- Misión Boves condena el ataque artero de las fuerzas militares del Estado colombiano contra un grupo de seres humanos en territorio de la República de Ecuador. Este ataque revela: 1) el increíble pero evidente interés del Gobierno de Colombia porque se interrumpan las sucesivas liberaciones de rehenes en poder de las FARC. 2) El padrinazgo que sobre sus acciones criminales mantiene el Gobierno de Estados Unidos. 3) El empeño de Colombia en criminalizar a países vecinos suyos, los cuales han iniciado procesos de liberación política y económica, o al menos ensayos de distanciamiento de la hegemonía que los ha sojuzgado durante siglos. 4) Que Colombia está siendo utilizada por Estados Unidos como cabeza de playa para tratar de socavar la estabilidad de los pueblos, países y Gobiernos que han decidido mayoritariamente ensayar formas de organización distintas al capitalismo y a las formas colonialistas de sujeción al poder hegemónico mundial.
- Consideramos inadmisibles, ridículas y falsas las versiones según las cuales en una computadora hallada, según el Gobierno de Colombia, en el lugar de la masacre (Putumayo, Ecuador), y en otras dos que están por encenderse, se encuentran las pruebas que demuestran una alianza de los Gobiernos de Venezuela y Ecuador con las FARC para derrocar al presidente Uribe.
- Encontramos asimismo repudiable, asquerosa, digna de castigo y susceptible de denuncia penal por traición a la patria, la actitud de la derecha venezolana evidenciada en su uso de sus medios de información, que ante la posibilidad o inminencia de un ataque armado ya tomaron posición a favor del enemigo. En Venezuela existe plena libertad de expresión y hay suficientes razones (políticas, éticas y de adecuación pragmática al escenario de guerra sucia) para que el Gobierno venezolano mantenga en vigencia esa situación. Sin embargo, alertamos a las expresiones del Poder Popular organizado, al pueblo en general y a los organismos competentes para que, en caso de recrudecimiento de la ofensiva colombiano-estadounidense contra Venezuela, tome medidas legales o de cualquier otra naturaleza para que los enemigos de nuestro país no tengan libre y abierta vocería en nuestro territorio, como la tienen hasta ahora. La libre expresión de ideas es un valor universal que debe ser defendido y preservado en cualquier situación, pero cuando las herramientas de la información son utilizadas como armas en beneficio de entes extranjeros cuyo fin es acabar con la paz en nuestro país; cuando el uso irresponsable, criminal y abyecto de los medios de información amenaza con socavar la soberanía nacional; desmoralizar a los venezolanos haciéndoles creer que el extranjero tiene razón en todo y que lo venezolano es indigno y corrupto; con destruir infraestructura vital para nuestro desenvolvimiento como conglomerado humano; con impeler a nuestros enemigos a destruir masivamente vidas humanas, lo éticamente correcto es sacarlos de circulación. Evitar la difusión y propagación de sus mensajes.
- Por lo antes enumerado, el Colectivo Misión Boves se mantiene en situación de Alerta. Conservamos nuestra condición principista de colectivo libertario sin jefaturas o autoridades formales que nos capitaneen. Sin embargo, en momentos en que está en juego la sobrevivencia de lo venezolano, y del proyecto de país (llamado “bolivariano”) que ha servido como caldo de cultivo para muchas iniciativas nobles y revolucionarias, asumimos como norte en las actuales circunstancias las decisiones actuales y eventuales del Presidente de la República, Hugo Chávez Frías. Consideramos sus directrices como ejes básicos para nuestra propia acción, en la actual situación y también si ésta u otra degenera en otras situaciones de mayor gravedad.
5 de marzo de 2008
Frente a la insolencia colombiano-estadounidense, y frente a la actitud de sus voceros en Venezuela: Misión Boves en situación de Alerta
3 de marzo de 2008
Contra el malestar
Una de las mayores tragedias que ha suscitado el reciente giro de la estrategia propagandística opositora, ha sido la multiplicación virulenta de un cierto tipo de discurso "científico" sobre lo social, que ha terminado por convertirse en sentido común. (Créame cámara: si yo ocupara su lugar, también estaría a punto de abandonar la lectura, y me dispondría a invertir mi tiempo en otras más edificantes. En mi defensa, me veo obligado a declarar que jamás he bostezado tanto intentando desentrañar la lógica de discurso alguno. Lo que sigue es un intento por convertir aquel sentido común en algo realmente digno de ser leído.)
Con sentido común me refiero aquí al discurso predominante en la actual coyuntura política, entre los representantes de la vieja clase política, la clase empresarial, la jerarquía católica, los ¡es-tu-dian-tes!, las autoridades universitarias, los académicos, por supuesto los periodistas, y en general entre la muy amplia gama de opinadores y expertos que desfilan por los medios opositores. Es cierto que la oposición jamás ha carecido de opinadores y expertos dispuestos a lanzarse al ruedo mediático. Es igualmente cierto que toda la fauna opositora ha presumido siempre y sin vergüenza de un saber autorizado que le otorgaría el derecho divino a seguir conduciendo los destinos del país.
Pero algo sucedió en 2007.
Sucedió no sólo que los ¡es-tu-dian-tes! aparecieron en escena, relegando a la vieja clase política a ocupar su lugar tras bastidores. Sucedió también que el discurso de los académicos desplazó momentáneamente al discurso de los políticos. Durante algunas semanas, la flor y nata de la juventud universitaria nos habló de derechos civiles, mientras renegaba explícitamente de la política. Inmediatamente les acompañaron las autoridades universitarias, que no desperdiciaron ocasión para denunciar las supuestas amenazas que se cernían sobre una autonomía universitaria que ningún estudiante de la Misión Sucre sabe aún qué significa.
Pronto, este discurso de los académicos dio paso a un discurso académico, en sentido estricto, que aún sirve de fundamento a todo el discurso opositor: ese que hace énfasis en la crítica de la gestión del gobierno bolivariano. Así pasamos de una Soledad Bravo entonando Me gustan los estudiantes - de esa inmortal Violeta Parra a la que debemos más de un desagravio - a la oposición en pleno coreando ¡Que viva toda la ciencia! La consigna política fue cediendo el paso progresivamente a la fraseología científica-social del tipo Universidad Católica Andrés Bello, hasta llegar al extremo que hoy podemos observar: las ciencias sociales reducidas a meras consignas políticas.
Yo sé de qué les hablo: si hay algo más aburrido que escuchar al sociólogo-promedio de la Universidad Central de Venezuela, es someterse a la tortura de la que son capaces sociólogos del talante intelectual de un Luis Pedro España, con su Proyecto Pobreza y su Acuerdo Social. A esta gente ha recurrido la oposición en pleno para demostrar "científicamente" que la pobreza en Venezuela no ha disminuido, sino que ha aumentado... y un infinito etcétera.
La nueva intelligentsia opositora es eficaz no por inteligente, sino porque dota de nuevas consignas al discurso opositor, haciéndolas pasar por análisis "científicos" que demostrarían la ineficiencia sin precedentes del actual gobierno. Son los representantes del saber por excelencia, del saber "científico", acudiendo al auxilio de una vieja clase política que ya no tiene nada que enseñarnos. Esta intelligentsia ocupa lugares estratégicos, y hasta dispone de una columna dominical en el último de los diarios venezolanos - algún día nacerá un nuevo periodismo impreso digno de llamarse tal. En la edición de Últimas Noticias del domingo 17 de febrero de 2008, el profesor Víctor Maldonado - también integrante de ese "think tank" que es Acuerdo Social - nos ofrece como diagnóstico autorizado lo siguiente:
"No hay una camarilla de conspiradores que intentan derrocar al gobierno a través de la especulación o el acaparamiento. Tampoco hay una guerra biológica en marcha, en razón de la cual el dengue y el resto de las enfermedades que ahora nos asolan, nos están ganando la batalla. Mucho menos hay una conspiración de criminales empeñada en embestir los esfuerzos para atajar la inseguridad. Ni contrarrevolucionarios empeñados en hacer fracasar el proyecto educativo bolivariano. Ni podemos creer que la PDVSA endeudada está sufriendo los embates de una conspiración mediática, ni la guerra con Colombia es el resultado del interés de los canales privados. Nada de eso. No hay ninguna otra conspiración que la más ramplona ineficiencia. No hay ningún otro culpable que la incapacidad y la distracción con la que se ha gobernado al país. Los resultados están a la vista. El culpable también".
