21 de abril de 2011

Eudomar Santos y la planificación

Eudomar Santos a la izquierda

La verdad es que no albergaba ninguna esperanza oculta, a estas alturas ya no espero un mínimo gesto de lucidez o irreverencia, algún chispazo de aquella vieja llama, pero vaya decepción, caballero, la que me produjo conocer la opinión que el actor Franklin Virgüez tiene sobre el personaje Eudomar Santos, emblema, genio, figura y cuarto bate de aquella extraordinaria telenovela que fue, al menos durante sus primeros meses, Por estas calles.

Según entrevista publicada el domingo 17 de abril en el diario Últimas Noticias, Virgüez hace un esfuerzo que raya en lo patético por marcar distancia de la singular filosofía de vida que, como es fama, exhibía sin tapujos el negro Eudomar: "Como vaya viniendo, vamos viendo".

Es cierto que el autor de la entrevista, el periodista E.A. Moreno Uribe, pone bastante de lo suyo, con un preámbulo que rezuma fraseología para-sociológica-chimba-legal: "Lamentablemente, desde el río Bravo hasta el estrecho de Magallanes, en todos los países de habla hispana, sus habitantes desechan la planificación, no hacen agenda para sus vidas en particular, ni tampoco en lo general, todo se improvisa". Luego de lo cual, uno sabe que lo que viene es una de esas frases de leyenda. Casi puedo imaginarme a Franklin Virgüez ensayando el personaje del filósofo de cajita de cereal, poniendo cara de estar pariendo una idea rutilante, descollante, cejas arqueadas, ceño fruncido, algo nunca antes dicho: "No somos como los europeos que planifican todo…". ¿Alguna vez había escuchado algo parecido?

Pero los europeos no sólo "planifican todo". Según Virgüez, también "organizan todo lo inherente a sus vidas personales y procesos comunitarios. Para ellos la improvisación cuesta dinero y tiempo. Para los latinoamericanos la improvisación puede ser una ventaja o una maldición, así lo utilizaba Eudomar". A estas alturas, uno no sabe si la planificación es buena porque nos ahorra tiempo y dinero, o porque es cosa de "los europeos". Pero eso es lo de menos.

Lo que realmente resulta incomprensible es que el tipo sea incapaz de plantearse aunque sea un "escenario", para seguir como la jerga sociológica, en el que la planificación sea una maldición. Por ejemplo: ¿cuán planificado habrá sido el apoyo decidido y mil veces comprobado de los gobiernos gringo y español, al golpe de Estado contra Chávez, en 2002?

Va otra: ¿cuánto de planificado tendrá el discursito auto-denigratorio del tipo "No somos como los europeos", que nos enseña a sentir vergüenza de nosotros mismos y arrastrarnos frente a los adalides de la razón y la civilización, justamente porque nos sobran las razones para no sentir vergüenza alguna?

Pero qué va a saber Eudomar Santos de planificación.

Virgüez remata: "Planifico y es gracias a eso que he vivido diez años en Estados Unidos y puedo trabajar allá y venir a Venezuela para hacer telenovelas o teatro". Moraleja: planifiquemos y seremos capaces de vivir como en Estados Unidos. O como los europeos. Dando lecciones de moral a las improvisadas democracias del mundo.

13 de abril de 2011

Abril

Ahora que lo pienso, la primera vez que experimenté, de manera más o menos conciente, la sensación de fraude asociada a la existencia de Acción Democrática, fue tan temprano como a los siete años.

Corría el año 1981 y mi familia recién se establecía en Los Teques, luego de un intenso periplo que abarcó tres ciudades. Me tocó en suerte estudiar en una escuelita pública, de la que guardo muy gratos recuerdos: la Francisco Espejo, en el barrio El Trigo. De mi maestra de tercer grado, en cambio, recuerdo poco. Supongo que no me quedó de ella la mejor de las impresiones: una señora de mediana edad, tal vez cercana a los cincuenta, de baja estatura, apellido de casada Pérez.

