecimiento de las normas penales y la criminalización de la pobreza?

"Aunque la cultura burguesa diga lo que nos diga, que nos ataquen, no importa. Esos son nuestros hijos". Lo decía el presidente Chávez el martes 26 de julio de 2011, en intervención en el programa Toda Venezuela, que transmite VTV. Hablaba de los malandros.

Minutos antes les enviaba un mensaje a los presos: "Desde aquí les mando un abrazo… Ojalá nos estén oyendo, viendo, allá en las cárceles". ¿Cómo encarar el problema de las cárceles? Proponía: "Yo miro más allá: hay que incorporar a la familia". Planteaba que había que crear "redes con las madres, los padres, los hijos de los presos". También reflexionaba: "¿dónde vive la mamá de este hombre que cayó preso, como Jean Valjean?".

Conociéndola, y habiendo visto muchos de sus trabajos audiovisuales, aseguraría que reflexiones, preguntas y certezas similares pasaban por la cabeza de Vanessa Delgado, trabajadora de Ávila TV, cuando decidió incursionar en el mundo carcelario (Tocorón, El Rodeo, Yare, INOF, San Juan de Los Morros, Tocuyito, Los Teques, La Planta) para darles micrófono a los presos, allá por 2009.

El resultado es un acierto en el más amplio sentido de la palabra: hace falta mucho más que el simple encandilamiento cándido con el destino de los proscritos, como algunos pudieran acusar, para producir piezas de tan extraordinaria belleza. El de la flaca Vanessa es un esfuerzo genuino por transmitir la humanidad que aún habita en aquellos seres condenados a la escandalosa inhumanidad de la prisión.

Sin embargo, recientemente Vanessa ha estado en medio de fuego cruzado. A mediados de junio, durante los días más álgidos del conflicto en El Rodeo, fue señalada de manera inexplicable en un programa de VTV como presunta instigadora de la protesta de los familiares de los presos. Su nombre no salió a relucir nunca, tampoco el canal donde trabaja. Nadie intentó luego hacer las aclaratorias de rigor, ni siquiera porque la cortesía obliga. Por aquellos días una línea oficial que nadie sabe quién definió identificaba a los familiares de los presos como parte del bando enemigo.

En días pasados, luego de las sanciones impuestas por Conatel a Globovisión, Vanessa Delgado ha vuelto a aparecer en la pantalla, pero esta vez del canal antichavista, que pretende vender la ridícula especie de que la sanción obedece a una falsedad difundida maliciosamente por el Estado: que la peligrosa lideresa milita en las filas del canal de marras. Globovisión no ha roto un plato. Todos los ha roto Vanessa.

El caso es, si es que hiciera falta aclararlo, que Vanessa Delgado de ninguna manera es responsable de aquello que se le acusa (y tiene pruebas en mano). Aquel día de junio simplemente actuaba con coherencia: se batía por darles el micrófono a las madres, esposas y hermanas angustiadas y temerosas por el destino incierto de los suyos. Era su manera de decir presente. Era su manera de abrazarlos, como haría el presidente Chávez un mes después.

A estas alturas va siendo urgente sincerarse: ¿del lado de quiénes estamos? ¿De los que no tienen voz, de los invisibles, de los despreciados de todas las horas, de las Vanessa que tanto abundan en esta revolución o del lado de los que siempre tuvieron voz para mandarnos a callar porque jamás dejaremos de ser gente despreciable, miserable?

19 de octubre de 2011

A los compañeros comunistas


He leído con atención las recientes declaraciones del compañero Figuera, Secretario General del PCV, sobre el proceso de constitución del GPP. Tomo como fieles las palabras que recoge una nota de prensa de Tribuna Popular, fechada el 17 de octubre, y a ellas me remito.

De entrada, lo más importante es la voluntad expresa del PCV de participar "en todos los esfuerzos dirigidos a construir la amplia alianza patriótica, antiimperialista, de contenido popular, que se ha dado en llamar Gran Polo Patriótico, por ser una necesidad ineludible, una demanda, del proceso social y político venezolano".

Sin embargo, señalan los compañeros comunistas, "los esfuerzos en curso son insuficientes", porque "los mecanismos que se están implementando no garantizan todavía… la construcción de una auténtica dirección colectiva del proceso". Por esta razón, expresan, "decidieron impulsar los procesos de incorporación de las organizaciones sociales en las que… tenemos presencia e incidencia", pero no inscribir al PCV "en algún registro o censo de organizaciones". A su juicio, "la participación de las organizaciones partidistas en esta construcción no debe hacerse por vía de un registro, sino como producto de un debate, de una discusión, de una construcción de espacios donde converjan todas las organizaciones políticas del proceso, que por cierto no son numerosas. Estas organizaciones partidistas debemos reunirnos, debatir y acordar cómo vamos a trabajar en función de articularnos y contribuir a la construcción del Gran Polo Patriótico".

El asunto de fondo, como se entenderá sin dificultad, no es el registro. Lo central en el planteamiento del PCV tiene como base la distinción que hace entre lo que entiende como "organizaciones sociales" y los partidos. Hecha la distinción, correspondería a las "organizaciones políticas del proceso" sentarse de una vez por todas a debatir, construir "dirección colectiva", etc.

Con todo el respeto que se merecen los camaradas del PCV, es preciso señalar que esa distinción entre fuerzas de una u otra naturaleza (lo que ya de por sí supone un debate aparte) no puede hacerse para restar, sino para sumar. Es decir, el GPP se trata de un espacio plural, concebido para la construcción de la unidad revolucionaria en la diversidad, lo que implica incorporar a la mayor cantidad de fuerzas populares posibles, sean éstas de carácter partidista o no.

