25 de septiembre de 2007

Ávila TV y el periodismo "serio"


¿Si vivimos en el país más feliz del mundo...


... por qué nos piden que hagamos un periodismo "serio"?


Ávila TV: señal juvenil, popular y revolucionaria.

Porque aquí, el único chiste lleva por nombre Óscar Pérez

y su apellido es: oposición fascista venezolana.

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Manifiesto de Ávila TV.

  • Televisora popular: en cuanto al público al que va dirigido, el lenguaje que habla, las historias que cuenta, el protagonismo en pantalla y la estética que maneja.
  • Urbana: recoge los temas, el ritmo, los sonidos y los personajes de la ciudad de Caracas. Lo urbano no visto como lo patrimonial, sino como la cultura, atmósfera e identidades. Privilegia lo urbano popular.
  • Revolucionaria: comprometida con el proceso de cambios que vive el país y otras luchas populares. Apuesta por la transformación social, cultural y política. Respalda movimientos de resistencia y luchas antiimperialistas.
  • Juvenil: se dirige preferentemente a la población de jóvenes de barrios populares y movimientos sociales y culturales de la ciudad.
  • Identitaria: apuesta por audiencias no universales. Interpela sobre todo a identidades colectivas urbanas populares, alternativas, contraculturales.
  • Cultural: recoge y potencia los procesos de creación y transformación culturales. Entiende lo cultural no como la cultura "culta", sino como la cultura de calle, alternativa y popular. Apuesta por la diversidad cultural.
  • Recreativa: recupera el potencial de entretenimiento, goce y disfrute que tiene la TV.
  • Innovadora y experimental en cuanto a discurso audiovisual: abierta a nuevos formatos y narrativas, pero capaz de recuperar y remasterizar los viejos.

12 de septiembre de 2007

¿Qué pasó mi líder?

I.-
Leyendo los dos más recientes artículos de Javier Biardeau (El pensamiento crítico socialista ante el reto de conjurar la deriva cesarista y A la deriva del mito-cesarista: ¿qué hay de nuevo en el socialismo del siglo XXI?) recordé una entrevista que le hiciera a Enrique Dussel para ÁvilaTV, y cuya publicación (de la versión escrita) en este espacio es una de las tareas que tengo pendientes.

A falta de la entrevista, vale comentarles mientras tanto un artículo que publicara el mismo Dussel en el diario mexicano La Jornada, en marzo de este año, en donde ya abordaba el tema que nos concierne: el liderazgo revolucionario.

El referido artículo lleva por título Criterios del liderazgo democrático. Sostiene Dussel que uno de los rasgos de la cultura política de la izquierda latinoamericana es su renuencia a discutir sobre este asunto del liderazgo: "La izquierda necesita del liderazgo, siempre lo ha tenido, pero no le agrada discutir el tema". Más adelante complementa esta misma idea:

"Todo movimiento político necesita participación popular, principios normativos, proyecto hegemónico, organización y liderazgo confiable y eficaz. No hay que temer al líder, pero hay que exigirle cumplir criterios políticos democráticos claros que puedan servir para la crítica constructiva. A esto la izquierda no está habituada: critica todo o acepta todo".

II.-
Aunque a mi amigo Erik del Búfalo no le agrade la palabreja, y aunque tenga sus fundadas razones para asumir tal postura, considero crucial, democráticamente crucial, que recreemos permanentemente las condiciones que hacen posible un "debate" sobre éste y otros asuntos. En esta Venezuela de revolución bolivariana, es el debate, al menos tal y como lo entiendo, el que "saca de sus casillas" a los sujetos sociales, mientras que la charlatanería, la palabrería aparentemente docta (chavista y antichavista), la repetición de consignas, la adulación, la propaganda y hasta el cotilleo ("el más pequeño burgués de todos los fenómenos", según Walter Benjamin) los "encasillan".

"Contra el debate, la polémica", es el grito de guerra de los amigos reunidos en la web surversion.com. Pues bien, yo le apuesto a un debate de combate, que en la práctica equivale a sustraerse a esta lógica de la "clase discutidora" que lo discute todo para que nada cambie. Pero como es imposible que "nada cambie", la "clase discutidora" enfila sus baterías argumentativas para garantizar que el cambio les beneficie exclusivamente. Pero esto de los beneficiarios de la revolución lo abordaré más adelante. Así pues, nos sugiere Dussel ubicarnos en una posición distinta a la que ocupa la falsa y maniquea dialéctica del criticarlo todo o aceptarlo todo. Tanto como aceptarlo todo acríticamente, criticarlo todo constituye una impostura que opera, por ejemplo, criticando todo lo relativo al liderazgo de Chávez, pero reivindicando al mismo tiempo la "verdad que emergió" el 13 de Abril. Esta impostura, digo, supone lo que hay que explicar: que cuando el "gentío", la "multitud indomable", el "bullicio de singularidades irreductibles" emergió el 13 de Abril, lo hizo para restituir a su líder. Tiene que ser mucha la mala conciencia para negar una verdad como ésta.


Sin embargo, es de tal naturaleza eso que algunos llaman el "clima de opinión", que afirmar algo parecido (la gente el 13 de Abril restituyó a su líder) equivale a someterse a toda clase de "encasillamientos", siendo justamente uno de los preferidos, ¡oh casualidad!, que uno lo acepta todo acríticamente. Ciertamente, no será éste el caso de nuestros amigos "polemistas", que al parecer llegan con ganas de sumarse con energía a éste, nuestro debate, discusión o atajaperros, como prefieran llamarlo, a lo interno de las filas revolucionarias. Bienvenida, pues, sea la surversión.com.

III.-
Venía de decir Dussel que "no hay que temer al líder, pero hay que exigirle cumplir criterios políticos democráticos claros que puedan servir para la crítica constructiva". Y por ahí va la cosa, ¿no? Reconocimiento del liderazgo de Chávez no puede ser equivalente a temor de esgrimir la crítica constructiva y necesaria. Cualquier persona con cuatro dedos de frente, y hasta con tres, sabe que "crítica constructiva y necesaria" no es la que hacen Didalco Bolívar o Ramón Martínez. Pero ni Didalco Bolivar ni Ramón Martínez deben utilizarse como chivos expiatorios para luego despachar toda crítica.

Es necesaria, pues, la crítica, en particular la crítica del líder, pero es necesario el líder. "¿Por qué toda revolución o proceso de cambio social tiene siempre un liderazgo construido desde el pueblo?", se pregunta Dussel. Inmediatamente la respuesta:

"Porque los proyectos y principios de todo cambio social y político, que son específicos o universales, hay que aplicarlos a casos concretos, y en esta aplicación puede haber errores. Los encargados de aplicarlos son personas, políticos, biografías concretas, sujetos con cualidades y vicios, humanos, limitados, históricos. Los movimientos sociales, los pueblos, los ciudadanos pueden adherirse a proyectos y principios, pero necesitan discernir sobre personas concretas que llevarán a cabo los principios y proyectos hegemónicos. La persona real, con rostro, honestidad, sentido del humor, prontitud en la decisión, perseverancia, es esencial. Los pueblos no siguen sólo principios, proyectos, sino también personas. Y es correcto en política (como en toda actividad humana)...

"La cuestión de fondo es reflexionar sobre los criterios que juzgan la acción de liderazgo y la colocan dentro de ciertos límites que lo determinen como liderazgo justo, democrático, eficaz, crítico. Si se cumplen estos criterios no habría que temer al liderazgo. Así, los mismos que cumplen el liderazgo tendrían pautas correctivas que les permitirían enmendar errores en el ejercicio del liderazgo. Los líderes no pueden ser infalibles; siempre se equivocan, como todo político. La cuestión estriba en poder corregir los errores coherentemente, cumpliendo con criterios estipulados".

Muy interesante resulta la aplicación de estos criterios para realizar una valoración del liderazgo de Chávez. Siempre según Dussel, estos serían tres, a saber:

1) "toda acción del líder debe cumplir con el proyecto de reproducir y aumentar la calidad de vida de los ciudadanos, en especial los más necesitados";
2) "ejercicio continuo de la democracia"; y
3) "la factibilidad", esto es, "si el liderazgo llega a las metas propuestas es eficaz".

