21 de noviembre de 2007

Estudiantes opositores llaman a la marcha sin retorno

Finalmente, después de tanto panfleto circulando por las catacumbas electrónicas, después de tanta amenaza del Comando Nacional de la Resistencia, los estudiantes opositores han anunciado lo que ya todos sabíamos: el próximo lunes 26 de noviembre pretenden marchar a Miraflores.

Ciudadanos del mundo, y en particular los no-ciudadanos del centro y oeste de Caracas: están advertidos. Lo ha dicho Ricardo Sánchez. (¡A que no saben quién es! Bien, se los digo: el flamante presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela. Así que asústense). Lo ha dicho Ricardo Sánchez y lo ha registrado Associated Press hace un par de horas: "El movimiento estudiantil no va a dejar la calle... salió a la calle para no dejarla más nunca". No hay retorno caballero.

¿El argumento? Uno que ya estamos cansados de escuchar, y que ya analicé en un artículo en dos partes que publiqué por acá (para leer, pulsa aquí I y II): "En Venezuela se acabó la discriminación política porque nosotros también vamos pa Miraflores".

A continuación les transcribo la nota completa. Sólo les adelanto que es importante fijarse en un detalle: la noticia del día, que es la multitudinaria marcha de los estudiantes progresistas y revolucionarios que recorrió las calles de Caracas el día de hoy, en apoyo a la reforma y en celebración por los 50 años del Día del Estudiante, queda relegada a los tres últimos párrafos. «Equilibrio», le llaman.

Llaman a marchar hacia palacio presidencial en Venezuela.
CARACAS (AP) - Los universitarios opositores llamaron a una marcha al palacio presidencial el próximo lunes para protestar contra el proyecto de reforma de la constitución que promueve el mandatario Hugo Chávez, anunció el miércoles un dirigente estudiantil.

"El próximo día lunes el movimiento va a Miraflores", afirmó el líder universitario, Ricardo Sánchez, al anunciar que los estudiantes irán a manifestar a la sede del gobierno central, área que está vedada para la oposición desde hace cinco años luego de unas violentas protestas que desencadenaron el fallido golpe contra Chávez.


Sánchez, presidente de la Federación de Centros de Estudiantes de la Universidad Central de Venezuela (UCV), dijo que los opositores acordaron marchar hasta el palacio de gobierno en respuesta a una multitudinaria concentración que hicieron el miércoles grupos oficialistas en esa área, que fue decretada zona de seguridad desde el 2002 para impedir el paso de opositores.

"En Venezuela se acabó la discriminación política porque nosotros también vamos pa Miraflores", acotó el dirigente.


"A Miraflores, a Miraflores", vocearon varios cientos de universitarios que se concentraron en la plaza Brión del este de la capital para apoyar la decisión de la dirigencia estudiantil que desde hace un mes viene promoviendo protestas en Caracas y otras ciudades del interior en rechazo a la reforma constitucional promovida por el mandatario.

"El movimiento estudiantil no va a dejar la calle...salió a la calle para no dejarla más nunca", expresó Sánchez luego de declarar que los universitarios llamarán a votar contra la referendo, y no boicotearán los comicios del 2 de diciembre tal como están promoviendo otros sectores opositores.

"Queremos condiciones electorales justas, transparentes y la imparcialidad del Poder Electoral. No cederemos ante el chantaje y no permitiremos que el miedo triunfe", indicó el dirigente universitario Stalin González.

"Nuestro voto este 2 de diciembre va más allá de una simple elección. Nuestro voto será una protesta pública y notoria contra la imposición. Nuestro voto será una protesta contundente contra la amenaza de los derechos más básicos de todos los venezolanos", añadió González.

Varias decenas de miles de seguidores de Chávez marcharon el miércoles por el centro de la capital para expresar su respaldo a la propuesta de reforma de la constitución que prevé la reelección indefinida y la instauración en el país de un modelo socialista.

En medio de banderas venezolanas y contagiosas canciones de salsa, los seguidores de Chávez, vestidos con sus características franelas rojas, recorrieron el centro capitalino hasta los alrededores del palacio presidencial.

César Trompiz, miembro de la comisión presidencial para la conformación del poder popular estudiantil, expresó que la manifestación oficialista busca "demostrar al mundo que la batalla y el compromiso con la revolución siguen más fuertes que nunca", según reseña de la agencia estatal de noticias.

13 de noviembre de 2007

Develando la estrategia opositora: universidad, violencia y territorio (y II)

IV.-
El miércoles 7 de noviembre, en el programa Buenas noches, que transmite Globovisión, un inefable Stalin González declaraba que "acorralar" a los "agresores" en la Escuela de Trabajo Social de la UCV había sido una reacción "normal" de los buenos muchachos opositores. Dijo más: la acción de acorralamiento estaba plenamente ajustada a derecho, puesto que la intención no era otra que entregar a los "agresores" a los fiscales del Ministerio Público.

Éste constituye otro de los aspectos del discurso asociado a la estrategia opositora: los estudiantes, y en general la «sociedad civil» que se manifiesta en contra de la reforma constitucional, serán siempre la expresión más acabada de las fuerzas pacíficas y democráticas que luchan contra un régimen dictatorial, criminal y violento. En razón de esto, televisoras como Globovisión simplemente desviarán la atención y se abstendrán de hacer cualquier comentario cuando sus mismas cámaras capten imágenes de estudiantes opositores incurriendo en graves agresiones contra la fuerza pública, tal y como sucedió cuando, durante la marcha hacia el Consejo Nacional Electoral, el 1 de noviembre pasado, un joven roció con gasolina un vehículo de la Policía Metropolitana.

Es por esto que el mismo Pedro Luis Flores que, el miércoles 7 de noviembre, repasaba extático las primeras planas de los diarios venezolanos, al toparse con la edición de Panorama del jueves 8 de noviembre, celebró la fotografía que ya analicé en la primera parte de este artículo, pero evitó hacer cualquier comentario sobre otra noticia que también aparecía en primera plana:

En imágenes que fueron transmitidas por el canal estatal, Venezolana de Televisión, el sábado 3 de noviembre (y captadas por un videoaficionado un día antes), puede verse a Yorman Barillas, estudiante de la Universidad del Zulia, militante de Un Nuevo Tiempo (opositor) y candidato a la Federación de Centros Universitarios (máxima instancia de representación estudiantil), alternando con varios jóvenes que, en el transcurso del video, aparecen portando armas de fuego, cortas y largas. Más tarde, ese 2 de noviembre, se produjeron en los predios universitarios enfrentamientos armados entre grupos estudiantiles opositores, que dejaron el lamentable saldo de dos estudiantes muertos. Cinco días después, si no antes, ya esto no era noticia: ni había estudiantes revolucionarios involucrados ni los enfrentamientos tuvieron nada que ver con la reforma constitucional, sino con la postergación de las elecciones estudiantiles y la lucha interna por cuotas de poder.

De acuerdo a la misma estrategia, Globovisión silenció deliberadamente las imágenes grabadas por la televisora comunitaria caraqueña Catia TV, y otras imágenes de Ávila TV, que presentan una versión radicalmente distinta de la difundida por Globovisión. En resumen, ambas televisoras registran el violento ataque del que fueran víctimas los estudiantes refugiados en la escuela de Trabajo Social de la UCV y el destrozo de las instalaciones. Los pacíficos estudiantes opositores la emprendieron con piedras, bombas molotov y, según el testimonio de los estudiantes cercados, con bombas lacrimógenas, niples y disparos. Catia TV capta el momento en que algunos estudiantes opositores vocean consignas que piden la muerte de los bolivarianos.

Ataque contra las instalaciones de la escuela de Trabajo Social de la UCV. Un joven encapuchado opositor lanza una bomba molotov. Fuente: Reuters.

Jóvenes opositores a las puertas de la escuela de Trabajo Social de la UCV. En varias ocasiones intentaron prenderle fuego. Fuente: ABN.

Igualmente, en razón de esta lógica los medios privados silenciaron las declaraciones del señor Pedro Fajardo, conductor de la unidad de transporte que fue incendiada por encapuchados dentro de la UCV, la tarde del 7 de noviembre, y que desmiente, en entrevista concedida a Ávila TV, la versión (de las autoridades universitarias) según la cual los responsables habrían sido los estudiantes revolucionarios, que a esa hora se hallaban refugiados en la escuela de Trabajo Social.

Mención aparte merece el hecho de que las cámaras del principal canal del Estado, Venezolana de Televisión, no estuvieran presentes en el lugar de los hechos. En todo momento dio la impresión de que la respuesta al cerco mediático que pretendían imponer los medios opositores, corría por cuenta de dos pequeñas pero combativas televisoras (Catia TV y Ávila TV, con un radio de acción y difusión muy limitado). Luego, en este orden, los espacios televisivos Dando y Dando (Aristóbulo Istúriz y Tania Díaz), Contragolpe (Vanessa Davies) y La Hojilla (Mario Silva), transmitidos por Venezolana de Televisión, difundieron las imágenes grabadas por las dos televisoras ya mencionadas y abrieron sus espacios a la participación de algunos de los estudiantes que habían sido víctimas del asedio opositor. Lo mismo haría, ya entrada la noche, Ávila TV.

Llegados a este punto, bien vale una segunda digresión: circula por la web un documento, Trece pasos para salir del laberinto, fechado en octubre de 2007 y firmado por una supuesta Unidad de Análisis Estratégico. Se trata de un documento que quizá no sea digno de todo crédito y es posible que su súbita aparición responda a la misma estrategia de desmovilización y desmoralización de las filas del chavismo radical y democrático. Pero hay un par de párrafos que llaman la atención:

Por otra parte, mientras los medios de comunicación democráticos profundizan la matriz: chavistas criminales versus oposicionistas democráticos, se debe forzar al Presidente para que saque del gabinete y limite la actuación de toda vocería radical del chavismo, como por ejemplo: Aristóbulo Istúriz, Mario Silva, los Robertos [Malaver y Hernández Montoya], Vanessa Davies, Vladimir Acosta, Ernesto Villegas, los estudiantes bolivarianos. Silencio total sobre diputados como Luis Tascón, Iris Valera, Carlos Escarrá, Earle Herrera. Neutralizar alcaldes como Juan Barreto, incluida la posibilidad de que salga del aire o le cambien el formato a Ávila-TV. Invocando el espíritu de concordia y armonía de las festividades navideñas, se debe lograr que el chavismo moderado presione para la salida del aire del programa La Hojilla y de ser posible convencer al mismo Presidente de lo adecuado que sería mantenerse bajo perfil luego del referéndum de diciembre, que de seguro ganará con el apoyo del CNE.