Dato sin relevancia: Víctor Maldonado, profesor de la Católica, es también Director Ejecutivo de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Caracas. Si se anima, entre a la web y lea usted mismo el discurso del Presidente de la Junta Directiva de la Cámara, Roberto Ball Zuloaga, intitulado así: "Ball Zuloaga: El capitalismo es la única forma conocida por la humanidad para reducir la pobreza de las mayorías". Ha leído bien: "por la humanidad". El capitalismo convertido en el principio y el final.
Eso que se nos vende - literalmente - como análisis "científico" de la situación social, o como riguroso diagnóstico de las políticas públicas del gobierno bolivariano, no es más que el discurso de la clase empresarial con ropaje académico. Leyendo la misma web de Acuerdo Social cualquiera puede enterarse de la feliz "coincidencia" que dio origen a la iniciativa:
"En 1997 ocurre una coincidencia que no suele ocurrir en muchas ocasiones. A lo que era una inquietud de la Universidad Católica Andrés Bello, la preocupación por el acelerado crecimiento de la pobreza en nuestro país, un grupo de empresarios interesados por este tema, deciden apoyar a la Universidad en la realización de una investigación a largo plazo que preguntara sobre las causas de la pobreza en Venezuela y apuntara decididamente en (sic) proponer alternativas de solución".
Tal vez haya sido la misma "inquietud" la que motivó a los académicos de Acuerdo Social a participar en la elaboración de aquel Pacto Democrático por la Unidad y Reconstrucción Nacional, de octubre de 2002, impulsado por aquella Coordinadora Democrática de Venezuela de la que ya nadie quiere acordarse. Para entonces, nuestros académicos permanecían en la retaguardia, intentando hacer presentable un eventual programa de gobierno opositor, mientras los partidos políticos de la derecha, Fedecámaras, la CTV y la "sociedad civil" le apostaban a un discurso insurreccional contra la revolución bolivariana.
Cinco años después, pasaron a la vanguardia. Hoy escuchamos por todas partes, en todo momento, el mismo discurso que nos ilumina sobre las verdaderas causas del desabastecimiento, la escasez o la inseguridad. Después del 2D, la misma clase empresarial que intenta someternos mediante lo que alguno de los nuestros ha llamado la "guerra del hambre", no ha hecho más que repetir hasta el infinito variantes de la consigna central: "Ahora ¡gobierna!". Así titulaba Luis Pedro España un libelo publicado en El Nacional, pocos días después del referéndum. Con este párrafo concluía:"
¿Qué clase de revolución es ésta? ¿En qué sentido ha mejorado la situación de los pobres? Ha llegado la hora de gobernar. No hay más excusas, el Gobierno tiene el andamiaje, los recursos y el poder para resolver los problemas de vivienda, inseguridad, empleo, inflación y desabastecimiento que diferencialmente afecta más a los pobres. Gobiernen para que demuestren si tienen interés y capacidad de resolver los problemas del pueblo".
Poco importa que la clase empresarial esté comprometida hasta el fondo en una estrategia que persigue crear todas las condiciones que hagan imposible resolver estos mismos problemas. Nuestra elite económica no tiene nada que demostrar, ni siquiera si realmente tiene algún interés en "resolver los problemas del pueblo". En esto consiste el sentido común que viene propagándose como una epidemia. Pero lo más importante: la actual coyuntura nos ha revelado el tipo de saber que producen, por regla general, las universidades. Un saber cuya eficacia depende de su capacidad para convertirse en el más banal de los lugares comunes, y un elocuente indicador de la miseria del estamento universitario.
II.-
Este sentido común que pretende imponer la intelligentsia opositora es el equivalente de lo que Boaventura de Sousa Santos ha llamado "epistemicidio", que no sólo "implica la destrucción de prácticas sociales y la descalificación de agentes sociales que operan de acuerdo con el conocimiento enjuiciado"[i], sino también, en el caso que nos ocupa, la degeneración del saber al estado de balbuceo repetitivo, propagandístico y poco ingenioso. Es lo que Carlos Andrés Pérez - les advertí que intentaría renombrar lo innombrable - llamaría un "autosuicidio" epistemológico.
Pero volviendo a Boaventura, el principal efecto de poder que produce este epistemicidio opositor no es, como pudiera sospecharse desde el inicio, el descrédito de la gestión gubernamental. La estrategia consiste en capitalizar un malestar preexistente en la base social de apoyo a la revolución, expandirlo, multiplicarlo y propiciar el desaliento. Ese mismo chavismo que ha padecido durante años la "demonización, trivialización [y] marginalización"[ii] de los medios opositores - cuando no ha sido simplemente silenciado y ocultado - ahora reaparece en las pantallas de televisión con la mala nueva de la basura en las calles, del módulo de Barrio Adentro que no funciona, de las calles en mal estado, del familiar que fue asesinado por el hampa o del producto de la canasta básica que no se consigue en la bodega.
Ciertamente, la casi nula voluntad de los medios oficiales para recoger estas mismas denuncias ha dejado el camino despejado a los medios privados. Sin embargo, sería mezquino desconocer el reciente esfuerzo gubernamental por revertir esta tendencia. Se trata, a mi juicio, de un giro táctico correcto, sin más, no sólo porque es la única manera de recuperar el terreno perdido, sino sobre todo porque podríamos estar sentando las bases de una comunicación genuinamente democrática, al margen de la propaganda y la "publicidad engañosa" a la que ya me refería en otro artículo.
El asunto es que este sentido común opositor no es nada sin el malestar popular. En el malestar reside su fuerza. Pura pasión triste. Quizá unos meses atrás era preciso reivindicar el malestar, en ese contexto de triunfalismo e invencibilidad que precedió al 2D, y frente a los que silencian toda crítica porque «todo está bien». Pero creo que nos ha llegado el momento de ir más allá, de ir contra el malestar. Esto no quiere decir, por supuesto, que no existan razones para el descontento, ni tampoco equivale a domesticar la crítica ni a ser condescendientes con la acción de gobierno. De hecho, más allá de ésta última, y si esto de verdad es una revolución, es mucho lo que hay que cuestionar.
La clave sería: ¿cómo realizar la crítica? O planteado de otra forma: ¿cómo convertir el malestar difuso en crítica concreta de los problemas, sean estos el acaparamiento, Globovisión, la burocracia que carcome las estructuras de un Estado que sigue siendo burgués, la corrupción, la "derecha endógena" o, más reciente, la tendencia a asimilar toda iniciativa popular autónoma con el "ultraizquierdismo"? ¿De qué vale expresar el propio malestar en relación con cualquiera de estos problemas, si el esfuerzo no trasciende el estado de la "opinión" y no es capaz de convertirse en lo que, siguiendo a Boaventura, podría llamarse un "nuevo sentido común", portador de un saber con la potencia suficiente como para realizar una crítica demoledora de aquellos problemas? Porque un problema, sea cual fuere, sólo puede resolverse si está planteado de manera correcta. Este "nuevo sentido común", que no será obra de ningún iluminado, sino producto de la inteligencia - y de la praxis - colectiva, será el que nos permita el planteamiento correcto de los problemas. Mientras no seamos capaces de producir este "nuevo sentido común", estaremos a merced tanto del sentido común opositor, como de aquel otro, profundamente autoritario y antidemocrático, que intenta imponer a toda costa el ala conservadora del chavismo.