La misma tarea de construcción de una dirección colectiva de la revolución bolivariana, cuya necesidad comparto a plenitud, pasa por entender la potencialidad de un espacio que, como el GPP, se plantea desplegar la política revolucionaria a través de los partidos, pero también más allá de los partidos.

Por más "insuficientes" que puedan resultar los esfuerzos, por más imperfectos que puedan resultar los "mecanismos", el comandante Chávez ha convocado a un espacio, de carácter promotor y transitorio, que es estratégico consolidar. Un espacio en el que, sin duda, el PCV tiene mucho que decir, pero también, como todos, mucho que escuchar.

17 de octubre de 2011

El extraño caso del antichavismo sin Chávez

Primero Justicia: un "autobús" que es realmente una parada

Hace un par de días, Julio Borges, dirigente de Primer Justicia, afirmaba en un programa televisivo que la campaña electoral de la MUD debía consistir en "dejar de hablar de política y hablar de la gente". Se trata del mismo personaje que, dos semanas atrás, durante el acto de apoyo de su partido a la candidatura de Capriles Radonski, discurseaba: "Nuestro movimiento no es en contra de Chávez, ni del chavismo, es a favor de un camino distinto".

Pero, ¿qué es lo que hace que el representante de un partido político antichavista, heredero de la vieja partidocracia (con la cual se retrata, sonriente), intente mostrarse como todo lo contrario de lo que realmente es? ¿Políticos que no hablan de política? ¿Antichavistas que no están contra Chávez ni el chavismo? ¿De dónde tanta contorsión, tanta mueca, tanto disfraz, tanto malabarismo?

Si la política sigue siendo percibida como un carnaval por parte importante de la población, si ha tenido lugar el envilecimiento de la política, es precisamente por el predominio de estos actores dispuestos a todo con tal de alcanzar la fama, o mejor dicho, posiciones de dominio.

En filas revolucionarias hemos padecido, cómo no, el mismo fenómeno, que está en la base del hastío que parte de la base social de apoyo a la revolución profesa por la política. Hastío que no es desesperanza ni desencanto, sino inconformidad e irreverencia. Porque a una clase política que ha logrado desplazar a la vieja partidocracia, pero se empeña en reproducir sus vicios, no se le puede rendir reverencia alguna, y nadie puede pretender que así sea, a menos que la revolución bolivariana se disfrace de gobierno que desea un pueblo sumiso. Y eso no ha sucedido.

Frente a este cuadro, el antichavismo partidista (al menos el que encarna el señor Borges) intenta convertir esta irreverencia, esta inconformidad, en desencanto: la actitud de alerta en pasividad, la disposición a la pelea en sumisión. Olvidémonos de la política y hablemos de los problemas de la gente. Olvidémonos de Chávez. Olvídate de la razón por la que te hiciste chavista. El extraño caso del antichavismo sin Chávez.

Pero tú te hiciste chavista, millones nos sentimos chavistas porque creemos que la política se trata de resolver colectivamente los problemas colectivos, entre ellos, uno central: cómo derrotar este sistema que nos explota, que se sacia de nuestro trabajo, de nuestra inteligencia, de nuestros afectos, para que unos pocos tengan lo que nos pertenece a todos. Es en este sentido que el chavismo repolitiza, mientras que el antichavismo pretende prevalecer despolitizándolo todo.

De eso se trata el "camino distinto" del que tanto hablan: de desandar todo lo que hemos avanzado. "Dejar de hablar de política" no porque el pueblo rechaza a la vieja política, sino para que la vieja política vuelva, agazapada, disfrazada, pulcra, de punta en blanco, no contaminada de pueblo.

16 de octubre de 2011

Cuatro en fila

El novato Héctor Sánchez es recibido en el jon por el pana recoge bates (0), Óscar Salazar (12) y Scott Van Slyke, luego de botarla por el derecho en el tercer inning. Estadio Universitario de Caracas, sábado 15 de octubre de 2011

El pasado miércoles 12 de octubre comenzó la temporada de beisbol profesional, y con ella la mejor época del año. Algunas personas, como mi señora madre, seguirán insistiendo en que no hay nada como diciembre y la Navidad. Tal cosa es cierta, pero única y exclusivamente porque durante las dos últimas semanas del año entramos en la fase más emocionante de la eliminatoria. Casi todos los juegos memorables tienen lugar por aquellos días.

Hoy fui al Universitario por primera vez. Cuarto juego de la temporada y primero en casa, ante Tigres de Aragua. Contra todo pronóstico, La Guaira arribó a Caracas invicto, tras barrer a los campeones Caribes de Anzoátegui.

A muchos nos asaltó la duda, y va la pregunta tipo transmisión televisiva: ¿cuándo fue la última vez que La Guaira ganó sus primeros tres juegos de la campaña? Respuesta que usted jamás le escuchará a los "especialistas" ni a nadie en una transmisión oficial: durante la 2002-2003, cuando la oposición decidió suspender el beisbol, porque le dio su realísima gana y porque supuso que así lograría sacar a Chávez, burlándose de la voluntad del pueblo beisbolero.

Entonces, La Guaira marchaba de segundo en su división, a escaso medio juego de Leones del Caracas, con seis juegos por encima de .500, enrumbado a la clasificación.

Hoy, después de ganar el cuarto en fila, a palo limpio, como fanático de La Guaira y del beisbol, les reitero: ni perdón ni olvido.

¡Queremos samba! ¡Queremos samba! ¡Queremos samba!

12 de octubre de 2011

Gran Polo Patriótico: es tiempo para la audacia

Algo importante está ocurriendo en el campo popular, bolivariano y revolucionario. Ese algo tiene que ver directamente, aunque no exclusivamente, con el proceso de constitución del Gran Polo Patriótico, que recién inicia.

