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29 de noviembre de 2012

Comunicación y revolución: el día después

Por: Etten Carvallo.


Tal vez sea oportuno agregar algunos comentarios a propósito del foro Comunicación y revolución. Desafíos de la nueva etapa. Retomar, volver sobre los aspectos centrales, replantearnos nuevas preguntas, ensayar algunas respuestas.

En ocasiones es mejor dejar que las aguas se asienten para volverlas a agitar. Nadie se acuerda de las tormentas de un día.

Sin duda alguna existe mucha expectativa en torno a posibles cambios en la pantalla de nuestros medios públicos. Hay una demanda de cambio. Se puede discutir sobre la orientación que habrá de tener, lo que no puede hacerse es desconocer tal aspiración colectiva.

Al respecto, es necesario tomar algunas previsiones: la programación, eso que se llama la pantalla, sólo es importante como punto en la agenda en la medida en que expresa una manera de concebir lo comunicacional, que a fin de cuentas es una manera de entender la política. Es allí a donde hay que apuntar.

No perdamos el foco: no se trata de que ignoremos lo que se dice, muestra y oculta en los medios antichavistas, y así lo planteé expresamente en mi intervención. Se trata, una vez más, de saber administrar nuestros esfuerzos, y de revisar lo que decimos, mostramos y ocultamos nosotros mismos.

Ya que hablamos de ocultar, encaremos el problema: de la misma forma que se puede seguir la huella de un proceso de burocratización de la política, que se expresó en la imposición de la lógica del partido-maquinaria y la entronización de la figura del representante, puede identificarse una clara tendencia a la entronización de la figura del explicador, suerte de correlato comunicacional del extravío que se ha producido en el campo político.

El problema con ambos, representante y explicador, es que terminan promoviendo la pasividad: el primero porque pretende hacer profesión de hablar por los otros; el segundo porque pretende pensar por los otros. La cuestión es, claro está: ¿y los otros no hablan, no piensan?

El detalle es que cuando hablamos aquí de unos "otros" no nos estamos refiriendo a una entelequia, sino al pueblo chavista, nada más y nada menos. Si bien puede ser cierto que una porción minoritaria exige que otros hablen y piensen por ella, que alguien haga el trabajo de desenmascarar a la "canalla", no es menos cierto que el chavismo ya derrotó más de una vez a la misma "canalla", cuando los representantes brillaban por su ausencia y los explicadores ni siquiera soñaban con aparecer.

La comunicación en tiempos de revolución tendría que poner el acento en lo que dice y piensa el pueblo chavista, lo que por cierto vale para la política en general. En lugar de encorsetar al chavismo, lo que equivale a restarle potencia al proceso bolivariano, tendríamos que comenzar por poner en su lugar a representantes y explicadores, que han venido asumiendo un protagonismo que no les corresponde.

Dicho lo anterior, y vistas algunas reacciones, es preciso insistir: aquí lo que está en discusión es muchísimo más que un par de programas: La hojilla o Cayendo y corriendo. De nuevo, la programación de VTV, toda ella y no sólo un par de programas, es objeto de discusión sólo en la medida en que expresa una manera de concebir la comunicación.

Pero no todo es VTV: está la programación del resto de las televisoras públicas, de las radios, los medios impresos, los medios alternativos o comunitarios, etc. Además, cabe la reflexión que hacía el mismo Ernesto Villegas durante el foro: ¿acaso lo comunicacional se agota en lo mediático?

¿Cómo es que un campo de discusión tan vasto, que supone desafíos inmensos, termina reducido a una polémica estéril sobre el eventual destino de un par de programas? ¿Cómo es que alguna gente llega a estar convencida de que el destino de la revolución está ligado al destino de estos programas?

La buena noticia es que siguen siendo menos los que razonan de esta manera. La mala noticia es que los mismos que han interpretado mi intervención en el foro como un ataque artero contra un par de programas, han vuelto a recurrir al lenguaje policial: "quinta columna", "traidor".

Pero no importa tanto quién es el destinatario de tales agresiones y mi intención no es sumarle drama a una historia que para algunos es un culebrón. Lo preocupante es que lleguemos al punto de considerarlas normales. En todo caso, su recurrencia da cuenta de la instalación de un chavismo profundamente conservador, minoritario pero ruidoso, y que es necesario mantener a raya.

Mucho ruido y pocas nueces. ¿A qué viene tanto escándalo, tanta tribulación de ánimo? ¿Acaso se vino abajo la revolución bolivariana porque el comandante Chávez dejó de realizar el Aló, Presidente?

No será la primera vez que el tamaño de nuestras derivas guarde relación directa con el tamaño de nuestros egos. Tal vez tampoco sea la última. Pero si así fuera, eso sí sería revolucionario.

31 de octubre de 2012

A mi equipo, en sus cincuenta años

(Brevísimo texto que aparece publicado hoy en Ciudad CCS, y que escribí a solicitud del pana guairista Ildegar Gil.

Salud).

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No se apoya a un equipo porque sea el mejor, sino porque juega bien, por eso no caben las burlas contra los fanáticos de otros equipos, especialmente cuando han sido derrotados. Nada duele más que el propio equipo humillado en el terreno, víctima de sus errores o de la superioridad de su adversario. Entonces, es cuando corresponde acompañar. Es muy sencillo apoyar en la victoria. Se requiere mucho coraje, mucha dignidad, para aguantarse nueve innings de pesadilla, de paliza o blanqueo. Siempre los ha habido pragmáticos, claro que sí, los que dicen que para ganar no importa cómo, porque lo importante es ganar. Nada más falso. Todos queremos ser campeones, por supuesto, pero haciéndolo bien. Cuántas jugadas de ensueño, cuántas remontadas, cuánta fiesta en el diamante, en los jardines, en las tribunas. Si hay épica es porque hay tragedia. Tragedia es la trampa, la violencia, la arrogancia, el darse por vencido de jon a primera. Épica es también perder con la frente en alto, no rendirse nunca. Todo esto me lo enseñó mi viejo, fanático de los Tiburones de La Guaira desde su fundación, hace ya cincuenta años. Llevándome al estadio, inculcándome el amor por el beisbol, me dio varias lecciones de vida. Hoy lo recuerdo, cada día, cada vez que Sandra Mikele me pregunta: "Papá, ¿ganamos?".

10 de octubre de 2012

Entender el 7 de octubre

La alegría. Foto: Yuri Valecillo.

No hace falta en lo absoluto ser un analista político muy brillante para saber
que en Venezuela, luego de cada elección, se abre el compás de la discusión política, multiplicándose los puntos en agenda, y sometiéndose a deliberación incluso la orientación estratégica del proceso bolivariano. Así sucede, al menos, en el campo chavista. Ya está sucediendo y pronto intentaré hacer algún aporte.

Por lo pronto, me siento obligado a compartir algunas reflexiones sobre la manera como una parte del antichavismo, no estoy seguro de que se trate de la mayoría, ha recibido la victoria de Chávez.

De todos los comentarios que he tenido oportunidad de leer, tal vez no haya ninguno tan brutal como el que sigue:

"Se acabaron los pendejos, de ahora en adelante no dar propinas ni a parqueros, ni a bomberos, ni a caleteros, ni a los que lavan carros, ni a la señora que nos ayuda en la casa, ni a los chamos en supermercados, cero aguinaldos, no comprar a buhoneros, que se jodan, porque aunque siempre reciban ayuda directa de nosotros, siempre votan por Chávez. Que empiecen a sentir el impacto de sus acciones, porque todos ellos viven de nosotros y del rebusque. Se acabó la regaladera de propinas. Estamos en un país socialista y tendremos que vivir así. Pásalo".


En YouTube circula uno de los documentos audiovisuales más tristes que haya visto en mi vida. Dura un minuto y quince segundos. En él se puede ver a Esteban, un inocente niño de cuatro años, a lo sumo, que llora desconsoladamente cuando su tío le informa que ha ganado Chávez.


Lo anterior, junto a los jóvenes que levantan barricadas frente a la Plaza Altamira de Caracas, viene a sumarse a la infinidad de mensajes y comentarios que sugieren que el 7 de octubre ha triunfado la "ignorancia", por decir lo menos.

El colofón podría ser el sofocante silencio de la abrumadora mayoría de medios sobre un hecho que, en cualquier otra circunstancia, hubiera sido considerada una "masacre": el asesinato, en el estado Zulia, de siete chavistas a manos de un comerciante que perdió una apuesta con las dos primeras víctimas (a quienes habría disparado). Los otros cinco murieron luego de ser atropellados a pocas cuadras de los primeros asesinatos, mientras celebraban la victoria de Chávez. Es una noticia tan escalofriante que, lo confieso, aún dudo de su veracidad.