Antonio Gramsci - cuyas reflexiones sobre el "sentido común" también deberíamos revisar - iniciaba un brevísimo texto, Diletantismo y disciplina, reunido en sus Cuadernos de la cárcel, con las siguientes palabras: "Necesidad de una crítica interna severa y rigurosa, sin convencionalismos y sin medida". Pero una crítica de esta naturaleza debía desterrar "la improvisación, el 'talentismo', la pereza fatalista, el diletantismo fantasioso, la falta de disciplina intelectual, la irresponsabilidad y la deslealtad moral e intelectual". Es decir, ni habrá crítica que valga ni será posible la construcción de un "nuevo sentido común", si no van acompañados de un mínimo de rigor intelectual. Cuando éste falta, sólo nos queda todo cuanto ha enumerado Gramsci. Formas del malestar. Sobre todo, en nuestro caso, mucho de "pereza fatalista". No es posible combatir la disciplina entendida como domesticación de la crítica, si ésta última no se realiza con un mínimo de "disciplina intelectual" que, insistimos, no será cosa de intelectuales iluminados.
En el mismo texto, Gramsci anota unas reflexiones que son dignas de releerse tres y hasta cuatro veces, por su cercanía con nuestra situación:
"Pero no se puede hablar de elite-aristocracia, de vanguardia, como de una colectividad indiferenciada y caótica a la cual, por la gracia de un misterioso espíritu santo u otra misteriosa y metafísica deidad desconocida, desciendan la inteligencia, la capacidad, la educación, la preparación técnica, etc. Y, sin embargo, esa concepción es frecuente. Se refleja en pequeño lo que ocurría a escala nacional, cuando el Estado se entendía como algo abstracto, separado de la colectividad de los ciudadanos, como un padre omnipotente que ya pensaría en todo, proveería a todo, etc.; a eso se debe la falta de una democracia real, de una real voluntad colectiva nacional, y, por tanto, con esa pasividad de los individuos, la necesidad de un despotismo más o menos larvado de la burocracia. La colectividad tiene que entenderse como producto de una elaboración de la voluntad y el pensamiento colectivos, conseguida a través del esfuerzo individual concreto, y no por un proceso fatal ajeno a los individuos; de aquí la necesidad de la disciplina interior, y no sólo de la disciplina externa y mecánica. Si tiene que haber polémicas y escisiones, no hay que tener miedo de enfrentarse con ellas y superarlas; son inevitables en estos procesos de desarrollo, y evitarlas significa sólo retrasarlas hasta el momento en que realmente serán peligrosas o incluso catastróficas, etc.".
Dejemos de lado lo referente a la "elite-aristocracia" y hagamos un par de comentarios sobre el asunto del Estado. Tal y como escribía Gramsci, el Estado no es "algo abstracto, separado de la colectividad de los ciudadanos, como un padre omnipotente que ya pensaría en todo, proveería de todo...". El Estado es, ante todo, determinadas relaciones de fuerza. Partamos del supuesto de que la actual correlación de fuerzas nos indica que el Estado venezolano es de carácter eminentemente burgués y en razón de esto, lejos de servir de "instrumento" para profundizar la revolución bolivariana, tiende a obstaculizar su curso. Pues bien, si partimos de este supuesto, no basta con repetirlo una y otra vez, hasta convertirlo en una consigna vacía, que no nos dice nada. Como escribió alguna vez Michel Foucault - otro tipejo digno de ser leído - no podemos hacer del Estado "una especie de gendarme que venga a aporrear a los diferentes personajes de la historia"[iii]. En cambio, tendríamos que ser capaces de desentrañar la lógica según la cual funciona el Estado, identificar a nuestros adversarios, pero quizá sobre todo a nuestros aliados, que los hay.
La crítica del Estado "como algo abstracto" reproduce la lógica tanto del sentido común opositor como la del chavismo conservador. Como lo ha planteado Erik del Búfalo en un buen artículo, ambos sentidos comunes - con algunas diferencias de grado, pero no de naturaleza - promueven el desaliento, la pasividad, la frustración, el desencanto entre la base social del chavismo. En la medida en que continuamos inmersos en esta lógica, nuestra denuncia de la burocracia, lejos de contribuir a su debilitamiento, refuerza "la necesidad de un despotismo más o menos larvado de la burocracia", y nuestra legítima aspiración de una democratización radical del proceso bolivariano termina reducido a "la falta de una democracia real".
No planteo que opongamos al malestar un entusiasmo ingenuo, acrítico y voluntarista - que no es más que otra forma de pasividad -, sino la combatividad con rigor intelectual. Tal cual lo plantea Gramsci, la constitución de la subjetividad revolucionaria "tiene que entenderse como producto de una elaboración de la voluntad y el pensamiento colectivos, conseguida a través del esfuerzo individual concreto, y no por un proceso fatal ajeno a los individuos". Combatamos, claro que sí, "la deslealtad moral e intelectual". Pero que alguien me explique cómo podemos lograrlo coreando la consigna: "Lo que diga Chávez".
III.-
En su intervención ante la Asamblea Nacional, el pasado 11 de enero, Chávez se propuso realizar "una evaluación autocrítica, descarnada, sobre la cual se puedan construir, con optimismo, confianza y fuerza individual y colectiva renovadas, las bases de un nuevo impulso, rumbo a nuevos horizontes". Lo hizo partiendo de la premisa de que es necesario oír "todas las voces con que el pueblo habla y en todos sus lenguajes, unos abiertos y otros subterráneos". La autoevaluación abarcó tres órdenes: su desempeño como jefe de Estado, líder político y jefe de gobierno. Según su criterio - y en el de un "amigo" al que consultó días antes de su alocución-, habría pasado la prueba en los dos primeros. Pero sobre su actuación como jefe de gobierno afirmó sentirse "mucho menos satisfecho":
"He destacado a lo largo de mi informe los logros en el plano económico, en el plano social, en los índices de calidad de vida, en la construcción de infraestructura que ya la gente conoce y la gente valora. Pero... mi ética revolucionaria me obliga a reconocer los errores y defectos del conjunto del sistema de gobierno en todos sus niveles, que también la gente conoce y sufre. Parto del principio de que el pueblo sabe lo que salió bien y el pueblo sabe lo que salió mal. Al pueblo no se le puede engañar con ningún tipo de eslogan ni con manipulaciones demagógicas".
Más adelante se interrogaba:
"¿Por qué un gobierno revolucionario no ha podido en 9 años cambiar la terrible situación de las cárceles venezolanas, por ejemplo? ¿Por qué razón? ¿Por qué la inseguridad sigue siendo un problema tan grave en los pueblos... en los barrios? ¿Por qué? ¿Por qué no hemos podido solucionar problemas tan graves que azotan a nuestro pueblo en cada esquina, en cada casa, en cada vida, en cada niño, en cada mujer, en cada familia, en cada existencia cotidiana? ¿Por qué ¿Por qué sigue tan fuerte y descarado el contrabando que nos hace mucho daño, el contrabando de extracción, por ejemplo? ¿Por qué? ¿Cuál es la razón de la impunidad? ¿Por qué las mafias siguen incrustadas en las estructuras de los servicios que le pertenecen al pueblo, que le pertenecen a la gente? ¿Por qué? ¿Por qué... las gestiones ante las instituciones públicas siguen siendo una pesadilla para el ciudadano común? ¿Por qué? ¿Cuándo acabaremos con los chantajes abusivos de la permisología? ¿Cuándo? ¿Por qué nos cuesta tanto producir bienes del uso diario, consuetudinario? ¿Por qué seguimos consumiendo tantos alimentos provenientes de otros países? ¿Por qué la corrupción no la hemos podido frenar y mucho menos derrotar? ¿Por qué? ¿Por qué? Todos los días debemos hacernos esas preguntas y buscar la respuesta en lo individual y en lo colectivo".
