25 de septiembre de 2009

Otro problema de salud pública

(En el sexto artículo en Ciudad CCS, publicado ayer jueves 24 de septiembre, abordo un tema que ya he tratado aquí: la medicalización de la política. Ésta no se trata simplemente del uso figurativo de la jerga médica en el análisis político. Es una expresión de aquella lógica de pensamiento que comienza por discriminar entre individuos sanos y enfermos - buenos y malos, civilizados y bárbaros, bellos y horribles, etc. - como precondición del análisis político.

Es la lógica que sustenta el discurso excluyente y maniqueo de la oposición venezolana: "Yo vine porque quise, a mí no me pagaron" versus tarifados; gente de bien, racional, inteligente versus malvivientes, irracionales e ignorantes; gente que trabaja versus gente floja y pedigüeña; gente que se mata trabajando para vivir bien versus gente que mata para vivir bien. Etcétera, etcétera, etcétera.

Incluso, es sustentado en esta lógica que el discurso opositor académico vulgariza, estigmatiza y condena no sólo el saber popular, sino en general la riquísima tradición de saberes que nos ayudan a comprender cómo es que, efectivamente, la sociedad capitalista está cruzada por fuertes tensiones y contradicciones entre poseedores y explotados.

Según está lógica, la "sociedad civil" es civilizada, buena, bella y democrática, puesto que todos esos valores están en su esencia. El "pueblo" es todo lo contrario: esencialmente bárbaro, horrible, malo y "socialista". La "sociedad civil" pregona la igualdad formal. El "pueblo" está compuesto de "igualados", según una expresión que hemos heredado de la Colonia. De allí que, en el terreno político, las contradicciones se expresen no sólo bajo la forma de poseedores contra explotados, incluidos contra marginados, sino también como la sociedad civil contra el pueblo, lo elitesco contra lo popular.

Por eso, todo discurso que, desde el campo revolucionario y popular, reproduzca la lógica excluyente - sanos y enfermos - y moralina - buenos y malos - de la oposición venezolana, es profundamente conservador).

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El niño enfermo. Arturo Michelena. 1896.
Vamos, camarada, que usted puede: Venezuela no es una niña enferma.

Un reportaje publicado el domingo 20 de septiembre en El Nacional, intitulado El duelo tiene rostro de mujer, ilustra la línea editorial de la prensa antichavista en torno a la cuestión de la seguridad ciudadana. En resumen, todos los caminos argumentativos conducen a la misma conclusión: "La inseguridad se ha convertido en un problema de salud pública".

Portada de El Nacional, del domingo 20 de septiembre de 2009. En el antetítulo de la nota principal, se lee: "La inseguridad se ha convertido en un problema de salud pública".

El reportaje se centra en "las secuelas destructivas que deja la inseguridad", en el padecimiento de las "víctimas secundarias" de la violencia, en su gran mayoría mujeres. Recoge la opinión de académicos y expertos, de organizaciones de derechos humanos e incluso cita fuentes oficiales: "más de 80% de los caídos por homicidios es de sexo masculino y tiene entre 15 y 45 años de edad según la última estadística del Ministerio de Salud. Son de origen humilde". Casi al final, deja deslizar la lapidaria sentencia de una madre que ha perdido a su hijo: "El Presidente no tiene corazón para las madres que levantan a sus hijos con sacrificio y que los pierden como yo".

Hay que decirlo fuerte y claro: sólo un idiota sería capaz de negar los estragos que produce la violencia delincuencial. Sólo desde la vileza puede alguien disimular la gravedad del problema. Sólo un desalmado permanecería impávido ante el llanto de una madre que llora la pérdida de su hijo.

Sin embargo, el problema de la línea editorial de la prensa antichavista es que supone lo que hay que explicar. No basta con afirmar que la inmensa mayoría de las víctimas de homicidio "son de origen humilde". Lo que permanece oculto detrás del eufemismo es la exclusión social, las condiciones materiales que le hacen posible. Concluir que la inseguridad es un problema de salud pública no sólo niega la naturaleza del problema, que no es otra que política; dicho enfoque es, en sí mismo, una toma de postura política cuyo principal efecto de poder es, precisamente, invisibilizar el tema de la exclusión.

Vale acotar también: sólo un fanático sería incapaz de reconocer la deuda gubernamental en materia de seguridad ciudadana. Está visto que el problema no se resuelve automáticamente reduciendo los índices de pobreza – por demás, una adaptación bastante peculiar de la neoliberal teoría del derrame, si es que tal cosa existe.

Por último, va esta hipótesis en forma de provocación: la contraparte de este enfoque según el cual la inseguridad es un problema de salud pública, es aquel otro que se ha vuelto casi incontestable: los medios antichavistas son un problema de salud pública. Consigna de impronta conservadora donde las haya, y que apenas alcanza a suponer lo que se supone deberíamos explicar.

5 comentarios:

  1. Gran parte de esa antonomia sanos vs enfermos, civilización vs barbarie, es herencia de la filosofía positivisma que fue mal entendida y mal aplicada por las "cultas oligarquías" de estas tierras....

    Fijate qué diferentes somos, pero cómo se repiten patrones: en sep de 1955, cuando los bárbaros de Perón caen frente a los civilizados militares (que pese a su civilidad bombardearon la ciudad y fusilaron con saña), sus seguidores salieron a manifestarse con la consigna "no nos pagan por venir".... Años después, en los cacerolazos conservadores esa frase sigue sonando.

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  2. Esta bueno el comentario y dices en un párrafo algo así como que cualquier discurso de "buenos y malos" desde el chavismo es profundamente conservador. Pues el discurso conservador es lo único que se escucha tanto en los medios opositores como en los oficiales.

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  3. Verbo:
    Muy ilustrativo el dato histórico.

    Rodrigo:
    No comparto esa apreciación. En los medios opositores existe heterogeneidad de estilos, pero la lógica es siempre la misma. En los públicos coexisten lógicas y estilos bastante diversos. De hecho, es desde ese lugar que planteo que no podemos replicar la lógica opositora.

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  4. Buen artículo sobre temas de salud pública, que pueden (y quizás deben) complementarse con otros. Es difícil ser críticos sin hacer el juego al enemigo, pero es más difícil dejar de ser críticos y ver como las cosas se deforman por su propio peso, eso nos duele demasiado a los que acompañamos el proceso y creemos que hay esperanzas. Yo no puedo decir que estoy dentro de la carreta, soy sólo de los que la empujan tratando de que vaya por el camino correcto, no formo parte del aparato gubernamental ni de la burocracia oficial, pero con tantos que quieren ser conductores, cada quien halando para un lado o para otro movidos por diversos intereses, la labor de los empujadores, que no buscan más nada que sólo empujar, es a veces frustrante.
    Aprovecha ampliamente tu BLOG como medio de difusión de ideas, lo lee más gente de lo que piensas, incluso gente de otros países.
    Saludos cordiales,
    RL

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  5. Yo he dicho y discutido en otros espacios que (y hablando de situaciones en Argentina) si uno se mira demasiado en el "espejo de la oposición" termina convirtiéndose en su "imagen invertida". es un gran riesgo.
    Comparto tu punto de vista e inteligente análisis. La criticidad hay que buscarla en las brechas, en lo no dicho, en los márgenes... etc., con independencia de criterio y no como respuesta "en bloque" a la agresión.
    Saludos.

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