Antes se refiere de manera específica al canal Ávila TV y al programa La Hojilla en los siguientes términos:

Atención aparte merece el caso de la gente de Ávila-TV, la cual no hace tanto daño hoy, pero sí puede ser un peligro si mañana diversos sectores afectos al gobierno comienzan a hacer un uso más atento a su potencial comunicacional. Muy importante, se debe olvidar a Mario Silva, bajar al máximo la atención sobre él, de manera que si mañana algo le pasa, nada tendría que ver con la oposición democrática, pues hay indicios de que, dentro de cierto chavismo, él viene siendo incómodo.

¿Ficción? ¿Realidad? ¿Guerra psicológica? Obviamente no lo sabemos. Pero algo resulta muy claro y es un dato que no debe pasar desapercibido: se identifica como "vocería radical del chavismo" a buena parte de los periodistas que vienen haciéndole frente a la estrategia opositora de criminalización, desmovilización y desmoralización del chavismo popular y democrático.

V.-
Retomando: la periodista Vanessa Davies, durante la transmisión del programa Contragolpe, el 7 de noviembre, se refirió al ataque de los estudiantes opositores contra la escuela de Trabajo Social, más o menos en los siguientes términos: «es la primera vez en la historia de la UCV que estudiantes provenientes de otras universidades provocan destrozos contra sus instalaciones».

Un hecho inédito, sin duda alguna, que responde a una circunstancia muy concreta a la que me referí en la primera parte de este artículo: en buena parte de las universidades nacionales, públicas y privadas, los estudiantes revolucionarios constituyen franca minoría. El enfrentamiento inicial, a la llegada de la marcha proveniente del Tribunal Supremo de Justicia, y luego el ataque contra los estudiantes encerrados en Trabajo Social, deben ser interpretados como episodios de una lucha por el control del territorio.

Los mismos estudiantes opositores que han visto constantemente frustradas sus intenciones de penetrar un territorio (centro y oeste de la ciudad) que está fuera de su área de influencia, respondieron con violencia intentando prevalecer en un territorio que controlan. Por eso, además, el ataque contra una escuela (de Trabajo Social) cuyo centro de estudiantes está bajo control del chavismo, y por eso mismo el posterior ataque que provocó el incendio del centro de estudiantes de la escuela de Derecho de la UCV (hecho acaecido durante la noche del 9 de noviembre).

No se trata acá de hacer pasar por análisis una vulgar apología de violencia o de la Ley del Talión. Tampoco se trata de reproducir el maniqueísmo que abunda tanto en los medios privados como en los estatales. Antes al contrario, se trata de hacer visible el complejo entramado de relaciones de fuerza que atraviesa la ciudad de Caracas y que se expresa, con claridad, territorialmente; relaciones de fuerza que, lejos de ser estáticas, son variables, movibles, modificables. De allí la importancia de un análisis que ponga el acento en las estrategias que despliegan las fuerzas encontradas, y por eso mismo la inutilidad de la propaganda, tanto opositora como estatal, que ha hecho una norma, casi una ley, subestimar, menospreciar y minimizar a las fuerzas contrarias.

Estudiantes universitarios opositores han intentando incendiar y linchar a los estudiantes revolucionarios refugiados en Trabajo Social, en primer lugar porque la despiadada propaganda de guerra que difunden permanentemente los medios opositores, les ha persuadido de que se trata de un acto de justicia, un acto dirigido a ajusticiar a los violentos y criminales chavistas. Tal y como lo ha definido Stalin González: es una lucha de lo "normal" contra lo patológico. Y lo patológico debe ser extirpado del cuerpo social.

Earle Herrera, integrante de la "vocería radical del chavismo" y conductor del espacio televisivo El kiosco veraz, que transmite Venezolana de Televisión los domingos a las 9 de la mañana, en su edición del 11 de noviembre recoge el comentario (publicado por el vespertino El Mundo, el 9 de noviembre) de una madre de estudiantes opositores de la UCV, que ilustra el tipo de mentalidad que se ha venido conformando en el antichavista promedio como consecuencia de la propaganda de los medios privados: "A esos macacos hay que sacarlos de la universidad. Aquí estudian mis hijos y no quiero que se mezclen con esa gentuza. Hay que hablar con las autoridades para que boten de aquí a esos malandros".

En segundo lugar, los estudiantes opositores provenientes de universidad privadas que han causado los destrozos en la escuela de Trabajo Social, han actuado convencidos de estar defendiendo un territorio que les pertenece. La saña y la violencia con la que han procedido nos ha mostrado su verdadero rostro: es un rostro terrible, que debe ser constantemente maquillado y embellecido por los medios opositores.

Está claro que, en este contexto, la pasividad de los estudiantes revolucionarios no es una opción. Precisamente, a su desmovilización, como he intentado demostrar, apunta la estrategia opositora. Pero como ya he apuntado, es preciso evitar a toda costa ceder al chantaje y a la provocación, mucho más en un territorio donde los estudiantes revolucionarios son minoría. En universidades como la Central de Venezuela, el reto consiste en ir creando las condiciones para instaurar y multiplicar espacios de libertad. El reto es aún mayor en la medida en que la Universidad, con mayúscula, constituye hoy una de las instituciones más conservadoras de la sociedad venezolana. Los centros de estudiantes, las federaciones de centros, las instancias de cogobierno, reproducen la misma lógica profundamente antidemocrática y representativa que hemos identificado hace ya unos cuantos años como un lastre de la vieja cultura política que obstaculiza la democracia radical.

La reforma del artículo 109 constitucional contribuirá a modificar, pero no a invertir, las relaciones de fuerza a lo interno de las universidades. Por eso las autoridades universitarias, y aún muchos estudiantes opositores, denuncian que el propósito real de la reforma constitucional es acabar con la autonomía universitaria. Allí donde dicen «autonomía», léase: defensa del territorio conquistado, preservación de un estatus de relaciones de fuerza. Por eso la reforma es "democrática", pero no "conveniente". La reforma del referido artículo debe ser concebida como una jugada táctica, que ayuda a destrabar, pero no decide el curso de la lucha. Una lucha, por demás, que si es revolucionaria, se libra también al margen de modificaciones de ley.

VI.-
La reforma constitucional es una promesa, pero también una amenaza. Promete la profundización de la revolución bolivariana, en tanto que sentaría las bases para la construcción del socialismo venezolano. Pero, al mismo tiempo, constituye una amenaza en la medida en que hagamos nuestra la idea según la cual esta profundización democrática y radical de la revolución bolivariana no es posible sin reforma constitucional.

Algunos contenidos de la reforma constitucional han sido cuestionados por sectores indiscutiblemente vinculados y comprometidos con el proceso revolucionario. Inclusive, las críticas más radicales apuntan a señalar que ha debido convocarse a una Asamblea Constituyente. Cualquiera podría señalar que, sobre todo a partir del pronunciamiento del general Baduel, todo asomo de crítica pasa a ser sospechoso de «traición». Esto, cámaras, me parece un chantaje casi tan peligroso como el chantaje opositor y antidemocrático al que he hecho referencia a lo largo de este artículo.

El acto de votar por el SÍ a la reforma constitucional debe constituir, en sí mismo, un ejercicio crítico, democrático y por tanto revolucionario. La lealtad en la acción no se impone. La lealtad impuesta es subordinación. La disciplina impuesta es domesticación. La intolerancia frente a la crítica conduce al silenciamiento. Militantes subordinados, domesticados y acríticos no son militantes revolucionarios. Y sin militantes revolucionarios no se hace ninguna revolución.

Ese chantaje que consiste en tildar de «traición» toda crítica, forma parte de la estrategia de la derecha endógena, conformada por esos segmentos esclerosados, burocratizados y conservadores del chavismo, a los que hacía referencia al inicio de este artículo. La eventual expulsión de Luis Tascón de las filas del PSUV, otro integrante de la "vocería radical del chavismo", es un signo desalentador, aparentemente promovida por el chavismo conservador, el mismo que llama a la unidad y a cerrar filas con Chávez, pero de hecho atenta contra esa misma unidad de las filas revolucionarias.

La derecha endógena es minoría, aunque haya venido acumulando espacios de poder y recursos económicos. Pero el poder, ya nos lo enseñaba Foucault, no se toma simplemente, sino que se ejerce. El chavismo conservador ejerce hábilmente el poder y se nos presenta como mayoría. El chavismo popular, radical y revolucionario está llamado, en función de garantizar la profundización democrática del proceso bolivariano, a ejercer el poder en consecuencia. Que cachicamo no trabaje pa' lapa. El cachicamo, por otra parte, es bueno que lo sepamos todos, es uno de los pocos animales que es capaz de vencer a los alacranes.

El Frente Antifascista de Venezuela publicó un artículo, El metabolismo de las revoluciones, en la más reciente edición (9 de noviembre) del semanario Temas Venezuela. Se trata, a mi juicio, de uno de los análisis más lucidos de la actual coyuntura, y por tanto me gustaría compartir un fragmento con ustedes. Los énfasis agregados corren por cuenta mía. Son los aspectos del análisis que me parecen más relevantes, son también los que suscribo completamente y es con lo que quisiera cerrar este artículo:

Para Chávez, asegurar su descrédito [se refiere a Baduel] es una necesidad, tanto en el horizonte personal como en el horizonte estratégico. En el plano estratégico, el proceso de reforma es la batalla actual en la trayectoria de consolidación del proceso bolivariano. Al ser atacada por un actor relevante del propio proceso, es evidentemente necesario neutralizar sus efectos. En el plano personal, él es el autor fundamental de la estrategia de reforma, y la calificación que realiza Baduel de la misma es un ataque directo a su legitimidad. A su vez, desde hace años, Chávez percibía a Baduel como un contrincante a futuro en el liderazgo popular. De ahí que su respuesta se guíe por la calificación de la traición personal, y por el desmontaje del mito en el imaginario popular.