Es un momento de definiciones. Lo que ha aparecido en escena es el germen de una instancia aglutinadora de fuerzas y voluntades que, bien llevada, puede trastocar el tablero de la política nacional, en primera instancia. Luego, quién sabe. A lo interno del chavismo, la política ya no es lo que solía ser hace apenas una semana. El tiempo se ha acelerado. Ya era hora.

Es un momento de debates que pueden ser decisivos: de perderle el miedo a tomar la palabra, de sentar posición pública, de ponerlo en discusión todo (salvo, por supuesto, lo estratégico: la radicalización democrática de la sociedad venezolana), de proponer y construir. Los timoratos están de más. Son días de pesadilla para los que siempre prefieren mirar los toros desde la barrera, y luego vienen a opinar sobre lo que se hizo bien o mal, y sacan cuentas y hacen balances. Para estos personajes, el momento siempre es mañana. Para nosotros, el futuro es ahora.

El temor, la duda, la desconfianza, las reservas se han hecho presentes, como era de esperarse. Es mucho el daño que han producido el sectarismo, la soberbia y la arrogancia de los que van "haciendo la revolución" con métodos nada democráticos y mucho menos originales (por más que repitan de memoria a Mariátegui o Simón Rodríguez).

Algunos ven el Gran Polo Patriótico como el espacio de la cooptación definitiva, una suerte de apéndice del gran aparato de captura, desplegado para terminar de disciplinar y normalizar lo poco que queda de "chavismo salvaje", rebelde, desalineado. Otros, sin embargo, lo conciben más bien como el reducto de los anarcoides sin remedio, el no-lugar que intentará colonizar, sin perspectivas de éxito, ese lugar por antonomasia de todo revolucionario: el partido leninista y su lógica de la maquinaria. Por último, no pueden faltar quienes lo conciben como un espacio para saldar cuentas con la burocracia política, como la tribuna donde tendrá lugar la venganza de los resentidos.

Digamos que el Polo puede llegar a ser todo lo anterior, simultáneamente. A menos, por supuesto, que actuemos con audacia.

Actuar con audacia significa dejar atrás la "pequeña política", con todos sus vicios y miserias, para disponernos a hacer política con los millones que hoy están desmovilizados, desarticulados, desorganizados, incluso hastiados de la política. Ellos son, también, el poder constituyente que está llamado a volver por sus fueros.

11 de octubre de 2011

La cabeza de un tal Amorebieta

Amorebieta, Vizcarrondo. Por: Ángel Colmenares.

Sabrán entender ustedes, veteranos corridos en setenta plazas, en ciento setenta, en setecientas, con sus campeonatos del mundo, su Monumental y su estadio Azteca, su segundo en Italia, sus catorce Copa-América, su Mano de Dios, sus mejores jugadores del mundo, sus Batistuta-Mario-Kempes-Passarella-Lionel-Messi, sus Boca-River, su Bombonera (la canción nuestra, Moliendo café, convertida en canto), su hinchada a muerte, su gol del siglo de San Maradona también nuestro, su camisa a rayas, ustedes sabrán entender lo que pasa por la cabeza de un tal Amorebieta.

Apenas una victoria, sí, apenas una. Pero fueron once jugando como uno, un doce que eran cuarenta mil, veintiocho millones de almas con la garganta en fiesta.

Sabrán entender ustedes que, sí, fue apenas la primera. Pero eso qué nos puede importar después de hoy, que le caíamos a trompadas a la historia, que fuimos más, que la victoria es nuestra.

¿A quién le habla el Gran Polo Patriótico?

Este lunes 10 de octubre seguimos dándole al tema del proceso de constitución del Gran Polo Patriótico, junto a Lorena Freitez y el maestro Mauro González. Fuimos entrevistados por el compañero Ernesto Villegas, en el programa Toda Venezuela, que transmite VTV.

Diría que el grueso de nuestras intervenciones intentaron responder a las preguntas claves: ¿a quién le habla el Gran Polo Patriótico? ¿Quiénes son sus interlocutores? ¿Se trata de un espacio para dialogar y discursear entre convencidos? ¿Se trata de una trinchera para caerle a plomo a la burocracia de los partidos?

Con ustedes, nuestros aportes.



9 de octubre de 2011

Lorena Freitez y la inconformidad

La de Lorena fue quizá la intervención de más calibre de todas las que se dispararon durante la reunión entre el comité promotor del Gran Polo Patriótico y el comandante Chávez, este viernes 7 de octubre, en Miraflores; valga decir, cuenta que es muy difícil sacar, dada la calidad de las intervenciones en general.

(Para ver el video de la jornada casi completa, eso es aquí).

"Nos sentimos identificados con palabras como inconformidad", le tomó la palabra al Presidente casi en el minuto dos, y por ahí se fue, hilvanando un discurso que parecía una ráfaga.

Una ráfaga de inconformidad que tendremos que convertir en un cañón potente, coño, para que esta revolución no se nos vaya de las manos.

Mano zurda y directo al rostro cuando haga falta (contra la burocracia, los discurseadores, el capital), lo importante es darle. La clave, en este momento, está en ponernos del lado de aquellos que volvieron a ser invisibles. De lo contrario, es como pelear con sombras.







8 de octubre de 2011

Chávez reunido con comité promotor del Gran Polo Patriótico: lo más aplaudido

Es mucho lo que puede decirse de la extraordinaria reunión entre el comité promotor del Gran Polo Patriótico y el comandante Chávez, este viernes 7 de octubre de 2011, en el Palacio de Miraflores.

Mientras nos preparamos para decir todo lo que habrá que decir, limitémonos esta vez a recordar lo que fue el momento más aplaudido de la jornada.

El asunto tiene que ver con el silencio.

Los comentarios casi están de más.

