El día en que se puso de moda hablar como chavista


Capriles, 12 de febrero de 2012. Por: Reuters - Carlos García Rawlins

El antichavista promedio no lo reconocerá jamás, por supuesto,  pero buena parte del discurso que emplea hoy el candidato Capriles, y que celebra por novedoso y esperanzador, es una singular versión (permítaseme el eufemismo) del discurso chavista, o de eso que podríamos identificar como las ideas-fuerza de la cultura política chavista.

¿Cultura política chavista? Si usted se cuenta entre quienes se han reído burlonamente al leer tal sucesión de palabras, sepa que no está solo: en esa actitud lo acompañan algunos millones más, no la mayoría por fortuna, que también profesan un profundo desprecio por lo popular, y es ese desprecio y no otra cosa lo que explica que consideren sencillamente inconcebible que puede asociarse la idea de cultura con la existencia del chavismo. Usted se acostumbró a sacar la cuenta contraria.

El problema con el desprecio, entre otras cosas, es que nubla el juicio, y eso en política se paga caro: si usted se cree la encarnación de la cultura, de lo bello, de la razón y de la civilización, y subestima una y otra vez a la fuerza política que, siempre según usted, representa todo lo contrario, lo más probable es que esa fuerza política, si tiene la suficiente potencia, lo derrote sucesivamente. Usted, enceguecido por la soberbia, no se detendrá a pensar qué está haciendo mal: se limitará a denunciar que se la ha hecho trampa.

Esa es, en resumen, la penosa historia del antichavismo, al menos hasta el momento en que algunos comenzaron a considerar la alternativa de intentar entender qué cosa es lo que pasa por la cabeza de esa cosa abominable que se autodenomina como chavista: qué es lo que hace de él un adversario tan formidable y poderoso (aunque jamás se le reconozca públicamente), cuáles son aspiraciones, sus demandas, sus temores, etc.

Cierto estudio realizado en 2009 arrojó pistas invaluables para el que quisiera tomárselas en serio: para casi las dos terceras partes de la población venezolana, la democracia significaba la existencia de un Estado fuerte (adiós neoliberalismo), democratización política (Estado fuerte con participación popular activa), disminución de la brecha entre ricos y pobres, políticas sociales contra la exclusión, nacionalización de las industrias básicas, entre otras ideas-fuerza. Tal era un cuadro, siempre aproximado por supuesto, de la cultura política resultante de la irrupción del chavismo. Tal era su huella indeleble.

Fue mi hipótesis entonces que las fuerzas que reclamaban la necesidad de un liderazgo alternativo dentro la oposición, habían tomado nota de aquellos datos (y sin duda de algunos otros, arrojados por otros estudios): ya entonces se apropiaban de manera deliberada de algunas de estas ideas-fuerza, en un esfuerzo por articular un discurso que le dijera algo al chavismo.

Esas mismas fuerzas han logrado hacerse con el liderazgo opositor. Tal liderazgo ha sido refrendado el pasado 12 de febrero. Su cara visible es el candidato Capriles.

Escuchando con detenimiento la rueda de prensa que ofreciera al día siguiente, es posible identificar abundantes referencias a los tópicos característicos del discurso chavista. Veamos:
  • Capriles, el candidato, no es sólo el adalid del progreso, sino que se autodefine como "progresista", en contraste con el "gobierno de izquierda retrógrado" que encabezaría Chávez. Más allá, afirma estar encabezando un "proceso de cambio".
  • Estado fuerte: afirma creer en un "Estado orientador, promotor, fuerte cuando tiene que regular", pero limita el rol regulador a determinadas materias: seguridad ciudadana, salud, educación, empleo. Cuando de las fuerzas del mercado se trata, el Estado deja de ser fuerte o simplemente desaparece.
  • Democratización política: distingue entre "acercar el poder al ciudadano" y "controlar todo el poder". Y nosotros que criticábamos a Chávez porque hablaba de empoderamiento, porque el poder no es algo que se otorga. Capriles apenas lo "acerca".
  • Disminución de la brecha entre ricos y pobres: ¿ricos y pobres? Ese discurso estimula el odio de clases. La división. La desunión. Sin embargo, Capriles dice creer en "un país donde nadie se quede atrás". Ya basta de conflicto: "No creo en chavistas y escuálidos, todos somos venezolanos".
  • Políticas sociales contra la exclusión: no eliminará las Misiones, pero plantea que hay que "ir más allá"; que piensa reducir el hambre a cero, pero que también hay que dar empleo. ¿Cómo "ir más allá"?
  • Nacionalización de las industrias básicas: afirma que no privatizará PDVSA, pero suscribió un programa de gobierno que plantea todo lo contrario.
  • Dice marcar distancia con la vieja forma de hacer política, pero no marca distancia de los viejos partidos. Dime con quién andas…