Anunciaba de esta forma su disposición a lanzar una contraofensiva que hiciera frente al sentido común opositor, y que mitigara el malestar popular derivado de la mala gestión gubernamental. Efectivamente, desde entonces Chávez ha concentrado casi todos sus esfuerzos en atender los problemas enumerados arriba, y justo sería reconocer que, en el corto plazo, ha obtenido relativo éxito, retomando la capacidad de iniciativa y relanzando aquellas políticas a las que debe buena parte de su apoyo popular: las Misiones sociales.
Sin embargo, es la opinión de este servidor que al Chávez-líder político le correspondería proceder tal y como lo hiciera el Chávez-jefe de gobierno: ¿en los días previos a su autocrítica pública se detuvo algún segundo a considerar que con sus palabras podría estar dándole "armas al enemigo"? De hecho, es preciso recordar que Globovisión tomó la parte del discurso en que Chávez se planteaba las preguntas de allá arriba, y la convirtió en uno de sus micros: "Usted lo vio por Globovisión". ¿Ha debido Chávez dejar de decir lo que dijo, so pretexto de que "la ropa sucia se lava en casa"? Por supuesto que no. Más aún: el hecho de que hubiera decidido hacerlo en momentos en que el grueso de las baterías mediáticas opositoras apuntan a la gestión gubernamental, le otorga mayor mérito. El cámara salió aquel día decidido a reconocer el problema, lo que no es poca cosa, puesto que difícilmente puede uno resolver un problema que ni siquiera ha reconocido como tal.
Pero no ha ocurrido así con problemas relacionados con la dirección política de la revolución bolivariana. O digamos más bien que la dirección política del proceso bolivariano, Chávez incluido, no ha reconocido dichos problemas en su justa dimensión. El malestar popular no tiene su origen, exclusivamente, en las deficiencias de la gestión del gobierno bolivariano. El pasado 2D, por ejemplo, no operó sólo un "voto castigo" contra la ineficiencia gubernamental. El malestar se relaciona con algunos de los problemas que ya he anotado arriba: la burocracia estatal, la corrupción, la sospecha de que algunos de los funcionarios más cercanos a Chávez estarían aprovechándose de su posición privilegiada para enriquecerse ilícitamente, mientras le hablan al pueblo de revolución o de socialismo. El malestar está asociado a la grosera ostentación de riqueza por parte de esos mismos funcionarios. La amnistía que se les concediera a muchos golpistas, consideraciones tácticas aparte, produjo malestar. Antes, el proceso de elaboración a puertas cerradas de la propuesta de reforma constitucional, y la infinita incapacidad de la Asamblea Nacional para propiciar lo contrario de un simulacro de participación popular, también produjeron malestar. El proceso de conformación del PSUV, las luchas intestinas, el fraccionalismo, el clientelismo, han producido malestar. La ausencia de sanciones contra Globovisión es una fuente permanente de malestar. Completamente de acuerdo con que todo lo anterior parece un rosario de quejas. Pues bien, cámaras, en eso consiste precisamente el malestar.
Frente al malestar se puede proceder, para resumir la cuestión, de tres formas. Las dos primeras serían: hacer como quien esconde la basura debajo de la alfombra o someter a revisión profunda las fallas de la dirección política de la revolución, como paso previo a la oportuna rectificación, allí donde ésta sea necesaria. Para llevar a cabo esta revisión es preciso saber comprender los lenguajes populares, abiertos o subterráneos, de los que nos hablaba Chávez el pasado 11 de enero. A la tercera opción ya me referí antes, y es complementaria de la segunda: ser capaces de construir un "nuevo sentido común", con una buena dosis de rigor intelectual.
Acciones recientes, como la colocación de algunos niples por parte del grupo guerrillero Venceremos y la posterior toma del Palacio Arzobispal por parte de Lina Ron y algunos colectivos populares - una de cuyas demandas fue el cese de los allanamientos en el 23 de Enero - son signos elocuentes de este malestar. La marcha que realizara la Asamblea Popular Revolucionaria de Caracas el pasado 27 de febrero, fue el primer ensayo de los movimientos articulados en dicha Asamblea por ir más allá de ese mismo malestar. A contracorriente de la opinión generalizada entre la dirección política de la revolución, dichas acciones no responden a la supuesta infiltración de la CIA. Peor aún: la apelación constante a este argumento profundiza el malestar, en lugar de apaciguarlo. La misma marcha de la Asamblea, concretamente una de sus consignas -"No queremos ser gobernados, queremos gobernar" - ha sido blanco de las duras críticas de Chávez. La misma consigna ha sido interpretada equivocadamente como la demostración de que han reaparecido las tendencias "anarcoides" que propugnan por la tesis del "antipoder". Nada más alejado de la realidad. Dicha interpretación refleja el desconocimiento de las dinámicas de ciertas iniciativas populares. Lo preocupante es que, como consecuencia de este desconocimiento, se miden con el mismo rasero acciones políticas de distinta naturaleza.
El ultraizquierdismo ha sido siempre, en todas partes, una expresión de impotencia política, de la incapacidad de interpretar con justeza el momento político, de desesperación, indisciplina y aventurerismo. Pero lo que estamos obligados a entender es que ese malestar difuso al que tanto me he referido aquí, es el caldo de cultivo perfecto para la aparición en escena de las acciones ultrosas. En consecuencia, el problema no se resuelve mediante la aniquilación moral de los cámaras que puedan estar recurriendo a métodos de lucha errados. El problema se resuelve atacando las causas que han dado origen al malestar. Si es cierto que el grupo guerrillero Venceremos le está haciendo un flaco servicio a la revolución colocando un niple frente a Fedecámaras, es sencillamente inaceptable que un Mario Silva se refiera al hecho en los siguientes términos: "Bueno compañero, el que juega con bombas se les tienen que explotar algún día. Y esto no es duro decirlo. Ahí murió un venezolano. Pero, ¿murió haciendo qué? Haciendo terrorismo, compañeros".
Releamos una vez más a Gramsci: "Si tiene que haber polémicas y escisiones, no hay que tener miedo de enfrentarse con ellas y superarlas; son inevitables en estos procesos de desarrollo, y evitarlas significa sólo retrasarlas hasta el momento en que realmente serán peligrosas o incluso catastróficas". Bienvenido el debate a lo interno de las filas revolucionarias. Pero no convoquemos al debate como quien hace una concesión frente a los equivocados de siempre. Porque errores, incluso los más graves, los cometemos todos.
[i] Santos, Boaventura de Sousa. Crítica de la razón indolente. Editorial Desclée de Brouwer, S.A. Bilbao, 2003. Pág. 276.
[ii] Santos, Boaventura de Sousa. Op. Cit. Pág. 278.
[iii] Foucault, Michel. Nacimiento de la biopolítica. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2007. Pág. 21.