Cojan seña, agarren el hilo. Sacúdanse ustedes también, no cedan a presiones ni chantajes. Pónganse de este lado, es decir, del popular-participativo-y-protagónico.

Porque lo sabroso de esta historia es que...

continuará.

5 de octubre de 2011

Caracas, te amo

«Alerta, alerta, el mono que camina… ya tú sabes, guarden todos sus celulares, sus Blackberry, cuidao en la Bolívar, cuidao en la Miranda, cuidao en la autopista, suban los vidrios del carro».

Palabras más que menos, entre carcajadas (me los imagino dándose palmadas en la espalda, como niñitos malos de escuela, como adolescentes acomplejados y malcriados que sólo salieron de las cuatro paredes de su urbanización para ir al centro comercial, la playa de moda o Miami), así cerraban su programa radial un par de locutores de la 92.9 FM, una tarde de miércoles, hace un par de semanas. Si la idiotez (disfrazada de "humor negro") de este par de individuos tiene límites o no, es algo que no viene al caso.

Si algún valor tienen sus palabras, es que nos ilustran la manera como parte de la población experimenta la ciudad de Caracas. Aquella declaración, entre racista y facha, no es una simple "opinión": es el retrato (o una pincelada, si se quiere) de una cierta geografía interior que los habita, que los predispone a odiarla y padecerla en lugar de amarla.

Hostil, caótica, brutal, sórdida… violenta. ¿Quién duda que Caracas sea eso y más? Amigos entrañables han dejado atrás Caracas huyendo de algún recuerdo insoportable. Cuántos sueños triturados, cuántas voluntades doblegadas. ¿Quién no ha sido asaltado por esa insuperable sensación de alivio, de aliento recobrado, cuando agarra carretera Venezuela adentro para reconfortarse con la infinita belleza de su gente?

Sin embargo, y en lo que a mí respecta, no puedo conformarme con esa manera de narrar la ciudad que, más que retratar la violencia, la recrea, porque como la "carne" (de allí que la "urbe" se vista de bikini), la violencia vende. La violencia es un bien simbólico que no sólo produce dividendos económicos, sino también políticos: recrearla es una manera de perpetuarla.

Ceder al chantaje de quienes recrean la violencia no hace más que asegurarles su lugar en el mundo a los que hablan de "monos" para referirse a seres humanos. Equivale a autoexcluirnos.

Bien vale la pena narrar la otra historia de Caracas, comenzando por la de esa "gente del barrio"que "sí quiere vivir", como dice la canción de Área 23. Esa Caracas con su tumbao, sus ritmos, sus gestos, que está harta de la violencia, pero sobre todo de aquella que nace del desprecio. Una Caracas que todos los días se empecina, remonta la cuesta, supera adversidades, porque desea vivir mejor. Una Caracas que cuando se va a la calle a pelear es una fiesta. Una Caracas que ama apasionadamente, con alegría, con furor, como las amantes que lo entregan todo porque se juegan la vida en el acto de amar.

Por eso, Caracas, te amo.

1 de octubre de 2011

Chávez felicita a Tiuna el fuerte y convoca al Gran Polo Patriótico

Este sábado 1 de octubre, durante la celebración de un consejo de ministros en Miraflores, Chávez hizo referencia a Tiuna el fuerte como un ejemplo de "movimiento" que tendría que incorporarse al Gran Polo Patriótico desde abajo.

"Hago un llamado a todos esos grupos, movimientos que por todo el país pululan, para que vengan, preparénse, el próximo 7 de octubre vamos a registranos. Ya tendremos que informar, Elías, Soto Rojas... con bastante rapidez estos próximos días, de aquí hasta el viernes, cómo será el registro, dónde será, por cuánto tiempo será, etc., para que, bueno, comencemos; movimientos políticos, los partidos políticos, por supuesto, también, el PSUV... el Partido Comunista, veo ahora el surgimiento... del PPT-Maneiro... qué bueno eso... del Movimiento Electoral del Pueblo... el partido que fundó Lina Ron, que en paz descanse la camarada... los Tupamaros... vengan... además en condición de igualdad... Mira, por ahí está un movimiento, Tiuna el fuerte, por ejemplo, y por ahí vi que les dieron el Premio Nacional de Arquitectura*, vamos a darles un aplauso... movimientos sociales de distinto signo, vamos a articular...".

Minutos antes, había leído un fragmento del libro Gramsci y el Bloque Histórico, de Hugues Portelli.

A comienzos de la transmisión, Chávez también intercambió comentarios con algunos de los motorizados que participan en el Primer Censo Nacional de Motorizados, cuestionó la campaña de criminalización y estigmatización contra este gremio, y sugirió su incorporación en el Gran Polo Patriótico.

* Tiuna el fuerte ganó el Premio Nacional de Cultura 2010, mención Arquitectura, según informó el ministro Pedro Calzadilla este miércoles 27 de septiembre.


28 de septiembre de 2011

La Caracas “normal” y “auténtica”

La antena de TV en Alexanderplatz. ¡Guao, un artículo sobre Caracas con una foto de Berlín!

Una tarde de septiembre, en Berlín, poco después de pasar frente a la Universidad Humboldt y la Isla de los Museos, ya en la Avenida Kart Liebknecht y muy cerca de Alexander Platz, a bordo de un 200 (si la memoria no me falla), soy testigo involuntario del diálogo que se desarrolla en el asiento trasero, y que sostienen una mujer de mediana edad, con acento mexicano, y algún hombre que no logro descifrar si es alemán, y en todo caso poco importa.

Dice la mujer, en ese tono entre cuasi-elegíaco y cursi de quien está a punto de soltar una zoquetada, que a ella le encanta esa parte de Berlín porque es "normal", mira-no-sé-cómo-te-explico, "auténtica", mientras que la "comunista" es "fea"; y nadie me quita que debe haber acompañado su confesión de desprecio con un ademán que indicara lejanía.