Un buen día, la maestra de Pérez anunció a la clase que le tenía preparada una grata sorpresa. Naturalmente, con tal preámbulo, no le costó gran cosa captar la atención de todo el auditorio de incautos cautivos que éramos. ¿Decretaría el fin de las tareas para la casa, la extensión de la hora de recreo? Nada de eso. Anunció la pronta reincorporación a la escuela de Carlos Andrés, su hijo. Buena parte del salón estalló en un júbilo fingido, condescendiente, y la otra guardó silencio. Yo entre los últimos. No entendía nada. ¿Qué podía tener de especial este Carlos Andrés Pérez, también por los siete, a lo sumo un año mayor que yo, y probablemente concebido en sudoroso polvazo blanco en plena campaña electoral de Carlos Andrés, el Presidente?

No pasó mucho tiempo antes de que confirmara mis sospechas: Carlos Andrés no tenía nada de especial. No era inteligente ni simpático, sino más bien atolondrado. Era simplemente el hijo de la maestra fulana de Pérez, lo que sin embargo le concedía una ventaja sobre el resto, suficiente para obtener ciertas licencias: sabotear la clase sin temor de reprimendas, por ejemplo.

Juro que lo recordé varias veces, a Carlos Andrés, durante el segundo gobierno de Pérez, el hijo atolondrado del Fondo Monetario Internacional, y volví a recordarlo a propósito de, cosa-más-ridícula-caballero, la iniciativa mayamera de crear un día del exiliado venezolano, a celebrarse cada 13 de abril de ahora en adelante y hasta que el régimen caiga, y la creación de una Orden del exilio venezolano Rómulo Betancourt, concedida nada más que a Ileana Ros-Lehtinen.

Así estaba, pensando en mujeres y en nombres, Carlos Andrés, Rómulo, Ileana… hasta que recordé a Abril, la hermosa Abril y sus añitos, Abril la hija de mi pana Manuel Cullen, argentino y chavista, suramericano y revolucionario, y chavista y peronista, y Abril por el ejemplo del pueblo venezolano que barrió con una dictadura en menos de cuarenta y ocho horas, grande abril, hermoso abril, y aquí estoy porque hasta aquí nos trajo abril, convencido de que nuestra generación sí que sabe escoger nombres.

6 de abril de 2011

Antichavismo, izquierda y pensamiento único

Ramos Allup: ¡Arriba las manos, esto es un atraco ideológico!

La noción de pensamiento único, muy al contrario de la especie difundida por la vocinglera, lloricona e insidiosa prensa antichavista, no tiene nada que ver con el improbable plan, urdido por Chávez con la ayuda de sus asesores cubanos, que consistiría en imponer como modelo oficial de pensamiento y acción al camarada Mario Silva, acto de fuerza acompañado de la velada intención de perseguir y condenar al ostracismo o, mejor, encerrar en alguna de las malolientes mazmorras del régimen a cualquiera que ose levantar su voz de protesta. Eso está bien para el lector promedio del Grupo de Diarios América, El País de España o The Washington Post, pero hasta ahí.

En realidad, pensamiento único, al menos tal y como fue planteado la primera vez por Ignacio Ramonet, en Le Monde Diplomatique, en enero de 1995, remite al consenso entre partidos de derecha e izquierda en torno a la vulgata neoliberal. Más allá, puede aplicarse a la imposibilidad para distinguir entre la oferta electoral de unos y otros o, dicho en términos más claros, a la creciente convicción de que, más allá de siglas y colores, izquierda y derecha habían terminado siendo lo mismo. Con el pensamiento único advino la desideologización y la despolitización. Prostituidos los partidos, triunfantes las fuerzas del capital, la política había sido apaleada y vaciada de todo contenido, cual atraco a plena luz del día.