1 de marzo de 2008
Ya basta
Muchos compañeros de este camino construido y con ganas de construirse, que es nuestra revolución bolivariana y socialista, me interpelan acerca de mi silencio sobre las cosas preocupantes, que suceden al interior de nuestra revolución. Siempre les contesto, que no creo que sea el espacio de los medios, el lugar para debatir las diferencias y errores de una revolución amenazada seriamente por el imperialismo, además les recuerdo mi condición de Ministro nombrado por el comandante Chávez, que me obliga a actuar con mucha responsabilidad en las acciones que emprendo. No obstante, les informo, que en todo espacio interno que se ha dado para la discusión política, ahí encontrarán mi posición firme, mucha veces contra la corriente, acerca de los problemas de nuestra revolución.
Pero hoy día, ante lo que leo, lo que escucho y lo que veo dentro de nuestra revolución, y tal vez en una acto de angustia consciente, me voy a permitir, con el cuidado que debo tener por mi actual condición, expresar 10 puntos de preocupación, que considero deben abordarse de inmediato para el bien de nuestro pueblo. Por eso digo, con la convicción que nace de mi conciencia. YA BASTA DE:
1. La prepotencia y la soberbia que, desde las estructuras de gobierno, despliegan muchos funcionarios, imponiendo sus liderazgos a fuerza de arbitrariedad y clientelismo.
2. La prepotencia y soberbia de quienes, autodesignados salvadores de la revolución, se creen con el derecho divino de imponer el camino “correcto’’ de la revolución y erigirse o designar a los iconos vivientes de la “autentica revolución”.
3. La irresponsabilidad de quienes se enriquecen al amparo de la revolución y cachetean a nuestro pueblo, ostentando sus ilegitimas y lujosas propiedades, vulnerando el bien más sagrado de nuestra revolución y del Comandante Chávez, la moral revolucionaria.
4. La irresponsabilidad de quienes han convertido la lucha contra la corrupción en un instrumento para dirimir disputas políticas internas, para venganzas personales o simplemente para figuración política. Usando cualquier pretexto administrativo para arremeter contra el elegido a ser fusilado moralmente. Apoyándose para el logro de tal objetivo, en la plataforma comunicacional que maneja la más grande corporación de corrupción, la oligarquía nacional, sin importarles enlodar a toda nuestra revolución.
5. Las tendencias burocráticas, corruptas y reformistas que se comen por dentro las bases de la revolución, contaminando la moral de nuestro pueblo.
6. Las tendencias fraccionalistas que ocultan sus ansias de ocupar espacios de poder, tras las banderas de los principios socialistas. Estas corrientes, en vez de construir fuerza revolucionaria para derrotar al reformismo, sólo intoxican a nuestro pueblo de desmoralización. Convirtiéndose en una amenaza de implosión para nuestro proceso.
7. Combatir incorrectos métodos de expresar las diferencias con peores métodos disciplinarios.
8. Creer que la burguesía y la pequeña burguesía emergente nos ayudaran a construir, en lo estratégico, el socialismo.
9. Fomentar y estimular las desviaciones clientelares y fragmentarias que aun subsisten en nuestro pueblo, como herencia maldita de la cultura Adeca.
10. Nuestra ineficacia y falta de sensibilidad en el cumplimiento de la tarea de hacer: UNA REVOLUCIÓN.
Estas preocupaciones contienen en varios aspectos una autocrítica, pero fundamentalmente el anhelo de que el naciente Partido de la revolución, sea un espacio para debatir todas estas cosas y sea, y ojalá así sea, un partido con métodos y estilos de dirección democrática, de disciplina consciente, de debate democrático para la unidad, de construcción colectiva de los principios socialistas, dejando atrás las prácticas clientelares o las imposiciones ideológicas de manual. Un partido donde la solidaridad, el reconocimiento por nuestras diferencias y el respeto a nuestra dignidad y a nuestro honor, sean las bases de un compañerismo revolucionario.
Ojalá, y así sea, que tengamos un partido que sirva a nuestro pueblo, fortaleciendo su organización, elevando su conciencia y apoyando a su líder el Comandante Hugo Chávez. No entreguemos la esperanza de nuestro pueblo a la oligarquía racista, antipatriota y vengativa.
Publicado originalmente el 1° de marzo de 2008 en:
http://www.aporrea.org/imprime/a52081.html
27 de febrero de 2008
Noticias breves sobre la marcha de este 27F
Poco después de las 2 pm partimos desde la Plaza Venezuela, frente a la cual, poco rato antes, habían desfilado los tres autobuses que trasladaban a los estudiantes opositores, fuertemente custodiados por la Policía Metropolitana. A esta hora me entero de que abandonaron el debate público que sostenían con el Ministro para la Educación Superior. El trabajo ya estaba hecho: ya habían leído su respectivo documento frente a las cámaras de televisión.
Ni una sola vez se entonó la consigna: "¡Uh, ah, Chávez no se va!" Aunque ninguno desea que Chávez se vaya. Escuchamos y entonamos, por primera vez en muchos años, otras nuevas, más acordes con eso que llaman el "momento histórico":
"¡Si el pueblo no se arrecha, nos manda la derecha!"
"¡Que nunca sea primero el hijo del obrero, que nunca sea después el hijo del burgués!"
Variante de la anterior: "¡Educación primero pal hijo del obrero, educación después pal hijo del burgués!"
"¡El pueblo organizado con la revolución, contra la burocracia, contra la corrupción!"
"¡Las calles son del pueblo, no de la oligarquía!"
"¡Lucha lucha lucha, no dejes de luchar, por un gobierno obrero, campesino y popular!"
Y otra de un grupo de estudiantes alemanes de la SDS: "¡A, anti, anticapitalista!"
A las 3:25 pm arribamos a Parque Central, al lugar exacto donde fue asesinada Yulimar Reyes, estudiante de la UCV, el 27F de 1989. Correspondiente acto de homenaje y sentidas palabras del cámara Luis Mercado. A las 4 pm nos estacionamos frente al Nuevo Circo, a la altura de la Avenida Bolívar, y algunos de los presentes dirigieron algunas palabras sobre el terminal de pasajeros como uno de los epicentros de la rebelión popular. A las 4:20 pm paramos frente a la esquina de Pajaritos, donde se hizo fuerte otra consigna: "¡Fuera los ladrones de la revolución!". Tal vez la cercanía con algunas oficinas estatales haya tenido que ver. En el mismo lugar, un joven pidió solidaridad con los siete estudiantes de la Unexpo-Lara, injustamente detenidos durante la madrugada del 17 de febrero pasado. Igualmente, hubo demostraciones de solidaridad con los trabajadores de Sidor, que exigen la nacionalización de la siderúrgica. Diez minutos después, la marcha arribó a su destino, la Plaza Caracas, donde una tarima, las banderas del Comité Alí Primera de la UCV y un pequeño contingente de cámaras aguardaba nuestra llegada.
Mucha gente registró, audiovisual y fotográficamente, las incidencias de la marcha. Así que ya vendrán mejores reseñas. De nuestros canales de televisión, sólo Ávila TV durante la marcha. Ya en Plaza Caracas, Vive TV y ANTV. Usted no lo verá por Venezolana de Televisión. ¿O sí?
Buena esa pa los muchachos de los esténciles. Creo que son los de Alpargatas rebeldes.
En fin, combatividad que promete, algunas destemplanzas discursivas que son naturales en estos tiempos de malestar que se extiende, y balance necesario. La próxima parada es la Asamblea Nacional de Movimientos Populares - algunos de los cuales ya hicieron acto de presencia el día de hoy. Hoy vimos una muestra de lo que somos. Somos más y lo sabemos. Pero no los suficientes. La pregunta que queda en el aire: ¿cómo hacemos para convertir ese malestar en otra cosa?
* No lo vi. Pero de ser cierto lo que comentaron los cámaras - no tengo ninguna razón para creer que no es así -, el asunto ya es preocupante. ¿Agentes de la CIA? Carajo.