Sobre el segundo criterio, Dussel emplea un ejemplo que vale la pena citar, en tanto que guarda alguna semejanza con la realidad venezolana:

"Si un líder en el Ejecutivo tuviera mayoría absoluta con sus partidarios en la Cámara de Diputados, situación ideal para exigir a sus correligionarios cumplir con sus deberes de representantes, estudiando las leyes y decretándolas, más si el mismo Ejecutivo las promueve y, para ir más rápido, pidiera plenos poderes para suplir la acción del Congreso, habría faltado al criterio de un liderazgo democrático, porque asumiría innecesariamente plenos poderes, debilitando la capacidad discursiva de los diputados. Estos perderían responsabilidad, quedarían inactivos y obedientes a un liderazgo que no se ocupa de acrecentar los hábitos democráticos de sus colaboradores. Es una ocasión perdida para democratizar las estructuras del Estado. Se transformaría así en un liderazgo ambiguo, que puede ser criticado de dictadura (en el sentido de la institución romana), y, por desgracia, dictadura innecesaria, siendo que tiene una mayoría absoluta en la Cámara (pero débil, porque la oposición decidió no participar en las elecciones, y en vez de afirmar a sus correligionarios en la Cámara los debilita con sus plenos poderes). Se trata de un error en el ejercicio del liderazgo".

¿Existe una dictadura en Venezuela? El hecho de que los medios de la derecha lo griten a los cuatro vientos, todos los santos días, en ejercicio pleno de la más absoluta libertad de expresión, es la más clara demostración de que esto no es así. Libertad, dicho sea de paso, que se ejerce con tanta virulencia, que una parte importante del chavismo considera que el gobierno venezolano incurre en lenidad a costa de su legítimo afán democrático. ¿Cometió un error el Presidente Chávez al solicitar poderes para sancionar leyes por vía habilitante? Caramba cámara: no sienta pánico, no mire para los lados, no se ruborice, no se indigne, no tiene por qué sentir que se le viene el mundo encima. Porque de eso se trata la democracia, y más si es revolucionaria: de hacernos estas preguntas, sin temor alguno. Y no espere de este servidor una respuesta que lo tranquilice: revise nuevamente, si lo cree conveniente, los criterios que nos sugiere Dussel, realice su propio análisis y saque sus propias conclusiones.

IV.-
Ejercicio igualmente interesante resulta evaluar la propuesta de Reforma Constitucional a partir de estos tres criterios: ¿las reformas planteadas por el Presidente Chávez están orientadas a reproducir y aumentar la calidad de vida de venezolanos y venezolanas? ¿Prefiguran y garantizan el ejercicio continuo de la democracia? ¿Crean las condiciones para alcanzar las metas que se ha propuesto la revolución bolivariana?

Pongamos por caso el tema espinoso, el preferido de la "clase discutidora" opositora: la reelección "indefinida". Me cuento entre quienes están convencidos de que la distinción entre "reelección indefinida" y "reelección continua" no es puro ejercicio de retórica. Ya sabemos que para la oposición la propuesta presidencial es sinónimo de entronización eterna de Chávez en el gobierno. Si no fuera tan lamentable, esta postura sería simplemente cómica, porque es la evidencia más palpable y reciente de la impotencia opositora frente al liderazgo de Chávez. La reelección sería "indefinida" no por voluntad dictatorial, sino por la "indefinición" e inexistencia del liderazgo opositor.

Lo que habría que discutir es cuán conveniente, e incluso necesario, es la continuación de un Chávez en el gobierno más allá de 2012, y la relación entre ésta y la continuidad y profundización de la revolución bolivariana. Y para despejar cualquier duda, esta pregunta, cámaras, se la formula y se las plantea alguien que no alberga ninguna duda sobre la necesidad de votar por el Sí el venidero diciembre. ¿A partir de qué criterios determinamos que es necesaria la reelección del Presidente Chávez en la contienda electoral de 2012? ¿A partir de qué criterios es posible sostener hoy, 2007, que no será necesaria e imprescindible entonces, e inclusive ahora mismo, la aparición de nuevos liderazgos genuinamente revolucionarios, provenientes de la izquierda del chavismo? Al margen de las eventuales respuestas, son preguntas, insisto, indudablemente pertinentes, de esas preguntas que uno puede hacerse en democracia y sin temor de ningún tipo.

Es cierto que los nuevos liderazgos no surgen de la nada, y que sólo es posible que lo hagan a partir del fragor de la lucha cotidiana. Pero es sólo parcialmente cierto que el carácter "avasallante" de Chávez inhibe esta emergencia. Parafraseando a Erik del Búfalo, el liderazgo, si es verdadero, "no pide permiso a nadie... no espera por la acción, pero la suscita". Mal haríamos si procediéramos, cual opositor desorientado, atribuyéndole al liderazgo de Chávez la razón de todas nuestras carencias (y al escribir esto, estoy pensando en los amigos que militan en los movimientos sociales y populares revolucionarios).

V.-
Tema asociado, pero distinto, es el que versa sobre algunos liderazgos que se fortalecen al amparo del liderazgo de Chávez. En su artículo El pensamiento crítico socialista..., citado al principio, Javier Biardeau se refiere a los "beneficiarios directos de la lealtad incondicional al líder", a partir de la cual "se construye el mito-cesarista incuestionable y la falsificación histórica de que sin su presencia es imposible una revolución socialista".

Es fama que el Presidente Chávez siente profundo desprecio por los aduladores. Y es historia que son los aduladores los primeros en huir del barco cuando se acerca la tempestad, así como los más mordaces críticos cuando hacen filas en el bando contrarrevolucionario. Do you remember Miquilena? Y como habrán de venir inevitablemente, porque se trata de una revolución, nuevas tempestades, eventualmente los veremos huir por la derecha. Literalmente. Lo que esperamos, claro está, es que no sean tantos como para hacer naufragar el barco.

La discusión, el atajaperros, la polémica o el debate necesarios, pasan por hacer visible lo que Jeudiel Martínez llama "régimen de explotación política". Lo que Javier Biardeau enuncia como "deriva cesarista" no responde, tal vez ni siquiera principalmente, a la mera voluntad del liderazgo de Chávez, sino que éste está envuelto en una madeja de relaciones de poder que tiene beneficiarios concretos, y que usufructúan la potencia popular.

Para identificarlos, tal vez sirvan de algo los criterios que nos sugiere Dussel: ¿contribuyen a aumentar la calidad de vida del pueblo venezolano o están muy ocupados en mejorar su propio estilo de vida? ¿Ejercen de manera continua la democracia o hablan de democracia participativa, pero en la práctica actúan como los viejos "representantes" de la voluntad popular? ¿Son eficaces en la acción de gobierno?

Cosas que se pregunta uno.

- ¿Qué paso mi líder?
- Aquí mi pana, intentando hacer una revolución.

11 de septiembre de 2007

11 de septiembre: 34 años después, la guerra contra la democracia continúa

I.-
Haga la prueba: visite Indymedia Bolivia y revise las noticias. Luego algunos artículos de opinión. Diez minutos de su tiempo. Media hora. Cualquier semejanza con la Venezuela de hace, digamos, unos cinco años, no es ninguna casualidad. Hay diferencias, claro está. Las fuerzas conservadoras están permanentemente actualizando y readecuando sus estrategias de lucha. A diferencia del caso venezolano, la Bolivia revolucionaria ha visto impedida su aspiración de llevar a buen término la Asamblea Constituyente. Pero son las semejanzas las que saltan a la vista a cada momento: el discurso racista, las prácticas fascistas, los "paros cívicos", los "comités cívicos", los partidos políticos tradicionales, los empresarios, la línea editorial de los medios privados, y más recientemente el protagonismo de la juventud universitaria, en particular la proveniente de la sucrense Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca.

Ejercicio básico de intuición política: ¿a qué universidad venezolana se parecerá más la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca? ¿A la Universidad Simón Bolívar? ¿A la Universidad Metropolitana? ¿A la Universidad Central de Venezuela de los Stalin? ¿A la Universidad de Los Andes de los Nixon? ¿O a la Universidad Bolivariana de Venezuela?

Segundo ejercicio básico de intuición política: ¿el hecho de que la oposición boliviana esté reunida en una tal "Junta Democrática" le trae algún recuerdo? ¿Le suena "Coordinadora Democrática"? ¿Le suena "paro cívico" en diciembre de 2002?

Ejercicio básico de memoria histórica y política: ¿sabía usted que bajo el nombre de "Coordinadora Democrática" se agruparon las fuerzas opositoras chilenas que prepararon el golpe fascista de Pinochet en Chile, hace exactamente 34 años?

II.-
La asediada Bolivia, la efervescente Venezuela y un Chile que hoy se lanzará de nuevo a las calles: son los tres destinos, las tres trincheras de lucha que ha escogido el periodista John Pilger para la realización de su film La guerra contra la democracia (The war on democracy).