Por otra parte, la mayoría de reacciones permisadas en los foros públicos que apoyan la revolución se orientan en el mismo sentido: descalificación del actor, revelación de sospechas y anticipaciones, condena de sus actos y decisiones, y si acaso, el despecho de muchos que confiaron en su liderazgo revolucionario y sienten su nueva posición como una puñalada.

Pero quizá lo más relevante no es el modo en que reacciona Chávez, sino la rebatiña carroñera de quienes le rodean. Si para Chávez hay una intención estratégica, en la mayoría del resto de actores lo que hay es el rencor acumulado ante el liderazgo autónomo, y la necesidad de enterrar lo más pronto posible al cadáver, para que la crítica implícita a su falta de legitimidad se evapore lo más pronto posible.

En definitiva, un saldo quizá más importante que la coyuntura concreta, en el marco del inicio de la campaña por el referéndum que sin duda hay que ganar por mayoría contundente, es el potencial quiebre de las bases que sustentan la unipolaridad discursiva a lo interno del proceso. Con un poco de suerte, ese quiebre se convertirá en resquebrajamiento, para dar rienda suelta a la crítica radicalmente democrática de las fallas y lacras acumuladas en el aparato de gobierno, como válvula necesaria para poder consolidar la revolución por la que luchan las mayorías populares. Sólo así podrá construirse un socialismo radicalmente democrático.

Salud.

A veces sucede que los medios no callan (ni mandan a callar)

Los medios opositores venezolanos han celebrado a rabiar la iracundia soberbia de un Juan Carlos de Borbón mandando a callar a Chávez durante la sesión de cierre de la XVII Cumbre Iberoamericana, celebrada en Chile. Poco importa si la afrenta ha sido dirigida hacia un compatriota. Pero vamos a estar claros: ni podemos esperar que los medios venezolanos asuman en relación con Chávez una postura semejante a la asumida por Zapatero en relación con Aznar ni tampoco deseamos que así sea. La derecha que defienda a la derecha. Zapatero, pues él sabrá.

En lo particular, estoy convencido de que la defensa de Aznar es una simple argucia retórica del presidente español. El cuestionamiento de fondo, que inició con Evo Morales y continuó con Chávez, va mucho más allá de la menguada figura de Aznar, y tiene que ver con la forma como comienza a concebirse a sí misma nuestra América rebelde y su relación histórica con los imperios, los de antes y el de ahora. El ejercicio de memoria histórica que han realizado Evo y Chávez ha chocado de frente con la mala conciencia española.

La noticia, para los medios, es el choque. Para los medios opositores venezolanos, y para la prensa conservadora de todo el hemisferio (que es casi toda), Chávez ha sido el responsable de este choque: por su impertinencia, por sus malas maneras, por su intemperancia, y por todo eso que ya hemos escuchado y leído miles y miles de veces. En cuanto a la memoria histórica, que quede sepultada en los libros de historia.

Los medios opositores venezolanos, la prensa y las cadenas televisivas conservadoras del hemisferio imponen de hecho lo que Juan Carlos ha mandado: el silencio. Pero a veces sucede que los medios no callan ni tampoco mandan a callar. Como esto es un fenómeno que suele presentarse tan poco, y como la prensa equilibrada, progresista e inteligente equivale en el mundo de los impresos noticiosos a lo que en el mundo animal son las especies en peligro de extinción, comparto con ustedes los casos de dos raros especimenes: dos diarios que se atreven a ir más allá de las simplezas que nos ha impuesto la hegemonía comunicacional conservadora.

El primero de ellos es un diario español, de muy reciente data: Público. En su edición del domingo 11 de noviembre, Público le apuesta a una primera página que centra su atención, precisamente, en la "bronca" protagonizada por Zapatero, Juan Carlos y Chávez:
Pero lean ahora la nota que escribe su director, Ignacio Escolar, en la página 3 de la misma edición:


Una lección para Aznar.
Un ejercicio de política-ficción fácil de resolver: ¿qué habría pasado si hubiese sido Aznar el que estuviese en el lugar de Zapatero ayer en Santiago de Chile? ¿Habría dado la cara el presidente de honor del PP, ese patriota, por el presidente de su país? Me cuesta imaginármelo. En los últimos tres años y medio, el hombre que nos quiso sacar del rincón de la historia se ha convertido en una especie de anti-embajador de España, que usa todos los contactos y amistades que mantiene tras su paso por La Moncloa para complicar lo más posible las relaciones diplomáticas españolas. Aznar ha aprovechado cada cita internacional, cada micrófono, cada entrevista, para cargar contra el Gobierno de su país, contra su política exterior, contra sus propios ciudadanos a los que tacha de cobardes, a los que riñe porque no votaron como su heredero al que él había señalado con su dedo.

Dice Zapatero que el Gobierno de España “siempre ha respetado, respeta y respetará a todos los gobernantes elegidos democráticamente”. Discrepo. El “ha respetado” se referirá a los últimos tres años y medio. Hugo Chávez tenía algo de razón cuando criticaba el papel que jugó el Gobierno de Aznar durante el golpe de estado de 2002 en Venezuela, aunque ayer no fuese ni el día ni el interlocutor ni el lugar oportuno para ese debate.


Sí, por supuesto, algo parecido hubiéramos podido leer en alguna editorial de El Nacional o de El Universal. Claro que sí.

La edición del domingo 12 de noviembre nos ofrece ir al "origen de la bronca":

Yo pensé exactamente lo mismo: ¿un diario intentando, al menos, ir al fondo del problema? Pues sí, parece que aún existen. De esta edición quiero mostrarles acá dos buenas notas. La primera, publicada en la página 3, continúa la línea de análisis que ya trazara Ignacio Escolar el día anterior:


Las veces que Aznar no defendió a España.
Ha aprovechado sus viajes para cargar contra el Gobierno de Zapatero.
Yolanda González
Madrid


Quizá minutos antes de telefonear a Rodríguez Zapatero para agradecerle su defensa, a Aznar se le pasó por la cabeza todas las veces que él hizo justamente lo contrario.

Desde que abandonó la presidencia del Gobierno, la labor de José María Aznar ha tenido un claro escenario dominante: campus universitarios alrededor del mundo. Y en ninguna de sus conferencias han faltado referencias a España. Un país al borde del precipicio con un gran culpable: José Luis Rodríguez Zapatero.

Su último ataque llegó hace unos días a cuenta de la crisis de Chad. Tras agradecer a Sarkozy las gestiones para ayudar a los españoles, se confesó “humillado” porque no hubiera sido Zapatero quien acudiera al país africano a liberar a los retenidos. Hay más ejemplos.

10/09/04
“Partido del odio”
Sus dardos llegaron esta vez desde las páginas del diario alemán Die Welt. Aznar aseguró que “la izquierda que está en el gobierno” en España es “el partido del odio”. También acusó al gobierno de Zapatero de tener como objetivo “sistemático destruir el pasado, lo logrado hasta ahora”.


22/9/04
Sobre el 11-M
Era su primer día como profesor asociado en la Universidad de Georgetown (EEUU) y no faltaron en su discurso las alusiones al 11-M. A su juicio, el problema con Al Qaeda en España no empezó con la intervención en Irak, sino “que viene de mucho atrás”, desde que “España rechazó ser un trozo más del mundo islámico cuando fue conquistada por los moros, y rehusó perder su identidad”. Unas opiniones que en el PSOE calificaron de “patéticas y contradictorias”.


Dos años después, en octubre de 2006, en una entrevista concedida al diario chileno El Mercurio, insistió en que “sin el 11-M las elecciones españolas habrían sido distintas”.

8/10/2005
Momento crítico
Ante cientos de empresarios en México consideró que “España corre riesgos serios de desintegración y balcanización, de volver históricamente a las andadas”.


18/01/2007
Uniones gays
También llevó fuera de nuestras fronteras su discurso sobre la familia y sus valores. En su acto de investidura como doctor honoris causa de la Universidad Católica de Milán, José María Aznar señaló que “las uniones entre personas del mismo sexo pueden ser muy respetables, pero no deben ser equiparadas ni al matrimonio ni a la familia”.


Por estas fechas, la Ley de matrimonios entre personas del mismo sexo ya estaba en vigor en España. Concretamente, desde junio de 2005.

10/4/07
“Una calamidad”
El presidente de FAES consideró que la reciente visita a Cuba del ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, había sido “una calamidad para los disidentes”. Y criticó la política del gobierno hacia la isla. A su juicio, a Zapatero “no le interesan los derechos humanos ni las libertades de los cubanos, sino simplemente el mantenimiento del régimen”.


La segunda aparece publicada en la página 4, incluye entrevista a Luis Britto García, y va acompañada de la siguiente fotografía:


Chávez no olvida el golpe.
Sus partidarios justifican su actitud con el supuesto respaldo de Aznar a los golpistas en 2002.

Trinidad Deiros
Madrid

Los muchos partidarios que Hugo Chávez tiene en Venezuela han hecho suya su idea de que “la verdad no ofende”. De este parecer es el escritor y analista cercano al Gobierno venezolano, Luis Britto, que, en conversacion telefónica con Público, describe como “un hecho irrefutable” el apoyo del Gobierno de José María Aznar al golpe de Estado que en 2002 intentó derrocar al presidente de su país.

Este apoyo, que el mismo Miguel Ángel Moratinos desveló en 2004 en un programa de televisión, pasó bastante inadvertido en España. No así en Venezuela. Luis Britto cree que la ambigua postura de Aznar hacia la intentona golpista, “que no fue ajeno a los intereses de empresas españolas en Venezuela”, está en “el trasfondo del incidente entre Chávez, Zapatero y el rey”.