El mismo 13 de febrero, Capriles afirmó: "Hoy Venezuela amaneció con una nueva realidad política, con un nuevo liderazgo". En efecto, ese día la oposición amaneció con un candidato "progresista", que apuesta por un "proceso de cambio", que cree en un "Estado fuerte", que cree en "acercar el poder al ciudadano", que desea "un país donde nadie se quede atrás", que no eliminará las Misiones, que no privatizará PDVSA y que encarna una nueva forma de hacer política. Ese día, Capriles pretendió pasar por un chavista más. Ese día se puso de moda hablar como chavista.

Por supuesto, el antichavista promedio no lo reconocerá jamás, y jurará haber descubierto el agua tibia; cosa que, dicho sea de paso, es lo que pasa cuando se tiene tal obsesión por hacerse el distraído cuando se trata de saldar cuentas con un pasado vergonzoso, en el que se maldecía a todo el que osara hablar de "proceso de cambio".

Vaya qué cosas: la misma burguesía que ya nos quisiera repitiendo sus sandeces, ahora pretende hablar como nosotros. Sólo que lo hacen mal. Sólo que ella no es como nosotros. 

Contra el fraude interpretativo


Esto no es un análisis. Es un llamado de atención, a quien pueda interesar.

Es mucho el daño que el triunfalismo le hace a la revolución bolivariana: la autocomplacencia, expresada en la difusión por doquier de las trescientas veintisiete encuestas que dan como ganador a Chávez, de una vez y sin haber peleado; el autoengaño, que ilustra cierta "interpretación", según el cual el chavismo superaría por más de cuatro millones de votos a la oposición el próximo 7 de octubre;  la miopía que nos hace tener ojos sólo para las miserias de la oposición, reina y señora de los medios privados, cuando tendríamos que dedicarle la mayor parte de los espacios de nuestros medios a darle voz a quienes no la tienen.

Luego van y se estrellan de frente contra la realidad y cunde el derrotismo: se quedan sin habla, sin iniciativa, sin propuestas, sin discurso; o bien hacen como si nada está pasando, porque aquí no ha votado nadie; o hacen malabarismos matemáticos, comparando, por ejemplo, los resultados de las presidenciales de 2006 con los de las primarias; o bien denuncian "fraude".

Porque es así: el triunfalismo de ayer es el derrotismo de hoy, y el triunfalismo de hoy anuncia la derrota de mañana.

De manera que no se trata de cantar "fraude", como se acostumbró a hacerlo lo más vil del antichavismo durante años, sino de acabar de una vez por todas con el fraude interpretativo que pretenden imponernos triunfalistas y derrotistas.

Ya basta.

Más allá de Chino y Nacho - Comunicado de Tiuna el fuerte



COMUNICADO DE TIUNA EL FUERTE 

Más allá de Chino y Nacho

Tiuna El Fuerte, organización de jóvenes militantes de la cultura y la política de la calle; jóvenes venezolan@s revolucionari@s, músic@s, bailarin@s, intelectural@s, poetas urban@s, graffiter@s, patineter@s, raper@s, cyber-guerriller@s y constructor@s de plataformas de producción cultural contra-hegemónica en Venezuela, tenemos que decir publicamente a partir de la celebración del Día de la Juventud 2012, que más allá de las críticas al concierto de Chino y Nacho que, según las voceras de Ministerio del Poder Popular para la Juventud, busca la "inclusión" de todos los jóvenes venezolanos, es decir, generar espacios de convocatoria masiva y no sólo para los jóvenes de izquierda, nos preguntamos:


1. ¿Cómo es que en 13 años no hemos creado las condiciones objetivas y subjetivas para contar con nuestros propios Chino y Nacho, con artistas que logren los mismos niveles de fanaticada y movilización masiva que logra este dúo? Más allá de las letras de Chino y Nacho, de las que se podría decir bastante, se trata de que la Revolución Bolivariana, a efectos de convocatoria masiva juvenil, siempre se ve obligada a recurrir a los artistas que la industria del entretenimiento ha posicionado como referentes de la juventud, configurando masivamente el gusto juvenil venezolano. Desde allí nos preguntamos:  ¿si la Revolución Bolivariana busca sobre todo construir hegemonía, por qué no se plantea estrategias claras para producir nuevos gustos en la juventud venezolana?  ¿Cómo es que no hemos podido generar plataformas o circuitos sólidos de producción cultural que hagan que nuestros talentos de barrios se conviertan en guerrilleros de la industria cultural y en verdaderos referentes de la mayoría de la juventud venezolana?


2. La "inclusión". La Revolución Bolivariana ha entendido inclusión en su sentido más tradicional, es sobre todo garantía de oportunidades de educación formal, y oferta cultural y recreativa que satisfaga los gustos masivos de la mayoría de la juventud. Pero si inclusión es sólo oferta educativa formal, ¿qué pasa con los miles de jóvenes cuyas condiciones de vida no les permiten mantenerse en los circuitos formales de educación? o ¿qué pasa cuando sus expectativas de vida y bienestar se remiten a ganar dinero y acceder a bienes de consumo de manera inmediata, y la trayectoria educativa formal pierde sentido? ¿Qué política juvenil se ha pensado más allá de estos circuitos clásicos de inclusión? Del otro lado, si inclusión es sólo oferta cultural y recreativa que satisfaga los gustos que la industria cultural produce, ¿qué pasa luego del concierto? ¿Qué pasará entre este concierto y el próximo, donde se generará la misma necesidad de convocatoria masiva? Preguntas que hablan de la necesidad de valorar no sólo como un asunto "cultural" sino como una estrategia política de inclusión social y construcción de hegemonía socialista, los circuitos de producción cultural contra-hegemónica que desde ya se vienen gestando en todo el país desde múltiples experiencias e iniciativas juveniles. 


También sobre la juventud, el joven revolucionario, la inclusión y la participación política, habría que decir, a propósito del documento que se le entregó hoy al presidente Chávez como propuesta de "la juventud venezolana" para el Plan Nacional Simón Bolívar 2013-2019: ¿cómo y con quiénes se deciden las políticas juveniles en el país? Se dijo que esas propuestas fueron construidas con 10.000 jóvenes, ¿pero quiénes son estos jóvenes? ¿Son los que irán al concierto de Chino y Nacho o los que reniegan de ellos? ¿Por qué para los eventos masivos no se tienen pruritos para convocar a quien sea y como sea, para "incluir", pero para la importante tarea de diseñar políticas públicas efectivas, masivas y diversas, ajustadas a las expectativas de vida de la mayoría de jóvenes de hoy, se convoca sólo a los jóvenes clásicamente politizados y/o pertenecientes a las estructuras de inclusión formal generadas hasta el momento? 


Tiuna El Fuerte y muchos de los colectivos conectados en REDADA (Red de colectivos culturales urbanos) fuimos invitados a estos círculos de discusión sobre las políticas juveniles que promovió el MPPJ en Caracas y el interior del país, pero ¿quiénes se encontraban allí? Los exclusivos jóvenes de siempre: INJ, JPSV, FFM y los Gabinetes Juveniles. ¿Qué pasó ahí? La agenda de las mesas de trabajo estaba previamente definida, sólo se nos indicó "las problemáticas" que se debían debatir. ¿Alguien nos preguntó si esas eran problemáticas para nosotros? Nos preguntábamos: ¿la agenda estaba abierta para plantear propuestas desde otras experiencias de organización y participación? Pero sobre todo: ¿allí se definirían políticas masivas? Creemos que no había suficiente preocupación porque la participación fuera tan masiva y diversa, como la que hubo para llenar el concierto del Día de la Juventud.


En marzo de 2011, entendíamos que el MPPJ se creaba como una instancia rectora en políticas de juventud, que buscaba superar las formas de diseño y gestión de políticas públicas que hasta ese momento habían prevalecido en la Revolución Bolivariana para este sector. Sin embargo, hoy nos preguntamos si esta lógica se superó. No conocemos el contenido de este documento, aun así instamos al MPPJ a hacer público su contenido, para que la mayoría de los jóvenes de este país (incluyendo a los que van al concierto de Chino y Nacho) se reconozcan o no en sus propuestas. 