Pilger, de origen australiano, pero residenciado en Inglaterra desde la década de los 60, ha sido corresponsal de guerra en Vietnam, Camboya, Egipto, India, Blangadesh, Biafra, entre otros frentes. Es el autor de más de 55 documentales para la televisión, entre los que destacan sus trabajos sobre la guerra de Vietnam (The quiet mutiny, 1970, que develó el profundo descontento de los militares estadounidenses destacados en el país asiático) y Camboya (Year zero, 1979, en el que retrató el sufrimiento del pueblo camboyano bajo el régimen de Pol Pot). Su film Breaking the Silence: Truth and Lies in the War on Terror (2003), inspiró a Michel Moore para la realización de su Fahrenheit 9/11.

La larga lista de distinciones y reconocimientos a Pilger incluye dos premios al Periodista del Año en Inglaterra (1967, 1979), un Emmy (1991) y un Bafta (1991).

La guerra contra la democracia está en las carteleras de los cines británicos desde mediados de junio de 2007, donde ha tenido buena aceptación de público y crítica. Para finales de septiembre está previsto que llegue a Australia. Mientras se afinan los detalles para su transmisión en Venezuela, usted puede ver el trailer promocional en la excelente web del film. Para información adicional, también puede visitar la página de Pilger.

Les dejo también una traducción de un artículo publicado por Pilger en el diario The Guardian, el pasado 17 de agosto de 2007. Es mi muy modesto homenaje al pueblo chileno, al compañero Allende, a mi fraternal amigo Pablo Navarrete y a su señor padre, Roberto.

III.-
El viejo escuadrón de la muerte “Irán-Contra” está desesperado por desacreditar a Chávez.

John Pilger - http://www.guardian.co.uk/

En América Latina, la democracia y la esperanza han sido revividas por el líder venezolano. Pero las fuerzas aliadas en su contra son formidables.

Entré junto con Roberto Navarrete al Estadio Nacional de Santiago, en Chile. Con el meridional viento invernal deslizándose desde Los Andes, estaba vacío y fantasmal. Poco ha cambiado, dijo: la alambrada, los asientos rotos, el túnel hacia los camerinos desde los cuales resonaban los gritos. Nos detuvimos ante un gran número 28. “Aquí fue donde estuve, mirando el marcador. Aquí estaba cuando me llamaron para ser torturado.”

Miles de los “detenidos y desaparecidos” fueron encarcelados en el estadio luego del golpe de Estado del General Augusto Pinochet, apoyado por Washington, contra la democracia de Salvador Allende, el 11 de Septiembre de 1973. Para la mayoría de la gente de América Latina, los abandonados, la infamia y las lecciones históricas del primer “11 de Septiembre” jamás han sido olvidadas. “Durante los años de Allende, tuvimos la esperanza de que el espíritu humano triunfaría”, dijo Roberto. “Pero en América Latina, quienes creen que han nacido para mandar se comportan con tal brutalidad para defender sus derechos, sus propiedades, su sociedad amenazada, que se aproximan al verdadero fascismo. Gente bien vestida, cuyas casas están repletas de comida, golpean sus ollas en las calles en señal de protesta, como si no tuvieran nada. Eso fue lo que ocurrió en Chile hace 36 años. Eso es lo que vemos en Venezuela hoy. Es como si Chávez fuera Allende. Resulta muy evocador para mí.”

Para la realización de mi film The war on democracy (La guerra contra la democracia), busqué la ayuda de chilenos como Roberto y su familia, y Sara de Witt, quien valientemente regresó conmigo a las cámaras de tortura en Villa Grimaldi, de las cuales logró sobrevivir. Junto con otros latinoamericanos que conocieron tiranías, ellos dan testimonio en torno al patrón y el significado de la propaganda y las mentiras con las que ahora se pretende socavar otro esfuerzo épico por renovar tanto la democracia como la libertad en el continente.

La desinformación que ayudó a destruir a Allende y ocasionó los horrores de Pinochet, funcionó de la misma forma en Nicaragua, donde los sandinistas tuvieron el atrevimiento de implementar modestas reformas populares. En ambos países, la CIA financió a los medios opositores más importantes, aunque no necesitaron molestarse. En Nicaragua, el falso martirio de La Prensa se convirtió en una causa para destacados periodistas liberales de América del Norte, quienes seriamente discutían si un país de 3 millones de campesinos, golpeado por la pobreza, planteaba una “amenaza” para Estados Unidos. Así lo convino Ronald Reagan, quien declaró un estado de emergencia para combatir al monstruo al acecho. En Gran Bretaña, cuyo gobierno de Thatcher brindó un “respaldo absoluto” a la política estadounidense, se aplicó la censura estándar por omisión. Al examinar 500 artículos relacionados con la Nicaragua de inicios de los 80, el historiador Mark Curtis se encontró con una casi total supresión de los logros del gobierno sandinista – “extraordinarios desde cualquier punto de vista” - en favor de la falacia de “la amenaza de los comunistas en el poder”.

Las semejanzas con la campaña en contra el auge fenomenal de los movimientos populares democráticos hoy día son impresionantes. Orientada principalmente hacia Venezuela, especialmente en contra de Chávez, la virulencia de los ataques sugiere que algo muy importante está aconteciendo; y así es. Miles de venezolanos empobrecidos están viendo a un médico por primera vez en sus vidas, sus hijos están siendo atendidos y están tomando agua potable. Nuevas universidades han abierto sus puertas a los pobres, acabando con el privilegio de instituciones excluyentes controladas por la “clase media”, en un país donde el término medio no existe. En el barrio La Línea, Beatriz Balazo me contó que sus niños forman parte de la primera generación de pobres que asiste un día entero a la escuela. “He visto cómo en ellos florece la confianza”, me dijo. Una noche en el barrio La Vega, en una habitación casi vacía y bajo la luz de un bombillo, pude ver a Mavis Méndez, de 94 años, aprender a escribir su nombre por primera vez.

Más de 25 mil consejos comunales han sido instalados en paralelo a la vieja y corrupta burocracia. Muchos de ellos son espectáculos de la más viva democracia de base. Eligen voceros, pero todas las decisiones, las ideas y los gastos tienen que ser aprobados por una asamblea comunitaria. En ciudades controladas durante mucho tiempo por oligarquías y sus medios serviles, esta explosión del poder popular ha comenzando a cambiar vidas de la forma como lo ha descrito Beatriz.

Es esta nueva confianza de la “gente invisible” de Venezuela la que ha enardecido a aquellos que viven en urbanizaciones como el Country Club. Detrás de sus muros y perros guardianes, ellos me recuerdan a la blancos de África del Sur. Los medios del salvaje oeste venezolano, en su gran mayoría, les pertenecen; 80% de las televisoras y casi todas las 118 compañías de periódicos son privados. Muy recientemente una televisora calificó a Chávez, que es mestizo, de “mono”. Las primeras páginas retratan al Presidente como Hitler o como Stalin. Entre los dueños de medios que claman ruidosamente en contra de la censura, están aquellos financiados por la National Endowment for Democracy, una fachada de la CIA. “Nuestras armas fueron los medios de comunicación”, declaró un vicealmirante que fue uno de los cabecillas del golpe de 2002. La estación de televisión RCTV jamás fue procesada por tomar parte en el intento de derrocar al gobierno electo, sólo perdió su licencia de transmisión en el espacio radioeléctrico y continúa transmitiendo a través de satélite y cable.

Aún más, como en Nicaragua, el “trato” dado a RCTV es una célebre causa para aquellos que en Gran Bretaña y Estados Unidos están ofendidos por la auténtica audacia y popularidad de Chávez, al cual difaman como “enloquecido por el poder” y “tirano”. Así es como un auténtico producto del despertar popular es ocultado. Incluso su descripción como un “socialista radical”, usada normalmente de manera peyorativa, omite deliberadamente que se trata de un nacionalista y un demócrata social, una etiqueta que alguna vez muchos en el Partido Laborista británico usaban con orgullo.

En Washington, el viejo escuadrón de la muerte "Irán-Contra", de vuelta al poder bajo el gobierno de Bush, le teme a los lazos económicos que Chávez está construyendo en la región, tanto como al uso de los ingresos petroleros para terminar con la esclavitud del FMI. Que Chávez mantiene una economía neoliberal, descrita por American Banker como “la envidia de la banca mundial”, rara vez se presenta como una crítica válida contra sus limitadas reformas. En estos días, por supuesto, cualquier reforma verdadera es considerada una rareza. Y mientras las elites liberales fracasan, bajo Blair y Bush, en la defensa de sus propias libertades básicas, perciben el concepto de democracia como algo exclusivo del liberalismo, puesto en tela de juicio en un continente sobre el cual Richard Nixon alguna vez dijo: “la gente me importa un carajo”. Sin embargo, por mucho que denigren de Chávez, la arrogancia de las elites les impide aceptar que la semilla de la idea rousseauiana de soberanía popular directa puede haber sido sembrada entre los más pobres, una vez más, y que “la esperanza en el espíritu humano”, de la cual me habló Roberto en el estadio, ha vuelto.