19 de febrero de 2008
Porque NO HAY PUEBLO VENCIDO, marcha popular el 27 de febrero
El 27 de febrero convocamos a todo el pueblo bolivariano a la marcha en conmemoración del día de la rebelión popular. A decirles una y otra vez a los enemigos de siempre que no hay pueblo vencido, que hoy el pueblo hace y profundiza su revolución. Partiremos de la Plaza del Rectorado de la UCV a partir de las 12m hasta llegar a la Plaza Caracas, donde haremos la cantata del 27F.Reiteramos entonces que esta marcha la hacemos porque:
Por ello: la marcha del 27F es una marcha para poner en camino el verdadero poder popular, para decirle un rotundo no a todo aquel burócrata que intente instrumentalizar estos gérmenes de organización libre e igualitaria para sus fines de poder y ansias de dinero. Es una marcha para poner en la calle las demandas más sentidas de la gente verdadera y luchadora: queremos vivienda, servicios e infraestructura comunitaria, caminos, alimento, trabajo, salud, educación, tierra, seguridad social y salarios justos; exigiendo socialismo, exigiendo control popular sobre tierras, empresas, vida y estructura ciudadana, exigiendo se expropie a los acaparadores, se aplique la escala móvil de salarios, se acabe por las buenas la ley de la impunidad hacia los ricos y la cárcel para los pobres, antes que tengamos que acabarla nosotros mismos.
Enfrentemos la agresión imperialista
Vivan los libertadores del 27 de Febrero
No queremos ser gobernados, queremos gobernar
- Asamblea Popular Revolucionaria de Caracas -
6 de febrero de 2008
Chávez es un tuki. Notas sobre estética y revolución
La Liga había convenido con el canal de Gustavo Cisneros que la transmisión del juego comenzaría a las 2 de la tarde de aquel 30 de diciembre de 2007, una hora más tarde de lo habitual, tratándose del Estadio Universitario y siendo los Tiburones de La Guaira el equipo de la casa. El acuerdo era desconocido para la mayoría de quienes, a eso de las once de la mañana, habíamos comenzado a reunirnos en torno a la primera alcabala de acceso, situada inmediatamente antes de las escaleras que conducen a la entrada del estadio. El sol era inclemente, y fue templando como se templan las piezas en una acería, de manera que a eso de la una de la tarde podía sentirse el filo amolado del sol sobre la nuca.
Una familia de jodedores, todos varones, ataviados de pulcro blanco, azul y rojo guaireños, mataban el tiempo haciendo chistes a costa de ellos mismos, como francotiradores sin concierto. Al imberbe que le había rehuido al compromiso de decirle un par de palabras lindas a la niña de sus sueños lo tenían a monte. Uno de ellos, que fácilmente podría darle una dura pelea en un concurso de carcajadas a ese monumento a la felicidad que es mi señora madre, se dirigía de cuando en cuando al simpático tuki uniformado con pantalón negro y franela amarillo escandaloso, para implorarle que nos permitieran de una buena vez el acceso por el amor de dios. El tuki le respondía con un par de gestos invariables, a la distancia y sin animosidad ninguna, que tuviéramos paciencia, que todavía no era hora.
- Ese debe ser chavista - dijo el más gordo del grupo. Tan gordo que los botones marfil de la camisa home club despuntaban como misiles a punto de ser lanzados en dirección a los ojos del más entrépito o del más desprevenido.
El guaireño risueño soltó una vez más la carcajada, a la que se unió un coro de carcajadas adolescentes: "No te metas con mi tío", le advirtió severamente al gordo. El tipo que tenía a mi lado no supo bien qué hacer: había respondido al chiste del gordo con un sonrisita entre tímida y cómplice. Pero una vez que hubo comprendido que se trataba de un chiste entre chavistas, replegó disimuladamente la sonrisa y adoptó el semblante de todo aquel que es incapaz de comprender que los chavistas hagamos chistes sobre chavistas. O más bien: que los chavistas hagamos chistes sobre el desprecio que sienten algunos por los chavistas.
Un numeroso grupo de tukis que apareció de la nada, unos diez tal vez, se abalanzó contra la alcabala de acceso, y a juzgar por la expresión en sus rostros puedo jurar que más de uno de los que estaba en la cola sentenció para sus adentros: "Esos deben ser chavistas también". Falsa alarma. El temible contingente de tukis de pantalones negros resultó ser un grupito de jóvenes, mano de obra barata y a destajo, que franqueó la alcabala de acceso, se dirigió a la carpa de la empresa de seguridad, donde fueron dotados de sus respectivas franelas amarillo escandaloso. Uniformados en cuestión de segundos, los tukis se enfilaron hacia la izquierda, hasta perderse de vista, con rumbo a las gradas.
Parte de la fila suspiró de alivio. Al cabo de unos minutos, permitieron el acceso. Entusiasmo desbordante: el espectáculo estaba por comenzar.
II.-
El espectáculo comenzó en febrero de 2002. Como a la mayoría de los míos, guardo de aquellos días malos recuerdos. Pero guardo también - atesoro realmente - un documento inestimable, una magnífica representación de la barbarie que comenzó a mostrarnos su rostro desde entonces. En 1933 Walter Benjamin nos legó "un concepto nuevo, positivo de barbarie". En contraste, hay una barbarie que no se expresa "de la manera buena", nos advirtió. Irónicamente, es una especie de barbarie que se reconoce como digna heredera de lo bello, de las buenas maneras. Ese documento-experimento llevó por nombre Primicia, iniciativa editorial bajo la forma de revista semanal asociada a ese otro monumento a la barbarie que es el diario El Nacional.
"¡Cuánta sangre y horror hay en el fondo de todas las «cosas buenas»!", escribió alguna vez Nietzsche. El número 214 de la revista Primicia, del 18 de febrero de 2002, está plagada de cosas buenas. Muy buenas. Son los buenos, los cultos, la gente bella los que llevan la voz cantante.
La edición en cuestión está escrita en medio de la atmósfera de aire viciado que produjo el pronunciamiento, pocos días antes, del coronel de la Aviación, Pedro Soto: "La nueva estrella, por su parte, se dejó llevar por los aplausos de un gentío totalmente arrastrado por el frenesí", escribía un Rafael Osio Cabrices sin disimular los propios aplausos. La leyenda que en la página siguiente acompaña a la fotografía del coronel redunda en el tono extático: "Nace una estrella. El coronel Soto se dejó conducir por la gente hacia Altamira y la fama". Fama y estrellas: la política en la era del reality show.
Pedro Llorens abría con un reportaje entre apocalíptico y promisorio, mezcla de programa político y propaganda de guerra, que en apariencia ofrecía a sus lectores - los mismos que llevaron a Soto a la fama - diez interrogantes de imperiosa respuesta: ¿Chávez se va o se queda? ¿Es inminente un golpe de Estado? ¿Habrá guerra civil en Venezuela? ¿Aumentará la inseguridad? ¿Estamos en vísperas de un cerco internacional? ¿Qué pasará con la moneda? ¿Se colombianiza Venezuela? ¿La situación venezolana se parece a la argentina? ¿Se reducirá el desempleo? ¿Qué se puede esperar de los precios del petróleo? Falsas preguntas con respuestas anunciadas. El mismo Llorens escribía: "Para muchos, una amplia mayoría, la superación del riesgo cardíaco comienza por la definición de algo tan sencillo como ¿se va o no se va? Es decir, la preocupación mayor, porque lo demás puede resolverse poniendo a alguien que (de verdad) gobierne".