España y EEUU
El 11 de abril de 2002, un grupo de militares pidió la renuncia del presidente y, ante su negativa, ordenó su detención. El mismo día, Pedro Carmona, jefe de la patronal venezolana, se autoproclamó presidente, disolvió el Parlamento y anuló de un plumazo todas las instituciones democráticas.


Poco duró en el poder, dos días. Las manifestaciones populares y la reacción de un sector del Ejército forzaron el retorno de Hugo Chávez a la presidencia.

Dos países mostraron una clara ambigüedad hacia los golpistas: Estados Unidos y España. En una declaración conjunta firmada por ambos, se expresaba su solidaridad con “el pueblo de Venezuela”, así como el “deseo de que la excepcional situación que experimenta Venezuela conduzca en el plazo más breve a la normalización democrática plena”.

Ninguna mención a la ilegalidad del golpe ni a la situación de Chávez, que continuaba encarcelado.

Argentina, Chile, México y Brasil se negaron a firmar esta declaración.

Una reunión con el golpista
El embajador español en Venezuela, Manuel Viturro, mantuvo incluso una reunión posterior con el golpista Carmona –según reveló Moratinos también en el Congreso de los Diputados–, en la que también participó el embajador norteamericano, Charles Shapiro.

En su comparecencia en el Congreso, el actual ministro español de Asuntos Exteriores hizo público el contenido de un telegrama del embajador español en Caracas.

En él, se podían leer frases como la siguiente: “La reunión nos permitió incluso subrayar nuestra sorpresa por la disolución de la Asamblea y decirle que actitudes como ésa podían hacer difícil que pudiésemos en el futuro expresar nuestra amistad hacia él y nuestra comprensión hacia el anunciado proceso de consolidación de las instituciones democráticas en Venezuela”.

La diatriba de Chávez contra Aznar, al que describió en Chile como “un fascista”, un “cachorro del imperio” y un “tipo que da asco y lástima, de la misma calaña que Adolfo Hitler”, se remite para Luis Britto a la equívoca actuación del Gobierno español en aquel momento.

“Cuando alguien está a punto de perder la vida (Chávez), es normal que ataque a quienes apoyaron a sus agresores”, sostiene este intelectual.

Las “pretensiones de algunos medios de comunicación españoles” de que el Gobierno intervenga en asuntos internos de países latinoamericanos “cuando se supone que los intereses económicos españoles están siendo vulnerados” sorprenden a Britto. El ejemplo que evoca es aún reciente: el de la “legítima” nacionalización de la explotación de los hidrocarburos en Bolivia.

El analista estima que España debe olvidar “los tiempos del Imperio”. La reacción del rey ante los insultos a Aznar le parece además “fuera del protocolo” pues “no tenía derecho a mandar callar a otro jefe de Estado, lo mismo que si hubiera sucedido a la inversa”.

El segundo raro ejemplo de periodismo digno es el que nos ofrece el diario mexicano La Jornada. Si no lo ha leído, pues vaya y léalo. Les dejo la editorial del lunes 12 de noviembre, que suscribo completamente. Salud.

Editorial.
España: injerencias no explicadas.
Tras la agitación en la clausura de la Cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile, en la que el rey de España, Juan Carlos de Borbón, intentó callar con malas maneras al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, es preciso ir más allá de los encontronazos verbales y ver que detrás de ellos hay un redimensionamiento inexorable de la presencia española –política, diplomática y económica– en nuestro hemisferio.

Por principio de cuentas, sería necio desconocer que, tras la muerte de Franco, la antigua metrópoli desempeñó un papel positivo en América Latina, asolada entonces por sangrientas dictaduras militares alentadas desde Washington. Durante los años 80 del siglo pasado, España fue, junto con Francia, un contrapeso –pequeño y a veces tímido, pero siempre reconfortante– a los intereses hegemónicos de Estados Unidos en la región y tierra de asilo para opositores perseguidos.

En la década siguiente, conforme se colapsaban los regímenes militares en este lado del Atlántico y las nacientes democracias enfrentaban los saldos de desastre, se produjo una notable expansión de las inversiones peninsulares en América Latina. El flujo de capitales correspondiente resultó importante para la recuperación de economías devastadas por la crisis de la deuda externa.

El avance de la integración española a la Europa comunitaria y la llegada de los posfranquistas del Partido Popular (PP) a La Moncloa implicó un realineamiento de la percepción de Latinoamérica en los órganos del Estado español. Desaparecieron los matices que diferenciaban a Madrid de Washington y los países de este hemisferio dejaron de ser vistos como parte de un universo idiomático y cultural común para ser considerados mercados, en los cuales era preciso aplicar las normas de rapiña y depredación características del modelo globalizador en curso. A medida que las economías salían del amargo trance de fin de siglo, de este lado del mar se cayó en la cuenta que las trasnacionales españolas, ya por entonces con fuerte presencia regional, no eran menos voraces ni menos implacables que las estadunidenses.

La rapacidad de las grandes corporaciones peninsulares –especialmente las que tienen intereses en los sectores hídricos y energéticos– les ha generado conflictos de diversos grados con gobiernos de Argentina, Bolivia y con las sociedades de casi todos los países en los que tienen presencia.

Ante el surgimiento de gobiernos latinoamericanos con propuestas económicas alternativas al Consenso de Washington y con políticas exteriores independientes, el gobierno que encabezaba José María Aznar emprendió una política de abierta injerencia para favorecer a las fuerzas derechistas de este lado del Atlántico. En el encuentro de anteayer, el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, dio cuenta de cómo, ya en tiempos de Rodríguez Zapatero, en la embajada de España en Managua se conspiró para impedir el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional, lo que generó por segunda vez la ira del jefe del Estado español, quien abandonó con rudeza la sesión.

Ayer Chávez recordó que el gobierno de Aznar participó en la conjura que desembocó en el fallido golpe de Estado de 2002, que por un par de días alejó al presidente venezolano del poder. El ex jefe del gobierno español buscó, además, inducir a varios países latinoamericanos –con especial énfasis México y Chile– a la catastrófica y criminal aventura bélica de Estados Unidos en Irak (y antes en Afganistán), faltando con ello al elemental respeto a las soberanías nacionales y a las facultades exclusivas de cada país de fijar su política exterior.

No hay que equivocarse: no es que Chávez u Ortega le hayan colmado la paciencia al rey de España, es que algunos gobiernos de este hemisferio han sido demasiado pacientes ante el intervencionismo español.

Ahora resulta fácil imputar al cavernario Aznar las responsabilidades por estos actos hostiles, inadmisibles y contrarios a la legalidad internacional; sin embargo, el ahora destemplado Juan Carlos de Borbón, en su calidad de jefe de Estado y responsable máximo de la política exterior de su país, no puede eludir su responsabilidad en las tropelías cometidas por el gobernante defenestrado luego de los atentados del 11 de marzo de 2004 en los trenes de Madrid.

Las autoridades españolas le deben una explicación a los gobiernos y pueblos de Venezuela y Nicaragua, deuda que posiblemente se quedará pendiente por tiempo indefinido, habida cuenta de la arrogancia y el desdén hacia América Latina que imperan en las altas esferas políticas de Madrid.

8 de noviembre de 2007

Develando la estrategia opositora: universidad, violencia y territorio (I)

I.-
En ciertas coyunturas, el chavismo en general actúa como lo hace el chavismo democrático, radical y revolucionario a lo interno del mismo chavismo: como minoría. Las estrategias a través de las cuales el chavismo popular y revolucionario es cooptado, domeñado y silenciado por los segmentos más esclerosados, burocratizados y derechizados del chavismo tendrían que ser objeto de otro análisis.

Aquí me detendré, con los recursos a la mano a esta hora, a develar las primeras: las estrategias orientadas a presentar al chavismo como sujeto criminal, al margen de toda lógica, razón o legitimidad. Esta criminalización persigue como objetivo fundamental la desmovilización del chavismo revolucionario, su desmoralización. La idea es crear una imagen de los partidarios de la revolución bolivariana como una suerte de red difusa de grupúsculos violentos que estarían atentando contra la democracia. En la medida en que el chavismo hace suya esa misma imagen, en tanto que cede a este chantaje, actúa de manera reactiva y corre permanentemente el riesgo de que la actitud eminentemente defensiva que asumen sus acciones sean interpretadas por el adversario como un signo de debilidad, que no se corresponde con la real correlación de fuerzas que caracteriza hoy a la sociedad venezolana. Es preciso, por tanto, saber interpretar las estrategias de las fuerzas antidemocráticas, para recuperar nuestra capacidad de iniciativa política.

Esta estrategia de criminalización de los sujetos o movimientos revolucionarios no es cosa nueva. Al contrario: allí donde las fuerzas revolucionarias de todos los tiempos y todas las latitudes han luchado por invertir o modificar relaciones de fuerza que les son desfavorables, los paladines del orden establecido han recurrido a su criminalización. Las reglas o procedimientos no son siempre los mismos: dependen, precisamente, del tiempo y del lugar.

En Venezuela, esta estrategia de criminalización no se ha puesto en práctica por primera vez a propósito de la iniciativa presidencial de reforma constitucional. Sin embargo, la marcha de los estudiantes opositores al Consejo Nacional Electoral, el 1 de noviembre pasado, arroja suficientes datos sobre los contenidos del discurso (principalmente mediático) que soporta esta estrategia. Me limitaré acá a enumerar un par de aspectos de este discurso.

II.-
En primer lugar, una constante tanto de las anclas como de los reporteros de Globovisión, y por supuesto de los principales dirigentes estudiantiles opositores, es la denuncia de la presencia de "simpatizantes del gobierno", "afectos al oficialismo" o "manifestantes oficialistas" en el centro de Caracas, lugar de asiento de la mayoría de las instituciones del Estado. Eso ha sido denunciado por estos dirigentes estudiantiles como un ejemplo palmario de "discriminación política", bajo el argumento de que no todos los venezolanos tienen igual derecho a manifestar en cualquier parte de la ciudad.