Traducción: Reinaldo Iturriza López (con una pequeña help of my friend Juan Antonio Hernández).

Publicado originalmente el 17 de agosto de 2007 en:
http://www.guardian.co.uk/comment/story/0,,2150484,00.html

26 de agosto de 2007

Sobre la disciplina revolucionaria y el "centralismo democrático realmente existente"

I.-
Corría el año 1992 y aunque oficialmente había llegado el invierno, el clima era realmente insurreccional. Las calles amanecían todos los días con los rastros del combate del día anterior: vidrios, piedras, cartuchos de perdigones (en el mejor de los casos), bombas lacrimógenas, basura quemada. Los trastes apilados de lo que una vez fue una precaria barricada improvisada. Eran los tiempos en los que podíamos jactarnos de que ya no había pared de la ciudad sin una consigna nuestra ni liceo público indiferente a la lucha que nos encargábamos de atizar.

Había acontecido el 4F y el gobierno de Carlos Andrés Pérez parecía no poder sostenerse un día más. El 4F implicó, para nosotros, una pausa en la lucha callejera que librábamos con fuerza desde 1991. Después del "Por ahora", poco tardamos en retomar la calle como lo que éramos: una banda de muchachos y muchachas, la mayoría de los cuales no habíamos cumplido los 20 años, haciendo peso mientras la "democracia" se estremecía y amenazaba con caer.

Las contradicciones se agudizaban. La conspiración estaba en marcha. Maduraban las "condiciones objetivas" para la nueva insurrección cívico-militar. Fue entonces cuando ocurrió: quienes integrábamos la Dirección de la Juventud nos reunimos con un representante del Partido. El asunto a discutir: nuestra participación en la futura contienda.

En realidad, no discutimos nada. El representante del Partido nos regaló parte de su valiosísimo tiempo para ilustrarnos acerca de la "situación política nacional", la "línea" a seguir en consecuencia, luego de lo cual asignaría tareas específicas mediante la conformación de comisiones.

Pero antes de la conformación de las fulanas comisiones, quien esto escribe aprovechó la rara ocasión para preguntarle al representante del Partido:

- Una pregunta compa: ¿y si esta insurrección cívico-militar también fracasa?

El representante del Partido me dirigió una mirada enfurecida, como de maestro de escuela que está a punto de reprender al estudiantico impertinente. Palabras más, palabras menos, me espetó:

- La insurrección cívico-militar no fracasará, porque el Partido tiene 20 años preparando la insurrección.

Como todo acto tiene sus consecuencias, y como uno tiene que aprender a hacerse responsable de sus actos, el representante del Partido completó su reprimenda excluyéndome de toda responsabilidad, manteniéndome al margen de toda comisión. Imagínense el momento: la revolución estaba a punto de acontecer, y un representante del Partido acababa de disponer que yo no tendría ninguna responsabilidad en los hechos heroicos por venir. Por hacer una pregunta impertinente. Quién me manda.

II.-
Tal vez el lector lego no logre captar el significado y el alcance de esta actitud del representante del Partido. Se trata de acallar la voz disidente, o en todo caso de disipar cualquier margen de duda o sospecha, mediante la práctica de la sanción moral. Cuando la "línea política" ya ha sido decidida, cuando el análisis de la situación ya se ha realizado, pero sobre todo cuando uno se para frente al portavoz de esta línea decidida y este análisis realizado, cualquier pregunta, opinión o análisis que vaya en contravía de lo ya decidido y analizado, por insignificante que sea el gesto, debe ser censurado, sometido, acallado.

Los viejos y no tan viejos militantes revolucionarios tienen una deuda con la generación que está iniciándose en la política en estos tiempos de revolución bolivariana: aún no ha sido escrita la historia de estos innumerables, cotidianos y minúsculos actos de sometimiento de la disidencia, de censura de la sana duda, de represión del libre pensamiento, en nombre de la disciplina y el "centralismo democrático".

Actos que por minúsculos tal vez nos parecieron insignificantes en su momento, constituyen la fuente primaria con la que se podría registrar la historia infame del "centralismo democrático realmente existente". Episodios innumerables y frecuentes, en ningún caso excepcionales, que podrían ayudarnos a entender por qué es imposible hacer la revolución si la práctica política del militante "revolucionario" está fundada en el resentimiento, la impotencia, y eso que Spinoza llamaba "pasiones tristes".

III.-
En un fogoso artículo interpretado por algunos, inexplicablemente, como un gesto de claudicación frente a la posibilidad y necesidad del acontecimiento revolucionario, Michel Foucault explicaba las razones de su "cambio de opinión" con respecto a la Revolución Iraní.

El artículo en cuestión, publicado en mayo de 1979, lleva cómo título una pregunta: ¿Es inútil sublevarse? De inmediato, y sin dejar margen a la duda, Foucault se responde:

"Si las sociedades se mantienen y viven, es decir, si los poderes no son en ellas «absolutamente absolutos», es porque, tras todas las acepta­ciones y las coerciones, más allá de las amenazas, de las violencias y de las persuasiones, cabe la posibilidad de ese movimiento en el que la vida ya no se canjea, en el que los poderes no pueden ya nada y en el que, ante las horcas y las ametralladoras, los hombres se sublevan".

El problema para Foucault, otrora entusiasta partidario de la rebelión contra el régimen sanguinario del Sha, es el curso de los acontecimientos una vez que el régimen ha sido derrocado:

"Dos años de censura y de persecución, una clase política orilla­da, partidos prohibidos, grupos revolucionarios diezmados... Ciertamente, no da ninguna vergüenza cambiar de opinión, pero no hay ninguna razón para decir que se cambia cuando se está hoy contra la amputación de manos, tras haber estado ayer contra las torturas de la Savak".

Pero si bien es una farsa la idea de una revolución capaz de acabar para siempre jamás con toda forma de dominación, no por eso habremos de ceder al chantaje de que, por tanto, no vale la pena hacer ninguna revolución:

"Ninguno tiene derecho a decir: «rebélese usted por mí, se trata de la liberación final de todo hombre». Pero no puedo estar de acuerdo con quien dijera: «Es inútil sublevarse, siempre será lo mismo»... Hay sublevación, es un hecho; y mediante ella es como la subjetividad (no la de los grandes hombres, sino la de cualquiera) se introduce en la his­toria y le da su soplo".

Al final de su artículo, Foucault deja sentada su posición frente a aquellos que justifican sus crímenes o los nuevos despotismos (y que les igualan a los viejos criminales y déspotas) en nombre de la revolución:

"... si el estratega es el hom­bre que dice: «qué importa tal muerte, tal grito, tal sublevación con relación a la gran necesidad de conjunto y qué me importa además tal principio general en la situación particular en la que estamos», pues, entonces, me es indiferente que el estratega sea un político, un historiador, un revolucionario, un partidario del sha, del ayatolá; mi moral teórica es inversa. Es «antiestratégica»: ser respetuoso cuando una singularidad se subleva, intransigente desde que el poder transgrede lo universal".

IV.-
Estoy persuadido de que a partir de la contundente victoria electoral de diciembre de 2006, hemos entrado en una nueva fase de la revolución bolivariana. Está claro que no estoy diciendo nada nuevo: todos hemos escuchado al presidente Chávez argumentando cómo es que hemos entrado en una fase que se caracteriza porque las fuerzas revolucionarias han creado las condiciones para pasar a la ofensiva. La oposición, bien es cierto, ha puesto su parte, cediendo terreno progresivamente con cada pésimo movimiento táctico.

De igual forma, estoy convencido de que sería ingenuo e irresponsable subestimar la capacidad de reacción de la oposición interna, y sobre todo la amenaza que constituyen los enemigos externos de proceso revolucionario.

No obstante, tal vez nunca como ahora fue posible darle rienda suelta a un profundo y democrático debate a lo interno de las filas revolucionarias, sobre cómo y por qué construir nuestro socialismo del siglo XXI, con todo lo que este debate implica en términos de herramientas teóricas, instrumentos de organización, formas y estilos de gobierno, relaciones económicas y sociales de producción, cultura, etc. Dicho de otra manera, tal vez nunca la correlación de fuerzas nos fue tan favorable.

Este debate, efectivamente, está iniciando (apenas iniciando), y es demostración fehaciente de esto una suerte de "rumor" o "malestar" que va tomando cuerpo, y que adquiere la forma de una denuncia necesaria e impostergable contra eso que llamamos "derecha endógena" o identificamos como "burocracia". La crítica contra la vieja cultura política "marxista-leninista" también forma parte de este repertorio crítico con el que nos hemos venido armando. Sin embargo, la ausencia (o digamos mejor, la no consolidación, el carácter incipiente) de una cultura política democrática de debate ha hecho resurgir viejos fantasmas. Se trata de lo que Boaventura de Sousa Santos, refiriéndose al caso venezolano, llama "la figura siniestra de los 'enemigos del pueblo'".