El Gran Polo Patriótico bien podría ser una instancia para debatir sobre estos temas. Esperemos que el MPPJ respete y acompañe los mecanismos propios de participación social y política que nosotros como jóvenes, desde nuestros espacios, desde nuestras formas y desde nuestros quehaceres e intereses, venimos construyendo desde hace más de 7 años. Esperamos que el MPPJ acompañe, fortalezca y no compita con las políticas informales para la juventud que en la práctica, desde nuestros limitados recursos materiales, cientos de colectivos a niveles nacional venimos inventando y desarrollando de manera efectiva en múltiples territorios. Este acompañamiento resulta vital para convertirnos en núcleos masivos de multiplicación revolucionaria, para la necesaria agitación y movilización juvenil que nos llevará a contribuir sólidamente con el éxito electoral del comandante Hugo Chávez el próximo 7 de octubre de 2012. Este proceso pasa, entre muchas otras líneas estratégicas, por generar plataformas reales de producción cultural (y de inclusión) que hagan de los talentos que existen en todos nuestros barrios, los referentes del gusto masivo de la juventud venezolana. Si esto no pasa, ¿quién cantará en el concierto para la juventud en octubre de 2012?


La Revolución Bolivariana ha acertado en las políticas deportivas. Si tenemos campeones del mundo y una "Vinotinto", fuente de orgullo nacional, que llena estadios y canchas, ¿por qué no hemos podido desarrollar políticas acertadas en lo cultural-juvenil que potencien artistas socialistas capaces de llenar un Poliedro o un estadio? Chino y Nacho no llegaron allí solos, ni de "manera independiente", cuentan con una industria con claros objetivos mercantiles que los respalda. ¿Qué política respalda a los jóvenes artistas de nuestros barrios?

TIUNA EL FUERTE
– FEBRER0 2012 –

Esa cosa loca llamada chavismo


Claro está, cuando las tenemos...

Me gusta imaginarme a los académicos y a los intelectuales en general intentando definir qué cosa es el chavismo, sobre todo cuando se trata de aquellos que militan en el antichavismo: escritores, opinadores, profesionales, nunca nadie les preguntó y sin embargo todos tienen algo que decir.

Me gusta imaginármelos en su intimidad, dando tumbos, haciendo malabarismos, quebrándose la cabeza, los mismos que luego vemos alardeando de su incomparable capacidad para poner a funcionar la inteligencia, ejercer el universal derecho al más libérrimo albedrío y hacer gala de la virtud que supone pensar con cabeza propia, cuando la verdad es que están condenados a pensar la realidad que los rodea (esa realidad amenazante, opresiva) con categorías extrañas, inventadas para pensar otras realidades que poco o nada tienen que ver con la nuestra.

Me gusta cuando hablan y dicen ¡presente!, cuando, por ejemplo, se aprestan a enumerar las razones por las cuales no puede hablarse de un "pensamiento" chavista, de un ideario, de un cuerpo de doctrina, y se orinan en los pantalones de tanta risa, porque el chavismo no será jamás y nunca capaz de parir un Aristóteles, un Hegel, un Marx, un Carlos Raúl Hernández.

Me gusta cuando lo tratan como un accidente, una mancha, una rémora del pasado, una variación del totalitarismo, un heredero de nazismo, una encarnación del castro-comunismo, el regreso de los muertos vivientes, un experimento monstruoso, todos los malos y los feos reunidos bajo el mismo estandarte, lo innombrable, una falta, un exceso, un momento de locura, una secta, una pesadilla.

Me gusta particularmente cuando lo reducen a masa que sigue ciegamente a un hombre, porque suponen que el problema se soluciona eliminando al hombre. Me gusta el gesto, que se debate entre la audacia y la negación, de aquellos que sostienen que esa cosa loca llamada chavismo no existe. Me gusta porque no han entendido nada, absolutamente nada, a pesar de que crean saberlo todo. Me gusta imaginar la expresión en sus rostros, luego de leer lo que sigue: no seré yo quien se los explique.

No me gusta, es mi obligación decirlo, ese tono nostálgico con el que algunos "chavistas" hablan del chavismo en estos días de celebración. Como si el chavismo fuera un asunto del pasado, cuando vivimos en peligro, una cosa ya hecha, un hermoso recuerdo, una conquista y no una pelea, una meta y no un horizonte, un rosario de cruces y no una ferviente creencia, un discurso acompasado y no un reclamo histórico, un testimonio y no una vivencia cotidiana, un gobierno y no una revolución, un cuerpo uniforme y no un pueblo bullente, un objeto de culto y no un "nosotros", un acto oficial y no una fiesta.

