13 de febrero de 2009

Un país de película

Los columnistas gringos que siguen las incidencias del beisbol (y también los narradores, los comentaristas, los analistas, etc.) tienen una expresión para catalogar a los jugadores que atraviesan por rachas excepcionalmente buenas: aquellos que la están viendo clarita, repartiendo leña por todos lados y trayéndolas todas a la goma. También se dice del pitcher intraficable, que los deja a todos descolgados, bateando mansos rollings o abanicando la brisa. Son los jugadores que están on fire, lo que traducido al idioma común del fanático del beisbol caribe quiere decir: encendidos.

Pues bien, es oficial: Alexis Correia y un tal Marcos Carrillo están on fire. Me atrevería a más: diría que el magnífico equipo que integran los Correias y Carrillos de Venezuela están descosiendo la liga, como se dice de los equipos imbatibles, frente a los cuales el resto de los equipos lucen como equipos de segunda categoría.

Paso a explicarles: Alexis Correia, crítico de cine, publica hoy viernes 13 de febrero en el diario El Nacional una nota intitulada Todo se arruinó por decir "sí" a todo. Exacto: tal y como el lector ya lo imagina, Correia nos reservó para hoy, justo para hoy, sus comentarios sobre Sí, señor (Yes man) el film de Peyton Reed, protagonizado por Jim Carrey, que se estrenó en Venezuela el pasado 23 de enero, hace exactamente 22 días.

Según explica el mismo Correia en la primera línea de su nota, no se trata de una casualidad: "La casualidad no existe, y justo en estas atípicas primeras semanas de 2009 - cuando el suplicio del toque de diana de madrugada se escuchará antes del Carnaval - se exhibe en Venezuela una película de Jim Carrey titulada Sí, señor. Muestra una batalla entre el 'sí' y el 'no'. Un señor que trabaja como aburrido oficinista de banco, llamado Carl Allen, le dice 'no' a todo. Su primer parlamento no puede ser más contundente: '¡No significa no!', pues".

Es que puedo imaginarme al ingenioso Correia entregado a las delicias del diálogo interior:

- Ya sé, ya sé: justo el viernes 13 de febrero, dos días antes del referéndum, publicaré mi crítica sobre esta película. Escribiré: «Mira tú, chico, pero qué casualidad tan afortunada ésta, que justo por estos días llegue a las carteleras venezolanas una película de un hombre que termina mal por decir sí». Pero no sé. ¿Apelar a ese recurso de la casualidad no es demasiado predecible, no sonará a vulgar estratagema? (Nota: recordar que Correia es muy ingenioso, y hasta cuando dialoga consigo mismo pronuncia palabras como "estratagema". Fin de la nota). No vale, mejor lo de la casualidad no. Ya sé, ya sé: me lanzo de frente: «La casualidad no existe...». Y por ahí me voy. Ufffff, con una entrada tan vigorosa el trabajo está casi hecho. De allí en adelante, con dos o tres inteligentes y perspicaces insinuaciones sobre la curiosa y al mismo tiempo extrema semejanza con la realidad venezolana, ufffff, le aniquilo el cerebro a más de uno. Seguro se quedarán pensando: «Es verdad, mejor votar no. Porque no es bueno decir no a todo, pero tampoco es conveniente decir siempre sí». Ufffff, esa es una frase que no puede faltar. Es más, voy a sugerir que ese es el mensaje de la película. Ufffff, lo tengo casi todo escrito ya en la cabeza. Falta el título: «Una película que nos enseña cómo votar...» no... «Cómo elegir...» tampoco. A ver, a ver, piensa, piensa: ¿qué pasaría si triunfa el sí? Este país se iría a la ruina... ajá... por ahí va la cosa... la ruina... la ruina. ¿Acaso no es esa una de las líneas que pronuncia Jim Carrey en la película? ¡Claro! Y yo que pensé que era pura creación mía. Pero no importa, encaja a la perfección: «Todo se arruinó...».

Y sólo así pudo venir al mundo un título tan genial y sugerente.

Sigo con la nota de Correia: "Curiosamente, Carl asiste a la conferencia de una secta extremista que apoya el 'sí' a todo". Ufffff, idéntico. "Los que asisten llevan bolsos de color rojo con la palabra 'sí'. Los asistentes siguen ciegamente y aplauden como focas a un líder mesiánico que proclama: '¡Digan sí un millón de veces! ¡Con el sí uno se sumerge en la energía de la vida!'". Ufffff, cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia. "Ante este auditorio, los que pronuncian la palabra 'no' reciben una cayapa de abucheos y no se les permite siquiera el derecho a argumentar en defensa propia". Ufffff, exactamente igual a lo que sucede en Venezuela. Sigue Correia: "Sin embargo, el 'sí' lleva a Carl a nuevos extremos de infelicidad y al final concluye compungido: 'Todo se arruinó por decir sí'". Uffff y más ufffff. En el penúltimo párrafo nos conmueve con el mensaje: "No es bueno decir 'no' a todo, pero tampoco es conveniente decir siempre 'sí'". Uffff, ese hombre está on fire. Y un cierre de leyenda, que, ¿deliberadamente?, no guarda absolutamente ninguna relación con el film: "Afortunadamente, a pesar de todo lo que se ve cuando uno sale a la calle este febrero, la mayoría silenciosa también sabe que, pase lo que pase en los próximos días, la pequeña vida oculta y cotidiana seguirá al lunes siguiente, sin espacio para los discursos de aniquilación". Uffff, señores, a-ni-qui-la-ción.

El otro caso, el del tal Marcos Carrillo, es muchísimo menos elocuente e infinitamente más predecible, si acaso algo así es posible. En los tres escasísimos párrafos del artículo que publica, también hoy, El Universal, Carrillo ensaya setenta y cuatro formas de decirle mentiroso a Chávez: "Después de 16 años de decadencia personal se ha terminado de develar su verdadera naturaleza. El llanerito de apariencia sincera de aquellos tiempos ha demostrado ser un irrefrenable mentiroso. Siempre lo fue, pero ahora lo hace sin pudor alguno". Otra: "Pero el giro de las últimas semanas, da cuenta de otro perfil aún más decadente. Ya no se trata de maquillar cifras abstractas, de ocultar jugadas sucias o decretar por interpuesta persona que todo está perfectamente normal. El mismo ha asumido el protagonismo de la mentira". El cierre: "Ya no hay manera de evadir las responsabilidades o de disimular el absoluto desprecio por los ciudadanos, inherente a una persona cuyo bautizo político fue un golpe de Estado. La mentira le ha quitado el último velo de su grotesca danza".

¿Y entonces? Es verdad, todo apunta a que Marcos Carrillo no califica entre los que están on fire. Pero no vayan tan rápido, no juzguen tan apresuradamente. ¿A que no adivinan cómo intitula Carrillo su artículo?

Piensa. Es otro film protagonizado por Jim Carrey.

Piensa un poco más.

¡Ese mismo! ¡El pana sentado por allá se ha llevado el premio! Sí cámaras: Mentiroso, mentiroso. Tal cual el film Mentiroso mentiroso (Liar Liar), dirigido por Tom Shadyac y estrenada en 1997.

Bendito el país donde el ingenio de su "clase pensante" sea equivalente a todo el ingenio contenido en un blockbuster dominical gringo protagonizado por Jim Carrey.

Como diría Correia: ¡No significa no!

Mi señora madre le respondería: «Sí, claro, yo te aviso».

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