Lo primero que tendríamos que poner en cuestión es la idea de centro. De centro geográfico. Basta revisar la imagen uno para constatar que eso que reconocemos como centro de la ciudad está, realmente, ubicado hacia el oeste geográfico. Es en este centro-oeste, si cabe el término, donde se encuentra la sede del Consejo Nacional Electoral (cuyo lugar exacto está señalado con la marca de posición amarilla), pero también la Asamblea Nacional (apenas a dos cuadras, al noroeste) y Miraflores (a siete cuadras, más hacia al oeste).

UNO
Imagen satelital de Caracas
Fuente: Google earth. 2007.

La imagen dos nos da la perspectiva geopolítica. Expresa la distribución de fuerzas políticas en el territorio que comprende la ciudad de Caracas. Con algunas imprecisiones, con algún margen de error. Quedará para otros, con mayor destreza en el uso de estas herramientas, registrar con mayor exactitud esta distribución. Sin embargo, es lo suficientemente precisa para hacernos una idea bastante aproximada del territorio que ocupan las fuerzas revolucionarias y las fuerzas que son adversas al proceso bolivariano.

El procedimiento ha sido bastante sencillo: la fuente de información está disponible, para quien desee verificarla, en la página del Consejo Nacional Electoral. Los datos: el resultado de las elecciones presidenciales del 6 de diciembre de 2006, en los cinco municipios y las 32 parroquias que hacen parte de la ciudad de Caracas. En rojo, las porciones del territorio en las cuales resultó vencedor el chavismo. En azul, donde predomina el antichavismo.

DOS
Caracas y su geopolítica
Fuentes: Google earth. Consejo Nacional Electoral.

¿Qué es lo primero que salta a la vista? Que el verdadero centro geográfico de la ciudad coincide con el territorio habitado por el antichavismo. Esta fuerza, además, controla porciones del territorio tanto al oeste (Universidad Católica Andrés Bello) como al noreste geográfico (universidades Santa María y Metropolitana), haciendo frontera con zonas populares. Son las zonas de la ciudad que disponen de los mejores servicios, las mejores viviendas, el comercio más pujante, los mejores espacios de recreación, los más exclusivos lugares de entretenimiento, etc. Casi se podría decir que lo tienen todo. Pero he aquí el detalle: las principales instituciones del Estado, y sobre todo el centro del poder político nacional, están ubicados hacia el oeste, fuera de su área de influencia. Otro detalle, sin duda el más importante: les falta el pueblo.

Desde la perspectiva que nos brinda esta imagen, la enorme porción de territorio ocupado mayoritariamente por el antichavismo es equivalente al resto de Caracas. Los espacios en rojo bordean, amenazantes, al gran centro azul. Pareciera como si las «zonas rojas» crecieran a la sombra del centro azul, o como si éste expulsara hacia sus márgenes al resto de la ciudad. En realidad, ambos procesos se desarrollan simultáneamente.

Cualquier desprevenido pudiera concluir que la elección presidencial de 2006 arrojó un resultado extremadamente ajustado. Sin embargo, esto no fue así: sumados los votos de los cinco municipios, el chavismo alcanzó 872 mil 324 y el antichavismo 710 mil 526. Esto es, 55% contra 45%. Diez puntos de diferencia. De esto se desprende otra conclusión: la densidad poblacional del territorio ocupado por el antichavismo es menor a la del territorio ocupado por el chavismo. El antichavismo tiene espacio para estirar las piernas y algo más. El chavismo vive hacinado.

De acuerdo a la imaginería del antichavista promedio, lo que entendemos desde siempre como el centro de la ciudad es un pedazo de territorio caótico, salvaje, sucio, desordenado y atrasado. Sin duda, desde su perspectiva, no le faltan las razones: en contraste, eso que tenemos como este de Caracas es ordenado, civilizado, limpio y por tanto la expresión genuina del progreso. Sabemos de sobra que una buena parte de los habitantes del este de la ciudad no ha pisado jamás la Plaza Bolívar. Y es muy probable que muchos de los estudiantes opositores hayan experimentado su bautizo de fuego en el centro de Caracas durante alguna de las marchas que han organizado recientemente. Valga la digresión (que no la es tanto): he allí la importancia capital de la participación en estas manifestaciones de los militantes de Bandera Roja, quienes, a diferencia de sus nuevos camaradas, conocen bien el terreno.

El antichavista promedio se asume como habitante legítimo de la ciudad. No en balde, el territorio que ocupa es modelo de convivencia citadina. El este es la metrópolis. A sus márgenes se encuentran los suburbios. Está convencido de que la ciudad debería ser un este que se extiende y ocupa todo el territorio. El problema, claro está, son los pobres: caóticos, salvajes, sucios, desordenados y atrasados. Son los habitantes ilegítimos, los invasores, los ocupantes ilegales. Caracas estaría mejor sin ellos y por tanto deberían marcharse de una ciudad que está «sobrepoblada». El problema no son tanto los cientos de miles de carros que circulan por la ciudad. El problema tampoco es el transporte público, si con éste nombramos a la red de Metrobuses. El problema son las camioneticas y los autobuses. El problema son los motorizados.

Cuando el antichavista promedio se involucra en la política, es joven y tiene el futuro por delante (un futuro promisorio que está siendo amenazado por un «régimen castro-comunista»), se cree con absoluto derecho, no sólo de transitar por el lugar de la ciudad que le plazca, sino sobre todo con la obligación de hacer el sacrificio de llegar al mismo centro si es preciso (y si es el mismo centro del poder político, pues habrá que hacerlo) con tal de defender la libertad, la democracia y los derechos del antichavista promedio que, de más está decirlo, ha sido instruido y adoctrinado en la creencia de que su responsabilidad ciudadana es encarnar los intereses de la totalidad de la sociedad venezolana. Si el «régimen castro-comunista» osa ponerle límites a su deber ciudadano, llámesele a esto: discriminación política.

Porque el problema, claro está, es que el antichavista promedio no encarna los intereses de la totalidad de la sociedad venezolana. No dejemos que pase bajo la mesa un pequeño detalle que les apuntaba más arriba: el antichavismo no resultó victorioso en las elecciones presidenciales. Resultó victorioso el pueblo ubicado en los márgenes de la ciudad de Caracas. Los márgenes son, hoy, mayoría. El antichavista promedio está convencido de que el pueblo sólo ha podido llegar a ser mayoría a expensas del fraude. El antichavista promedio acumula derrota tras derrota, pero nunca pierde realmente. Cuando se sabe perdido, arrebata.

Pero para el antichavista promedio los arrebatos y los arrebatones son cosas que sólo suceden en el centro y el oeste de la ciudad, son cosas de chavistas. Por eso, señoras y señores, cámaras de Globovisión, pueblo todo: cuando el antichavismo marche hacia el centro de Caracas, el pueblo de Caracas no tiene derecho a estar ahí. El antichavista promedio no quiere vérselas con el pueblo que transita y ocupa ese mismo territorio, haya o no marchas opositoras. Cuando el antichavismo marche hacia el centro de Caracas, hacia Miraflores, no querrá sentirse en el «salvaje oeste», sino en un pueblo fantasmal, deshabitado.

A esta lógica responde la estrategia de criminalización que promueve el antichavismo: poco importa si el chavismo es mayoría y si ocupa determinados espacios. Estos espacios deben ser desalojados por la fuerza pública cuando el antichavista esté presto a asumir su pretendido rol histórico de representante de la sociedad venezolana. Por esto, la criminalización encuentra su par en la desaparición de la escena (mediática) del pueblo chavista: cuando la oposición se manifiesta, éste, aunque mayoritario, no existe, y si aparece, si se hace visible es como sujeto criminal. La expresión "afectos al oficialismo", de la que hacen uso todos los medios opositores, contiene una profunda carga valorativa que sólo se expresa nítidamente en el momento en que, como sucedió el pasado 1 de noviembre, alguno de los dirigentes estudiantiles opositores no puede evitar referirse al pueblo chavista como "hordas rojas", "hordas violentas" o "malandros" que serían "pagados" por el "oficialismo".

III.-
En otra parte he cuestionado la costumbre de nuestros voceros gubernamentales de equiparar toda acción opositora al 11 de Abril: «Sé lo que hicieron el 11 de Abril pasado». No obstante, lo que han hecho los medios opositores, en particular Globovisión, pero también la inmensa mayoría de los medios impresos (que, nunca está de más recordarlo, son de por sí casi todos opositores) de todo el país, a propósito del enfrentamiento entre estudiantes opositores y bolivarianos en la Universidad Central de Venezuela, el miércoles 7 de noviembre, guarda una similitud sorprendente con la empresa de linchamiento moral a que fueron sometidos los mal llamados "pistoleros de Puente Llaguno". De hecho, me atrevería a afirmar que desde entonces no se había sometido a un grupo de bolivarianos, como ahora, a una campaña tan despiadada de criminalización.

Varios cámaras dan fe de que los enfrentamientos iniciaron más o menos de la forma que sigue: al regresar de la marcha que se había dirigido al Tribunal Supremo de Justicia (y que se desarrolló sin incidente alguno), los estudiantes opositores provenientes de distintas universidades, en su mayoría privadas, se toparon con estudiantes bolivarianos que se encontraban pegando propaganda a favor del SÍ a la reforma constitucional. Un paréntesis: la Universidad Central, como la mayoría de las universidades, públicas y privadas, de este país, está bajo control de la derecha. Los bolivarianos son minoría. Todo cuanto ocurrió a continuación se debe, en buena medida, a la desventaja numérica que pesa sobre los estudiantes revolucionarios.

Luego de los primeros enfrentamientos, los estudiantes bolivarianos se refugiaron en las instalaciones de la Escuela de Trabajo Social, quedando atrapados, junto con ellos, un conjunto de estudiantes ajenos al enfrentamiento. En total, alrededor de 150.