No me gusta escuchar a los que se conforman porque con el chavismo todo cambió, de manera que el cambio revolucionario ya no sería necesario. Porque plantearlo así, incluso si lo hace alguien que ha luchado durante veinte años, sería traicionar al chavismo. 

Que la vida misma zanje la cuestión




Escenas al inicio de Tiempos Modernos, de Charles Chaplin. No hay tal cosa como una organización neutra. Que lo diga Taylor.

El domingo pasado, en diálogo con José Vicente Rangel, el comandante Chávez expresaba que "las organizaciones sociales del Gran Polo Patriótico tienen una naturaleza muy diferente a la de los partidos políticos". Acto seguido, proponía "dos mecanismos de alianza": una de partidos y otra de movimientos. Es un asunto sobre el que sin duda profundizará más adelante, y respecto del cual tendríamos que discutir públicamente, puesto que no se trata de un detalle sin relevancia.

Mi punto de partida es el siguiente: en última instancia, lo central de la discusión no es si los partidos deben ocupar un lugar distinto de los grupos y movimientos. Consideraciones tácticas mediante, incluso puede suscribirse sin trauma alguno la propuesta de los "dos mecanismos de alianza". Lo peligroso, a mi juicio, es cuando se insiste en una distinción artificiosa entre lo social y lo político, que no nos permite avanzar.

Esta distinción, la falsa dialéctica entre lo social y lo político, ha hecho que nos encontremos, para decirlo con palabras de Alfredo Maneiro, en un "punto muerto entre la inercia y la iniciativa". Para ir más allá de este punto muerto e iniciar con paso firme el proceso de acumulación política, tendríamos que emplearnos a fondo en la tarea de trascender el falso dilema: partido versus movimientos, en todas sus variantes. Ni "movimientismo" ni "defensa" del partido. Todos son necesarios. Incluso si no están reunidos en el GPP.

La clave para salir de la trampa está en asumir que la contradicción fundamental se da entre los opuestos: movimientos, colectivos, organizaciones, partidos, de un lado, y problemas concretos de la población, allí donde debe discurrir la política revolucionaria real, del otro. Movimientos, partidos, toda forma de organización revolucionaria, tendrían que estar al servicio de lo que Marx, en La ideología alemana, llamaba la "liberación real", que "no es posible si no es en el mundo real y con medios reales".

Partidos, movimientos, grupos: ninguno aporta mayor cosa si lo que pretende es "colonizar" lo real. Los primeros suelen hacerlo desde una pretensión de universalidad que termina quedándoles muy grande (impuesta la lógica del partido/maquinaria, lo que predomina es el sectarismo), y los demás (grupos, pero también gremios, etc.) desde lo sectorial. Nada más "anti-político" que una política divorciada de lo real. Ponerse al servicio de  los problemas reales de la población, pasa entonces por combatir tanto el sectarismo como la "sectorialización" de la política, para dejar de excluir a la mayor parte del pueblo.

Siempre hay que optar por apelar a la vida real de nuestro pueblo, a sus condiciones materiales y espirituales de vida. De hecho, allí radica la potencia del Chávez líder. Como diría Aimé Césaire, en su célebre Carta a Maurice Thorez: "la vida misma zanja la cuestión". "El atolladero en el que estamos hoy en las Antillas, pese a nuestros triunfos electorales, me parece que zanja la cuestión: opto por lo más amplio contra lo más estrecho; por el movimiento que nos coloca codo a codo con los otros contra aquel que nos encierra; por aquel que reúne las energías contra aquel que las divide en capillas, en sectas, en iglesias; por aquel que libera la energía creadora de las masas, contra aquel que las canaliza y finalmente las esteriliza".