Brevísima anécdota que, por supuesto, no sería digna de ser contada si no fuera por la proverbial desorientación de la mujer: esa Berlín a la que se refería como "normal" y "auténtica" era la Berlín "comunista" y "fea".

No se trata, por favor (la experiencia enseña que es mejor hacer la aclaratoria ahora, para luego no perder valioso tiempo en discusiones estériles y maniqueas), de dilucidar qué lado era más "bello" durante los tiempos del Muro.

Más que del espacio geográfico, por el que transitamos y en el que habitamos, de sus signos y coordenadas, de la ciudad, sus hitos, monumentos y cicatrices, se trata de las geografías interiores, de las que nos habitan: de esas que nos hacen vivir o padecer, experimentar la ciudad de una forma u otra.

Según la geografía interior que habita a la mujer de la anécdota, hay una Berlín "bella", que encarna el progreso y la civilización, y otra que, para decirlo con Arturo Jauretche (o con el sifrinaje que retratara tan fielmente), es una ciudad de mierda, allá lejos, donde la vista no alcanza.

La tragedia permanente de las elites latinoamericanas (y de muchos que aspiran a tal condición) es que "este país de mierda" es lo que toca padecer todos los días. De allí, entre muchos otros, los fenómenos del respectivo peregrinar a Miami o el celoso encierro en las urbanizaciones. De allí también su desencanto, su pesimismo, su característica mala vibra. Ahora imagínese al país gobernado por un tipo como Chávez, y a muchos chavistas, por todos lados, socavando los pilares del progreso: no es para menos tanta iracundia.

Cosa curiosa, en cierto chavismo es posible identificar signos de colonización de su geografía interior, y lo vemos repitiendo el mismo discurso autodenigratorio. ¿Desea saber si usted forma parte de él? Responda a las preguntas: ¿cuál es la Caracas "normal" y "auténtica", y cuál es la Caracas "fea"?

26 de septiembre de 2011

Hay días en que provoca mandarlo todo al carajo

Hay días en que provoca mandarlo todo al carajo, tirarles un portazo y mandarlos bien lejos; hay días en que ni siquiera tu voz que canta me consuela, ni tu sonrisa insuperable ni tu peinado nuevo; son días para estar solo, o en los que, acompañado, uno se siente más solo que la una; días en los que dos no son compañía, días que para qué decirlo. Hay días en que la piel está cubierta de espinas y la lengua corta; días de respiración caliente, de piernas cansadas, de brazos pesados y pinchazos en la espalda. Hay días es que resulta intolerable tolerar lo intolerable: la mediocridad, la pereza, la trampa, la traición. Hay días en que uno estalla y se come las hojas de los libros como castigo por no saber contar historias. Hay días en que el universo es finito, y la luz viaja a la velocidad del viento y las horas se detienen y la vida pesa. Casi. Hay días en que mejor es no acordarse de las falsas promesas, de las promesas siempre rotas. Hay días en que los peores seres llevan ventaja, y se mofan y se carcajean. Hay días en que provoca abandonar y ser abandonado. Hay días en que no te acuerdas y no soy nadie. Hay días en que fuimos más y somos menos. Hay días en que todo lo que escribo sabe a cartón, a material huero.

Uno los ve venir y qué difícil es evitarlos.

Pero esos días pasan, y entonces nos volvemos a juntar los revueltos y nos revolcamos y nos amamos en un arrebato ligero de ropas y de ideas y en eso consiste nuestra venganza: en tolerar a los intolerables, sólo para que sepan que, aún cuando tengan sus días, este tiempo es de nosotros.

15 de septiembre de 2011

Para triunfar el 7 de octubre de 2012

Para triunfar el 7 de octubre de 2012, tanto como evitar el triunfalismo a toda costa, es preciso tener certeza sobre la magnitud de la propia fuerza, porque de esta forma conocemos también nuestros flancos débiles. Esto pasa, por cierto, por un mínimo de rigurosidad en el análisis, y por la intransigencia frente a "saberes" ampliamente cuestionados, y que no por casualidad ocupan bastante centimetraje en la prensa y privilegiado espacio en la televisión. Así, por ejemplo, la encuestología ha tenido relativo éxito imponiendo como "verdad científica" lo que no es más que su versión interesada sobre el electorado venezolano. No hacen falta mucha pericia ni mucha imaginación para dibujar una torta partida en tres: de un lado, dos tercios simétricos, equivalentes, correspondientes al electorado con filiación ideológica (chavistas y antichavistas); del otro lado, un tercio mayoritario de indecisos.

Para el antichavista que milita en política, una versión tal implica la ventaja de saberse una fuerza cuando menos equiparable a su acérrimo enemigo: bastaría con hacer los ajustes necesarios para ganar el apoyo de la mayor cantidad de indecisos, y el trabajo está hecho. Del lado chavista, aceptar este cuadro de fuerzas como un retrato fiel del paisaje, implica una disposición previa para la derrota. No será la primera vez que militantes de una fuerza mayoritaria actúen como minoría, sustituyendo la política revolucionaria por la baja política, dándole la espalda al pueblo, repitiendo las viejas formas y las peores mañas de una vieja clase política que no termina de morir, simplemente porque la mayoría (buena parte de la clase gobernante que la encarna) la desea con vida, aún a riesgo de ver pasar su oportunidad histórica, porque no es capaz de entenderse con más nadie.

En otras palabras, una versión tal pretende disimular la verdad incontrovertible, hasta nuevo aviso, de que el chavismo sigue siendo, por lejos, la principal fuerza política; y más allá, que este predominio en lo político tiene efectos perdurables en lo cultural. El chavismo sigue siendo una fuerza tal porque logró imponer una cultura política, y contra este pivote clave de la construcción hegemónica (una hegemonía popular y democrática) va dirigido el grueso de las baterías antichavistas.