Así, se emprende la crítica contra el conservadurismo de boina roja, y el que critica es un vendepatria-lacayo-del-imperialismo-yanki. Se cuestiona la burocracia ineficiente y castradora de la potencia revolucionaria, y el que cuestiona es un infiltrado-de-la-CIA-cuyo-propósito-es-ocultar-los-innegables-logros-del-gobierno-bolivariano. Se critica a la derecha endógena, se denuncian sus corruptelas, su enriquecimiento criminal al amparo y a la sombra de un proceso que es esperanza de los que jamás han tenido nada, y el que critica es, igualmente, un vendepatria-lacayo o un infiltrado o alguien que no tiene corazón o que tiene malas, muy malas intenciones. Se critica a la izquierda conservadora y tradicional, y el que critica le está haciendo un flaco servicio a la revolución y le está haciendo el juego a la derecha endógena y también a la exógena. O bien se cuestionan los excesos implícitos en las denuncias de algunos cámaras, y el resultado es lo que José Roberto Duque ha llamado El efecto Golinger.

Abundan, pues, muchas expresiones de esta "figura siniestra del enemigo del pueblo". Y lamentablemente, las formas que asume esta figura, al contrario de lo que algunos pudieran pensar o afirmar, no son patológicas, sino normales. Una y otra vez las vemos expresadas en los voceros de la burocracia, de la derecha endógena o de la rancia izquierda. Saber identificar, por tanto, estas formas, es una condición indispensable para la conformación de una cultura política democrática y genuinamente revolucionaria.

Como consecuencia de esta ausencia de cultura política para el debate democrático, que ciertamente guarda estrecha relación con el hecho de que durante años nos vimos obligados a asumir una posición de férrea defensa del proceso revolucionario, frente al ataque inclemente, criminal y continuado de la oposición, ésta última, a través de sus voceros por excelencia, los medios privados, se han adueñado de la iniciativa en lo que a denuncias se refiere. El problema, por supuesto, es que la denuncia proveniente de los medios privados es con demasiada frecuencia muy poco veraz, y en la inmensa mayoría de los casos simplemente responde al propósito que les ha sido asignado: funcionar como la artillería en la guerra de baja intensidad que se libra todos los días contra las filas revolucionarias, intentando desmoralizarlas y desmovilizarlas.

El descrédito, la impudicia y la desfachatez de los medios privados es tal, que en las filas revolucionarias, por lo general, ya no se les toma en serio, y esto es una buena señal del grado de conciencia adquirida en el fragor de la lucha. Sin embargo, el bombardero incesante de mentiras y medias verdades produce un efecto de poder que muchas veces pasa desapercibido: la inhibición de la crítica desde las filas revolucionarias.

Así, por ejemplo, en la medida en que Globovisión intenta desesperadamente minimizar u ocultar el liderazgo del presidente Chávez a escala continental, renunciamos a nuestro legítimo derecho de conocer por qué funcionarios de Pdvsa viajaban junto con el tipo del maletín cargado de dólares; hacemos como si no nos importara saber por qué, si es que realmente no estaba de ninguna manera implicado, uno de estos funcionarios se vio forzado a renunciar. Un ejemplo menos reciente es el del Padre Palmar: Globovisión convierte en un espectáculo lamentable y patético el asunto de la carretilla cargada de denuncias (y el Padre ciertamente no ayuda), y hacemos como si ninguna de estas denuncias procediera. Es decir, ni siquiera el beneficio de la duda.

Tengo por regla que todo aquel que, llamándose revolucionario, utilice las cámaras de Globovisión para realizar una crítica al gobierno revolucionario, pierde su condición de interlocutor legítimo de esa misma crítica. Así de sencillo. Pero lo que es muy difícil de tolerar es que Venezolana de Televisión se haya convertido en un espacio eminentemente propagandístico, donde la ausencia de periodismo crítico y de investigación contrasta dramáticamente con la presencia de algunos pocos espacios desde los cuales se hace buen periodismo. Vanessa Davies, en mi criterio muy personal, es quizá la excepción más honrosa.

No basta, por tanto, que el presidente Chávez afirme constantemente que él mismo es el principal crítico del gobierno que preside. Su actitud nada complaciente es, sin duda, una mínima garantía de que los corruptos, los burócratas, los infiltrados y en general las fuerzas conservadoras no pueden actuar a sus anchas. Pero la idea, cámaras, digo yo, es reducirles progresivamente el radio de acción, a riesgo de que esta revolución se nos diluya entre los dedos, después de que tanto y a tantos nos ha costado construirla con estas manos. Y esto sólo será posible a condición, insisto, de que creemos las condiciones para un debate amplio y profundamente democrático a lo interno de las filas revolucionarias, que no ceda al chantaje de los "enemigos del pueblo".

V.-
Tal vez la crítica a lo interno de las filas revolucionarias nos pudiera llegar a parecer "antiestratégica" (en el sentido en que lo planteaba Foucault), en tanto que supuestamente pondría en peligro lo "estratégico": la construcción de la vía venezolana al socialismo. Muy por el contrario, sospecho que la crítica, como la he venido planteando acá, es en sí misma "estratégica", porque no hay forma de construir nada parecido a una sociedad democrática y revolucionaria, si las fuerzas sociales que en ella hacen vida están incapacitadas o imposibilitadas de realizar la crítica de aquello que nos impide avanzar en la construcción de esa misma sociedad.

Es por eso que me cuesta entender y asimilar la decisión del presidente Chávez de crear un Comité Disciplinario transitorio para un partido que, como el Psuv, está en pleno proceso de conformación; un partido que no tiene estatutos, ni siquiera militantes (sino aspirantes), cuya experiencia (extraordinaria, por demás) se limita a la realización de tres o cuatro asambleas de batallones, pero que desde ya carga a cuestas el peso de este Comité Disciplinario presidido por Diosdado Cabello.

¿Por qué un Comité Disciplinario transitorio? Sobre el asunto, sólo disponemos del testimonio del presidente Chávez del pasado 25 de agosto, cuando justificó su creación en razón de luchas intestinas y de fracciones que estarían aconteciendo entre ¿dirigentes? o funcionarios del alto gobierno. ¿De quién se trata? ¿Cómo, cuándo y por qué incurrió en cuáles faltas disciplinarias? Obviamente, si uno escuchó el discurso de Chávez, es capaz de intuir por dónde viene el problema. Pero lo que realmente preocupa no es lo poco que esclarece la explicación del Presidente, sino todo lo que permanece oculto a los ojos de los aspirantes a militantes comunes y silvestres. Aún albergo eso que llaman la "vana esperanza" de obtener respuestas a estas interrogantes a través de medios "amigos", y no vía El Nacional o Globovisión.

Supongamos que el dirigente o funcionario anónimo, cuyas faltas disciplinarias desconocemos en detalle, haya incurrido, efectivamente, en acciones u omisiones que atentan gravemente contra la "disciplina" del partido en formación. Aún en ese caso, ¿no habría sido infinitamente más edificante y provechoso debatir públicamente sobre el asunto? Y no vale apelar acá al recurso de que la intención no podía ser en ningún caso someter al camarada al escarnio público. Porque, con intención o sin ella, es lo que ha sucedido. El camarada sin rostro, pero cuya identidad ya sabremos muy pronto, en las próximas horas, ha sido escarmentado públicamente.

Incluso el mismo Lenin, cuyo excesivo "centralismo" y la idea de disciplina que le es propia fueron objeto de férreas críticas por parte de Rosa Luxemburgo, escribió sobre los "grupúsculos" desobedientes e indisciplinados:

"A nuestro parecer es necesario hacer todo lo posible -aun si implica alejarse de los principios del centralismo y de la obediencia absoluta a la disciplina- para que estos grupúsculos hablen claro y den al Partido en su totalidad la oportunidad de pesar la importancia o falta de ella de estas diferencias; de esta manera puede llegarse a determinar dónde, cómo, y de parte de quién existe una inconsistencia".

De Rosa Luxemburgo es preciso revisar su análisis sobre los Problemas de organización de la socialdemocracia rusa. Muy sugerente resulta la distinción entre el "centralismo conspirativo" propio de los blanquistas, y la actividad revolucionaria de la "socialdemocracia" (tal y como ésta era entendida hace 100 años y en cuyas filas militaba Lenin). El blanquismo, habituado al golpe de mano y ajeno a la lucha de clases, no requiere de organización de masas. Al contrario, dado el carácter secreto de sus acciones, mantiene prudente distancia de éstas. Aún más: la planificación de las acciones corre por cuenta de un restringido e inaccesible comité central:

"Por consiguiente, los miembros activos de la organización se transformaban en simples órganos de ejecución de una voluntad previamente determinada y exterior a su propio campo de actividad, en instrumentos de un comité central. De aquí se derivaba también la segunda característica del centralismo conspirativo: la subordinación absoluta y ciega de los órganos singulares del partido a sus autoridades centrales y la ampliación de las atribuciones de poder decisorio de estas últimas hasta la más extrema periferia de la organización del partido".

