3 de junio de 2010

La negativa de David Segarra

Gaza: entrada prohibida. Caricatura de Eneko, del 2 de junio de 2010.

A propósito de la masacre cometida por el Estado israelí contra los activistas que llevaban alimentos y medicinas a Palestina, Giorgio Agamben escribió una brevísima nota para el diario italiano Il Manifesto: "Mucha gente recuerda los versos de la poesía «Fuga de muerte», en la que Paul Celan evocaba en 1952 el exterminio de los judíos: «La muerte es un maestro de Alemania / te alcanza con bala de plomo y te alcanza certero». Es triste para quien, como yo, está ligado a la cultura judía, tener que decir que hoy «La muerte es un maestro de Israel». Más triste si cabe, porque los soldados que atacaron los barcos de los pacifistas no sólo actuaron como piratas en aguas internacionales, sino porque sobre todo actuaron como guardianes de ese campo de concentración que Israel ha hecho de Palestina".

Si es cierto, como ya había planteado el mismo Agamben en su libro Homo Sacer, que "el campo de concentración y no la ciudad es hoy el paradigma biopolítico de Occidente", acaso le corresponda a Palestina el dudoso honor de ilustrarnos hoy cómo el Occidente es inconcebible sin producción constante de "nuda vida", de esa vida "a quien cualquier puede dar muerte" de manera impune.

De allí tal vez la inusual brevedad de la nota de Agamben, porque es preciso evitar los rodeos: decir Palestina es decir impunidad. Impunidad genocida del Estado de Israel, alentada por lo que el periodista Robert Fisk calificó como "la cobardía de los políticos". En Venezuela, auspiciada por el atroz silencio de los que usualmente reclaman los buenos oficios de la Corte Penal Internacional o de los cascos azules de Naciones Unidas. Después de todo, "cualquier lugar de Venezuela es como la Franja de Gaza", escribe un connotado historiador antichavista, como si la ocasión fuera propicia para analogías brutales, como si la muerte fuera motivo de celebración.

"¿Cómo llegamos a este punto?", se interroga Robert Fisk. "Tal vez porque nos acostumbramos a ver a los israelíes matar árabes; tal vez los israelíes se acostumbraron a matar árabes". Por eso mismo, la negativa de David Segarra, según el angustiado relato de su madre, Cristina Soler, de firmar su acta de deportación si tal gesto implicaba el reconocimiento de haber ingresado de manera ilegal a Israel, es un gesto en primer lugar humano. Puesto que lo que está en juego, antes que nada, no es tanto el carácter humanitario de la flotilla de la que David formaba parte, sino la humanidad misma del pueblo palestino, puesta en entredicho, una y otra vez, por un Estado agresor, invasor, asesino.

Gesto que desde aquí te agradecemos, David, cámara.

3 comentarios:

  1. Eduardo del Castillo V.3 de junio de 2010, 12:18

    Es cierto: la cultura prevaleciente en muchos lugares del mundo lleva a acostumbrarse a que se mate a los demás y que ello quede en la impunidad. Podemos pensar que ello está lejos de nosotros, pero eso no nos quieta responsabilidad.

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  2. Un gesto humano... un gesto de valentía, que ciertamente se agradece en estos tiempos de cobardía.
    Por fortuna ya a salvo.
    Un abrazo.

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  3. Yo entiendo lo que puede sufrir una madre, pero lo que no me cabe en la cabeza es por que el consul de España en Tel Aviv los conmina a firmar una declaracion falsa. Lo amigos deberian decirle: No, viejo, no firme, estamos contigo.

    Me hizo recordar un pedazo de la pelicula la estrategia del caracol. Cuando le preguntaban al hombre, al final de la pelicula, para que servia la dignidad. Y el señor humilde, un poco confundido por quien recibe una pregunta cuya respuesta es tan obvia, responde: pues por que va a ser, por la dignidad... (espero la memoria no me haya fallado).

    Con respecto a la comparacion de los venezolanos, ya sabemos por que los escualidos de orilla (esos que se autodenominan ni-ni) han perdido toda perspectiva de la realidad. Tu los haz visto :) Mas que ofendernos a nosotros la exageracion, ofende la banalizacion al pueblo Palestino.

    SALUD

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