Parto de la premisa de que buena parte de eso que la encuestología enuncia como "indecisos" está hecho de puro chavismo descontento, hastiado, incluso indiferente, que ha redescubierto la política con Chávez; que ha sido testigo a veces, otras protagonista de excepción de unos años intensos, extraordinarios, exuberantes, durante los cuales todo se puso en discusión, y no fue poco lo que cambió; un pueblo que le dio la espalda y saldó cuentas con la vieja clase política; que entrompó, enfureció, aguantó, lloró y festejó como nunca, y que no desea ser seducido por sus viejos sepultureros. En fin, un chavismo que, enfrentado al dilema de expresar su legítimo descontento por la vía electoral, optará por la abstención en lugar de votar contra Chávez.

Para plantearlo en líneas gruesas, este chavismo descontento fue lo que apareció cuando el antichavismo abandonó la calle como escenario de lucha política, allá por 2007. Es cierto que aparecieron algunos estudiantes por aquí y otros gremios por allá, pero de aquellas marchas multitudinarias exigiendo la renuncia de Chávez no quedaba sino el recuerdo. Pero desmovilizándose, es decir, reconociendo de hecho su derrota, retirándose de la calle, el antichavismo precipitó (sin que fuera su intención) una crisis en las filas del chavismo: eso que he llamado en otra parte una crisis de polarización.

De manera inesperada, en lugar de revitalización del espacio público, vía la multiplicación de las iniciativas de participación, encuentro, organización y articulación popular, tuvo lugar un proceso de disciplinamiento y normalización del chavismo popular, y en general de progresiva burocratización de la política. Más temprano que tarde, terminó imponiéndose la lógica del partido/maquinaria, que lejos de movilizar, según hemos visto, privilegia la concentración, etc.

Esto, unido a los efectos de la estrategia de desgaste opositora (que persigue, justamente, desmovilizar y desmoralizar a la base social de apoyo a la revolución), a la gestionalización de los medios públicos (cero chavismo crítico en pantalla, cero interpelación, cero control popular de la gestión), en fin, a todos los factores de distinto signo que confluyen en la despopularización del chavismo, no podía producir sino descontento, para decirlo elegantemente. Un descontento, insisto, que es una muy buena señal de la madurez política alcanzada por el pueblo venezolano durante estos años (porque no está dispuesto a tolerar un simulacro de revolución, capitaneado por una clase gobernante demasiado similar a su predecesora).

Para triunfar el 7 de octubre de 2012, necesario es interpretar este descontento legítimo como un dato que hay que tomar en cuenta y en serio, a riesgo de no entender el cuadro de fuerzas a lo interno del chavismo, la principal fuerza política de este país. Porque se lo toma muy en serio, Chávez ha planteado, entre otras iniciativas de envergadura (y en un contexto de reflexión constante sobre temas como el liderazgo, el socialismo bolivariano, el pueblo como sujeto activo de la revolución, el papel del movimiento popular, etc.) desde unas Líneas Estratégicas del partido hasta la creación de un Gran Polo Patriótico (la política más allá del partido).

No es juego: la lógica del partido/maquinaria debe ser sustituida por la lógica del partido/movimiento. Es decir, no basta con hablar de "maquinaria en movimiento", como está de moda ahora, y cambiar una palabra aquí y allá para que nada cambie. Para esto, es indispensable comenzar a entender la importancia estratégica de una iniciativa como el Polo Patriótico Popular, que ya ha cogido calle. Lo contrario sería disponerse a afrontar un examen decisivo, en octubre del año próximo, sin haber aprendido absolutamente nada.

14 de septiembre de 2011

Penúltimas palabras sobre Ávila TV


Aquí les dejo mi intervención, este miércoles 14 de septiembre de 2011, en el programa Oye como va, que conduce Oswaldo Rivero y transmite Alba Ciudad, a propósito de las furias desatadas por mi artículo Ha muerto Ávila TV.

Pinchar aquí.

Son las penúltimas palabras sobre el asunto.

La última palabra la tienen trabajadores y obreros del canal, estudiantes de la EMPA.

Se les quiere y se les respeta siempre.

Salud.

7 de septiembre de 2011

Ha muerto Ávila TV

De cuando Ávila TV todavía la partía...

Ha muerto Ávila TV. Su muerte ha sido lenta, la agonía larga. El acta de defunción la firmaron antes de tiempo, cuando más se veía su pantalla en los barrios de Caracas (y la sintonía en aumento), cuando más la partía, cuando más la revolucionaba, y cuando sus trabajadores peleaban con más fuerzas para defenderla.

Hubo un tiempo en que todos hablaban de Ávila TV, así fuera nada más que para afirmar que les resultaba difícil entender lo que sucedía adentro. La revolución bolivariana tiene una deuda con sus trabajadores organizados y movilizados en asamblea permanente, que optaron siempre por no ventilar públicamente tenaces conflictos internos, así como las sucesivas injusticias que debieron padecer. Sin embargo, esta demostración de carácter, firmeza y madurez política, este ejemplo claro de disciplina a toda prueba, fueron respondidos con una feroz e implacable campaña de infamias que hoy perdura. La discusión central, sustantiva, sobre el tipo de televisión que es preciso hacer en tiempos de revolución, sobre cómo hacer una televisión juvenil, popular y revolucionaria, fue sustituida sistemáticamente, del lado de los enemigos de Ávila, por un coro de insultos e invectivas: malandros, desviados, pequeñoburgueses, anarcoides.

Ya nadie habla del Manifiesto de Ávila TV.