Las condiciones de la lucha "socialdemócrata", en cambio, son radicalmente distintas. En primer lugar, la socialdemocracia surge de la lucha de clases. Su ejército de militantes...

"... sólo se recluta en la lucha misma y sólo en la lucha se hace consciente de los objetivos de la misma. Organización, esclarecimiento y lucha no son momentos separados, mecánica y también temporalmente escindidos, como en un movimiento blanquista, sino... aspectos diferentes de un mismo proceso... No hay -a excepción de los principios generales de la lucha- ninguna táctica de lucha acabada y fijada con detalles por adelantado que les pueda ser inculcada a los militantes socialdemócratas por un comité central... De esto se deriva que la centralización socialdemócrata no puede basarse en la obediencia ciega, no puede basarse en la subordinación mecánica de los luchadores del partido a un poder central y que, por otra parte, entre el núcleo de proletariado consciente ya organizado... y el sector que le rodea... no puede jamás levantarse un muro de absoluta separación".

Pues bien, el problema estriba en que el "centralismo democrático realmente existente" en nuestros partidos de izquierda, se parece mucho más al "centralismo conspirativo" de los blanquistas, que al "centralismo" deseable de los socialdemócratas de Rosa Luxemburgo. La cultura política que hemos heredado de la vieja izquierda se funda en estas prácticas de obediencia ciega y subordinación, que no tienen nada de democráticas ni mucho menos de revolucionarias. Es, como les relataba arriba, una política que se sostiene en el resentimiento, y que acalla toda voz disidente mediante la sanción moral.

El proceso de construcción de un partido genuinamente revolucionario supone crear las condiciones para un profundo y democrático debate entre revolucionarios, y esto último supone, a la vez, revisar el concepto mismo de "disciplina". Caso contrario, nos puede ocurrir a muchos lo que alguna vez sucedió conmigo, que venga un representante del Partido y declare:

- Usted, compañerito, no participará en la revolución.

Lo que soy yo, cámaras, hace muchos años que dejé de creer en estos "representantes". Que nuestro Psuv no sea el de ellos.

1 de agosto de 2007

El origen del marxismo-leninismo, la izquierda descafeinada y el hombre (I)

I.- El marxismo-leninismo.
Chávez no ha sido el primero en plantear el problema, pero sin duda lo ha hecho con conocimiento de causa. Puesto en el trance de liderizar un proceso revolucionario aquí y ahora, antes que introducir un orden preciso en el plano conceptual, le ha apostado al desorden. Un "desorden creador", diría Prigogine. Un "desorden" que no es eclecticismo ni pensamiento débil (frente al pensamiento fuerte de los marxistas-leninistas), sino una apertura a otras corrientes de pensamiento (incluso dentro del mismo marxismo) y a otras tradiciones de lucha.

No ha sido Chávez el primero en cuestionar la lógica política marxista-leninista. Pero además, es necesario recordarlo, no es la primera vez que lo hace. Por eso extraña la polémica que se ha desatado luego de sus declaraciones durante el Aló Presidente del 22 de julio. Para citar un caso reciente, el 24 de marzo pasado, durante el Primer Encuentro con Propulsores del Psuv, el presidente Chávez afirmó:

"Nosotros no estamos planteando aquí el esquema dogmático que en la Rusia soviética... terminó conformándose. No es éste un proyecto estalinista. Ni es un proyecto marxista-leninista... Si Carlos Marx y Vladimir Ilich Lenin resucitaran e hicieran un estudio sobre las circunstancias europeas y mundiales de hoy, estoy seguro de que harían unas tesis no radicalmente distintas, pero sí con bastantes diferencias a las tesis que... desarrollaron hace casi siglo y medio. Pero aquí hay personas que agarran un librito y dicen: «... esto es un catecismo, de aquí yo no me salgo». Date cuenta, chico, que eso fue escrito... por allá por 1800 y tanto, por 1900. Date cuenta de que el mundo ha cambiado".

Algo muy similar fue lo que dijo durante el referido Aló Presidente:

"El partido socialista no va a tomar las banderas del marxismo-leninismo porque eso es un dogma, que ya pasó. Tenemos que crear nuestra doctrina. El que no esté de acuerdo con eso tiene toda libertad. Si no quiere estar aquí, que se vaya para el Partido Comunista, donde tienen unos libros y unos dogmas: marxismo-leninismo. El mismo papel de la clase obrera, hoy en día es otro. Ya aquello de la clase obrera como motor de la historia, ya el trabajo hoy es otra cosa, es distinto. Miren, Fidel Castro, que es comunista, pero Fidel Castro es un ejemplo de un hombre que a sus 81 años piensa en el siglo XXI, piensa adelantado. Y él me dice: «Chávez, mira... el mundo de hoy es distinto, el mundo de la informática, de la telemática». Carlos Marx ni podía soñar en la telemática, era otro mundo".

Por eso, insisto, me cuesta entender por qué tanta polvareda después de esta recta de 90 millas. Tal vez porque la primera iba tan rápido que no la vieron. Tal vez precisamente porque es difícil batearla. O tal vez porque, simplemente, no escucharon el Aló Presidente ese día, y el lunes los sorprendió, en mala hora, con aquella nota de la ABN donde se podía leer: "Chávez reitera que no es marxista". Vuelto a leer, es verdad que la ABN a veces no ayuda. Pero no porque Chávez no haya dicho lo que efectivamente dijo, sino porque una noticia titulada así equivale, para nuestros camaradas, a comenzar la semana con el pie derecho.

Entiéndase: mal.

Sospecho, entonces, que la información circuló entre nuestros camaradas más como un rumor que como una noticia en sentido estricto:

- ¿Leíste lo que dijo el comandante?
- No. ¿Qué dijo?
- Léelo tú mismo. Pero en voz baja y detenidamente.
- Pero... si esto es... ¡alta traición!
- Lo mismo dije.
- Hay que iniciar ya una campaña señalando las desviaciones ideológicas del compañero.
- Lo mismo pensé.
- Manos a la obra.


Ciertamente hizo Chávez una crítica de Marx, del determinismo implícito en algunos de sus análisis. Pero sobre esto volveré un poco más adelante. Lo importante, en primer lugar, es señalar que la crítica de Chávez es contra una forma particular de leer a Marx. Es una crítica a los marxistas dogmáticos, y en el caso concreto del Psuv, una crítica a los marxistas-leninistas. Para ser más precisos: más que una crítica a Marx, es una crítica a los marxistas-leninistas. Punto. Si alguien tiene alguna duda, puede volver sobre las dos citas que he copiado arriba.

Y contra esta crítica, los marxistas-leninistas han respondido como es costumbre: en la gran mayoría de los casos, hacer como si la cosa no es con ellos. Hacer como si la cosa es con el viejo Marx. Se cuestiona una lógica política, una forma concreta de hacer política, y los marxistas-leninistas responden defendiendo a Marx y a Lenin. Pero como bien lo ha dicho Javier Biardeau en uno de sus artículos, una cosa son Marx y Lenin y otras los marxistas. Y no es necesario citar acá de nuevo la carta en la Engels relataba que Marx guardaba cierta prudente distancia de muchos de los que, en su tiempo, se autodenominaban "marxistas".

Los marxistas-leninistas, por regla general, han salido al ruedo esta vez calificando a Chávez como, no por casualidad, suelen hacerlo en el caso de (las que ellos entienden como) las masas carentes de "formación política". Una y otra vez he leído que se le acusa de "iletrado", "ignorante", "confundido". Alguno agregó que tras sus declaraciones se escondían "intenciones inconfesables". Y no podía faltar alguno que escribiera que al Presidente lo tenían engañado sus asesores.

Éste es, justamente, uno de los principales rasgos de la lógica política de los marxistas-leninistas: presuponer que hay algo que podríamos llamar "saber revolucionario", y que son ellos los portadores de ese saber. Así, a grandes rasgos, el mundo se dividiría en: 1) explotadores que nunca darán su brazo a torcer, y es por eso que nos veremos obligados a tomar el cielo por asalto, a través de la violencia si es preciso; 2) los explotados sin conciencia; y 3) los explotados con conciencia de clase, esto es, ellos mismos pues.