Hecha la precisión, es oportuno interrogarnos: ¿a qué obedece el coqueteo de figuras claves de la derecha venezolana con la fraseología de izquierda? Casi parece un desvergonzado manoseo: Capriles Radonski, uno de los preferidos de la oligarquía venezolana, declarando que "en Venezuela no hay espacio para gobiernos de derecha", y otro de los pre-candidatos opositores, el veterano Ramos Allup, pontificando: "La idiosincrasia de este país fundamentalmente se ubica con el pensamiento de la izquierda democrática... Si nosotros logramos presentar una buena propuesta de izquierda democrática que desarticule el mensaje populista de Chávez, vamos a ganar las elecciones sin duda alguna". ¿Simple oportunismo?

Podría pensarse que el antichavismo, en su afán de disimular su raigambre profundamente anti-popular, como el que se lava la cara, y convencido de que sólo así podría sumar la mayoría en las presidenciales de 2012, promueve activamente el pensamiento único, mimetizándose con su adversario: después de todo, puede reclamar que es tan de "izquierda" como el chavismo oficial. Más aún, es su versión mejorada: es la izquierda "democrática".

Hipótesis frente a la cual habrá que advertir, de entrada, y en espera de nuevos desarrollos, que para que haya pensamiento único, con toda su estela de hastío, desideologización y despolitización, ha tenido que suceder que el chavismo fuera suplantado por el oficialismo.

31 de marzo de 2011

Métodos burgueses

Hace un par de semanas, en entrevista publicada en este mismo diario, Diosdado Cabello declaraba que "en una revolución madura… no debería haber elecciones internas porque éstas son un método burgués". A estas alturas, muy poco importa el declarante. Más que de personas, figuras o "estrellas de mediana magnitud", se trata de hábitos. ¿Revolución madura? Esta revolución se pudre si nos habituamos al silencio.

En lo particular, me asaltan dudas, inquietudes. Me gustaría plantear algunas preguntas. En primer lugar, quisiera saber si el atronador silencio a propósito de tal declaración debe interpretarse como una expresión de consenso en torno a la idea. Es decir, por si no nos hemos entendido: un integrante de la dirección nacional del partido disparó que las elecciones internas son un método burgués y, hasta donde sé, nadie salió a desmentirlo.

En segundo lugar, ¿resulta, entonces, que una revolución va madurando en la medida en que prescinde de la democracia interna? ¿Qué cabe decir de aquellos que opinan en sentido contrario: que la revolución se fortalece en la medida en que predomina, se profundiza y consolida la democracia interna? ¿Se les calificará de inmaduros o, más apropiado aún, de pequeño-burgueses? ¿Se les descalificará o habrá lugar para el debate de ideas?

Más aún, si es cierto que las elecciones internas son un método burgués, ¿por qué los estatutos del partido contemplan la posibilidad de emplear el método de "elección directa, universal y secreta"? Dicho de otra forma: si se trata, realmente, de un partido socialista, ¿por qué dejar abierta la posibilidad, "de acuerdo a las condiciones políticas", de adoptar procedimientos electorales que supondrían la "traición" de nuestros principios? ¡Camaradas: nuestros estatutos están contaminados con el germen de la ideología burguesa!

Habiendo constatado esta peligrosa concesión a la ideología burguesa, oculta tras la seductora máscara del derecho liberal al sufragio universal, habría que preguntarse: ¿quién habrá colado, acaso subrepticiamente, semejante mancha ominosa en nuestros estatutos? ¿Cómo es posible que nadie lo notara antes? ¿Acaso estamos todos ciegos? ¿Cómo es posible que nadie elevara su voz de protesta? ¿Acaso estamos todos mudos? ¡Elección directa, universal y secreta! ¿Acaso la nuestra es una revolución burguesa?

Al responsable de semejante falta, habrá que señalarlo públicamente como inmaduro y pequeño-burgués, que no es descalificar, sino llamar a las cosas por su nombre. Tendrá que ser procesado por el tribunal disciplinario, hasta que demuestre que ha saldado cuentas con su conciencia. Mientras tanto, camaradas, que prosiga el debate de ideas. Eso sí, sin olvidar la más importante de ellas: una revolución no se construye con métodos burgueses.