La situación no está para la burla. Ni siquiera para la indignación. Esto hay que tomárselo en serio.

Yo mismo la he emprendido contra el "antichavista promedio", facho, políticamente inculto, acomplejado, clasista, racista, y durante esta campaña he sentado posición contra las miserias y trampas del sifrinaje metido a la política.

Pero he llegado a preocuparme, con toda honestidad lo digo, por el severo daño que la clase política antichavista, y en particular el sifrinaje que pretende hacerse con el control político de la oposición venezolana, está causando en buena parte de su base social.

No diré la tontería de que jamás habíamos presenciado demostraciones similares de intolerancia. Aún tenemos fresco el recuerdo de todas las atrocidades cometidas por el antichavismo durante los primeros años de la revolución bolivariana.

Lo que no deja de sorprender es la virulencia con que la intolerancia ha vuelto a manifestarse. Por supuesto, resulta irónico, tanto como revelador, que tales demostraciones de mal ánimo tengan lugar al término de una campaña en la que Capriles Radonski hizo alarde de un discurso pletórico de referencias a la tolerancia y la reconciliación.

Vistas tales reacciones entre los derrotados, uno no puede sino pensar que estaban absolutamente convencidos de que el triunfo era un hecho. Al parecer, muchos no se pasearon jamás por el escenario de la derrota, algo inconcebible en política. A menos, claro, que se trate de recién llegados. Pero ese argumento se cae por su propio peso: ¿cuántas elecciones no se han celebrado desde que triunfó la revolución bolivariana?

¿A qué obedece, entonces, tanta incapacidad para asimilar la derrota?

Pienso que de la misma forma que el chavismo interpela a su gobierno y fustiga a su clase política, el antichavismo debería comenzar a exigirle cuentas a su dirigencia. Hasta ahora, prevalece en éste último la actitud autocompasiva, la victimización, el desconocimiento de la voluntad popular. Se conforma con la imagen de pueblo chavista pasivo, obsecuente, inmaduro, manipulado, acrítico, ignorante, lo que le permite seguir viviendo en la burbuja de la "gente decente y pensante", que asume cada derrota como el fracaso de la civilización, la razón y lo bello.

Capriles Radonski alimenta permanentemente esta manera de entender el mundo: este martes 9 de octubre, en rueda de prensa, repetía el mismo cuento: "Aquí ganó el gobierno, no ganó Venezuela". ¿Cuántas veces no lo hemos escuchado hablar, en ese tono condescendiente tan característico de las elites, de "pueblo oficialista"?

Esta trampa retórica, que asimila al pueblo chavista con el gobierno, y que de hecho convierte al chavismo en un desterrado, en un extranjero en su propia tierra (porque no forma parte de Venezuela), es lo que explicaría la inusitada frecuencia con la que el antichavista nos exige explicaciones por las fallas de gestión, muchas de ellas graves, en que incurre el gobierno bolivariano.

En general, para el antichavismo sigue siendo inconcebible la idea de un pueblo chavista que cuestiona con dureza e interpela a sus gobernantes, y esto sí equivale a no haber entendido una de las cuestiones más básicas de este proceso político. (Mucho menos se puede pretender que entienda que, más que una "buena gestión", somos muchos los que aspiramos una radicalización democrática de este proceso).

Mientras tanto, tal pareciera que está prohibido criticar alguna falla de gestión de algún alcalde o gobernador opositor. Si existieran, estas críticas no aparecen con mucha frecuencia en los medios antichavistas. En este sentido, el antichavismo incurre en una singular forma de autocensura. Y esto, sin mencionar la censura sistemática de la obra de gobierno, lo que implica sacar ventaja de una posición de dominio.

El antichavismo debe exigirles cuentas a sus dirigentes, pero también asumir su cuota de responsabilidad. La culpa (porque ni siquiera es la responsabilidad) no la puede tener siempre otro. La razón de la derrota no puede ser siempre el "fraude". ¿Cómo pretenden triunfar alguna vez si están tan lejos de haber aprendido a perder?

Urge aprender a sacar cuentas: es falso que Capriles Radonski reunió 6 millones 498 mil 527 votos "en tres meses". Es cierto que el antichavismo resultó derrotado ¡en 22 de 24 estados! Esa es la realidad. No basta con repetirse que estos resultados confirman que la mayoría no siempre tiene la razón. Por favor. Un poco más de sensatez. Así no se llega a ninguna parte.

Es probable que ningún antichavista se tome en serio estas palabras. Tal vez muy pocos lleguen a leer estas últimas líneas. Realmente lo lamento. La oposición hace falta. Estoy convencido de que la democracia tiene sentido sólo si es también para el que piensa diferente. Lo que pasa, entre otras cosas, por aceptar que el chavismo es mayoría, y que múltiples razones históricas explican esta realidad.

Antes de indignarse por nuestra alegría, de escandalizarse por nuestras celebraciones, intenten comprender las razones de su tristeza, de su frustración. Pero ya es hora de que dejen de ver la paja en el ojo ajeno. Comiencen por ustedes mismos.

No esperarán que les pidamos permiso para sentirnos felices. Que lo estamos. Volvimos a ganar los que siempre perdimos. Y lo hemos hecho en buena lid.

3 de octubre de 2012

La política después del 7O


Ahora que la campaña electoral llega a su fin, es oportuno puntualizar algunos tópicos que tendrán que estar en la agenda de discusión pública después del 7-O.

1. Está por verse cuáles nuevos reacomodos se producirán a lo interno de la oposición venezolana. Luego, si la tendencia que asuma o preserve el liderazgo reorientará o modificará la estrategia que guía sus pasos desde 2007. No hay que olvidar que la candidatura de Capriles Radonski es la expresión más acabada del giro táctico que se produjera luego de las elecciones presidenciales de 2006, y a través del cual la oposición perseguía no sólo pisar firme en el terreno tambaleante de la derrota recién encajada, sino principalmente la sobrevivencia política. Este giro táctico se expresó, a su vez, en el abandono de la vía violenta y la adopción de un discurso anclado en la crítica de la gestión de gobierno, así como en la mimetización o reapropiación de algunas de las principales ideas-fuerza del chavismo originario. El propósito era estimular la desmoralización y desmovilización de la amplia base social del chavismo. Luego de las elecciones parlamentarias de 2010, la oposición radicalizó esta línea de actuación, resignificando además el discurso sobre la necesidad de "reconciliación" nacional. Se había decidido a salir en busca del voto chavista. Denuncia de la mala gestión, mímesis de ideas-fuerzas del chavismo, reconciliación: eso define hoy a la candidatura de la oligarquía. Después del 7O: ¿radicalizará aún más esta línea o la abandonará en busca de la supervivencia?

2. En el campo chavista tendremos que retomar con renovado vigor las discusiones sobre la representación política. Ya no tiene ningún sentido seguir alimentando una discusión interminable sobre el partido, como si éste fuera realmente el lugar donde se decide la política revolucionaria. Hay que ir a la médula del asunto. Por ejemplo, volver sobre lo escrito en la Agenda Alternativa Bolivariana, en 1996, según lo cual "la estrategia bolivariana se plantea no solamente la restructuración del Estado, sino de todo el sistema político, desde sus fundamentos filosóficos mismos hasta sus componentes y las relaciones que los regulan". Entonces, interrogarnos: ¿cuánto persiste ya no del viejo sistema político, sino incluso del viejo Estado? Se notará que no se trata de invocar al poder constituyente, sino de preguntarnos por qué haría falta invocarlo de nuevo. La revolución bolivariana tiene su origen en la crisis irreversible de la política entendida como el acto de "hablar por los otros", y ésta es una verdad indiscutible. ¿Cuánto de esta vieja forma de hacer política no sigue prevaleciendo entre nosotros, obstaculizando la radicalización democrática del proceso? ¿Hasta cuándo cargamos con el pesado lastre de la "democracia representativa"? Tenemos que ser capaces de develar esa lógica política que enunciamos como "representación". No porque pretendamos extinguirla, que no es posible ni deseable, pero sí para reducirla a su mínima expresión. Y que la sustituya una política "otra". Decantarnos por otra lógica política. No por una cuestión de principios, sino porque el predominio de la "representación" nos conduce directo a nuevos laberintos. En este terreno queda mucho por inventar.