A las 4:05 pm, la página web de El Universal reseñaba que "un grupo de sujetos armados ingresó al interior de la Ciudad Universitaria y atacó a los estudiantes que regresaban de la marcha que llevaron a cabo hoy hasta el Tribunal Supremo de Justicia". Según el decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, Jorge Pabón, "estos sujetos habrían 'esperado' a los estudiantes cuando regresaban de la marcha y los han 'golpeado y atropellado'". Según la secretaria general de la UCV, Cecilia García Arocha: "No se justifican estos hechos. Cuando los estudiantes regresaban comenzaron los conflictos, este grupo violento, armado, que vino a herir a los estudiantes que hacen vida civilizada en nuestra universidad". Todos los énfasis son de mi entera responsabilidad. En cuanto a la similitud con el discurso que responde a la estrategia de criminalización del chavismo, que respondan periodistas y declarantes.

A las 4:46 pm, la página web de Tal Cual reseñaba: "Luego de que transcurriera en paz la marcha convocada por el movimiento estudiantil hacia el TSJ, se presentaron hechos de violencia en las instalaciones de la Universidad Central de Venezuela cuando grupos de encapuchados, aparentemente identificados con el oficialismo, esperaron a los manifestantes que regresaban a la Ciudad Universitaria y arremetieron contra ellos, con disparos y piedras, dejando un saldo de seis personas heridas de bala, según informó el reportero de Globovisión". ¿Según informó el reportero de Globovisión? Tremenda fuente.

Más tarde, El Nacional: "Ocho estudiantes heridos dejó un enfrentamiento que se presentó en la Universidad Central de Venezuela (UCV), cuando algunos académicos regresaban de la marcha hasta el Tribunal Supremo de Justicia y fueron emboscados por un grupo violento".

A partir de las 5 pm, Leopoldo Castillo, conductor del programa Aló ciudadano, que se transmite por Globovisión, se sumó al coro: palabras más, palabras menos, Castillo, juez y parte, sentenciaba que la violencia era consecuencia de la frustración que supuestamente habría causado entre los revolucionarios el hecho de que la marcha de los estudiantes opositores hubiera transcurrido con normalidad.

En resumen: un grupo de académicos o estudiantes universitarios que había marchado en sana paz, y que hacen vida civilizada en la UCV, fueron esperados o emboscados por grupos de sujetos armados, violentos, encapuchados del oficialismo, quienes los golpearon, atacaron y atropellaron. Los periodistas de Globovisión, por su parte, se refirieron en todo momento a una "situación irregular" que tendría como protagonistas a "grupos irregulares". Me pregunto: ¿a quién irá dirigido esto de "grupos irregulares"? ¿Cuál es la institución llamada a actuar contra los "grupos irregulares"?

Los tres diarios mencionados exhibían ese mismo día galerías de imágenes fotográficas que nos mostraban a encapuchados armados pertenecientes al chavismo. Pero el verdadero paroxismo aconteció cuando Globovisión mostró imágenes de los estudiantes siendo rescatados por civiles armados, en clara actitud de defensa, quienes habían ingresado a los predios universitarios en motos. El cuadro estaba completo: la "huestes de Atila", como las llamó un cámara, esos motorizados que tanto terror infunden al antichavista promedio, habían entrado en escena.

La jornada televisiva fue coronada por el periodista que conduce el segmento Titulares de mañana, del programa Buenas noches, que transmite Globovisión desde las 10 pm hasta la medianoche. Un Pedro Luis Flores visiblemente extático celebraba la aparición, una y otra vez, de la misma fotografía en los diarios nacionales y regionales, refiriéndose, una y otra vez, a los valerosos estudiantes opositores "asediados" por los violentos "oficialistas".

Al día siguiente, una foto ocupó las primeras planas de la mayoría de los diarios del país, sin distingo de tendencia política. Fue así tanto en el caso (como es obvio) del decano de la prensa conservadora venezolana, El Universal, como en el caso del diario Panorama:



La fotografía, sin duda alguna, es elocuente. Su mayor virtud consiste en representar el país que todos los días nos muestran los medios opositores: del lado izquierdo (también del espectro político), como irrumpiendo desde las sombras, los oscuros y violentos encapuchados armados, que pretenden imponerle al país una reforma constitucional ilegítima, dictatorial y que atenta contra todas las libertades y derechos de la sociedad venezolana (es lo que quiere decir el afiche pegado en la pared, ubicado en el extremo inferior izquierdo de la imagen). Del lado derecho, los heroicos y blanquecinos jóvenes, cual guardianes de la luz, resistiendo los embates de los violentos, defendiendo la pureza (la blancura de las paredes) de una universidad mancillada y ultrajada (es lo que quiere decir el NO estampado en la franela de uno de los jóvenes). Izquierda y derecha. Luz y sombra. Negros y blancos. Capuchas y armas contra cascos de seguridad y tapabocas. SÍ y NO.

5 de noviembre de 2007

Baduel llama a votar contra la reforma constitucional

En principio, los tiros apuntan hacia una severa y profunda crítica a lo interno del "chavismo". O quizá debe decirse: apuntan a un franco distanciamiento de éste. Críticas que, dicho sea de paso, no han comenzado con Baduel, aunque con éste han alcanzado su máxima resonancia. Sin embargo, también es cierto que Baduel ha ido más allá: ha hablado de "fraude constituyente" y de la reforma como "golpe de Estado". En todo caso, algunos cámaras aseguran poseer información de que no se trata de un "salto de talanquera" hacia la derecha.

La derecha televisiva ha comenzado a hacer lo suyo: recogiendo impresiones de la jerarquía eclesiástica («con la reforma se nos quiere imponer un socialismo cubano») y reportando sobre manifestaciones estudiantiles en Barquisimeto, Caracas y Táchira. Las televisoras del Estado, a esta hora, simplemente no han dicho nada.

El antichavismo furibundo intentará remontar la cuesta aprovechándose del desconcierto. Ya hay un par de focos por la ciudad. Nosotros sabemos qué tenemos que hacer: para la calle y alerta. Para allá nos vamos dentro de muy poco.

Dos cosas están claras: 1) el desenlace, ese que acontecerá muy pronto, no deberá tener como protagonistas exclusivos a los principales voceros de gobierno y oposición. Insisto: a la calle. 2) Ya no será suficiente con zanjar esta discusión apelando a la descalificación, a la acusación: el aniquilamiento moral del mensajero no hará desaparecer el mensaje. Hay que saber escuchar ese malestar que, en forma de rumor cada vez más fuerte, proviene de las filas revolucionarias.

30 de octubre de 2007

Al pensamiento único no se le derrota con un pensamiento débil (entrevista a Alfonso Sastre)

Reinaldo Iturriza López

(Entrevista inédita, concedida en julio de 2006, en el marco de la celebración del II Foro Internacional de Filosofía, en Caracas, Venezuela)

Madrileño de nacimiento, vasco de corazón, el dramaturgo, ensayista, escritor, poeta y articulista Alfonso Sastre es uno de esos seres de los que uno puede decir, sin el menor riesgo de incurrir en el lugar común, que es una verdadera leyenda viviente. Un par de libros de Peter Weiss (Marat-Sade y Trotsky en el exilio) que atesoro en mi biblioteca son traducción suya. Su solidaridad con la revolución bolivariana lo trajo a Caracas, por allá en 2006, acompañado de su eterna compañera y camarada, Eva Forest (quien falleciera el 19 de mayo de 2007). Sobran más preámbulos.


Recientemente leí un texto tuyo, Notas para sonata en mi (menor). Alguien que ya va por el noveno tranco, que ha vivido tanto, que ha sido testigo de tantas luchas, ¿cómo ve la posibilidad de nuevos cambios revolucionarios?
Sí, han cambiado mucho las cosas. Después de la caída del llamado socialismo real, de ese derrumbe que se produjo, que yo comparé con una metáfora, con un cuento de Edgar Allan Poe, El derrumbe de la casa Usher: se ve que hay unas grietas, pero de pronto se derrumba absolutamente todo aquel edificio, como si los pedestales hubieran sido todos de barro; después de eso se produce, entre los intelectuales y artistas, desplazamientos a la derecha, interiorización de los problemas, vuelta a casa y no querer saber nada, pesimismo, escepticismo, etc. Y en el orden general histórico, pues la imposición de la idea de que la historia había terminado y por tanto no había nada ya qué intentar. Es un poco la filosofía de la posmodernidad: ya todo terminó, la historia terminó y a partir de ahora un pensamiento único se apoderará del planeta y por tanto no hay nada qué hacer.

En el caso de los intelectuales no desmovilizados se vivió esto por lo menos con un cierto pesimismo, es decir: «qué hacer, parece que no hay nada qué hacer». Y sin embargo, no resignándonos a que fuera así, por lo menos en mi caso. Yo publicaba entonces mis artículos en El País, y publiqué allí una pequeña serie de tres artículos sobre la posmodernidad como una antigualla. Yo la veía ya como en el pasado, es decir, la idea de que se tendría que superar esta fase, que la posmodernidad no era una filosofía para siempre, el eclecticismo que la posmodernidad comporta, que es una especie de acuerdo entre todas las tendencias: «todo el mundo tiene su razón, por tanto tomar una posición fuerte ahora resulta dogmático». Se explica que haya ocurrido, el derrumbe que se ha producido, pero también que no puede terminar todo así: «algún día esto será una antigualla y empezará un proceso nuevo». Incluso yo que decía eso me empecé a hundir completamente en el pesimismo. No lo creía mucho, era casi como una convicción forzada.