En cuanto al GPP, esta apertura hacia el movimiento real debe expresarse en sus documentos programáticos, claro está, pero sobre todo en el funcionamiento de las Asambleas Patrióticas Populares y, más clave aún, en la estructura que termine adoptando. De nuevo: el problema no es dotar al GPP de una estructura para evitar que los grupúsculos anarcoides que no creen en la autoridad se salgan con la suya (versión paranoica). Esto es desviarse del asunto central. El problema es concebir una forma de organización que obedezca a los problemas reales de la población, a sus luchas concretas, a campos específicos, en los términos en que los define Dussel. De lo contrario, y en nombre de la lucha contra los grupúsculos, podemos terminar reproduciendo la misma lógica aparatera y excluyente de los partidos tradicionales. No existe tal cosa como una organización neutra. Si no que lo diga Frederick Taylor, creador de la "organización científica del trabajo".

Incluso el "desdoblamiento", que como lo ha planteado el mismo comandante Chávez es uno de los objetivos actuales del grupo promotor, tendría que ser no sólo territorial, sino también por problemas reales, luchas concretas o por campos. La tarea de identificar estos campos, de definirlos, equivale a identificar ámbitos de gobierno, y es una forma expedita de vincular la lucha política con el acto de gobernar socialistamente. En este nivel, considero, es donde se construye realmente dirección colectiva, más allá de la retórica: en el acto de gobernar, desplegados en el movimiento real. Es allí donde se construye, simultáneamente, agenda popular de luchas y propuesta de programa de gobierno para impulsar la candidatura del comandante Chávez.

Samba pa ti

Bajo una gigantesca bandera roja y azul de La Guaira, en plena celebración. Luz de los reflectores al fondo

Llegué justo a tiempo para ver el jonrón de Eliézer Alfonzo en el octavo inning, que igualaba la pizarra entre Caribes y Magallanes, en el primer juego de la doble jornada. Los fanáticos de La Guaira sentados en los alrededores de la boca de acceso a la sección A6 estaban ligándole en su mayoría a Caribes, por lo que celebraron aquella tabla como si fuera propia. Sin embargo, el señor sentado a mi lado, guairista del pueblo de La Guaira, me confesó que él prefería al Magallanes. Según su análisis, del que no ofreció mayor detalle, Tiburones le jugaba mejor a ellos que a los de Anzoátegui. Estuve a punto de replicarle amablemente, esgrimiendo algunos números, en particular los de la ronda regular, pero en cambio asentí con la cabeza, manifestándole mi acuerdo. En sus sesenta, diría que casi cercano a los setenta, de tez morena, la piel cuarteada por el sol y por los años, de barba incipiente y descuidada, los ojos alegres, como de niño, el viejo yacía en su silla con los brazos cruzados. Cuando un batazo encendía las tribunas, repletas de magallaneros, permanecía en su puesto, sonriendo, inquiriendo, esperando el desenlace. Poco antes de comenzar el juego decisivo, me contó que vivía en La Guaira, que le preocupaba lo tarde que era, que le tocaría dormir debajo de un puente, pero que no podía perderse un juego como ese. Cuando, en el mismo primer inning, comenzamos a anotar carreras, el viejo  ya se había convertido en una compañía entrañable: la primera vez le choqué las manos con algo de timidez. Luego lo haría con absoluta confianza, varias veces durante el juego. En cada oportunidad, el viejo, emocionado, sorprendido, sin embargo me miraba como diciéndome satisfecho: "¡Te lo dije!". A la altura del sexto inning, cuando todos en el estadio sabíamos que el destino de ambos equipos estaba sellado, mientras saltaba y cantaba y cantaba y saltaba, me invadió ese vacío en el fondo del pecho: un grito ahogado, como una deuda pendiente. La saldé pensando que estabas allí conmigo, mi viejo, en alma sin duda, pero también en cuerpo, un poco al menos, manifestándote a través de la sonrisa cómplice del viejo a mi lado.

En tu memoria, va esta canción que tanto te gustaba. Un poco de samba, un poco de tristeza. Un poco de lo que sentí en ese instante del sexto inning. Samba pa ti.




Pueblo, programas y "meritócratas"



Construir un Programa del Pueblo.
Una de las principales tareas del Gran Polo Patriótico (GPP), todavía en pleno proceso de constitución, es la elaboración de lo que podría denominarse un Programa del Pueblo, que serviría de insumo fundamental del programa de gobierno que presentará el comandante Chávez al país durante la campaña electoral que se aproxima. Así ha sido ratificado en varias oportunidades por el mismo Presidente, reafirmando su compromiso con el principio de mandar obedeciendo la voluntad popular.