24 de marzo de 2011

La morisqueta del antichavismo

(Cuando terminaba de redactar este artículo, leí las declaraciones que Capriles Radonski, gobernador de Miranda, ofreció a la agencia Reuters: "En Venezuela no hay espacio para gobiernos de derecha".

A los de la especie de Capriles ya les he dedicado algunas líneas. Por ejemplo aquí.

Ahora lean lo que opinó Ramos Allup, jefe de Acción Democrática: "La idiosincrasia de este país fundamentalmente se ubica con el pensamiento de la izquierda democrática... Si nosotros logramos presentar una buena propuesta de izquierda democrática que desarticule el mensaje populista de Chávez, vamos a ganar las elecciones sin duda alguna".

Al paso que vamos, pronto veremos a los jóvenes antichavistas coreando la consigna: "Ser pobre no es delito").

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Por ahí dicen – no me consta – que algunos estudiantes antichavistas han aprendido a entonar la canción Nos tienen miedo porque no tenemos miedo, de Liliana Felipe, argentina, y Jesusa Rodríguez, mexicana, creada al calor de la resistencia civil contra el fraude electoral en México, y que luego se convirtiera en el himno de la resistencia popular contra el golpe de Estado en Honduras, hace un par de años. ¿Cómo explicarse este trasegar de signos, esta usurpación deliberada de símbolos de luchas que el propio antichavismo ha ignorado o menospreciado?

El antichavismo, es cierto, procede reduciendo el chavismo a su caricatura, que puede ser "oficial" o monstruosa, mientras que el oficialismo procede "despopularizando" al chavismo. Pero desde 2007, el antichavismo realiza otra operación, clave para entender el estado actual de la lucha política: no se "opone", simplemente, al chavismo, sino que intenta absorber toda su potencia, usurpando sus consignas, sus ideas-fuerzas motrices, su verbo y su cadencia, procura mimetizarse, camuflarse, para pasar desapercibido y así propagarse.

El antichavismo, parte de él, sabe que la única forma de derrotar al chavismo es "popularizándose". Por eso, en lugar de enfrentarlo abiertamente, intenta seducirlo. Cuando se ve obligado a ponerle límites, como cuando las "invasiones" en Chacao, el pasado 22 de enero, suscita su enemigo: acusa al "oficialismo" y no al pueblo chavista. No abiertamente. La tarea de criminalización corresponderá, en todo caso, al propio oficialismo, que correrá a condenar las "invasiones".

Basta recorrer por estos días los pasillos de la Universidad Central, leer las pancartas en las paredes, escuchar a los "líderes" del antichavismo estudiantil un par de minutos, para entender que, después de todo, el chavismo no tiene absolutamente nada que temer. Si concediéramos que aquellos furores de los ochenta y noventa no eran más que la versión desmejorada de la lucha armada de los sesenta y setenta, esto de ahora, cómo te explico, no pasa de ser un fraude. Un soberano y monumental fraude. Puro infantilismo de derecha. Muchacho pendejo posando para las cámaras de televisión. De cuándo acá. Una generación que jamás sabrá la diferencia entre desgañitarse y ser muñeco de ventrílocuo.

Una vez que ha mordido el anzuelo del infantilismo de derecha, el oficialismo contribuye decisivamente a la infantilización de la política. Puede que el oficialismo sienta algún temor por la muchachada antichavista. No lo sé. Pero de algo sí estoy seguro: el antichavismo nos tiene pavor. A los chavistas. Por eso tanto esfuerzo en parecerse a nosotros, aunque no les salga más que una morisqueta.

17 de marzo de 2011

La fealdad del oficialismo

Si el chavismo es bello, el oficialismo es horrible. Pongamos las cosas en su sitio: chavismo y oficialismo son como el agua y el aceite, jamás anverso y reverso. El segundo sólo puede ser, a condición de usurpar la potencia del primero, y es en sí mismo expresión de impotencia política. Para el oficialismo, la revolución ya ocurrió y lo que corresponde es glorificarla como hecho pasado, es decir, embalsamarla, porque ha muerto, aunque todavía palpite.