Pues bien, todavía hasta hace muy poco esto podía seguir siendo así. Ahora ya no. Yo veo que hay una inflexión. ¿Dónde? En distintos puntos del planeta. La resistencia de Irak, por ejemplo, es un fuerte golpe al imperialismo, están derrotando al imperialismo como fue derrotado en Vietnam. En el orden, digamos, social e ideológico, los foros sociales, estos procesos que empiezan en Porto Alegre, todo eso que podía haber sido nada, parece que puede llegar a ser algo importante: la idea de la recuperación de la utopía, la idea de que otro mundo es posible. Pero sobre todo, uno de los puntos de resistencia, aparte de Irak y Palestina, es América Latina, donde, de poco tiempo a esta parte, están ocurriendo cosas muy importantes. Y en esto el proceso bolivariano tiene una importancia radical. Cuba estaba superando aquella terrible crisis de los años noventa, ha triunfado frente a aquélla crisis, se ha mantenido, pero tampoco podía ya ser un motor importante de fuertes cambios, o todavía no, quizá pueda volver a serlo. Es en este momento en que aparece este proceso de revolución bolivariana, con un líder excepcional, una vez más, y una recuperación del proyecto socialista en términos nuevos, pensándolo como un proceso para el siglo XXI, y que encuentra eco no solamente en la población venezolana, como está verificado por la respuesta que se dio al golpe de Estado, por ejemplo, y en los resultados de las urnas en las distintas consultas que van reafirmando democráticamente este proceso; pero además, por el hecho de que se están abriendo nuevos frentes muy importantes. Y este año, concretamente, Bolivia es otra bandera que se ha alzado en esa misma línea.

Ahora están ocurriendo cosas. Durante muchos años era como una apatía, no pasaba nada. Y de pronto están pasando muchas cosas en América Latina. La atención hacia América Latina se está incrementando cada vez con más fuerza, a pesar del boicot de los medios de comunicación, porque en Europa no se dice nada de lo interesante que está pasando aquí. Cuando aparece alguna noticia siempre es negativa. Pero de todos modos se está imponiendo la realidad, los hechos tienen la cabeza dura, no se pueden ignorar así como así.

La reciente incorporación de Venezuela al Mercosur es otro de esos capítulos importantes. Veníamos en el avión cuando se acaba de producir. Quizás antes de que nos vayamos el miércoles ocurra algo más. En esta reunión de grandes líderes que están en esta línea, que crearon un polo capaz de resistir a la presión de Estados Unidos en el continente, hubo un pequeño episodio que a mí me interesó mucho: la propuesta por parte del presidente Chávez de que se produzca una coordinación entre los ejércitos de los distintos países. Yo que soy un pacifista… pero no soy un pacifista a ultranza. Yo creo que hay que defenderse y por tanto veo con satisfacción que el ejército cubano sea fuerte, mucho mejor todavía que la población cubana esté dispuesta a defenderse. Y desde luego, que se produzca la coordinación militar entre estos países me parece una forma realista de conseguir que se lo tengan que pensar mucho los imperialistas, antes de hacer una agresión armada a Venezuela o a cualquiera de los otros países.

De tal manera que creo que se va confirmando aquella profecía un poquito loca de que la posmodernidad llegaría a hacer una antigualla y empezaría un capítulo nuevo de la historia. No va a ser fácil, porque el enemigo es muy poderoso, sus medios de comunicación y de desinformación son enormes.

Tú has escrito, palabras más, palabras menos: el enemigo de la humanidad es demasiado fuerte como para que nosotros lo enfrentemos con un pensamiento débil…
Efectivamente. Aquí hemos estado discutiendo sobre eso. Porque el pensamiento débil está aquí representado por Vattimo. Aunque él se considera un converso, esta revolución lo impactó mucho el año pasado, estuvimos con él el año pasado, él estaba descubriendo cosas, y cuando volvió a Europa hizo un artículo declarándose chavista. Pero su pensamiento sigue siendo aquél: es como una especie de temor al dogmatismo, a cualquier afirmación que sea dogmática. Entonces eso lo lleva a un relativismo del cual no acaba de salir. Quizá ya salga, pero mientras tanto seguirá siendo un patriarca del pensamiento débil. Yo he estado en una mesa en la que estaba él también, y allí es donde he descubierto que hace tiempo que yo no leía nada. Yo tengo un libro que se llama Manifiesto contra el pensamiento débil. Y según se desarrollaban las conversaciones, confirmaba que Vattimo sigue siendo aquél que piensa que hay que tener mucho cuidado con las ideas fuertes, y yo sigo insistiendo en que el llamado pensamiento único no es un pensamiento propiamente dicho, es una imposición, pero sí es fuerte, sea lo que sea es fuerte, y como tú has recordado ahora que yo he dicho, no se le puede derrotar con debilidades. No tengamos miedo a tener alguna idea fuerte, las ideas fuertes no necesariamente son malas, no son patriarcales, no son autoritarias. Simplemente son fuertes.

Hay un texto de Shakespeare, no recuerdo ahora en cuál obra, que dice: «no es malo tener la fuerza de un gigante, lo malo es emplearla como un gigante». Es bueno tener la fuerza, no es malo tener fuerza. Ésta es una idea que también empleó Upton Sinclair en una obra de teatro contra la bomba atómica, en la posguerra. La obra se llamaba La fuerza de un gigante, y él citaba el texto de Shakespeare. Trasladado a este problema, no es malo que tengamos ideas fuertes, lo malo sería emplearlas dictatorialmente, tratar de imponerlas. Pero las ideas en sí no son malas si son fuertes, mejor si son fuertes. ¿Qué virtud hay en la debilidad? Ser débil no es bueno, nada bueno. Pero esto va a seguir, porque ha arraigado mucho, es bastante cómoda la posmodernidad, porque evita confrontaciones, renuncia a los grandes debates, tiene miedo a los grandes debates, a las grandes historias. Hay una razón para el miedo, y es que se empleó mal la fuerza cuando el socialismo tuvo fuerza política, en el bloque del Este se empleó mal la fuerza. Ese temor está justificado. En el Manifiesto contra el pensamiento débil yo lo reconozco, porque yo a Vattimo le he tenido simpatía, antes de conocerlo, nunca pensé que pudiera ser un enemigo, sino simplemente alguien que tenía miedo a pensar fuertemente. Pero era lógico que tuviera ese miedo, porque habíamos empleado mal la fuerza. Ese es mi punto de vista.

¿Qué le criticarías al proceso venezolano?
No lo conozco como para hacerle una crítica, sigo enterándome de en qué consiste y me siento completamente ilegitimado para hacerle una crítica. No puedo todavía. Quizás en algún momento encuentre que haya alguna línea en la que no estoy de acuerdo, pero por el momento yo veo como una apertura hacia una situación nueva.

Que tenga tanta importancia la personalidad del Presidente es bueno, para mí no es malo. El otro día se trató, en una de estas mesas, del caudillismo. En América Latina muchas veces los procesos son acaudillados por una personalidad fuerte, y ese sería el caso de Fidel, por ejemplo, pero muchas veces los caudillos han sido de la derecha. Carmen Bohórquez en su intervención me suministró un término bastante preciso, el del caudillo paradójico. Es decir, este caudillo de momento tiene muchos poderes a su disposición, aunque hayan sido adquiridos democráticamente, pero son muchos poderes, y su trabajo consiste en ir colocando esos poderes en el pueblo. Eso sería la paradoja del caudillo: el caudillo que deja de ser, que empieza por proveerse a sí mismo de esa autoridad que es necesaria mientras el proceso no avance hasta poderse autorregular. Y por eso es tan importante, en este momento, una persona como Chávez. En este momento la desaparición de Chávez, y esto el imperialismo lo sabe, sería grave, sería todavía un problema muy grave. En Cuba, cuando Fidel muera… tiene mi edad, o sea que estamos ya un poco en el noveno tranco, Fidel cumple el mes que viene los 80; pues cuando Fidel desaparezca, pienso que la revolución cubana va a continuar. Después de haber superado la gran crisis de los años noventa, quedó demostrado que la revolución cubana no era una cosa folclórica, sino que tiene raíces profundas, así que se puede pensar con tranquilidad en la muerte de esta generación de líderes. La fuerza va a continuar, sobre todo si el proceso se sigue extendiendo.

El socialismo en un solo país es imposible, se militariza enormemente, ese es el problema de la Unión Soviética. Al no trasladarse el socialismo, como lo pensó Lenin en su momento, a Europa, al quedar solamente la Unión Soviética como país socialista… porque el campo socialista es el resultado del final de la guerra mundial y por lo tanto es una imposición de los ejércitos, del Ejército Rojo, digamos, se crean países socialistas por las armas. No era eso lo que hubiera sido deseable, sino que las revoluciones locales hubieran producido regímenes socialistas, como en Alemania y otros países. En Alemania se intentó, con la República de los Consejos, que fracasó. Así quedó este país aislado, cercado y obligado a militarizarse y a mantener una gran autoridad, que resultaba muy desagradable.

Sucesivas administraciones estadounidenses han aplicado, desde los tiempos de la guerra fría, aquella táctica que consiste en criminalizar los diversos sujetos revolucionarios para legitimar su política intervencionista en América Latina. Así, pasamos de la lucha contra el comunismo al combate contra la narco-guerrilla, y más recientemente a la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, en este último caso, se trata de un discurso que difícilmente encuentre resonancia en América Latina, porque eso que ellos mismos llaman "terrorismo" en otros lugares del mundo, no tiene, realmente, un correlato en este lado del mundo. Tú has escrito mucho sobre este tema del terrorismo. ¿Qué nos podrías comentar al respecto?
Sí, yo he tocado mucho ese tema, el problema de la violencia. Nosotros vivimos en una parte del conjunto del Estado español que es el País Vasco, donde desde hace ya muchos años hay una lucha armada, que ahora ha suspendido sus actividades, se ha declarado una tregua indefinida para propiciar un debate político en torno a los problemas más importantes. De modo que en este momento no hay tiros, no hay atentados, y lo que se está preparando son unas conversaciones entre ETA, como organización militar subversiva, y el gobierno, para ver en qué condiciones podría cesar definitivamente la lucha armada. Eso es algo que va a empezar casi ya, durante el verano probablemente empezarán las conversaciones entre la organización armada y el gobierno socialista.

Por otro lado, se está preparando una mesa, una reunión entre los partidos españolistas, unitarios, no partidarios para nada de que el País Vasco en algún momento llegara a ser independiente, y los partidos cuyo objetivo estratégico es la independencia, que es la mayoría de la población. Más del 50% de la población tiene esa ideología, no se sienten españoles y desean en algún momento tener un Estado propio.

