10 de noviembre de 2010

Diez años

Mi bella guairista

Sandra Mikele, que ya rezuma por los poros eso que llaman preadolescencia, de vez en cuando se permite abrirle un paréntesis a su dulzura habitual, para largarse respuestas que te dejan mal parado, confuso, sin saber qué hacer. Paréntesis que siempre, no puede ser casual, están relacionados con los momentos en que debe ir a bañarse, peinarse el cabello, cambiarse el uniforme escolar o acostarse a dormir.

Bien sea por debilidad de carácter, o porque nunca he creído que el carácter de una hija se forja por imposición, casi siempre respondo con una sonrisa. Una sonrisa que no suele estar a su alcance. Una sonrisa interior, que no aparece en mi rostro. Supongo que me conmueve verla librar esas batallas inútiles contra el baño. Supongo que me conforta verla inconforme, a veces rabiosa, contra el sueño. Entonces le hablo y me escucha. Quizá resignada o poco convencida, pero siempre accede. Lo disimula, pero no tanto como para que sea imperceptible: tras cada derrota, se sabe vencedora. Su papá le habla, ella replica. Conversan, negocian. Nada como que papá se siente a tu lado y te hable. Nada como una buena conversación, por más trivial que sea el asunto.

Naturalmente, a veces pierdo la paciencia y no hay pero que valga. No tanto porque Sandra Mikele incurra en una falta inaceptable. Simplemente a veces el ánimo no ayuda, el agotamiento físico o mental me consume o me abate alguna forma de tristeza. No lo digo con orgullo, sino con vergüenza. Hay días en que es imposible, así sea sólo de a ratos, evitar ser una mala copia de uno mismo. Un impostor, una suerte de farsante.

El domingo pasado Sandra Mikele le respondió a la mamá con una de las suyas: "Te quedarás esperando que arregle mi cuarto, porque no pienso hacerlo nunca". Lo que hubiera podido traducirse en una sonora carcajada que distendiera los ánimos, se transformó en silencio sepulcral. Nada de gritos y portazos, nada de dramas. Silencio puro y duro. ¿La razón? Aquel día los Tiburones de La Guaira acababan de perder su octavo juego en fila, contra los Cardenales de Lara, hundiéndose aún más en el frío sótano. Qué pesadilla de arranque de temporada. Qué tristeza.

Ya de noche, senté a Sandra Mikele y le pedí que me escuchara. Le hablé en tono severo, pero con franqueza. "No quiero escucharte más nunca responderle de esa forma a tu mamá", le advertí. Luego, en tono mucho más afable y persuasivo, le imploré compresión: "Entre octubre y diciembre de cada año, son meses de mucha tensión. Tú lo sabes, ya lo has vivido: te ha tocado disfrutarlo y padecerlo. Cada juego que gana La Guaira es una fiesta. También pierde, y es normal, ningún equipo puede ganar todos los juegos. Pero cuando La Guaira juega mal, eso sí me molesta. Más que molestarme, me entristece. En estos momentos, La Guaira está jugando muy mal. Lleva ocho derrotas seguidas y la verdad, mi amor, estoy triste, muy triste. Te agradezco, sobre todo en estas circunstancias, que te abstengas de hacer ese tipo de comentarios".

Sandra Mikele no podía parar de reír. Al verme tan derrotado, contra el suelo, reírse era su manera de transmitirme un poquito de victoria, un poquito de consuelo. Supongo que le conmovía verme librar esa batalla inútil contra la tristeza. Supongo que le confortaba verme como un niño que, rabioso, le confesaba sus penas. "No es para tanto papá". "Sí es para tanto". De pronto ya no pude evitar reírme con ella.

Mi niña, mi adorada Sandra Mikele, ya está dejando de ser una niña: hoy cumple sus primeros diez años. Que no son nada en comparación con todos los años que han pasado desde la última vez que La Guaira se tituló campeón. Pero diez años que son los más hermosos que me ha dado la vida. Estando a su lado, después de todo, cualquier tristeza se desvanece.