Por eso es que cuando acontece un 27 de Febrero de 1989, los camaradas no son capaces de ver otra cosa sino una "explosión" sin orden ni concierto, sin estrategia, sin dirección, sin ideología, y pare usted de contar. Por eso es que cuando las señoras del barrio, los perrocalenteros, los taxistas, los malandros, los liceístas y el lumpen (que tanto asco producen a algunos dirigentes comunistas) rodearon Miraflores el 13 de Abril de 2002, los camaradas no sabían qué pensar. Seguramente algunos recordarían las lecciones de El 18 Brumario de Luis Bonaparte, pero soy capaz de apostar que unos cuantos camaradas habrán concluido que en ninguno de los dos casos se trató de un acontecimiento revolucionario, porque no guardaban similitud alguna con el asalto al Palacio de Invierno.

Y sin embargo, se trata de compañeros de lucha. Me refiero a los marxistas-leninistas y lo digo con toda sinceridad. Estoy completamente seguro de que nos cruzamos muchas veces aquel día inolvidable de abril, y seguramente nos cruzamos antes y seguimos haciéndolo después. No tengo dudas de que los cámaras se dejaron pintar en la cara aquellas señas de rojo con las que nos reconocimos, y que recordarán quienes estuvieron defendiendo Miraflores el 11 de Abril de 2002.

Pero aún así, cámaras, uno tiene que empezar a asumir que esos libros que uno atesora en la biblioteca no son un catecismo. Y hay que asumirlo ya, porque para mañana es tarde. Nadie pone en duda que El Capital es un libro portentoso, de lectura obligatoria para el que realmente desee entender qué es la explotación y cómo funciona esta máquina depredadora que es el capitalismo. Voy más allá: nadie que se reconozca como revolucionario anticapitalista puede desconocer el invalorable aporte que nos legó Marx.

No obstante, el capitalismo no es exclusivamente unas muy concretas relaciones de trabajo, o para ser más exactos, unas determinadas relaciones sociales de producción. Cuando decimos capitalismo, estamos hablando no sólo de un modelo económico, sino de un modelo civilizatorio, cuyas bases las constituyen determinadas relaciones de poder y saber. El poder que se ejerce como dominación, en el capitalismo, no se reduce a la dominación que el capital ejerce sobre el trabajo. Marx y Engels, a pesar de todas sus limitaciones, lo tenían muy claro, o quizá habría que decir: llegaron a tenerlo bastante claro en algún momento. Por eso renegaron oportunamente de los marxistas deterministas, para los cuales todo el trabajo teórico y militante consistía en realizar la crítica de las relaciones económicas capitalistas.

Desde el momento en que asumimos que el poder que se ejerce como dominación, en el capitalismo, no es sólo el poder que ejerce el capital sobre el trabajo, el resultado no puede ser otro sino la multiplicación de los sujetos potencialmente revolucionarios, y por tanto una fuerte tendencia al descentramiento de la clase obrera como sujeto histórico de la revolución. Incluso, allí donde se persista en la defensa de la centralidad de la clase trabajadora, esta defensa debe ir acompañada de un análisis sobre las profundas mutaciones que ha sufrido el mundo del trabajo en el capitalismo contemporáneo, éste que nos ha tocado vivir. Hacer lo contrario equivale a mera declaración de principios.

No exactamente, por supuesto, pero es más o menos en este contexto que Chávez ha declarado: "yo no soy marxista". He aquí lo que dijo, y les advierto que va largo:

"Carlos Marx llegó a aprobar la invasión de Estados Unidos a México. Carlos Marx llegó a aprobar la invasión de Inglaterra a la India, porque él decía que esa era la vía hacia el capitalismo, y que luego de ahí vendría, como producto del desarrollo de las fuerzas productivas y toda esa tesis, el socialismo. Esa es una tesis dogmática. Yo respeto la idea marxista, pero yo no soy marxista. Yo no puedo compartir eso. Porque esa es una visión determinista de la vía al socialismo. Desde ese punto de vista, nosotros, los países atrasados, nunca llegaríamos al socialismo, tendríamos que dejarnos invadir: «come on, gringos, invádannos y desarróllennos». Para luego ir al socialismo. Pero bueno, respeto la tesis de Marx, pero no soy marxista... En todo caso, soy socialista, bolivariano, revolucionario. Y el gran aporte de Marx, así lo creo... ya lo dije hace un rato, es haberle dado fundamentación científica al socialismo... y haber proyectado algunas líneas, que no muy detalladas, pero algunas líneas, que nos corresponde a nosotros hoy detallar, de cómo transitar del capitalismo, pero nuestro capitalismo, no el que se imaginaba Marx, o el que él comenzó a ver en la Europa que ya se industrializaba de la segunda mitad del siglo XIX. No, socialismo indoamericano, nuestro socialismo indio, negro... nuestro socialismo que parte de un capitalismo sumamente imperfecto, sumamente atrasado, de unos Estados sumamente debilitados, de unas sociedades sumamente fragmentadas... de una situación donde muchas veces la ignorancia, el analfabetismo reina en amplios espacios... Con todo eso hay que construir el socialismo. Con toda la miseria, el atraso, el subdesarrollo. No podemos decir que hay que esperar el desarrollo de las fuerzas productivas y de las contradicciones... Esa es un tesis, pero nosotros tenemos que elaborar, como estamos elaborando, nuestra tesis socialista. Original, decía Simón Rodríguez".

En otras palabras, cámaras, si nos sentamos a esperar por el desarrollo de las fuerzas productivas, por la conformación de una sólida clase obrera plenamente consciente de su rol histórico, mejor pedimos un café grande, negro y fuerte, porque la espera va a ser larga. Y el insomnio también.

Hay que decirlo: el mismo Marx emprendió un profundo ejercicio de autocrítica en relación con esto que Chávez denomina "visión determinista de la vía al socialismo". Un par de textos, que no voy a citar acá por razones elementales de espacio, aportan pistas y datos muy interesantes al respecto. Uno de ellos es un libro de Néstor Kohan, Marx en su (Tercer) Mundo. El otro, el último capítulo de un libro del extraordinario Enrique Dussel, La producción teórica de Marx, en particular el aparte sobre La "cuestión popular".

Volviendo a la larga cita de Chávez, resulta por demás evidente que en el momento en que declara: "yo no soy marxista", está sentando posición respecto de un Marx claramente eurocéntrico. Se está distanciando, debo insistir, de un Marx respecto del cual el mismo Marx se distanció en su momento. Pero eso no es todo: aún en el acto de marcar distancia del Marx "determinista" y eurocéntrico, Chávez reivindica el método que Marx exponía en su prólogo a la primera edición de El Capital, escrito en 1867. Ajá, vayan y búsquenlo que tienen chance. Seguro todos tienen el libro en su biblioteca. No se los voy a citar acá.

Marx nos aporta líneas gruesas, afirma Chávez, líneas "que nos corresponde a nosotros hoy detallar". Ahí está la clave, cámaras: ir al detalle. Producir un saber acorde con nuestras circunstancias, desde la tierra que pisamos y el tiempo en el que vivimos. Producir un saber para "nuestro" socialismo, que no permanezca ajeno a su contexto: un capitalismo imperfecto, unos Estados debilitados, unas sociedades fragmentadas.

No les estoy sugiriendo que no hay que discutir con Chávez ni he pretendido demostrarles que siempre tiene la razón. Lo que les sugiero, cámara a cámara, es que hagan un poco como hizo el mismo Marx, que se enfrentó consigo mismo, con su producción teórica y a partir de las enseñanzas que le legó su dilatada militancia revolucionaria, y como consecuencia rectificó aquí y allá, donde consideró pertinente. Y no hablamos de rectificaciones de poca monta.

En la polémica con Chávez las tenían en principio, pudiera pensar uno, todas a su favor: les estaba discutiendo en su propio terreno. Y prácticamente se limitaron a hacer loas del Diamat y del Hismat. Es decir, han venido a demostrar en lo concreto, lo que Chávez denunciaba a un nivel, digamos, más abstracto.

Y lo más grave de todo es que con la gente "iletrada", "ignorante" y "confundida", esa que conforma la mayor parte del chavismo, les sucede algo parecido: porque según la lógica marxista-leninista, de un lado están los militantes con "formación política", y del otro la masa sin "conciencia política". El problema es que la "formación política" asociada a la lógica marxista-leninista, forma parte de ese saber que hay que desaprender para poder avanzar. Y tal vez sea ese uno de los más importantes aprendizajes que ha venido adquiriendo, poco a poco, ese pueblo revolucionario que comienza a acumular conciencia política, o lo que es lo mismo, conciencia de su potencial transformador.