3. El tema de la "clase media" ha tenido una cierta centralidad durante la campaña. Capriles Radonski ha llegado a poner en duda su existencia (habría sido exterminada por el tirano). Chávez ha expresado reiteradamente que su gobierno no ha tenido la suficiente habilidad para ganarse su apoyo mayoritario, a pesar de las múltiples políticas que le favorecen. Lo anterior puede ser cierto. Tan cierto como que la conducción de las instituciones del Estado está en manos de la clase media, con sus virtudes, pero también con sus defectos, miserias y prejuicios. En líneas generales, tanto en los medios públicos como en general en las instituciones vinculadas directamente con la cultura, imperan los valores de la clase media, lo que se expresa en los bienes culturales (literatura, música, cine, etc.). Esto sucede en permanente tensión con lo popular, con sus éticas y estéticas, sus luces y sombras. La clase media se siente llamada a "representar" a las clases populares, a las que no valora como sus iguales, sino que concibe en una relación de subordinación. La clase media considera que las clases populares yacen abandonadas a la suerte del "mercado", que es otra forma de ignorancia. En el terreno político, esto equivale a decir que el estado natural de las clases populares es la "alienación". En el terreno mediático, esto se expresa en el predominio de un lenguaje que habla de "beneficiarios", y no de protagonistas. En esto último radica el centro de la cuestión: ¿cómo es que ha terminado imponiéndose este conjunto de prejuicios de la clase media que conduce el Estado, en contra de toda evidencia, a saber: que son las clases populares las que han definido, en cada uno de los momentos de las resoluciones, el destino de este proceso político? La noticia es: la suerte de la revolución bolivariana sigue estando a merced de la voluntad de las clases populares. Va siendo hora de que ellas tomen la palabra. Va siendo tiempo de abrir espacio y dejar de ser obstáculos. Para que deje de suceder, como planteara alguna vez Walter Benjamin, que cada documento de cultura sea al mismo tiempo un documento de barbarie. Demos rienda suelta al genio popular.

4. Ningún tema fue tan manoseado durante la campaña por Capriles Radonski como el de la violencia criminal. En esto, el candidato "progresista" y a la "izquierda" no se ha distinguido en nada de la típica campaña de derecha en cualquier lugar del planeta. Ya no se trata simplemente de "representar" el dolor de los deudos. Lo verdaderamente brutal ha sido su pretensión de salvar su responsabilidad, como si la clase a la que pertenece no tuviera nada que ver con las causas de la violencia. Como ha hecho con el resto, el candidato de la oligarquía ha procurado despolitizar el tema, hablando siempre desde la gestión (a pesar de que la suya, en Miranda, haya sido un completo fracaso), y ha cargado cada muerte violenta, durante los últimos catorce años, a la cuenta de Chávez. Además, ha intentado capitalizar políticamente la situación de las cárceles. Tanto respecto de esta última situación, como en general en el caso de la violencia criminal, corresponde actuar hasta las últimas consecuencias. Esto significa no sólo asumirlos como problemas políticos, sino como algunos de los desafíos políticos centrales de la revolución bolivariana en los años por venir. Nuestros jóvenes de las clases populares, los mismos que pretendemos "representar", cuyas éticas y estéticas invisibilizamos, silenciamos e ignoramos, son las principales víctimas y victimarios de la violencia. Con cada víctima, la revolución envejece un poco más. En la propuesta de programa de gobierno de Chávez se lee que uno de los objetivos es "dirigir desde la jefatura del Estado una profunda y definitiva revolución en el sistema de administración de justicia, para que cese la impunidad", para lograr "la igualdad en el acceso" y erradicar su "carácter clasista y racista". Lo que está en juego es la vida, tanto como un bien político tan fundamental como la justicia. Es un clamor popular.

Reinventar la política, darle rienda suelta al genio popular, defender la vida. Tales tendrían que ser los ejes de la política después del 7 de octubre.

25 de septiembre de 2012

Preservar el legado

El "loco" Simón Rodríguez

El extravío: tal es el riesgo que corremos si olvidamos las raíces que alimentan la revolución bolivariana: Bolívar, Zamora, Robinson. No se trata de resguardar celosamente la "verdad" que nos fuera revelada, una "verdad" definitiva e inmarcesible, sino de recordar que la verdad siempre resulta de la lucha. Tampoco se trata de reclamar una vuelta al "origen", algo así como el rescate de una identidad heroica que terminamos traicionando. Al contrario, la clave está en recordar que esto que somos es el resultado de una invención desprejuiciada.

Nuestra fatalidad consistiría en olvidar que somos el producto de la lucha y de la invención. Si Bolívar, Zamora y Robinson dejan de luchar en nosotros, si no podemos más que convertirlos en una mala copia, estamos perdidos.

En sus "Consejos de amigo, dados al Colegio de Latacunga", Samuel Robinson distinguía tres tipos de maestros: "Unos, que se proponen ostentar sabiduría, no enseñar. Otros, que quieren enseñar tanto que confunden al discípulo. Y otros, que se ponen al alcance de todos, consultando las capacidades".

La distinción cabe para el caso de los líderes políticos, y aun para los militantes en general: la revolución bolivariana no necesita "sabios", ni políticos que quieren enseñar de todo, porque saben de todo, a quienes no saben nada. Siguiendo a Robinson, "obedecer ciegamente" no puede ser el principio que gobierne.

Ponerse al alcance de todos. Eliminar las distancias. La trampa de los "sabios" es que presuponen la distancia: como si el pueblo tuviera que obedecerlos para reducir su ignorancia, para ser un poco como los "sabios".

Robinson planteaba que enseñar es, ante todo, enseñar a preguntar, para que "se acostumbren a obedecer a la razón, no a la autoridad, como los limitados, ni a la costumbre, como los estúpidos".

Cuando el sábado 22 de septiembre, en Valera, Chávez exhortó a la juventud a que asumiera posiciones "en la conducción del proceso político revolucionario" para luchar contra "el burocratismo, la corrupción, la ineficiencia", estaba justamente reduciendo a cero la distancia que se procuran los "sabios" y se reservan los tiranos.

Aún más, cuando Chávez reivindica la "audacia revolucionaria" y "esa actitud permanentemente irreverente de la juventud, crítica y autocrítica", no sólo está reconociendo capacidades, sino que todo su discurso es un alegato contra la obediencia ciega y en favor del criterio propio.

De esas raíces venimos y nos alimentamos. Por ellas somos. Queda de nosotros preservar el legado.

18 de septiembre de 2012

Para eso es que son los hermanos


Quizá no todos los que han visto "La revolución no será transmitida" (The Revolution Will Not Be Televised), de Kim Bartley y Donnacha Ó Briain, estén al tanto de que el título del documental se inspira en una pieza del músico, escritor y poeta negro estadounidense Gil Scott-Heron (1949-2011), de quien se dice es uno de los precursores del hip hop. 

En efecto, The Revolution Will Not Be Televised es la pista inicial del primero de los discos de Scott-Heron, de 1970, una joya llamada Small Talk at 125th and Lenox. Pero es de la tercera pista, "Hermano" (Brother), de la que quería contarles.

En la breve intro de Brother, Scott-Heron explica que el poema cantado se inspira en la actitud de algunos negros revolucionarios en Harlem a finales de los 60, que se paraban en las esquinas a predicar la buena nueva sobre la revolución que se avecinaba, y para lo cual había que estar preparados.

"Nos ocupamos demasiado de los aspectos externos, hermano / siempre afros, apretones de manos y dashikis… / siempre el hombre lee a Mao o Fanon… / parados sobre una caja en la esquina, hablando de liquidar al hombre blanco… / llamándole a este hombre Tío Tom y diciéndole a esta mujer que se deje el afro / pero no le hablarías si ella luciera como el demonio, ¿o sí lo harías, hermano? / Algunos de nosotros hemos estado observando tus actos muy de cerca / y hasta ahora nos parecen un tanto flojos… / Fue demasiado fácil para ti olvidarte de que eras un "negro" antes de Malcolm / Paseabas a tu novia blanca por el barrio todos los viernes por la noche… / Necesitas organizar tus bancos de memoria, hermano / Muéstrale a ese hombre que llamas Tío Tom por qué está equivocado / Muéstrale a esa mujer que llamas hermana que eres un hombre negro sincero / Todo lo que necesitamos es verte cerrar la boca y ser un negro / Ayuda a esa mujer / Ayuda a ese hombre / Para eso es que son los hermanos, hermano".