Al día de hoy, La Guaira ya acumula nueve derrotas en fila. Si rompe la mala racha, celebraré doble. Si pierde por décima vez, mañana amaneceré triste, sin duda. Triste por mi equipo. Pero infinitamente feliz, al lado de mi Sandra Mikele y sus diez años.

11 comentarios:

  1. Tampoco es que aquellos que le ligamos al Cardenales más por nacer en San Félix que en Carora, o por llegar más hacia el final que hacia el principio de los setentas, la estemos pasando tan de pinga. Nada más le ganamos a los Tiburones.

    Eso sí, dos cosas te aseguro: la primera, a los padres que hablan de (y le hablan a) sus hijos como lo haces tú, nadie los deja en el terreno.

    La segunda: mi hija, que apenas va a llegar a los dos años, ya tiene un uniforme del Magallanes y ha aprendido a corear "leo, leo, leo", pero algo adentro me dice que será una alegre fanática de La Guaira: Fiel y dulce y fiestera, pero con paciencia y mucho carácter.

    Un abrazote mi pana. Que dios y quien pueda te bendiga a tu Sandra Mikele.

    ResponderEliminar
  2. Primo, francamente me preguntaba ¿cómo no caer en lugares comunes cuando se trata de alguno de estos carajitos? ¿cómo narrar cualquier evento con ellos, que para cualquiera es genérico, y por los que casi todos hemos pasado? Y volver lo escrito en algo único. Porque una cosa es que tú sepas muy bien que esa niña y sus vainas son únicas, cosa que además me consta, y otra es poder contárnoslo con total y conmovedora originalidad. Diez años, se dice fácil. 3650 amaneceres. Como yo no soy, ni de cerca, el gran escritor que tú sí eres, no me queda más remedio que robarte la frase: "Estando a su lado, después de todo, cualquier tristeza se desvanece". Este es tu blog, así que la felicitación aquí va pa' ti: son diez años de Padre, mi pana. Ya a Sandra Mikele le voy a escribir en el suyo propio. Te aseguro que estamos haciendo mil peripecias para irnos pa' Caracas el viernes en la tarde.
    Allá nos vemos. Un abrazo.
    JMBR

    ResponderEliminar
  3. Leo:
    Abrazo hermanito. Gracias por tus palabras. Que dios y quien pueda bendiga a tu Carlota.

    Jesús Miguel:
    Gracias primo. Hoy mi paternidad la celebro doble. Coño, y ojalá la celebremos juntos este sábado. Abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Después de conocerte a ti y a toda tu familia, no puedo decirte que me llama la atención lo que has escrito.
    Sandra Mikele es el sol que los ilumina todas las mañanas, y tu eres el padre ideal para ella. Es tan inteligente, tan bonita,
    sensible, que realmente te tiene loco!!
    Eso es lo que ha logrado en ti esta niña, retiene su imagen y guarda sus palabras que te sorprenden día a día, es el tesoro más grande que les dió la vida.
    FELIZ CUMPLE SANDRA MIKELE!!
    Tienes unos padres adorables!!
    Lía/Argentina (Reinaldo si me recuerdas explicale quien soy) Gracias y Besos

    ResponderEliminar
  5. Lía querida:
    ¿Cómo no acordarme de vos? Sandra Mikele también te recuerda con mucho cariño.
    Gracias por compartir esas palabras.
    Besos y saludos a Diana y a toda tu bella familia.

    ResponderEliminar
  6. Epa Leo, también ganaron los Cardenales. Aquí en casa, es nuestro segundo equipo (el primero de mi esposa, pero esa sí que es feliz todo el tiempo: no sabe ni quién es Robert Pérez).

    ResponderEliminar
  7. Feliz cumpleaños para Sandra (más que adolescente, parece una escorpiana). Y felicitaciones por este post... se los dice otro escorpiano (hoy justo es mi cumpleañero) y que, además, es hincha de Racing y los acompaña en ese sentimiento.

    ResponderEliminar
  8. Reinaldo un abrazo hermano.

    ResponderEliminar
  9. Carlos:
    Tú sabes bien de que hablo, el mío. Un abrazo pa ti y un beso pa tu hijita.

    ResponderEliminar