Para cerrar, han aparecido algunos por allí intentando argumentar, a duras penas, que el debate con los marxistas-leninistas no tiene ningún fundamento. Que debatir con los cámaras equivale a un pretexto para no discutir lo fundamental. Ya tendremos oportunidad para responder a esta gente tan "fundamentosa".

30 de julio de 2007

BBC distorsiona noticias sobre Venezuela

Calvin Tucker - http://www.21stcenturysocialism.com/

El corresponsal de la BBC en Caracas lo ha hecho de nuevo. Una vez más ha hecho uso de hábiles trucos periodísticos que dejan al lector con la impresión de que el presidente venezolano, Hugo Chávez, es un dictador en potencia.

El corresponsal James Ingham no dice mentiras. Él es demasiado listo como para hacer eso. Lo que hace, en cambio, es omitir hechos cruciales, e informar sobre hechos reales como meras “denuncias” o “acusaciones”.

Tomemos el caso de RCTV, la estación de televisión venezolana que no pudo obtener la renovación de su licencia porque, y esto es un hecho incontrovertible, participó en el golpe contra el gobierno electo de Hugo Chávez.

El reportaje de Ingham introduce un elemento de duda sobre el papel desempeñado por RCTV:

“Él [Chávez] dice que ellos estuvieron involucrados en un golpe que casi lo derroca hace cinco años” (Venezuelans protest over TV issue, BBC Online, May 27, 2007).

En este caso, Ingham ha relegado un hecho innegable al estatus de una opinión. Usted podría elegir creer lo que Chávez dice. O podría elegir no hacerlo. Una de las razones por las que usted podría elegir no hacerlo, es porque los medios de Occidente han trabajado mucho para desacreditar cualquier cosa que Chávez diga.

Ayer, en BBC Online, Inhgham reportó sobre lo que, según él, son los “planes de Hugo Chávez para formar un partido político único en Venezuela”

Esto fue seguido por una advertencia sobre la “preocupación de los críticos acerca de la amenaza a la pluralidad” y más adelante por la afirmación cierta de que “el Parlamento venezolano, la Asamblea Nacional, está conformado exclusivamente por políticos que apoyan al presidente”

Los lectores fueron inducidos a inferir la obvia e innegable conclusión de que Venezuela estaba por convertirse en un Estado con un partido único, uno en el cual las voces opositoras han sido efectivamente silenciadas.

Pero en el caso de James Ingham, no todo es lo que parece.

Lo más grave es que Ingham omitió mencionar que la única razón por la que la oposición no está representada en la Asamblea Nacional es porque ella misma boicoteó esas elecciones. Elecciones que observadores internacionales han declarado “libres y justas”. El contexto lo es todo.

Chávez está de hecho conformando un nuevo partido. Lo que Ingham no dice es que su propósito es convertirse en el partido político unido de la izquierda, no en el único partido político del país. Será llamado Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Los partidos opositores de derecha (y los partidos de izquierda que han decidido no integrarse) siguen siendo absolutamente libres de postular candidatos en todas las elecciones.

Pero usted no conocería nada de esto leyendo el reportaje de James Ingham. Los hechos se han sumergido en un mar de insinuaciones anti-Chávez.

Las pautas editoriales de la BBC establecen:

“Nos esforzamos por ser precisos y establecer la verdad de lo que ha sucedido… Nuestra producción será bien fundamentada, basada en evidencia exacta, examinada a fondo y presentada en un lenguaje claro y preciso”.

Los lectores descontentos con el fracaso de la BBC para aplicar sus propias pautas editoriales en sus reportajes sobre Venezuela, pueden considerar escribir a la BBC usando este formato para quejas.

Traducción: Reinaldo Iturriza López

Publicado originalmente el 23 de julio de 2007 en:
http://21stcenturysocialism.com/article/bbc_distorts_venezuela_news_01513.html

21 de julio de 2007

¿Es necesaria una dirección política transitoria del Psuv?

En la edición del viernes 20 de julio de 2007 del diario Últimas Noticias, en su página 16, puede leerse una breve nota titulada: MEP pide dirección política para el PSUV.

Según la nota, la dirigencia del Movimiento Electoral del Pueblo habría manifestado su "preocupación por la ausencia de líneas políticas que supone la desmovilización de las toldas que ingresan al Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), y el hecho de que éste se mantiene en proceso de formación"

"Es necesario que emerja una dirección política transitoria", habría afirmado Eustoquio Contreras, diputado a la Asamblea Nacional, Secretario General del MEP e integrante de la Comisión Promotora del Psuv.

Por su parte, el diario El Universal recoge en otra nota del mismo día, lo que al parecer corresponde a las declaraciones textuales del dirigente del MEP:

"Los partidos están en etapa de transición y no desaparecen hasta que no exista el nuevo partido con personalidad jurídica. Por eso, si están desmontadas en la práctica las direcciones políticas de los que hemos asumido la idea de formación de un partido unido y todavía no ha surgido la estructura de dirección del nuevo partido y, entendiendo que éste es un proceso revolucionario muy dinámico, vemos que hay como un vacío de dirección política que debe ser llenado".

¿Cómo llenar este vacío? El dirigente del MEP propone "que emerja un espacio de conducción política: o se le da atribución de dirección a la Comisión Promotora del PSUV o se crea una instancia, pero eso le correspondería al presidente Chávez como líder del proceso revolucionario que se vive en Venezuela".

Fin de las citas.

Lo significativo de estas declaraciones es que ponen al descubierto un tipo de ejercicio de la política que, por decir lo mínimo, no se corresponde con una democracia revolucionaria. Importa muy poco que el declarante se llame Eustoquio Contreras. Preocupa, en cambio, que esta postura sea la regla, y no la excepción, entre los dirigentes de los partidos políticos que apoyan el proceso bolivariano.

En la Venezuela en la que yo vivo, no sólo la noción de dirigencia política, sino incluso la idea misma de partido político entró en crisis terminal hace varios lustros. El surgimiento y la posterior consolidación del chavismo como fenómeno político, social y cultural, aconteció precisamente en este contexto de severa crisis de la democracia entendida como representación.

El chavismo triunfó en las elecciones presidenciales de 1998 porque el pueblo mayoritario que lo votó se sintió absolutamente identificado con el discurso antipartido del candidato Chávez. Y más, Chávez se hizo presidente no gracias a los partidos políticos de izquierda, sino a pesar de la izquierda partidista. Cualquiera que revise estas páginas no tan lejanas de nuestra historia contemporánea, puede constatar sin mayor dificultad que la candidatura de Chávez fue padecida por la izquierda partidista como una experiencia traumática.

La izquierda tradicional comparte con la derecha del mismo signo, su afición por la idea de representación. Lo que sucede hoy día es que, mientras los viejos partidos de la derecha casi han desaparecido de la escena política, nuestros viejos camaradas de la izquierda se resisten a sentirse aludidos cuando ese chavismo que se les antoja como demasiado tumultuoso, les demuestra una y otra vez que es capaz de movilización política sin necesidad de la línea de ningún partido. De ninguno.

Lo saben ustedes y lo sabemos nosotros, ni es un secreto ni soy el primero que lo afirma: el único capaz de dictar líneas políticas se llama Hugo Chávez. Y si Chávez es capaz de hacerlo, no es por sus dotes de mago o porque sea un maestro de la manipulación, sino por su extraordinaria capacidad para escuchar el rumor de la calle, para asimilar las múltiples demandas populares. El pueblo sigue a Chávez no por su identificación con el poder del Estado, sino porque es un subversivo en Miraflores.

Más reciente aún que aquella historia de la campaña electoral de 1998, están las jornadas de abril de 2002: camaradas, ahí no hizo falta Chávez, y mucho menos los partidos políticos de izquierda, para que el pueblo se movilizara. No hubo partido que dictara la línea. Pero sobre todo, camaradas, no hizo falta. La línea la dictó el pueblo en la calle. Es preciso aprender de las lecciones de la historia.

Por eso, preocuparse por una eventual "ausencia de líneas políticas" como consecuencia de la ausencia de los partidos de izquierda, es un falso problema. Preocupante resulta invocar la necesidad de "una dirección política transitoria" a horas de instalarse las primeras asambleas de batallones socialistas. Preocupante resulta que se invoque un supuesto "vacío de dirección política", justo antes de iniciarse el amplio y profundo debate democrático que suponen estas asambleas.

Camaradas: no hay vacío, no hay ausencia de línea política. Lo que existe es la posibilidad de construcción colectiva de líneas de acción colectivas. Las asambleas de batallones son el germen de este "espacio de conducción política" que no aparece por ningún lado para la "dirigencia", precisamente porque esta dirigencia se acostumbró a arrogarse la conducción política. Y así, camaradas, ya no se hace la política revolucionaria. Así no se construyen partidos revolucionarios.