Está claro: no basta con haber visto "La revolución no será transmitida" y sabérsela de memoria. Lo decisivo es aprender de lo vivido y estar prevenidos contra quienes tanto se ocupan de lo superficial: las mismas consignas siempre, el uniforme, las mismas lecturas manualescas. Jefecillos que hablan del pueblo ignorante o la burocracia, según sea el caso. Hacerles saber que los estamos observando; que se comportan como rémoras. Recordarles lo que eran antes de Chávez. Explicarles que de nada vale llamarse "revolucionarios" si siguen actuando como politiqueros. Exigirles que cierren la boca, que se hagan a un lado, si es que ya no tienen nada qué ofrecer.

Para eso también son los hermanos. Bróder.



12 de septiembre de 2012

Coraje siempre


Con alguna frecuencia le pregunto a Sandra Mikele sobre qué temas escribir. Es un ejercicio divertido. Yo exagero la pose de articulista desesperado en busca de algún motivo. Ella suele recomendarme extravagancias, como la vez aquella que me sugirió que escribiera una reseña sobre su libro inédito: "El mundo de los locos". Otras veces me ha dicho que escriba sobre alguna película de terror. Me parece que nunca me ha pedido que escriba sobre música. 

La semana pasada me propuso que contara sobre la ocasión en que la perdí en una apuesta con uno de sus tíos paternos, y del sollozo inconsolable de la Tía Gladys, que no podía creer cómo un padre podía ser tan desalmado como para sacrificar a su propia hija ante la diosa fortuna.

¿Qué pasará por la cabeza de Sandra Mikele cada vez que le hago la misma pregunta?

Está circulando un video que parece corresponder a una escuela rusa, grabado furtivamente por algún estudiante, en el que puede verse a un maestro de inglés, regordete y bigotudo, de pantalón oscuro, camisa manga larga de cuadros y pullover de rombos, interrogando de la manera más humillante a una niña que con absoluta seguridad no llega a los diez años.

La niña permanece de espaldas al pizarrón, casi siempre con la cabeza gacha, aguantándose los gritos del maestro, hasta que éste pasa de la agresión verbal a la física: a partir del segundo cuarenta y ocho, pone su dedo índice sobre la cabeza de la niña una, dos, tres veces, cada vez con más violencia, hasta que intenta tomarla por el hombro izquierdo. Entonces la niña sacude con fuerza su brazo izquierdo, en un gesto de defensa, se voltea, le propina al maestro un soberbio patadón por los testículos y sale corriendo.

No dispongo de más detalles sobre el video. No sé si se trata realmente de una escuela rusa (no logro distinguir el idioma del maestro), y tampoco sé cuándo fue grabado. Pero esto es lo de menos. Lo importante es que constituye un testimonio vergonzoso, indignante e incluso doloroso de todo el daño que puede hacer un idiota que se cree con derecho a ejercer la autoridad de manera brutal, sin importar las consecuencias. Al mismo tiempo, es un ejemplo maravilloso de coraje y rebeldía, de insumisión contra la autoridad que, como sucede tantas veces, ocurre cuando el poderoso menos se lo espera.

¿Qué estaría pasando por la cabeza de esa niña mientras el maestro la molía a preguntas?

Así es, Sandra Mikele, hija querida: con frecuencia uno debe lidiar con personajes parecidos: jactanciosos, autoritarios, sin escrúpulos. Frente a ellos, sumisión nunca. Coraje. Coraje siempre.

8 de agosto de 2012

El viejo Antonio, un hombre decepcionado

El viejo Antonio no pierde oportunidad para señalar lo que define como una clara propensión a la militancia sin principios ni ímpetu. Ofrece varios ejemplos, de vividores y charlatanes, y me pregunta si acaso a eso se le puede llamar militante.

De cuándo acá alguien exige un salario por hacer el trabajo que en otros tiempos se hacía por pura convicción.

Le riposto, más en broma que en serio, que yo siempre entendí que la revolución era asunto de asalariados, y me responde que una revolución es asunto de hombres y mujeres que no están dispuestos a ponerle un precio a su trabajo, y esto incluye toda la energía puesta en el trabajo militante.

Le replico nuevamente, y le planteo que debe reconocer que no todo se trata de ímpetu, furor o frenesí. Que hace falta cabeza y también pies sobre la tierra. Me dice que tengo razón. Pero agrega que si tiene que escoger entre quien acusa un dolor de cabeza o se queja de sus pies adoloridos tras una larga caminata o alguien con dolor de ímpetu, se queda con este último.

Dolor de ímpetu: dícese de aquel dolor que hace que se nos retuerzan los bríos con que luchamos.

Otra forma de nombrar la alegría que nos produce saber que la llama que nos hace pensar y caminar no está extinta.

Qué fácil es confundir a Antonio, comunista desde niño, severo de juicio, con un viejo cascarrabias, un nostálgico, un hombre derrotado. Sin embargo, en su interior sigue habitando esa llama, y es como si se empeñara todos los días en resguardarla para preservar la herencia.

A su manera, el viejo Antonio es un "hombre decepcionado". No se me ocurre otra forma de expresarle mis respetos.

Daniel Bensaïd escribía que la crítica de la religión que hacía Marx tenía como objetivo "despojar al hombre de sus ilusiones, de sus consuelos ilusos, defraudarlo, hacer caer las escamas de sus ojos" para que, en palabras del propio Marx, "piense, obre y modele su realidad como hombre decepcionado, que alcanza la razón para gravitar en torno a él mismo, es decir, en torno a su sol real".

Es lo que hace Antonio, y lo disimula con estridencias, alaridos y golpes a la mesa que no impresionan a nadie: recordarme que no podemos permitirnos dejar de pensar, obrar y modelar nuestra realidad como hombres y mujeres decepcionados, porque de otra forma estamos perdidos.

Que la inconformidad, la rebeldía, la independencia de criterio forman parte de una herencia que tenemos que ser capaces de transmitir a los que vendrán después de nosotros, y que debemos evitar ser tan imbéciles como para creer que una revolución se trata de obtener un cargo, sacar provecho personal.

Después no se lamenten cuando el pueblo decepcionado se los cobre.

1 de agosto de 2012

Por lealtad hacia los desconocidos

Estar en campaña no tendría que significar hacer una pausa en el trabajo militante para dedicarse a lo "electoral", y asumir la tarea con una cierta resignación, derivada del hecho de que, después de todo, somos demasiado humanos y estamos movidos por las pasiones más bajas, por lo que no quedaría otra alternativa que prometer, embaucar y ensuciase las manos, como siempre se ha hecho.

Al contrario, estar encampañado es una oportunidad como pocas para revisar nuestra noción de militancia y evaluar hasta qué punto ella se corresponde con esa política "otra" que, convenzámonos de una vez, es urgente inventar y desplegar.

Entender, por ejemplo, que no tiene sentido alguno pretender que algo como la construcción del "hombre nuevo" (por citar una consigna muy socorrida) es una tarea que se acometerá con hombres y mujeres nuevos, y no con nosotros, los "viejos", es decir, con seres humanos de carne y hueso con una voluntad enorme para luchar y cambiar, pero que cargamos con los valores de la vieja sociedad.

En un hermoso texto de 1997, en el que indagaba sobre las "razones y pasiones militantes", Daniel Bensaïd defendía la idea de que la militancia, eso que pudiera llamarse el "compromiso militante", tiene que ver tanto con la "adhesión a grandes ideas, como a esas fidelidades moleculares, esas mínimas relaciones de memoria y acción" asociadas a lo que algún militante polaco enunciaba como "lealtad hacia los desconocidos".

Militamos en la revolución bolivariana "por lealtad hacia los desconocidos".

Escribía Bensaïd: "Militar compromete un sentido de la responsabilidad hacia los desconocidos, sin eclipses ni intermitencias. Ahí estamos. No en el simple compromiso… En realidad, de eso se trata. No de casarse con tal causa o tal partido, sino de vivir una relación con el mundo sin reconciliación posible. El compromiso no es un despertar matinal después de una noche de rayos y truenos. Se llega a ser revolucionario por lógica del corazón y de la razón".

Militamos porque "este mundo es inaceptable. Por tanto hay que intentar cambiarlo, sin ninguna garantía de conseguirlo. Esto es lo primero".

Militamos porque no nos da la gana de renunciar a lo que hemos conquistado durante todos estos años, complementaríamos.

Se puede renunciar a esta "lógica del corazón y de la razón" por tres razones: "por mala fe, por resignación o por cinismo". Es fácil hacerlo en tiempos de campaña y repetir las prácticas de la vieja política y actuar como si todo se tratara de cuotas de poder y de cargos y de privilegios.

Pero siempre podemos reafirmar nuestra "lealtad hacia los desconocidos" que luchan por cambiar el mundo.