Reafirmo algo que sostuve entonces: lo que estaba en juego con la batalla de Ávila TV, mucho más allá de cargos y cuotas de poder, de la fama, la mala conducta o el trampolín para aterrizar en otros canales, era la posibilidad de continuar insurgiendo contra los cánones de la comunicación burguesa y contra los dinosaurios que ven en la pantalla un instrumento para bombardear a la gente de propaganda, que es otra forma de la alienación. La importancia estratégica de Ávila radicaba en que había demostrado cómo insurgir, además con el protagonismo de esos jóvenes que la izquierda conservadora, sectaria y exógena ha despachado históricamente por pertenecer – según le gusta estigmatizar – al lumpen.

Hoy día, en cambio, nadie habla de Ávila, y se le equipara a un cuerpo inerte, aunque respire. La ya vieja leyenda negra de la televisora malandra y malhablada, fue sustituida por la leyenda de la Ávila ingobernable. Así, ha terminado de morir de mengua, aislada como leproso, estrangulada la poca organización que quedaba, sus últimos arrestos de vitalidad. Nadie quiere saber de ella, mucho menos, tal parece, los que aún conservan cuotas y cargos burocráticos.

Lo más grave es que nadie da la cara, nadie ofrece una explicación a los cientos de miles de jóvenes de los barrios que cuando todavía se animan a sintonizar la pantalla que alguna vez los sedujo, se encuentran con la misma programación de hace dos años. Porque, no se engañen: el problema está en la pantalla.

Ha muerto Ávila TV y su muerte es la victoria de los pusilánimes, los sectarios y los mediocres. Muerta, nada más que para engrosar las filas de unos medios públicos incapaces de acumular dos dígitos de audiencia.

31 de agosto de 2011

Por una cerveza popular

César Augusto a la izquierda. The Cavern, Liverpool, Inglaterra, jueves 25 de agosto de 2011. Por: Meresvic Morán

No se apuren a descartar la demanda por considerarla una excentricidad típica de la clase media progre, con pretensiones cosmopolitas: hoy más que nunca estoy convencido de la justeza de nuestra lucha por el derecho a una cerveza popular. Una exigencia, más bien un clamor, como se verá, con profundas implicaciones políticas.

Me ha terminado de convencer mi hermano, César Augusto, buena compañía en un intenso viaje que nos ha llevado por cinco ciudades europeas en poco menos de dos semanas, y pasajero, al mismo tiempo, de su vuelo personal: uno que lo llevará a ingerir la mayor cantidad y variedad de cervezas que le sea posible, siempre según las condiciones que imponen el tiempo y, en especial, el dinero disponibles – poco en ambos casos.

Habiéndolo acompañado en su cruzada personalísima, sin que mediara otro motivo que el estrictamente humanitario, puedo decir que, a estas alturas, he tenido la oportunidad de saborear casi la veintena de cervezas. No es alarde: se ha tratado casi siempre de un sorbo aquí y allá; lo suficiente como para concluir que hay vida más allá de la Polar. No sólo vida, sino una infinitamente más sabrosa.

Sin ceder un ápice a la tentación patriotera de defender el terruño, lo propio, eso que tenemos por la cerveza que representaría la identidad nacional, no sólo nos hemos rendido a la evidencia de la superioridad de buena parte de las marcas que hemos probado; además, le hemos visto todas las costuras al resultado del hábil y sostenido trabajo que desde hace décadas realiza la Polar para establecer una relación entre sus productos y la identidad nacional. Así, cualquier "ataque" contra alguno de estos sería visto como un ataque despiadado a la Nación que este grupo económico habría contribuido a forjar. Mientras se enriquece, claro está. Porque qué tiene de malo ganarse un dinerito y tumbar un gobierno por aquí y otro por allá.

En una sola línea: hay quienes pretenden que la defensa de la Polar equivale a defender a la Patria.

No se trata, por cierto, de que la competencia, esa gran farsa, sea mejor que la marca del oso. Si lo que quieren es competencia – vamos con propuestas concretas – abramos pues el mercado, ¡bendito seas, neoliberalismo!, a todas las marcas del mundo, y veamos si es cierto lo de la mano invisible.

Mucho mejor: creemos fábricas de cerveza en manos del pueblo organizado, y garanticemos el pleno ejercicio del derecho a una cerveza popular. Acabemos con esa dictadura de la levadura que adormece nuestros paladares, que atrofia nuestro sentido del gusto. Multipliquemos los sabores. Superemos a los mejores. Experimentemos. Luego hagamos una gran fiesta para celebrarlo. Salud.

25 de agosto de 2011

Libia: directo al grano


Edinburgo, estación Waverley. Miércoles 24 de agosto de 2011, poco después de las 6 de la tarde. Los "rebeldes" libios, con la pequeña ayuda de sus amigos de la OTAN, hace horas que han logrado entrar en Trípoli, mientras las "fuerzas leales" huyen en desbandada. ("Fuerzas leales" es el equivalente de "oficialismo", aplicado a los gobiernos de los países invadidos por "Occidente", como les gusta llamar por acá). Una pantalla gigante transmite las noticias de lo que hacen "nuestros muchachos" en aquella parte del mundo, pero lo que predomina en el terminal es la indiferencia. Cada quien está dedicado a lo suyo. Yendo y viniendo. Trenes llegan y parten. A Libia, mientras tanto, le ha llegado su hora. Recuerdo al Lucas de Cortázar, y no sé si será por patrioterismo que me conforta saber que en mi país no serán tan pocos los sacudidos por la sangre que hierve ante tanto atropello, tanto cinismo. Sky News, el canal de Rupert Murdoch, en su sección de negocios, se pregunta qué esperar ahora de la economía libia.

What now, ahora qué. La economía.

