4 de abril de 2012

A ustedes, que hacen la diferencia

Por razones que no vienen al caso, durante los últimos días he tenido la oportunidad de escuchar los relatos de varios trabajadores y trabajadoras de distintos lugares del país, involucrados directamente en la organización de unos cuantos de los más de trescientos puntos de distribución de la Feria Socialista del Pescado, que inició el 15 de marzo pasado y concluyó este miércoles 4 de abril, con éxito indiscutible. 

Sin mayores aspavientos, sin animosidad alguna, sin adoptar tono lastimero o actitud autocompasiva, me contaron de la montaña de dificultades que tienen que sortear cotidianamente para llevar a buen término sus respectivas tareas. Algunos obstáculos de rutina, trámites burocráticos insalvables, ninguna sorpresa. Pero no me refiero a estos. Me refiero a aquellos problemas que trascienden los límites de la simple y pura "gestión", y se adentran en ese territorio virgen donde lo que hay es política pura y dura, eso que tanto enunciamos como política revolucionaria, transformadora, pero a veces, y a muchos, nos cuesta verla expresada en la práctica.

Más allá de la vileza de los tramposos, de quienes optan por inflar las cifras y crear "potes de humo", de quienes siempre están pendientes de obtener una tajada o de procurarse el beneficio personal a costa del trabajo ajeno; más allá de quienes se pretenden impolutos y se desgañitan contra la "burocracia", pero jamás han barrido un piso; más allá de las miserias, hay un contingente de trabajadores y trabajadoras honestos, consecuentes, en quienes descansa casi todo el peso de la gestión de gobierno, esa que se realiza con conocimiento de causa y no simplemente con voluntad, y que se ejecuta gozosamente, y de manera expresa, con la intención de servir (en el mejor de los sentidos) a nuestro pueblo excluido, humillado y explotado desde que existe como pueblo.

Pero cuando se trabaja de esta forma, es decir, cuando se asume que no hay gestión sin política transformadora, cuando se entiende que nosotros no vinimos a gestionar las instituciones del Estado, sino a hacer una revolución, hay que vérselas mil y otras mil veces con quienes no lo han entendido ni lo harán jamás.

Sucede, por citar un par de ejemplos, que hay que batirse contra las mafias del pescado y contra los funcionarios aliados con las mafias; lidiar con gobernadores que organizan ferias paralelas y a precios de mercado, y que sólo se aparecen para tomarse la foto; con alcaldes que hacen acto de presencia y, delante de todos, pretenden que se le dé trato preferencial a su séquito.

Pero al preguntarles si éstas (y muchas otras) son circunstancias que se reportan o se discuten o se evalúan en alguna instancia, me respondieron negativamente. Me preocupó esta suerte de cultura de silencio abnegado que puede rayar en el voluntarismo, lo que es grave, porque éste casi siempre da paso al abatimiento, a la impotencia, cuando las circunstancias adversas pueden más.

Y ésta, nuestra gente trabajadora y honesta, esa que hace la diferencia, es un bien muy preciado que tenemos que cuidar. Alentar. Acompañar. Por eso me propuse escribirles algunas líneas, para expresarles mi admiración, sí, pero fundamentalmente para recordarles que en una revolución, hacer escuchar nuestra voz es una obligación, no una opción. Con inteligencia, por supuesto. Pero hay que hacerlo.

5 comentarios:

  1. Nada mas ejemplarizante, cuando trabajas y aprendes del mismo trabajo, es posible que en algunos sitios no fue tan rimbonbante pero la energia potencial que dejo este aprendizaje valio mas que todos los años de trabajo en el conocimiento de la comercializacion del pescado,el exito estuvo en el cansancio que te da satisfaccion y ver las caras de todas aquellas personas que crein que era imposible......

    ResponderEliminar
  2. "Pero al preguntarles si éstas (y muchas otras) son circunstancias que se reportan o se discuten o se evalúan en alguna instancia, me respondieron negativamente" <---- ¿Y el Partido? ¿Y el GPP? ¿Para qué quedaron entonces? Ah claro, para las elecciones :-(

    ResponderEliminar
  3. Es verdad, nosotros hacemos la diferencia y lo felicito. ¡Ud.comiò o comera pescado en alguno de esos ¿puntos de distribuciòn de la feria socialista del pescado? ahora por su artìculo me desayuno que eso existiò, pero Yo, y muchisimos màs, si queriamos un pedacito de rayado, teniamos que pagarlo a 85 BS. EL KILO. Nuestra alcaldesa de Altagracia de Orituco, ni siquiera se ocupa de un Mercal. ¡mucho menos de traer una bendiciòn dde esas que menciona, y el GPP y ¿cual partido? se preparan pero `pà y que repetir.

    ResponderEliminar
  4. Muy buena reflexión y preocupante conclusión. Eso refleja que estamos crudos todavía en esto del ejercicio del poder. Siguen funcionado las estructuras de siempre, la institución, el partido... El abatimiento y la impotencia, producto de esa impunidad que todos los días nos cachetea, lleva a la deserción de la lucha contra la injusticia y la explotación. La desesperanza de los sin voz puede que lleve a eso: a no luchar por hacerse oir.

    ResponderEliminar
  5. Reinaldo, el último párrafo de este post es lapidario: "...en una revolución, hacer escuchar nuestra voz es una obligación, no una opción. Con inteligencia, por supuesto. Pero hay que hacerlo."

    Por razones que tampoco vienen al caso, también pude observar muy de cerca ese trabajo abnegado, serio, con coraje, con profesionalismo, de muchos funcionarios (sí, escribí bien: funcionarios) de instituciones diversas del estado, y al pueblo revolucionario organizado, chocando de frente con vicios e intereses de otros funcionarios y mafias.

    No vale la pena repetir cuáles son esos vicios aquí, ya tú lo hiciste brevemente en el post. Lo que es frustrante es la capacidad de auto complacencia operativa y pragmática de muchos funcionarios de medio y alto nivel, que se conforman con que las ferias les salgan más o menos bien, independientemente de si les salieron bien porque más abajo se cuadraron negocios con las mafias de caveros y algunos funcionarios avispados aprovecharon para llenarse los bolsillos, a costa de las Ferias del Pescado.

    Propuesta de corolario:
    Estamos en año electoral, compañero. Déjese de vainas revolucionarias. Después hablamos de eso.
    Mientras tanto, los pescadores descalzos, pelando bolas, engañados, porque no pudieron vender ni una sardinita en las ferias. Con una gran y justa arrechera contra el organismo que organizó las ferias y contra su cabeza más visible.

    De ningún modo se pretende descalificar las ferias. Por el contrario, nos adherimos al homenaje que haces en tu post a esa gente trabajadora y honesta, esa que hace la diferencia.

    Pero si es un bien al que hay que cuidar y alentar, empecemos por pararle bolas, por escucharlos.

    No quiero pensar que nos conformamos con que las vainas salgan más o menos bien, así con pragmatismo. Sin querer ver que hay en el fondo.

    ResponderEliminar