25 de julio de 2012

Chavismo, color y sabor




La leyenda, insidiosa, se detiene en la combinación elegida por María para adornar sus uñas: amarillo y morado. A juicio de la web, se trata de "unas uñas muy sicodélicas e imperialistas", que usan "muchas chicas" en Venezuela "porque ya es una moda... aunque no es una tendencia socialista".

Se lo leí a Sandra Mikele, que está por cumplir los doce. Le mostré las fotografías. Sonrió e hizo un gesto de desaprobación. A su juicio, el asunto "no tiene nada que ver con política" y calificó la leyenda de "pura estupidez". Son "uñas con estilo que puede usar cualquier persona en este mundo", me dijo, y además me explicó que la persona que redactó la nota está completamente desfasada, porque esos colores se están usando "desde el año pasado". Ella misma tiene varios colores: fucsia, verde, azul, morado, anaranjado, rosado claro. Hizo la salvedad de que no tiene amarillo.

Sin duda que una nota tal puede valorarse de muchas maneras, y no sólo como un buen ejemplo de "pura estupidez". Más aún, es mucho lo que pudiera desgranarse sobre las webs venezolanas que deben apelar a Kim Kardashian para atraer público.

La pregunta es: ¿qué tribulaciones de ánimo o cuáles prejuicios son los que llevan a alguien a opinar que la hija del Presidente no puede llevar uñas "sicodélicas e imperialistas"? ¿De cuándo acá los colores vivos o metálicos son atributos o signos distintivos del imperialismo? Rayemos en el absurdo: ¿existen uñas imperialistas o socialistas?

Necedad aparte, lo que parece claro es que no se trata sólo de una cuestión estética. Entre la nota, que también cuestiona la marca del celular que usa María Gabriela, y la improbable intención de denunciar el afán de ostentación de la hija de Chávez, media un abismo.

Lo que se enjuicia, en general, es al chavismo y su "doble discurso". Doble discurso que consistiría en ser portavoces y adalides de la barbarie (de la privación, de la ignorancia, es decir, del socialismo), pero débiles ante los encantos de la civilización, que se asimila con la abundancia, con la distopía del mercado infinito.

Según tal razonamiento, Sandra Mikele, hija de chavista, es por tanto hija de la barbarie, y mal pudiera aspirar no sólo al amarillo que no tiene, sino a cualquier otro color. Tendría que conformarse con la mediocridad grisácea de una vida sin futuro, con malas versiones de lo "bueno".

Después de todo, es difícil no sentir pena por aquellos que, acicateados por la ignorancia y el miedo, con alma esclava de consumidores mucho más que ciudadanos, jamás sabrán cuánto de color hay en el chavismo. Y de sabor.

18 de julio de 2012

Metafísicamente imposible

Algún canal en Canarias. Nótese lo tendencioso de la línea editorial: "Los mineros incendian Madrid". Miércoles 11 de julio de 2012.

En días recientes estuve participando en el IX Encuentro estatal de solidaridad con la Venezuela bolivariana, celebrado en la ciudad de La Laguna, Tenerife, y organizado por la Plataforma Bolivariana de Canarias, con el apoyo del Comité Canario de Solidaridad con los Pueblos y el Consulado venezolano en las Islas Canarias.

Mi estancia en Tenerife coincidió con el anuncio, por parte del Presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, de nuevas medidas de ajuste para sortear la severa crisis económica que sacude al país europeo (más impuestos, menos beneficios laborales); y el arribo a Madrid de los mineros del carbón, luego de casi tres semanas de marcha desde Asturias, en protesta por recortes que significarán el cierre de las minas donde trabajan.

Ambos hechos ocurrieron el miércoles 11 de julio, y nos ilustran cómo comienzan a agitarse los mares profundos de la sociedad española. Se avecinan nuevas tormentas en el océano europeo.

Unas y otras medidas (y las que le precedieron y las que habrán de venir) son acompañadas de una retórica que, en Venezuela, aprendimos a oír a de boca de la vieja clase política. Uno escucha a Rajoy decir: "Hacemos lo que no nos queda más remedio que hacer, tanto si nos gusta como si no", y es imposible no recordar a Carlos Andrés Pérez anunciando la inminente aplicación del paquete neoliberal, hace veintitrés largos años.

Lo mismo sucede cuando se leen las declaraciones de José Manuel Soria, ministro de Industria, Energía y Turismo, a propósito de las protestas de los mineros: "Es metafísicamente imposible aumentar las ayudas al sector". ¿Quiso decir que es físicamente posible, aunque no deseable por su gobierno? Quién sabe. Como sucedía en tiempos de partidocracia, uno nunca terminaba de entender a estos señores, pero bastaba escucharles para saber que gobernaban de espaldas al pueblo.

De regreso a Venezuela, he percibido una enorme similitud entre la clase política que gobierna España y la que aquí pretende volver por sus fueros: hay algo que hermana aquel discurso de Rajoy, Soria y compañía sobre la fatalidad o la supuesta inevitabilidad de las medidas antipopulares, con el Capriles que luego de publicar un documento probadamente forjado de la FANB, se lava las manos y acusa al gobierno de ser el responsable.

No logro explicármelo. Tendré que seguir indagando. Pero tengo claro que los une algo más que el cinismo. Tal vez sea que Capriles está realmente convencido de que no hace falta asumir la responsabilidad de nada, porque al fin y al cabo su derrota es "metafísicamente imposible". Su triunfo, una fatalidad. Como si el pueblo venezolano no hubiera decidido labrarse su propio destino.

4 de julio de 2012

De magos, recetas y listas


Seguramente Sandra Mikele se reirá, pero no puedo evitar sentirme un poco viejo al confesar que me produce coraje el desparpajo total con el que tanto imberbe actúa como si todas las preguntas sobraran porque ya están dadas todas las respuestas. 

He de aclarar que no se trata de un asunto generacional, aunque mi hija insista en que es inútil cualquier intento por disimular mis canas y mis achaques: me refiero a la clase de inmadurez política que no distingue edades ni jerarquías, con todo y que ella sea más frecuente entre quienes jamás tuvieron que comerse las verdes.

El punto es que en algún momento tendremos que tomarnos en serio el esquivo tema de los estilos de militancia, que es lo mismo que decir nuestras prácticas corrientes, nuestra manera de entender la política, nada más y nada menos. 

Mientras tanto, de manera simultánea al intento por reducir la "autocrítica" a puro convencionalismo, actúa a sus anchas un tipo de militante que hace tiempo dejó de ser impetuoso, cual veinteañero que desea devorarse el mundo, para convertirse en soberbio, lo que nos indica una cierta tendencia a la decrepitud que deberíamos interpretar como una advertencia.

La figura del militante abnegado que lo sacrifica todo para guiar, día tras día, a las masas ignorantes; la pobreza de análisis de los opinólogos (es decir, los expertos en nada); la competencia entre ególatras; la virulencia de algunas diatribas entre "camaradas", son sólo algunos signos de estos tiempos, tan distantes de aquellos días en que no existían las redes sociales, ni clubs de fans de programas televisivos, porque estábamos ocupados en las calles, participando y protagonizando.

Sí, aquellos días en que todos, o casi todos, éramos iguales en nuestra ignorancia sobre los modos de hacer una revolución, porque entendíamos perfectamente que no había recetas ni fórmulas mágicas.

Pero vaya, con qué facilidad se tropieza uno, de un tiempo a esta parte, con los magos más inverosímiles, gente obsesionada con recetas y listas. Siguen siendo, por fortuna, minoría, pero una que ha desarrollado cierta habilidad para hacer ruido, porque al fin y al cabo se trata de destacar, no importa cómo.

Algunos dirán que escribo con nostalgia por los viejos buenos años, que se trata de adaptarse a las nuevas circunstancias. Pero algo así sólo puede ser dicho por quienes se sienten derrotados, y no es mi caso.

Sandra Mikele dirá que mi problema es que estoy padeciendo eso que llaman crisis de la mediana edad. Es posible. En todo caso, procuro no dar nada por sobreentendido. Sigo haciéndome preguntas, como la mayoría de quienes apoyan esta revolución, y apostándole a las respuestas colectivas. Es eso o morir prematuramente.

21 de junio de 2012

Peronismo y burocracia

John William Cooke

Si usted es de los que piensa que El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte es una obra maestra imposible de igualar, es porque no ha tenido la oportunidad de leerse La era del peronismo, de Jorge Abelardo Ramos, superior al texto de Marx no sólo en extensión, que sería lo de menos, sino sobre todo en profundad analítica. Con el añadido de que, al tratarse de un sistemático y riguroso intento de abordaje de un fenómeno político extraordinario, exuberante y por supuesto pleno de contradicciones, que dejó una huella indeleble en una porción de la Nación latinoamericana, la obra de Ramos tiene una enorme pertinencia histórica para el pueblo venezolano.