A veces estos burgueses se dejan de eufemismos y van directamente al grano.




Qué diría Harry Potter...

Naturalmente, una pequeña porción de la población caraqueña negará a rabiar la verdad perfectamente verificable de que en los vagones del Metro londinense (su equivalente, eso que llaman el Underground) puede leerse una inscripción que advierte a los usuarios sobre la eventualidad de algunos trabajos para mejorar el servicio que pueden afectar sus respectivas jornadas, particularmente durante los fines de semana, por lo que recomiendan hacer el esfuerzo de informarse oportunamente.

No pude evitar reírme cuando leí el aviso. Me imaginé al antichavista promedio sufriendo un traspiés por obra y gracia de alguno de estos trabajos, modificando su agenda intempestivamente, rehaciendo su ruta, padeciendo los rigores de su desencuentro con las paradas obligadas, añorando saber llegar hasta Piccadilly Circus o King's Cross St. Pancras (la obligada peregrinación a la estación de tren que conduce a Hogwarts, la escuela de Potter y compañía) por una vía distinta de la habitual, y nunca, pero nunca, nunca jamás puteando al fulano Underground como sin embargo lo hace puntualmente, con puntualidad inglesa, cada vez que el Metro de Caracas lo deja varado.

Desde entonces, aunque sólo por momentos, le meto cabeza al asunto intentando comprender, y mientras tanto me conformo con la hipótesis de que un comportamiento tal está un paso adelante de esa falla de origen de las elites latinoamericanas que es el discurso autodenigratorio. Es imposible que éste lo explique todo. Tiene que haber más.

Es cierto que es muy básico, predecible, patético hasta la vergüenza ajena: es verdad que para el antichavista promedio es inconcebible comparar el Metro con el Underground, de la misma forma que Londres sólo puede compararse con la capital de algún país civilizado. Pero, ¿qué es lo que hace que cualquier falla de algún servicio prestado por el Estado venezolano sea traducido como una demostración de nuestro "salvajismo", llámesele Chávez o de cualquier otra forma?

A mi juicio, y esto es algo que vale para toda la estrategia de desgaste opositora, hay mucho de política fácil, tanto como de inmadurez política. Fácil, en el sentido de que para ejercer el acto de oponerse, para intervenir, digamos, en el espacio público, no hay que hacer el menor esfuerzo. Inmadurez en tanto que más que la protesta, lo del antichavista promedio es la rabieta. Si se va la luz, si el vagón se retrasa o no funciona el aire acondicionado, la culpa la tiene siempre el salvaje.

En Venezuela, el individualismo posesivo, ese concepto tan caro a la cultura política que nos legara el neoliberalismo, cobra la forma de un individuo malcriado, cómodo y simplón que, a bordo de un vagón londinense sin aire acondicionado, maldice a Chávez-el-monarca, mientras sueña con arrodillarse ante la reina. Qué diría Harry Potter…

10 de agosto de 2011

Cuando la revolución se hace camello

Mantenerse prevenidos contra quienes tienen vocación de Herodes

Recién llegado Chávez de Cuba, un par de semanas después de haber sido sometido a su segunda operación, intenté resumir la postura de muchos compañeros y compañeras, con quienes discutí largamente sobre la huella que había dejado en el campo político la enfermedad del Presidente, en un artículo que intitulé Resteaos con Chávez.

Entonces planteaba algo que considero oportuno reiterar: Chávez enfrenta una batalla más personal que colectiva; inevitablemente personal, pero irrenunciablemente colectiva.

Oportuno porque percibo una cierta tendencia a menospreciar, cuando no simplemente a ignorar, al Chávez reflexivo de las últimas semanas, que mantiene un continuo diálogo consigo mismo, pero que además hace público este ejercicio reflexivo. La razón, a mi juicio, es muy clara: no se trata de un Chávez "místico", metafísico, contemplativo, una suerte de oráculo o líder espiritual de la revolución bolivariana. Todo lo contrario, el Chávez que cita una y otra vez a Nietzsche, es el mismo que, por ejemplo, despliega una reflexión sobre el cuidado de sí, del propio cuerpo ("despreciar el cuerpo es despreciar la vida"), y la militancia política.

Algo similar puede decirse de su referencia constante a la parábola De las tres transformaciones, en Así habló Zaratustra, también de Nietzsche. Hace falta ser muy cínico, o estar muy ciego, o sencillamente no tener ninguna voluntad de retar al pensamiento, para no darse cuenta de que no se trata de una simple fábula, sino de una reflexión que atañe, por ejemplo, al tipo de liderazgo que ejerce el Presidente, pero también al destino, al devenir, digamos, de la revolución bolivariana.

Camello, león, niño. Del camello, cargar las "cosas pesadas para el espíritu… incluso las más pesadas de todas", acarreador de los valores. Del león, "crearse libertad para un nuevo crear… Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber", león iconoclasta, subversivo. Del niño: "Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí".

Una revolución, puede decirse, es camello, león y niño. Es el camello (la vieja sociedad con sus viejos valores) dando paso al león que subvierte al viejo orden y que, a su vez, abre paso al niño que crea la nueva sociedad. Pero no es así de sencillo, de lineal: toda revolución corre siempre el riesgo de convertirse en camello: ya sea porque fue incapaz de saldar cuentas con lo caduco, y repite errores del pasado: el nuevo socialismo copiando al viejo socialismo; el nuevo partido copiando al viejo partido; la burocracia haciendo el papel de Herodes, el asesino de niños.

Chávez y sus circunstancias: reflexiones inevitablemente personales, pero irrenunciablemente colectivas. Porque la pregunta sobre todo lo que prevalece de camello en la revolución bolivariana, es una que compete a todos. Sobre esto tendríamos que estar discutiendo en todas partes, y actuando en consecuencia.