En las páginas intermedias del mismo reportaje, un recuadro a cuarto de página, perdido entre las opiniones de expertos y analistas, nos revelaba "qué dice la calle", personificada en un comerciante ambulante, una vendedora de flores, un buhonero, un seminarista y un abogado. No hay que ser muy perspicaz para adivinar cómo estaban distribuidas las opiniones: apenas uno de los encuestados se declaraba partidario de Chávez, uno, solitario, temerario, como si fuera su voluntad impertinente interrumpir la voluntad general, desentonar en medio de aquel concierto unánime de voces, sabotear la fiesta cuando estaba en su mejor momento. Uno de cinco, amplia minoría: el chavismo reducido a oxímoron. Pero, cosa curiosa: Carlos Montiel - el que afirmaba: "Chávez no cae, ni lo tumban, porque está mandando bien" - es el único de los cinco que no tiene rostro. Al menos no el suyo. Su rostro había sido sustituido por una máscara de Osama bin Laden.
III.-Todo severo estremecimiento del orden político y social trae consigo la súbita irrupción de sujetos sociales que hasta entonces permanecían ocultos a los ojos normalizados del ciudadano común. Es cierto que el mismo estremecimiento revolucionario viene precedido de la participación activa de determinados sujetos, inmediatamente tachados por los guardianes del orden como enemigos políticos. Pero no me refiero a estos. Para decirlo de acuerdo al clásico lenguaje marxiano: en el primer caso hablamos del proletariado; en el segundo, de ese lumpen que el mismo Marx dibujaba no sin un cierto dejo de desprecio. El primero, si está organizado y ha reunido suficientes fuerzas, habrá de ser reducido a sangre y fuego. El segundo habrá de ser necesariamente invisibilizado.
Para el ojo normalizado, el acto revolucionario no sólo es condenable en tanto que pone en peligro el orden de cosas. Además, es moralmente inaceptable, pero sobre todo estéticamente insoportable, en la medida en que remueve aquellos sedimentos sobre los que se sostiene la superficie del mismo orden social. Este sedimento social, esta suerte de "inframundo", ha salido a la calle el 27F de 1989. Entiéndase: no sólo insurge lo peligroso, sino sobre todo lo horrible.
He aquí la suerte que ha corrido el proceso bolivariano: se le condena no sólo debido a su potencial revolucionario, también se le censura por haber dotado de cierta vocería política a sujetos sociales que ya antes de la revolución constituían más que un estorbo visual, tal vez un mal necesario, como los buhoneros, los motorizados o las conserjes. Pero sobre todo, se le desprecia por la simpatía que ha despertado en la trashumancia, entre los que padecen la más atroz de las pobrezas materiales y espirituales. En la oposición literalmente visceral contra el proceso bolivariano, en la repulsa contra su base social, se superponen la casta y la clase, el mantuanaje y lo pequeñoburgués. Lo material, pero también lo estético.
Tal es lo que dejan ver las últimas páginas de aquella revista Primicia: la sección dedicada a las notas sociales (Caras muy caras), escrita por Roland Carreño, borra los límites con el contenido político - abiertamente subversivo - de las páginas precedentes. Es un acto de justicia reconocerlo: son las páginas mejor logradas de la publicación. Ellas son testimonio de la profunda e irreconciliable división de clases que parte en pedazos a la sociedad venezolana. Pero las 13 fotografías que acompañan la reseña - que está lejos de merecer algún comentario - dan cuenta de otra contienda: una guerra sorda, tal vez incruenta, pero no por ello menos intensa y decisiva. Por allí desfilan los apellidos Meir, Velutini, Curiel, Carballo, De Sola, Campei, Phelps, Tovar, Rosso, Scannone, Lavega, Afelba, Cohen, Blasini, Galuci, Ferro, Carderera.
Hay algo en esas medias sonrisas que confunde: algo del torpe candor de quienes nunca antes han tomado parte de una protesta de calle, como adolescentes que se entregan al amor por primera vez. Pero hay sobre todo pose, exhibición, el dejarse-ver de quienes saben cómo desenvolverse bajo el fuego de las miradas más exigentes. Pose y no protesta, porque la burguesía desconoce el verdadero significado de la palabra protesta. Porque lo suyo es la sangre y el horror para que sean posibles las cosas buenas, la cultura culta, lo bello. Hay en sus miradas ese dejo de superioridad infinita de las bestias que han salido a devorar a su presa. Protesta y festejo porque Chávez vete ya. Habrá habido mucho chismorreo. Chávez vete ya. ¡Chávez vete ya! Observando estas fotografías, bien hubiera podido escribir Nietzsche: "en comparación con una única noche de dolor de una mujer histérica culta, la totalidad de los sufrimientos de todos los animales a los que se les ha interrogado hasta ahora con el cuchillo... no cuentan sencillamente nada".
La revolución no sólo removió los sedimentos de la sociedad venezolana: lo mismo hizo con las fastuosas salas de fiesta de la alta burguesía.
Aún es posible deducir la base del programa político opositor - quizá con algunas leves variaciones - a partir de las diez preguntas formuladas en la edición de la revista Primicia mencionada arriba: lo importante es salir de Chávez, "lo demás puede resolverse poniendo a alguien que (de verdad) gobierne", afirmaba Llorens. Transcurrieron años y derrotas, hasta que los expertos en comunicación estratégica y guerra asimétrica fueron capaces de comprender que había que ocultar, al menos parcialmente, el sujeto de la oración - Chávez - y concentrarse en el predicado: gestión de gobierno. ¿Resultado? Un bombardeo inclemente que podría resumirse en una consigna: ¡Que alguien de verdad gobierne!
Fue así como sucedió lo que muchos de nosotros considerábamos un imposible: la siempre virulenta propaganda opositora logró establecer alguna relación de equivalencia con las demandas y el malestar de la base social del chavismo. Cosa improbable: pero si usted aún tiene alguna duda sobre el significado de la frase "pescando en río revuelto", contemple el hecho insólito de un Noticiero Digital citando al Diario Vea - a su columnista Marciano, para mayor asombro - y concluya lo que es obvio.
Es mucho lo que contribuyó en esto la práctica habitual de ese chantaje profundamente antidemocrático que consiste en acallar las demandas populares y silenciar los cuestionamientos a la gestión de gobierno, bajo el argumento de que así le estaríamos dando armas al enemigo. Hoy el enemigo nos ha arrebatado esas mismas armas, y el amplio espectro del chavismo permanece a la defensiva, habiendo perdido de momento la capacidad de iniciativa, mientras el malestar se extiende entre el chavismo popular y revolucionario. Chávez, por su parte, ha sentenciado a muerte a este chantaje, durante su intervención del pasado 11 de enero en la Asamblea Nacional. Entonces se refirió de manera explícita a "cierto tipo de publicidad, tanto de los gobiernos locales como del Gobierno Nacional que presido... publicidad engañosa... demagógica y que contradice muchas veces la realidad que el pueblo está viviendo todos los días". En atacar este flanco débil ha consistido buena parte de la estrategia del aparato propagandístico opositor.
El chavismo popular ha comenzado a pisar firme de nuevo, sacudiéndose lo que aún pudiera quedar de desmoralización, y se dispone a lanzar la contraofensiva. El escenario político a corto plazo dependerá en buena medida de la disposición de Chávez a establecer una alianza sólida con este campo del chavismo, que le reconoce liderazgo y voluntad inquebrantable. En ese ambiente ha transcurrido, por ejemplo, la reciente Asamblea de Movimientos Populares de Caracas, cuyo principal reto a corto plazo es ser capaz de traducir el malestar difuso en rearticulación de los movimientos en torno a un plan de lucha que habrá de ser necesariamente audaz. Pero algo importante ha sucedido: hemos comenzado a reconocernos.