De hecho, estoy convencido de que las similitudes entre ambos fenómenos, peronismo y chavismo, que pueden llegar a ser realmente sorprendentes, obedecen en buena medida a que compartimos una misma historia, luchamos por los mismos objetivos y padecemos las mismas imposiciones.

Cuando desde las filas del antichavismo se establece la comparación entre ambos fenómenos, es porque los consideran de la misma manera que lo hiciera en su momento el antiperonismo con el movimiento liderado por Perón: como expresiones no ya tanto de "populismo", sino como sustentos pseudo-ideológicos de regímenes proto-fascistas.

Ramos les respondía en los siguientes términos: "los intelectuales atribuían fascismo a un país semicolonial y bautizaban como conservador a un movimiento nacional, combatido por los propios conservadores, fascista a un gobierno bloqueado por el capital imperialista. El alumno menos erudito en ciencias sociales, sabe que el fascismo… nació en países imperialistas y que el nacionalismo de tales países es opresivo, mientras que el nacionalismo de las colonias es emancipador. Semejante aberración parecía estúpida. Pero estos intelectuales ilustrados no son estúpidos. Son serviles. Usan las ideas que complacen a los poderes de este mundo".

En artículos previos me detuve brevemente en esta relación entre peronismo, intelectuales e iletrados, y luego en la relación entre peronismo y la iniciativa política. Esta vez le toca a la burocracia.

Según Ramos, "el más opaco período de la hegemonía burocrática en la revolución peronista se extiende desde 1949 a 1953, en que la revolución parece detenerse y los corifeos conservadores del régimen… actúan libremente. Numerosas medidas administrativas procedentes de la cúspide del poder son neutralizadas por la maquinaria burocrática. Tergiversadas o invertidas, mediante una aplicación mecánica de su sentido original, estas medidas obtenían un efecto contrario al buscado".

¿Cuáles métodos de "reclutamiento" ponían en práctica los burócratas en la Administración Pública? Escribía Ramos: "Burócratas insignificantes… «peronizaban» sectores de la Administración Pública mediante la inscripción obligatoria al Partido Peronista, nutriendo sus padrones de afiliados nominales que en realidad se convertían no sólo en enemigos mortales de ese partido, sino de todo el movimiento nacional revolucionario".

¿Para qué funcionaba, en fin, la burocracia? Ramos lo resumía así: "En realidad, la burocracia funcionaba: a) para controlar el conjunto del aparato estatal y servir bien o mal (más bien mal) los fines revolucionarios; b) para someter a esclavitud al propio Perón, paralizar el ímpetu del movimiento y ofrecer una plataforma de apoyo a la reacción contrarrevolucionaria. Parte de la Administración Pública era sórdidamente antiperonista, lo mismo que el magisterio, la justicia y la Universidad. Las auténticas medidas revolucionarias de Perón eran obstinadamente saboteadas por el Partido Peronista y por la prensa adicta. Una resistencia subterránea, a veces visible, se oponía al desarrollo de la revolución. Los sectores burgueses (comerciales, industriales o financieros) que se acercaban al peronismo, no veían sino una oportunidad para enriquecerse rápidamente, mientras murmuraban contra él en los hoteles de lujo".

Pero este asunto de la burocracia, tan decisivo en cualquier proceso de cambios revolucionarios, exige aún mayor precisión. Puesto que no se trata de cargar contra una abstracción en nombre de la "pureza" militante, habrá que empezar por definir qué entendemos por burocracia. Para ello, un texto de otro imprescindible, John William Cook, Peronismo y revolución, aporta claves inestimables: "No designamos con eso a la persona que ocupa un cargo político o sindical, ni sostenemos tesis puritanas en contra de que se utilicen las ventajas que confieren algunos de esos status… Ni el hacerlo en forma deshonesta es lo que hace merecer el justificativo; el deshonesto es un burócrata, pero el burócrata no es necesariamente deshonesto ni cobarde (aunque ese ramillete de condiciones se suele dar con frecuencia en el burócrata)".

Aquí lo más importante: "Lo burocrático es un estilo en el ejercicio de las funciones o de la influencia. Presupone, por lo pronto, operar con los mismos valores que el adversario, es decir, con una visión reformista, superficial, antitética de la revolucionaria. Pero no es exclusivamente una determinante ideológica, puesto que hay burócratas con buen nivel de capacidad teórica, pero que la disocian de su práctica, y en todo caso les sirve para justificar con razonamientos de 'izquierda' el oportunismo con que actúan. La burocracia es centrista, cultiva un 'realismo' que pasa por ser el colmo de lo pragmático y rechaza toda insinuación de someterlo al juicio teórico que los maestritos de la derecha les hacen creer que es 'ideología' y que ésta significa algo que no tiene nada que ver con el mundo práctico. Entonces su actividad está depurada de ese sentido de creación propio de la política revolucionaria, de esa proyección hacia el futuro que se busca en cada táctica, en cada hecho, en cada episodio, para que no se agote en sí mismo".

Para finalizar: "El burócrata quiere que caiga el régimen, pero también quiere durar; espera que la transición se cumpla sin que él abandone el cargo o posición. Se ve como el representante o, a veces, como el benefactor de la masa, pero no como parte de ella; su política es una sucesión de tácticas que él considera que sumadas aritméticamente y extendidas en lo temporal configuran una estrategia".

Así han sido. Así son.

13 de junio de 2012

Para que no quede en letra muerta

Chávez, el original. Lunes 11 de junio de 2012. Por: Joanny Sandoval.

Después de años de conducta aprendida y de política practicada de acuerdo a la lógica de las dos minorías, puede parecernos de lo más natural que, luego del discurso del comandante Chávez el pasado lunes en la Plaza Diego Ibarra, caigamos en la irresistible tentación de detenernos días, semanas y hasta meses enteros identificando las fuentes y las partes del chayotismo-majunchismo, y "alumbrando" al pueblo al respecto.

Como se ha hecho costumbre decir, y la sentencia cada día adquiere un tinte más triste y demagógico: "porque al pueblo no lo pueden seguir engañando".

Mejor sería que nos bajáramos de esa nube, que nos dejáramos de esos cuentos sobre el "pueblo engañado", y nos sumáramos a la inmensa tarea colectiva de darle forma definitiva a la propuesta de gobierno que ha hecho Chávez para el próximo período.

Para lograrlo hay que creérselo. Más que creer, puesto que no hablamos de un acto de fe, hay que apostar porque sea, efectivamente, una tarea colectiva, precisamente porque se trata de una iniciativa que no podemos dejar a su suerte.

Lo anterior quiere decir que, lejos de convertir la propuesta en un nuevo catecismo que habrá de aprenderse de memoria, para seguir diciendo más de lo mismo pero con nuevas palabras, tendríamos que someterla al "más amplio y desprejuiciado debate, para que se le agregue, suprima y corrija, para que se le complemente y enriquezca", como reza uno de los últimos párrafos del documento distribuido el mismo lunes, mientras el comandante exponía lo que definió como los "objetivos históricos".

Así, parte del tiempo que actualmente dedicamos a hacerle seguimiento a la candidatura antichavista, tendría que ser aprovechado para debatir públicamente sobre la otra sociedad que queremos construir.

Respecto de esto último, no está de más recordar que construir la otra sociedad ciertamente pasa por imaginársela, pero este acto de imaginación debe hacerse tomando en cuenta variables de espacio y tiempo. Caso contrario, es un ejercicio intelectual inútil.

Por último, para que este debate sea eficaz, y no su simulacro, que no se quede nadie sin hablar. Así, por ejemplo, si el comandante Chávez está proponiendo "una profunda y definitiva revolución en el sistema de administración de justicia, para que cese la impunidad", para "lograr la igualdad en el acceso" y erradicar su "carácter clasista y racista", que tomen la palabra quienes padecen el sistema. Son ellos, y nadie más, quienes nos dirán (y así en cada caso) cómo traducir en hechos (en políticas concretas) lo que no podemos permitir que quede en letra muerta.