Más que odiarlo o despreciarlo, que también lo hace, el antichavismo siente un profundo temor por el chavismo, porque éste le enrostra lo que el primero nunca quiso mirar: el lado feo de nuestro capitalismo vernáculo, y sus buenas dosis de explotación, marginación y subordinación a sangre y fuego. Visto así, el chavismo es su mala conciencia. Si el chavismo hoy sonríe, alegre, para el antichavismo no se trata más que de una mueca atroz y burlona. Allí donde hay alegría, sólo puede ver resentimiento. Toda la belleza del chavismo, que es la belleza infinita de los pueblos que luchan, será reducida a caricatura grotesca, porque es imperativo mostrarlo como una versión desmejorada y mutilada de sí mismo para poder dominarlo, aniquilarlo.

No deja de sorprender la connivencia, la complicidad, lo bien que pueden llegar a entenderse oficialismo y antichavismo. Son, ellos sí, dos caras de la misma moneda. Una moneda que tendríamos que arrojar al foso de los deseos para que vuelva la política, para que la revolución no envejezca y muera, para que lata con fuerza.

Reducida al simulacro de conflicto entre oficialismo y antichavismo, la política ha terminado siendo la postergación del conflicto. Mucho se habla de debate, y los estudiantes hablan de debate, cuando lo que hay es diálogo de sordos. Invectivas, insultos, todo se vale si se trata de reducir la política a un ejercicio ruin, abyecto. Maricón, lechuguino, ¿cuál es la diferencia? El antichavismo suscita un rival a su medida, y el oficialismo no es capaz de concebir la política si no es midiéndose con el antichavismo: jamás lució tan cómodo, a sus anchas, por las angostas alamedas de la politiquería.

Ambos, oficialismo y antichavismo, medran a costa del chavismo. Si el antichavismo, como ya lo he planteado, procede reduciendo el chavismo a su caricatura, "oficial" o monstruosa, el oficialismo procede, como diría Ociel López, "despopularizando" al chavismo.

A los chavistas nos debe importar un comino si un grupito de bien nutridos estudiantes antichavistas hace huelga de hambre. Nuestra atención debería estar puesta, primero que nada, en los carajitos de los barrios que siguen comiendo y escupiendo plomo, que son más y están hastiados.

8 de marzo de 2011

Comentarios desactivados

Vaya y échele un vistazo usted mismo: en la página web del partido más grande de la historia de Venezuela, entre rojo y rojo mezclado con vinotinto, la opinión fluye libérrima. O al menos así parece. Esto sí que es revolución 2.0. No hay un solo artículo de opinión, una sola noticia, con los comentarios desactivados... menos una: la breve nota en que se nos informa de los recién electos integrantes de los Equipos Políticos Estadales.

Columna dedicada a las "5 líneas estratégicas", a la derecha de la pantalla. La nota aludida es del 28 de febrero. La captura de pantalla es del martes 8 de marzo de 2011.

¿Qué puede haber pasado por las ingeniosísimas cabezas con medio dedo de frente, si acaso, de los personajes que decidieron censurar de manera tan desfachatada la opinión de la militancia respecto de este asunto puntual?

¿Qué malestares indecibles, qué tribulaciones o simplemente, coño, vamos a hablar claro, qué arrecheras pretenden ocultar? ¿Cuántos soles con cuántos dedos? ¿Cuántos planetas? ¿Hasta cuándo estos personajes creyéndose el centro del universo?

¿Y es que ustedes creen que nosotros somos pendejos?

Mientras lo intenta, responderse alguna de estas preguntas, vaya y léase el artículo de Carola Chávez, Base robada, a ver si le sirve de algo. A ver si le sirve, al menos, para terminar de darse cuenta de que esa gente, sin nosotros, no es nadie.