Ahora el tema se ha templado un poco, hay como una expectación, una esperanza. Pero durante años… nosotros tenemos ya casi 30 años viviendo en Euskadi, yo soy madrileño, Eva es de Barcelona, es decir, no somos vascos originariamente, pero somos vascos adoptivos, vivimos allí, somos ciudadanos vascos. Sí ha habido atentados, sí ha habido una cantidad de muertos bastante considerable como resultado de estos atentados. Por tanto, la violencia se ha expresado allí, y el tema de la violencia es algo con lo que nos hemos tenido que enfrentar: «qué pensar de la violencia». Todo este introito es para ir al tema que tú planteabas, de la violencia.

Ha circulado casi siempre, por parte de gente bien intencionada, humanista formal, moralmente irreprochable, una idea según la cual hay que estar contra toda violencia, venga de donde venga, porque toda violencia es lo mismo. Eso teóricamente no es cierto, toda violencia no es lo mismo. Y si se quiere pensar hay que empezar por distinguir. Hay por lo menos dos tipos de violencia: la violencia de los opresores, la violencia de los oprimidos; la violencia de los ricos, la violencia de los pobres, que vendría a ser otra forma de decir lo mismo que acabo de decir. La imagen del Che Guevara con una metralleta no es lo mismo que la imagen de un sicario colombiano. Son dos cosas completamente distintas.

Si queremos pensar, decía, si quieren ustedes ser intelectuales empiecen por pensar, y pensar es distinguir. Luego, sí, generalizar, pero sobre la base de la distinción, que entendamos de qué estamos hablando. Ese tema aquí ha surgido, el tema de la violencia, de los distintos tipos de violencia, la violencia de los poderosos y de los represores, y la violencia de los pobres y oprimidos, y está muy desarrollado ya. En el marco de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad eso está claro, es un tema sobre el que hay claridad.

No tan claro está el tema del humanismo: si el humanismo es una noción perniciosa y en qué sentido lo es, o si es una noción intelectualmente defendible o no, que comporta tales o cuáles efectos. Sobre eso se ha discutido mucho, pero no tengo idea de que se haya llegado a ningún acuerdo.

Es interesante esa reflexión tuya. ¿Cuál es tu postura? Porque es que se ha impuesto un cierto sentido común sobre la noción de humanismo, según el cual todo humanismo es "bueno".
Estoy en contra de esa tesis de que todo humanismo es bueno, y lo manifesté en esos artículos que yo publicaba cuando El País era un periódico que acogía el pensamiento de izquierda, hace ya mucho que no. Allí publiqué una serie de tres artículos sobre ese tema.

Hay un libro de la posguerra, un libro francés de Merleau-Ponty, un filósofo que tuvo mucha notoriedad, que se llama Humanismo y terror. Aquellos artículos yo los titulé Ni humanismo ni terror. Ya ahí yo ponía muchas reservas a la noción de humanismo. Los humanistas abstractos, los moralistas, los pacifistas a ultranza, de hecho colaboraban objetivamente con el enemigo. Yo no estaba solo en esta crítica del humanismo ni mucho menos. Por entonces Althusser, un filósofo de gran notoriedad en la época, marxista también, entró en una polémica con un inglés, John Lewis, que era partidario de un humanismo marxista, y Althusser le decía que el humanismo no es marxista, no puede ser marxista, el humanismo lo que hace es desmovilizar la revolución. El humanismo puede encubrir todo tipo de hostilidades contra los procesos revolucionarios.

Los humanistas que decían: «estamos contra toda violencia, venga de donde venga», al final resultaba que estaban contra la violencia de la organización armada y no contra la violencia de la policía que, simultáneamente, estaba torturando en los cuartelillos de la Guardia Civil. La policía española tortura, sigue torturando hoy, con el gobierno socialista, se ha torturado siempre. En la transición no hubo ningún proceso contra ninguno de los torturadores del franquismo, todos siguieron en sus puestos, fueron elevados de categoría, incluso, según pasaron los años. Los grandes torturadores han sido los grandes policías de la democracia, y en los interrogatorios se ha seguido torturando. Estos humanistas abstractos, que generalmente decían que estaban contra toda violencia cuando había un atentado de ETA, no decían que estaban contra toda violencia cuando había una tortura. La tortura la ignoraban. Entonces, al final de cuentas no estaban contra toda violencia, estaban contra la violencia subversiva, digamos así.

De modo que yo no soy un pacifista a ultranza, soy un pacifista, soy antimilitarista desde el franquismo. Mi obra de teatro que se difundió más, Escuadra hacia la muerte, fue una obra que la censura prohibió, la censura militar. El Estado Mayor prohibió la representación de la obra cuando se habían hecho solamente tres representaciones. Es la historia de una escuadra de soldados, torturada, maltratada por un cabo en una situación de extremo peligro militar, y la escuadra termina matando al cabo, un acto de indisciplina radical. Esta obra me acreditó como un antimilitarista.

Después, durante todo el proceso de la guerra fría, tuve más de una ocasión en la que escribí obras sobre el riesgo atómico, contra la bomba atómica, es decir, tengo toda una ejecutoria de pacifista. Pero no de pacifista a ultranza, es quizá una paradoja mía. Cuando me enteré de que el ejército cubano se estaba formando con una fuerza importante, llegó a ser uno de los ejércitos más importantes de América Latina, yo me alegré. La alegría de un pacifista. Se supone que tendría que haber dicho: «oye, Cuba también se militariza». Pues no, a mí me pareció estupendo. Y cuando he sabido ahora de esa propuesta de coordinación de los ejércitos de los países del Mercosur, también me ha parecido bien. Así que soy un pacifista un poco particular.

Tú suscribiste un Manifiesto, cuando el referéndum acá en Venezuela: Si yo fuera venezolano votaría por Chávez. En España, ¿por quién votas?
Yo voto por Herri Batasuna, que es una organización de izquierda nacionalista. El término nacionalista no me gusta, pero ellos son patriotas de izquierda. Están ahora ilegalizados, el Partido Popular los ilegalizó, a un partido democrático. Herri Batasuna quiere decir Unidad Popular: herri es pueblo, bat es uno, batasuna es unidad. En las últimas elecciones ya era ilegal, Batasuna no podía competir, pero entonces surgió un partido, lo que fue una cosa genial, en muy pocos días, un partido que se llama Partido Comunista de las Tierras Vascas, que asumió los postulados de Batasuna, y votamos a ese partido comunista. Maravilloso.

¿Cómo andan las cosas con Zapatero?
Yo no tenía confianza ninguna en él, me parece una persona muy vacía en cuanto a contenido de pensamiento, sus declaraciones suenan a retórica de humanista abstracto. Sin embargo, cuando asumió el poder político nos dio una sorpresa con retirar inmediatamente los soldados españoles de Irak. Ahora quizá nos dé la sorpresa de acompañar con su punto de vista a favor el proceso de paz, que ellos llaman de pacificación, término que yo rechazo que se emplee, porque es la paz lo que deseamos, no la pacificación de Euskadi. También publiqué en El País un artículo sobre ese tema, Un modesto argumento contra la pacificación de Euskadi, que sonaba como un tiro, ¿no es cierto? «Cómo este hombre está contra la pacificación». Pero explicaba yo que estaba por la paz y contra la pacificación. Pacificación es lo que los americanos intentaban en Vietnam o los franceses en Argelia: pacificar Argelia, pacificar Vietnam. Pero pacificar es dominar por las armas. América Latina fue pacificando a los indígenas a tiros. Sin embargo, el término pacificación se emplea muchas veces incluso por gente de la izquierda, inocentemente, por desconocimiento de que el uso de esa palabra no es correcto.

Ideas como las que yo he dicho aquí hace unos años eran todavía… lo aislaban a uno del contexto, no circulaban mucho. Pero ahora ya este tipo de ideas son casi patrimonio común de la izquierda vasca por lo menos. La izquierda española tiene un handicap, en este sentido, y es que es muy patriótica española, es decir, hay un patriotismo español de la izquierda muy equivalente del patriotismo español de la derecha. En ese aspecto, el Partido Popular y el Partido Socialista tienen ciertas identidades: son tan españoles el uno como el otro, y hostiles a una autodeterminación del País Vasco tanto el uno como el otro. Están juntos contra ese proceso de independencia. La organización armada no pone como condición la independencia para cesar la lucha, sino que ese punto de vista sea legal, que se pueda luchar por la independencia de Euskadi en la legalidad, lo que haría innecesario que se produjeran hechos violentos a favor de tal tesis.

25 de septiembre de 2007

Ávila TV y el periodismo "serio"


¿Si vivimos en el país más feliz del mundo...


... por qué nos piden que hagamos un periodismo "serio"?


Ávila TV: señal juvenil, popular y revolucionaria.

Porque aquí, el único chiste lleva por nombre Óscar Pérez

y su apellido es: oposición fascista venezolana.

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Manifiesto de Ávila TV.

  • Televisora popular: en cuanto al público al que va dirigido, el lenguaje que habla, las historias que cuenta, el protagonismo en pantalla y la estética que maneja.
  • Urbana: recoge los temas, el ritmo, los sonidos y los personajes de la ciudad de Caracas. Lo urbano no visto como lo patrimonial, sino como la cultura, atmósfera e identidades. Privilegia lo urbano popular.
  • Revolucionaria: comprometida con el proceso de cambios que vive el país y otras luchas populares. Apuesta por la transformación social, cultural y política. Respalda movimientos de resistencia y luchas antiimperialistas.
  • Juvenil: se dirige preferentemente a la población de jóvenes de barrios populares y movimientos sociales y culturales de la ciudad.
  • Identitaria: apuesta por audiencias no universales. Interpela sobre todo a identidades colectivas urbanas populares, alternativas, contraculturales.
  • Cultural: recoge y potencia los procesos de creación y transformación culturales. Entiende lo cultural no como la cultura "culta", sino como la cultura de calle, alternativa y popular. Apuesta por la diversidad cultural.
  • Recreativa: recupera el potencial de entretenimiento, goce y disfrute que tiene la TV.
  • Innovadora y experimental en cuanto a discurso audiovisual: abierta a nuevos formatos y narrativas, pero capaz de recuperar y remasterizar los viejos.