6 de junio de 2012

Peronismo e iniciativa política

Jorge Abelardo Ramos. Tomado de La página de Julio Fernández Baraibar

En La era del peronismo, Jorge Abelardo Ramos les dedica unas cuantas líneas a esos "virtuosos izquierdistas" que acusaban a los trabajadores organizados de establecer una relación de "dependencia" con el primer gobierno peronista. Escribía: "De ahí que la acusación lanzada por sus enemigos, relativa a la dependencia sindical hacia Perón, parece ridícula. El destino de los sindicatos en la época del imperialismo y en un país atrasado no puede ser otro que caer bajo la influencia del régimen político vigente, en tanto dicho régimen garantice a los trabajadores el «mínimo» de derechos compatibles con su vida económica y con el funcionamiento de los sindicatos".

Pero Ramos no es sólo el intelectual y político que apela a una buena dosis de realismo (en contraste con los "marxistas abstractos") para explicar el fenómeno del peronismo. También echa mano de un poderoso arsenal crítico para señalar sus limitaciones: "Era natural que la CGT de la época peronista estuviera íntimamente asociada a un gobierno que era, a su modo, un gobierno de frente único antiimperialista en cuyo seno coexistían intereses de clases diferentes, pero cuya política en favor de los asalariados no tenía precedentes en la historia del país. Que los dirigentes de la CGT, su falta de iniciativa propia, su dependencia de las demostraciones políticas del régimen, sus ofrendas, etc., constituían un mal, nadie podría dudarlo. Pero el principal perjudicado será Perón, a quien el perfume del incienso cotidiano le impidió advertir que una democratización efectiva de la central obrera hubiera defendido mejor las conquistas revolucionarias que el sistema de obediencia de los dirigentes".

La lección histórica es tan clara que es casi transparente: en primer lugar, si un gobierno garantiza a la población el disfrute de derechos que le fueron conculcados históricamente, ¿por qué debe resultar un misterio su firme apoyo a un gobierno que responde a los intereses populares?

En segundo lugar, y más importante aún, el gobierno, por más popular y revolucionario, debe evitar a toda costa propiciar las condiciones que hagan posible la falta de iniciativa de su base social de apoyo, y toda expresión organizada de esta última está llamada a multiplicarla. No importa si la tachan de "contrarrevolucionaria".

Quienes tienen esta inclinación por tachar y censurar las iniciativas populares, son los mismos que conciben al pueblo como sujeto de "asistencia", como "cliente", como sujeto "carente" al que, por tanto, hay que administrar. Según ellos, nunca hay condiciones para la "democratización efectiva".

Pero el daño no se lo hacen al pueblo, que tarde o temprano termina perdiéndoles todo respeto. El daño se lo hacen al proceso revolucionario.

30 de mayo de 2012

Es momento de tomar la iniciativa

Hace casi un año ya de la movilización del 7 de junio, convocada por diversas organizaciones que integran el movimiento popular, en el marco de una campaña nacional contra la impunidad y la criminalización de las luchas del pueblo organizado.

No conforme su importancia, es probable que algunos de quienes tienen responsabilidades de dirección política en la revolución bolivariana ni siquiera la recuerden. Por mala memoria o quizá por falta de tino a la hora de realizar análisis de la situación política. Quienes la ignoraron entonces no harán algo distinto ahora.

Su importancia, su hondo significado, radica no sólo en su composición, sino en su mensaje, y fundamentalmente en su capacidad de iniciativa, un valor inestimable en la hora de las resoluciones históricas.

Aquel día marchó por las calles de Caracas una porción del movimiento campesino organizado junto a una representación del pueblo pobre expulsado de la ciudad formal, reunido en el Movimiento de Pobladores. Agrupaciones estudiantiles y de trabajadores, artistas, militantes de la comunicación alternativa y comunitaria, colectivos feministas o sexo-género diversos, entre otros, les hicieron el coro.

El mensaje, que pudiera calificarse de irrestricto apoyo crítico al gobierno nacional y al comandante Chávez, era producto de un intenso balance también autocrítico, que intentaba poner en perspectiva amenazas y fortalezas tanto internas como externas al chavismo. De esta postura se deriva su capacidad de iniciativa.

Desde entonces, es mucha el agua que ha pasado bajo el puente, y sin duda el momento político es otro. Entre otras razones, porque la salud del comandante Chávez, y las infinitas especulaciones que al respecto publica la envalentonada prensa antichavista, tiene a más de uno confundiendo deliberadamente malos deseos con pronóstico reservado, y con ganas de darle una patada al tablero político.

Vista la situación, es extraordinariamente oportuna la convocatoria que las mismas organizaciones que ya impulsaron la movilización de hace un año (reunidas ahora como Alianza Popular Revolucionaria), están haciendo para marchar este martes 5 de junio, reafirmando el horizonte anti-capitalista del proceso de cambios, su carácter decididamente popular (es el pueblo resteao con Chávez el que se moviliza), y por la defensa y la profundización de nuestra revolución.

Hoy, como ayer, cuando se agitan fuerte las aguas de la política, cuando hay tanto equivocado por ahí intentando pescar en río revuelto, tanto desubicado pretendiéndose el pez gordo que, llegado el momento, engullirá a los más pequeños, es momento de tomar la iniciativa (no de domeñarla). Qué tal ni qué nada, nosotros lo que somos es chavistas y estamos es con Chávez.

23 de mayo de 2012

Peronismo, intelectuales, iletrados


"Así concluía el largo debate, según la tradición argentina, que fija a la ciencia social un plazo de un cuarto o medio siglo, para admitir como cierto aquello que los iletrados del común evaluaban certeramente el mismo día del acontecimiento". 

Estas palabras, mordaces, severas, pero también una señal indiscutible de buen humor, pueden leerse en un libro extraordinario, La era del peronismo, escrito por Jorge Abelardo Ramos, uno de los principales artífices del pensamiento nacional-popular en Argentina y, me atrevería a decirlo, un texto que aporta claves inestimables para "entender" al chavismo, con todo y las distancias que haya que guardar.

Se refería Ramos, de manera concreta, a la forma como fue interpretada la política económica del primer peronismo por los "partidos del sistema oligárquico", por la "izquierda cosmopolita de todos los matices" y por el propio peronismo. "Apologistas y críticos dejan de lado, generalmente, las formidables dificultades de un país semicolonial para adoptar un camino independiente. En el peronismo se manifestaban varias clases sociales y el representante de todas ellas era un jefe militar que le imprimió a todo el proceso revolucionario su propio carácter, sus debilidades tanto como sus aciertos. Lo que queda fuera de toda discusión fue el carácter nacional de toda esta política".

Este último punto, plantea Ramos, estaba "fuera de toda discusión" para la clase trabajadora argentina. De allí, en buena medida, su resuelto apoyo a Perón.

Pero más allá de las circunstancias históricas concretas a las que refiere el párrafo inicial, está un asunto que Ramos aborda de manera recurrente en su libro: la tirante, y casi siempre antagónica, relación entre la intelectualidad argentina, proveniente en su mayoría de la pequeña burguesía, y el fenómeno del peronismo, de fuerte raigambre obrera, popular.

Algunas de las páginas más lúcidas de La era del peronismo son precisamente aquellas en las que se detiene a explicar las razones detrás de semejante postura de la intelectualidad: su penosa adicción al "europeísmo", al "librecambismo", a las modas intelectuales, y su desprecio por lo popular.

Pero no está implícito en el análisis de Ramos un anti-intelectualismo demagógico. Todo lo contrario, su apuesta es por una intelectualidad con una "visión singular de la Argentina, nacida y acariciada en el latido del subsuelo, formada en el aire, sabor y perfil del cielo hispanocriollo, sustancia única que no puede encontrarse, fuera de aquí, en el ancho universo".

En otras palabras, una intelectualidad con vocación político-estratégica, que no se limita a hacer propaganda en apoyo al gobierno (y que no aporta nada nuevo), pero también distinta de aquella que se mantiene al margen deliberadamente, esperando el desenlace de los acontecimientos, para después, dentro de uno, cinco años o un cuarto de siglo, venir a contarnos aquello que, para los "iletrados" de hoy, está tan claro como el sol.

25 de abril de 2012

Auscultar el alma del chavismo

Caricatura antiperonista, 1945 ó 1946. Tomada de aquí.

Hemos hecho muy poco por auscultar el alma de eso que, incluso con alguna resistencia, hoy damos por llamar chavismo. Hay quienes no le reconocen su condición de sujeto político, que es casi el equivalente de negarle su existencia. Hay quienes reducen el fenómeno al acto puntual de la masa que sigue ciega y obstinadamente al líder. Hay quienes lo menosprecian por no poder identificar un cuerpo de doctrina. De todo esto y mucho más hay tanto en el campo de la derecha como en el de la izquierda. 