El giro estratégico de la propaganda opositora se funda en un principio que se atribuye a Goebbels: "Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan". Se trata del principio de transposición. Pero al realizar el acto de transponerse, la oposición ha pasado a ocupar un lugar que no es el suyo. Antes de realizar este movimiento, la oposición constituía en sí misma, para la base social del chavismo, una mala noticia, frente a la cual el chavismo asumía la forma de unidad inconmovible. Ha sido un movimiento inducido por la obligación, una precondición para la supervivencia política. La oposición debe buena parte de su segundo aire a su riesgosa apuesta por ocupar el lugar del chavismo, por mimetizarse incluso, asumiendo las formas chavistas: es buen indicador de esto el uso de franelas rojas con un NO estampado en el pecho - las mismas que portó el chavismo en 2004, cuando el referéndum revocatorio - durante la más reciente campaña electoral. Hasta ahora, la oposición ha logrado sacar provecho de este movimiento. Pero atención: por más que pretenda ocupar su lugar, por más que busque parecérsele, sabemos bien que la oposición no es el chavismo. Aquí reside el punto débil de aquélla, y en consecuencia nuestra ventaja inestimable.





13 de abril de 2002. Por: Gustavo Marcano
13 de abril de 2007. Por: Luis Laya
Parece que nadie lleva la cuenta del daño que nos ha hecho el rojo usado a manera de uniforme en actos públicos. ¿Cuantos no se ocultarán, en las instituciones del Estado, detrás de una franela roja?
VI.-
Por regla general, los medios oficiales han tardado una eternidad en entender que en el terreno estético se libra hoy una de las batallas más encarnizadas y decisivas. En este terreno, que el chavismo suele considerar de segundo orden, los enemigos del proceso revolucionario llevan gran ventaja. Globovisión hace lo básico: en el estudio, frente a las cámaras, ubica estratégicamente a unas niñas-bien que perfectamente pudieran protagonizar alguna novela de Venevisión, y que cumplen a la perfección la labor que les ha sido encomendada: actuar las noticias con una destreza tal, que el target al que va dirigido este aberrante ejercicio del periodismo está convencido de que su vida languidece en la peor dictadura que haya padecido cualquier pueblo en toda la historia de la humanidad. Si alguien todavía piensa que es obra de la causalidad el marcado contraste estético entre estas niñas-bien y quienes conducen los programas Radar de los barrios - que también está en la web - o La calle y su gente, es porque no ha entendido nada.
¿Por qué habría de ser de otra forma? Las niñas-bien le hablan a la base social opositora como si le hablaran al espejo. Las mujeres cultas de las clases medias y altas - aquellas de las que nos hablaba Nietzsche - las reconocerán, con satisfacción y orgullo infinitos, como las lindas niñas que siempre quisieron tener. O tal vez reconocerán en ellas a sus propias hijas, estudiantes universitarias sobresalientes o profesionales exitosas. ¿Puede decirse lo mismo de nuestras televisoras? Hay que decirlo, a riesgo de desviar el asunto: ninguna de aquellas niñas-bien aguantaría un round frente a la exuberancia e inteligencia de una Tania Díaz, pero tres o cuatro buenos programas informativos, de opinión, de crítica de medios, o todo esto en uno solo, no pueden ganar la pelea.
Tal vez sea un lapsus, pero no recuerdo en este momento algún programa de los nuestros que vaya dirigido a la base social opositora. Pero lo que es más importante: es casi inexistente la programación orientada al grueso de la base social del chavismo. Orientada quiere decir: concebida de acuerdo a la estética que es propia de la cultura popular. Si el flanco débil de la estrategia de propaganda opositora es pretender ocupar el lugar del chavismo, mimetizarse hasta lograr las formas del chavismo, el flanco débil de los medios oficiales sigue siendo no ocupar el lugar que le corresponde, pero sobre todo ese incomprensible empeño en marcar distancia de la estética popular, barrial, urbana, que es donde habita la inmensa mayoría de los nuestros.
El cámara Juan Antonio Hernández nos suministra este dato crucial que por demás es público: 18 millones de venezolanos y venezolanas tienen hoy menos de 34 años. Esto es, dos terceras partes de la población. No hay que ser un experto en asuntos demográficos para saber que la mayor parte de estos 18 millones de seres habitan en zonas populares urbanas. ¿Qué porcentaje de la parrilla de programación de Venezolana de Televisión va orientada específicamente a este público? Haga el ejercicio: intente recordar, sin hacer trampas, algún programa de corte juvenil, urbano y popular. Yo recuerdo al menos uno, y parece concebido por unas viejas almas que suponen que hablarle a la juventud equivale a repetir 127 veces la palabra "pana" en un lapso de 21 minutos.
En el mejor de los casos, el grueso de la programación de las televisoras oficiales parece responder a los principios básicos de la crítica de la cultura de masas. Mucha Escuela de Frankfurt y muy poco Walter Benjamin. Es hora de abandonar las lecciones contenidas en los viejos libros de un Antonio Pasquali que, al fin y al cabo, hace tiempo que ha renegado de ellos, y que ante la mención de Theodor Adorno, seguramente lo confundirá con el célebre gato de Julio Cortázar. Sería conveniente pasearse por la obra del colombiano Jesús Martín-Barbero, por citar alguno, que hace tiempo saldó cuentas con aquella vieja herencia que nos legó Frankfurt, y a la que sigue aferrada la izquierda cultural.
En nombre de la crítica de la cultura de masas, jamás veremos en las pantallas de Venezolana de Televisión, y sospecho que tampoco en las de Vive Tv o en las de TVes, algún video de Calle 13, porque eso es reguetón. Para los nuestros, el plagio que hiciera el equipo de campaña del candidato Manuel Rosales de la canción Atrévete Te-Te, del mismo Calle 13, más que una demostración de la potencia del marketing electoral opositor, vendría a ser una prueba más de que el reguetón no es cultura, sino una cosa vulgar dirigida a adormecer a las masas. Por esto mismo, jamás podremos disfrutar de un video portentoso, extraordinario y subversivo como aquel en que Calle 13 se la dedica al FBI - Querido FBI, lleva por nombre la canción - y que fue escrito por Residente horas después del asesinato de Filiberto Ojeda Ríos, líder histórico de Los Macheteros, movimiento independentista puertorriqueño. La noche del 3 de diciembre de 2006, ningún militante festejó tan alegre y ruidosamente la victoria de Chávez como los cincuenta adolescentes que se instalaron a bailar reguetón frente a la esquina de Carmelitas, en la Avenida Urdaneta. Pero eso jamás aparecerá por televisión.

Poco importa que miles de adolescentes de los barrios caraqueños estén abandonados a la movida tuki. Los tukis no serán transmitidos por los medios del Estado. ¿Quiénes son los tukis? Les apuesto un millón a una que los niñitos-bien de los liceos privados del este caraqueño saben perfectamente bien quiénes son los tukis. Por supuesto, los desprecian, como desprecian toda expresión de estética barrial, marginal, pobre. Los adolescentes que estudian en los colegios privados de Maracay llaman "elieles" a los jóvenes de los liceos públicos ¿Quién es Eliel? Un joven de 15 años de clase media alta lo tiene claro. Nosotros no. Pretendemos dictarles lecciones de política a un barrio que no conocemos. El efecto es similar a la publicidad engañosa y demagógica que denunciaba Chávez. Los adolescentes de los barrios no nos escuchan, no nos creen. ¿Quiénes son los tukis? Les paso el dato: Chávez usa sus pantalones al más fiel estilo tuki. Chávez es un tuki. Más o menos por eso es el presidente de este país.