Ahora bien, ¿cómo se elaborará este Programa del Pueblo? ¿Se redactará a puertas cerradas? ¿Será diseñado por expertos? ¿Le corresponderá al partido, a los movimientos? Comencemos por decir que las Asambleas Patrióticas Populares (APP), cuya multiplicación por todo el país es inminente, serán determinantes para cumplir este propósito. Las APP no serán espacios catárticos, de desahogo, el lugar donde la base social del chavismo irá, simplemente, a expresar sus malestares; antes bien, uno de sus objetivos básicos es lograr transformar ese malestar, allí donde exista, en propuesta, traducir las aspiraciones y demandas en un plan de luchas, una suerte de programa popular local, que vendría a ser el insumo básico de aquel Programa del Pueblo.

¿Las aspiraciones y demandas de quiénes? En un primer momento, las APP tendrían que fungir como instancias de rearticulación de todas las fuerzas que se hayan dispersas. Pero más allá, en un segundo y decisivo momento, esas fuerzas, esa porción de pueblo organizado que ha logrado reunificarse durante las primeras asambleas, tendrán la tarea de ir tras el pueblo todavía desmovilizado, desorganizado, incluso hastiado de la política. El Programa del Pueblo habrá de ser no sólo creación de miles de grupos de militantes convencidos, sino que tendrá que recoger también la voz de los que yacen en el silencio o, según se trate, de aquellos que no están siendo escuchados.

¿Qué hay de los campesinos, de los trabajadores, de los jóvenes de los barrios, de los buhoneros, de los motorizados, de los sexo-género diversos, por sólo citar unos pocos sujetos con demandas y propuestas concretas? Siguiendo una metodología que aún se construye (y que debe ser objeto de debate público), éstas también tendrán que ser incorporadas al Programa del Pueblo. 

¿Este Programa del Pueblo es una iniciativa electorera, una especie de pliego de peticiones de gente que asiste a tres o cuatro reuniones buscando pescar en río revuelto? Al respecto, basta con recordar el objetivo estratégico del GPP: la construcción del socialismo bolivariano, la radicalización democrática de la sociedad venezolana, la reafirmación de nuestro horizonte de cambios revolucionarios. La victoria del comandante Chávez es un objetivo táctico, vital para seguir avanzando en pos de lo estratégico. Por tanto, el Programa del Pueblo deberá ser expresión de esa voluntad de cambio revolucionario del pueblo venezolano, voluntad que queda reducida a su simulacro si ni siquiera somos capaces de reconocer las causas que han producido la desmovilización y el hastío de parte considerable de la base social de apoyo a la revolución bolivariana.

Programa de la "Unidad".
En la red circula un documento intitulado Lineamientos del Programa de Gobierno dela Unidad Nacional (2013-2019). Es posible que no sea la versión última del programa que hará público el antichavismo este próximo 23 de enero, y de hecho aparece identificado como un "documento en revisión". Lo que sí es seguro es que se trata de una versión muy aproximada.

Vale la pena revisarlo con detenimiento. Pero incluso si se lee por encima, saltando de un lugar a otro, yendo de la oferta en materia petrolera, por ejemplo, a las líneas programáticas en materia eléctrica, telecomunicaciones o vivienda, el resultado es el mismo: un despliegue del neoliberalismo más rancio, las ya clásicas invectivas contra el Estado interventor (y ahora súmele "autoritario"), las mismas loas al mercado, y por doquier la receta mágica: privatización aquí, privatización allá, privatización más acá y más allá. Oferta programática que desdice abiertamente, y esto no es un dato menor, del discurso pretendidamente "social" de los precandidatos con mayor opción.

En efecto, el documento no sólo pone al descubierto las verdaderas intenciones de la oligarquía vernácula. Si indagáramos en su significado histórico, podría decirse que constituye una verdadera afrenta contra el pueblo venezolano, un acto del mayor cinismo, en la medida en que actúa como si aquí no ha pasado nada; como si la irrupción del chavismo y luego el triunfo de Chávez en 1998 no tuviera nada que ver con la aplicación, a sangre y fuego, del mismo programa que hoy ofrecen.

¿Quiénes han redactado el documento? Pues nada más y nada menos que "31 grupos de especialistas". Ciertamente, el estilacho característico de la academia al servicio de la oligarquía sale a relucir a lo largo del documento. Una pieza maestra de la "meritocracia" que ya atentó contra el país, y que pretende volver por sus fueros.

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