Sí, también en el campo "chavista" existen quienes reniegan del chavismo, por más insólito que parezca.

El tema da para mucho y está muy lejos de ser un asunto menor. Diría más: indagar en el origen y el significado del chavismo no es un mero ejercicio intelectual ni algo que compete exclusivamente a los historiadores. Tampoco es un tema extemporáneo, al que nos podríamos dedicar después, cuando llegue el momento de "escribir la historia". Que otros escriban sus "memorias" cuando les plazca. En cambio, meterle el pecho al espinoso tema del chavismo, aquí y ahora, puede resultar decisivo para afrontar las batallas por venir.

Acometer esta tarea implica, entre muchas otras cosas, una revisión del "estado del arte" sobre fenómenos políticos considerados "malditos" por buena parte del estamento intelectual y la clase política latinoamericana, independientemente de su adscripción política. De esta forma, si decidiéramos tomar este camino, nos toparíamos inevitablemente con el denostado peronismo, un fenómeno que, si a estas alturas no nos hemos detenido a estudiar, es por nuestra proverbial miopía.

Al tanto de que, por regla general, las analogías históricas hacen ininteligibles fenómenos sin duda singulares, es imposible negar que uno y otro, peronismo y chavismo, sea por las fuerzas que lo impulsaron, sea por sus formas de expresión, o por otros motivos, son fenómenos de similar naturaleza.

Basta leer algunas pocas líneas de lo que escribía, en octubre de 1945, Aurelio Narvaja, el primero en usar la palabra "peronismo", según el gran Jorge Abelardo Ramos: "La misma masa popular que antes gritaba '¡Viva Yrigoyen!', grita ahora '¡Viva Perón!'. Así como en el pasado se intentó explicar el éxito del yrigoyenismo aludiendo a la demagogia que atraía a la chusma, a las turbas pagadas, a la canallada de los bajos fondos…así tratan ahora la gran prensa burguesa y sus aliados menores, los periódicos socialistas y stalinistas, de explicar los acontecimientos del 17 y 18 en iguales o parecidos términos. Con una variante: comparan la huelga a favor de Perón con las movilizaciones de Hitler y Mussolini. Identificar el nacionalismo de un país semicolonial con el de un país imperialista es una verdadera proeza teórica que no merece siquiera ser tratada seriamente".

¿Algo de lo que acaba de leer le parece familiar?

18 de abril de 2012

En tiempos de campaña

No estoy en lo absoluto de acuerdo con quienes plantean que en tiempos de campaña no sólo hay cerrar filas, sino cerrar la boca. No sólo porque si así fuera, entonces tendríamos que estar callados todo el tiempo; fundamentalmente, porque una premisa tal contradice toda idea de radicalización democrática.

Algo semejante sólo puede salir de la gran bocota de los censuradores, que en el campo de la izquierda, e históricamente, a menudo han estado encarnados en esos personajes que realmente se creen el cuento de que ellos poseen una verdad inaccesible para el común de la gente, y que esa verdad debe ser impuesta por la fuerza de ser necesario.

No por casualidad, exactamente los mismos personajes suelen concebir las elecciones como una circunstancia en la que todo vale, incluso las peores prácticas políticas. De la verdad que sólo ellos conocen se derivan propósitos, y en tanto que la política, incluso la revolucionaria, consiste en lidiar con un universo de ignorantes, habrá que hacer lo que sea necesario para el cumplimiento de tales propósitos.

No es mi intención idealizar el ejercicio de la política y plantear que la política revolucionaria es un asunto que compete a seres de otro mundo. La pragmática no sólo es indispensable, sino deseable. Pero es preciso ponerle límites.

¿Cerrar la boca? De ninguna manera. Pero tampoco confundir la beligerancia, la crítica y la interpelación con peleas de egos, incluyendo muchas de las que se cazan con personajes de la oposición. Mucho menos hacerlas pasar por las discusiones centrales de la revolución. De esto estamos verdaderamente hartos.

Cuánto de simple y vulgar egolatría no hay en nuestra dificultad para construir colectivamente. Cuánto de estridencia, de pose, de ansias de figurar, de pescueceo. ¿Ustedes creen que nadie se da cuenta?

Algún día tendrá que escribirse en extenso sobre los "camaradas" que optaron por no hablar más como la gente ordinaria, se pusieron un disfraz, y adoptaron esa jerga pavosa e indescifrable plagada de consignas y clichés, que a nadie dice nada.

Mientras tanto, estamos en campaña. Y en lugar de callarse la boca, hay que afinar la voz y aguzar los sentidos. Hay que comenzar por escuchar el rumor popular, de ese gigante que habla claro y no cree es en nadie.

Para eso debe servir la campaña electoral: para intensificar el trabajo que tendríamos que hacer en todo momento, que es crear las condiciones para el autogobierno popular, derribando obstáculos y corrigiendo entuertos. Insisto, construyendo colectivamente, asumiendo que el protagonismo, ese principio insustituible de la revolución, también es ejercicio colectivo, y no cuestión de egos.

11 de abril de 2012

Nunca sentimos odio

11 de abril de 2012. Por: Enrique Hernández


El 11 de abril de 2002, la rebelión popular que barrió con la brevísima dictadura dos días después, los helicópteros aproximándose a Miraflores la madrugada del domingo 14, son de ese tipo de historias que definen una vida, y que parecen hechas para ser contadas a los hijos. En mi caso, a Sandra Mikele, para que no olvide cuánto nos ha costado lo que hoy tenemos.

Recién ayer hablábamos de la historia: de la importancia de conocerla, para saber qué tierra pisamos, qué cúmulo de circunstancias nos han traído hasta aquí, quiénes han peleado antes que nosotros.


Gracias al trabajo de mi amigo Enrique Hernández, hoy puedo mostrarle el testimonio gráfico de la participación de su padre en aquellas jornadas. Convencido de la inutilidad de adoptar el tono severo y austero de libro de ciencias, intento hablarle de aquello como si se tratara de una historia de aventuras. Nada como un libro de aventuras con ilustraciones. Por eso, en el momento adecuado, apelo a la fotografía. 

Pero la memoria me traiciona. La circunstancia no alcanza para relatarle aquellos hechos en un tono que pudiera malinterpretarse como frívolo. La fotografía en cuestión retrata un momento muy temprano de la contienda, cuando la marcha antichavista arribaba al centro de Caracas, y una avanzada intentaba llegar hasta Miraflores, flanqueándolo por el Viaducto Nueva República.

Allí aparezco al lado de mi amigo Ociel López, justo sobre el hombro derecho del hombre en primer plano, con franela negra del Che y boina roja. Estuvimos juntos casi todo el tiempo, durante horas y hasta el anochecer, cuando decidimos marcharnos a nuestras casas, exhaustos. El gobierno ya estaba caído y no lo sabíamos. Pero todavía faltaba mucho trecho por recorrer.

Recuerdo claramente la llamada de Moisés, al día siguiente, muy temprano por la mañana, cuando salía de mi casa rumbo al trabajo. Me hablaba de protestas en numerosos barrios de Caracas durante la madrugada y me aseguraba que el comandante no había renunciado. Recuerdo la tristeza de los amigos, la llamada de mi padre, solidario, sacando fuerzas para explicarme que la vida seguía, que debía pensar en mi familia, en mi hija, de poco más de un año.

Luego, el sábado 13, desde el mediodía instalado frente a Fuerte Tiuna, a donde llegamos en el viejo Mercedes Benz de mi primo Jorge. La incertidumbre, los mensajes por teléfono, radio bemba. Pequeños grupos se formaban para escuchar las pocas noticias que transmitían por la radio. Fe y Alegría diciendo la verdad. Por allí se apareció Iris Varela, y desde entonces le guardo un gran respeto. Carmona renunciando y un estallido de abrazos. Algún recóndito impulso nos indicaba que debíamos permanecer allí, y así lo hicimos, hasta la medianoche, cuando nos dirigimos a Miraflores a esperar al comandante. Antes, hicimos parada en Plaza Venezuela, y llamé a mi esposa desde un teléfono público. Lo habíamos logrado. Los habíamos barrido. Algo jamás hecho. Aquello era una gigantesca fiesta colectiva. Los helicópteros aproximándose a Palacio, una alegría infinita, la experiencia de alegría infinita más genuina y más hermosa que he vivido en toda mi vida.

Porque nunca, hija mía, nunca, en ningún momento, y te hablo con toda propiedad, porque tu padre estuvo allí, nunca sentimos odio. Y eso es algo que no podrán arrebatarnos.